martes, 15 de enero de 2013

FARUQ (2 - 3)


Vancouver, Columbia Británica (Canadá)
8 de julio de 1992

Sólo la luz de las farolas iluminaba de noche las calles de la ubicación original de Vancouver. Rodeadas de enormes rascacielos de acero y cristal, las seis manzanas que conformaban el vecindario de Gastown habían visto tiempos mejores. Sus antaño orgullosos edificios de ladrillo y mortero se estaban viniendo abajo, y vagabundos y atracadores de todo tipo frecuentaban sus oscuros callejones. Ni siquiera el famoso reloj de Gastown, cuyo armazón metálico estaba completamente cubierto de rayones y pintadas obscenas, se había librado del vandalismo juvenil imperante en aquella parte de la ciudad. Era una cruel ironía saber que si el ayuntamiento de Vancouver hubiese invertido fondos municipales para restaurar el barrio, su destino hubiese sido otro bien distinto: la típica trampa para turistas.

Faruq caminaba sin miedo por las calles de Gastown en plena madrugada. Su don del Ojo Nublado le permitía pasar desapercibido en su entorno, evitando a la mayoría de los depredadores urbanos que acechaban por aquellas calles. No obstante, no lo hacía porque les tuviera miedo, sino porque quería acabar cuanto antes con una desagradable tarea que él mismo se había impuesto a sí mismo.

Al final su pasos le llevaron hasta un edificio de fachada erosionada por el tiempo mostrando lo que quedaba de su antigua colección de columnas anexas y pequeñas estatuas de animales fantásticos y jóvenes trepando sobre motivos florales. Todo parecía indicar que en los viejos tiempos había sido un hotel muy caro que había visto tiempo mejores, pero en las últimas décadas se había reconvertido en una pensión para drogadictos, en un lugar de trabajo para una docena de prostitutas y en un hogar para los desesperados y los moribundos, además de ser un escondite excelente para cualquier otra persona que evitase llamar la atención, por supuesto. 

Ignorando las enormes letras sin corriente eléctrica que anunciaban el nombre del establecimiento, Faruq entró abriendo una puerta de cristal sin limpiar y recubierta por barrotes que habían perdido todo su esplendor dorado. El vestíbulo del hotel era enorme. El techo se alzaba a unos seis o siete metros de altura; había perdido gran parte de su decoración de escayola y hacía tiempo que había dejado de  necesitar una mano de pintura para tratar de ocultar las manchas de humedad que se habían apoderado de toda su superficie. Para su decepción, Faruq comprobó que no estaba iluminado por enormes lámparas de araña. En su lugar, unos tenues focos ofrecían toda la luz necesaria para moverse sin tropezar con los malolientes sofás de plástico cubiertos de suciedad y quemaduras de cigarrillos o las recias columnas que resistían a duras penas los embates de la desidia y el vandalismo humano.

Faruq se percató de todo eso sin detenerse a hablar con los parroquianos que bebían y fumaban en los sofás, mientras compartían sus penas o maldecían a la vida por sus desgracias. El joven Ragabash se dirigió directamente hacia el mostrador de recepción, donde un tipo de mediana edad, larga melena gris, grandes ojeras que casi ocultaban sus ojos oscuros y vestido con una camisa hawaiana de mangas cortas, amarilla y adornada con insulsas  flores verdes, miraba con obscena atención las imágenes de una maltratada revista pornográfica que reposaba abierta de par en par sobre la ajada madera del mostrador.

Faruq decidió apartar la protección del Ojo Nublado y tocar el timbre de la recepción antes de que el aquel ejemplar involucionado de humanidad se percatase siquiera de su presencia. El sonido del timbre fue desagradablemente agudo incluso para él, pero al recepcionista casi le dio un ataque, puesto que saltó inmediatamente para ponerse en pie de la impresión.

-¡Me cago en la leche!-, exclamó con la voz en vilo. Tardó unos segundos en recuperarse de la sorpresa, justo lo que quería Faruq. -Maldito crío. ¡Me has dado un susto de muerte!

-Traigo un sobre para Omar Bachir-, le mintió al recepcionista ignorando sus quejas. -¿Cuál es su habitación?

-No puedo decirte su habitación, pero dame el sobre y se lo daré yo mismo. Te lo prometo.

-Los tipos para los que trabajo dijeron que se lo entregase en mano. ¿Quieres que les diga que no estás de acuerdo?-, aventuró divertido.

La reacción del tipo fue digna de ver. A pesar de que no se movió ni un centímetro, su cara palideció en cuestión de pocos segundos como si hubiese visto un fantasma terrible. "¿Qué clase de negocios tienen en este hotel?", se preguntó Faruq con curiosidad. "Seguro que nada buenos", decidió por la exagerada reacción del tipo.

-Vale, vale, vale... no quiero saber tus mierdas. Es la habitación 221. ¿Vale? Ya tienes lo que querías, así que déjame en paz y vete a tomar por culo.

El recepcionista volvió a concentrarse en su revista, tratando de aparentar que Faruq no estaba allí. El Ragabash sonrió condescendiente y se encaminó hacia las espaciosas escaleras del hotel, en donde se encontró a un borracho durmiendo la mona y un niño jugando solo con una pequeña videoconsola portátil de Tellus Enterprises, probablemente robada. Nadie le molestó en su ascenso a la segunda planta, pero su ánimo se iba volviendo más gris a medida que subía, a pesar de su habitual cinismo. "¡Ay, mamá! ¿Qué hacías en una pocilga como esta?", la pregunta le quemaba por dentro, encendiendo la chispa de su rabia, sobre todo al ver al niño jugando solo en la escaleras a esas horas de la noche. "Ese podría haber sido yo", se dio cuenta enfurecido.

La luz del pasillo de la segunda planta era incluso más tenue que la del vestíbulo. Una de las bombillas parpadeaba constantemente, como en las películas de terror. Tras un largo minuto, encontró la puerta que buscaba: 221. Al otro lado sólo se oía el sonido de un televisor encendido. "Empieza el show", se dijo para darse ánimos mientras golpeaba dos veces la puerta. La respuesta tardó en llegar y cuando lo hizo, fue apenas el susurro cansado de un fantasma viviente.

-¿Quién eres?-, preguntó una voz extranjera.

-Traigo un sobre para Omar Bachir-, dijo en voz baja.

-Es muy tarde para hacer de mensajero-, le respondió con desconfianza la voz al otro lado de la puerta. Su fluidez hablando inglés era decididamente macarrónica en el mejor de los casos.

-Hay gente que nunca duerme-, respondió Faruq. -Mira, tío, no tengo toda la noche. Si no quieres el sobre,  no hay problema. Me piro y me lo quedo. Tú verás. -Sabía que estaba arriesgando mucho, pero esperaba que el tipo estuviese muy necesitado de pasta.

No se vio defraudado. Omar le abrió la puerta, apartándose para que pudiese entrar en la habitación. Tendría unos cincuenta años, piel ligeramente oscura, constitución ancha y brazos gruesos y fuertes, llenos de tatuajes gastados. Estaba completamente calvo y tenía los ojos de un color marrón oscuro. Iba vestido con una sencilla camiseta blanca de manga corta y unos sucios calzoncillos amarillentos, pero el detalle más llamativo en él es que ocultaba su mano derecha detrás de la espalda, dando a entender que estaba armado.

Faruq entró en la habitación y observó despacio la habitación, sin sorprenderse realmente por su estado mugriento y dejado. Las sábanas de la cama estaban revueltas, había cascos de botellas vacías de licor de la marca King Spirits en el suelo y envases con restos de comida rápida de la cadena O'Tolley's sobre una apolillada mesa de madera. Parecía que Omar estaba solo. "Perfecto", se dijo sonriendo de oreja a oreja. El tipo cerró la puerta a su espalda.

-Será mejor que no me hayas engañado-, le amenazó.

-No, no. Te juro que nunca miento excepto cuando lo hago.

-¿Qué?-, preguntó Omar estúpidamente mientras descubría el cuchillo automático que había llevado oculto hasta ese momento.

Faruq estaba cansado de juegos, por lo que sacó el pequeño espejo de mano que llevaba en uno de los bolsos de sus pantalones al mismo tiempo que cogía el brazo izquierdo del hombre. A pesar de estar medio dormido y de no entender lo que estaba pasando, Omar intentó soltarse por instinto, pero no lo hizo antes de que Faruq se concentrase fijamente en su reflejo, caminando de lado y arrastrándolo con él a través de la Celosía. El Ragabash sabía que cruzar entre los dos mundos en mitad de la ciudad era peligroso y más aún llevándose consigo a alguien contra su voluntad, pero lo intentó de todos modos. Durante un aterrador instante, pareció que la barrera espiritual trataba de inmovilizarlo, pegándose a ellos e impidiendo sus movimientos. No obstante, Faruq concentró toda su voluntad en la operación que estaba llevando a cabo.

Finalmente, sus esfuerzos se vieron coronados con el éxito cuando alcanzaron la Penumbra del hotel. A este lado de la Celosía, el edificio aún conservaba su antiguo esplendor, pero la insidiosa mancha entrópica del Wyrm se estaba filtrando lentamente a través de sus paredes, llenándolas de grietas y polvo. Soltó a Omar, que estaba demasiado desorientado para poder alejarse demasiado, y adoptó la forma de guerra medio humana y medio lobuna que los Garou llamaban Crinos. La herencia de su tribu hizo que su cuerpo se volviese largo y esbelto, forrado por un pelaje negro brillante que contrastaba con el amarillo de sus ojos, y su cabeza se asemejaba a la de los chacales del arte egipcio. La experiencia fue demasiado aterradora para Omar, que cayó presa de la psicosis conocida como el Delirio.

-¡Esto no está pasando! No eres real... no te acerques... ¡NO TE ACERQUES!- dijo el hombre mientras su mente se deslizaba a los miedos engendrados en la psique humana durante los crueles tiempos primigenios del Impergium.

Faruq no le dio ninguna oportunidad y se abalanzó contra él, inmovilizándolo mientras Omar trataba inútilmente de resistirse. Sus fuertes brazos le sirvieron de bien poco frente a la fuerza de un hombre lobo en  forma Crinos, quedando inmovilizado rápidamente. El humano lloró impotente, suplicando que lo soltasen, hasta que su mente se quebró del todo después de unos largos minutos, quedando inconsciente de puro agotamiento.

-.-

Faruq esperó pacientemente a que el humano volviese en sí. Lo había subido hasta la azotea del edificio, donde Selene miraba con curiosidad desde los oscuros cielos umbrales lo que estaba haciendo. El Ragabash había adoptado la forma homínida del Glabro, el hombre de las cavernas. Su cuerpo era más fuerte y resistente que el de un humano normal, y tenía un aspecto suficientemente rudo y salvaje para seguir intimidando a su víctima mientras quisiese. Cuando vio que Omar empezaba a volver en sí, lo levantó del suelo con facilidad para luego arrojarlo hacia un lado, a pocos metros del borde de la azotea. El hombre chilló de terror, asustado más allá de lo que podrían expresar las simples palabras. Miró a su alrededor desesperado, buscando una salida sin resultado. Faruq dio un paso en su dirección y él retrocedió sin poder evitarlo, temblando a escasa distancia del borde de la fachada.

-Omar Bachir-, empezó a decir Faruq con una voz grave y gutural, -¿recuerdas a una mujer llamada Jasmine Bartra?

-No, no... no conozco a nadie con ese nombre...

-Último intento-, gruñó Faruq mientras daba otro paso, reduciendo la distancia que los separaba.

Omar volvió a retroceder. Ahora estaba literalmente al borde de la azotea. El humano miró hacia atrás sin poder evitarlo y su cara palideció al ver la altura, las telarañas plateadas y los seres arácnidos que moraban en ellas. Su cordura estaba a punto de volver a quebrarse.

-¡Respóndeme!-, exigió Faruq, centrando la atención del humano en él.

-Eeesssppeeeraa, eessppeera... ¿Jasmine? ¡Sí, sí! La recuerdo. ¿Qué tiene que ver ella conmigo?

-La convertiste en una drogadicta y una prostituta, la implicaste en tus negocios y luego la vendiste ante la policía, echándole a ella toda las culpas para evitar la cárcel. ¿Es cierto sí o no? ¡Dílo!

-¡Sí,sí! Es verdad...

-Soy un espíritu sediento de venganza, Omar. La oscuridad de tu alma me ha invocado desde las profundidades del más allá para llevarte a tu justo castigo.

-¡No!-, aulló el hombre con desesperación poniéndose de rodillas para suplicar por su vida al borde de la histeria total. -¡No, por favor! ¡No lo hagas! ¡No lo hagas!

Faruq se acercó a la figura arrodillada que no paraba de gemir y temblar como un niño asustado. Omar agachó la cabeza y siguió suplicando perdón humillándose cuanto pudo. El Caminante Silencioso le cogió una mano y lo obligó a levantarse para que le mirase a los ojos.

-Todavía puedes cambiar tu destino, humano-, le dijo. -Huye de Vancouver y de Canadá, lleva una vida de rectitud hasta el fin de tus días y no caerás de nuevo en mis garras.

-¡Lo haré, lo haré! ¡Lo juro!-, respondió él entre lágrimas.

-No intentes engañarme-, respondió Faruq teatralmente. -Los juramentos son sagrados. Sabré inmediatamente cuando lo has roto.

-¡No! ¡No lo romperé! Por favor, no me lleves contigo. Por favor...

Faruq le dio la vuelta a la mano de Omar y con un rápido movimiento le clavó la punta del cuchillo automático que pertenecía a su víctima, atravesando el hueso hasta romperlo. Omar chilló de dolor y se revolvió con todas sus fuerzas. Durante un segundo, estuvo a punto de soltarse y caerse, pero el Caminante Silencioso lo sujetó con firmeza.

-¡QUÉ ESTAS HERIDAS TE DEMUESTREN QUE NO HAS ESTADO SOÑANDO!-, gritó el Caminante Silencioso liberando por fin parte de la rabia que había estado conteniendo hasta entonces. A continuación, le asestó dos puñetazos, directos a la cara de Omar, que dejaron a su víctima completamente inconsciente y con la cara irreconocible.

-.-

Faruq salió del hotel con las manos metidas en los bolsillos, caminando con actitud pensativa. Tanto el recepcionista como los parroquianos nocturnos del edificio lo habían evitado como si portara la peste, dejando que se marchase tranquilo. "¿He hecho bien?", se preguntó no por primera vez. Omar sobreviviría a la terrible experiencia por la que acaba de pasar. Se despertaría con una herida en la mano, y la cara rota y ensangrentada. Algunos dirían que había sido afortunado. Faruq sabía que otros Garou no hubiesen dudado en matarlo, pero él no creía que la muerte del humano solucionase el fondo del problema. Faruq era un Ragabash. Había roto ligeramente el Velo, cierto, pero a pesar de sus propios deseos de venganza, le había ofrecido a Omar una posibilidad real para cambiar el rumbo por el que había conducido su vida hasta ese momento. No había modo alguno de saber si él aprovecharía esa nueva oportunidad, pero Faruq opinaba que valía la pena intentarlo. Quizás un humano arrepentido fuera suficiente para empezar a cambiar las cosas...

El Caminante Silencioso también se dio cuenta que ya había tomado una decisión en lo que concernía a su madre. Le daría otra oportunidad, una sola, como había hecho con Omar, porque ¿para qué molestarse en salvar el mundo si no daban una oportunidad a las personas que iban a vivir en él?

lunes, 14 de enero de 2013

LARS (2 -3)


Vancouver, Columbia Británica (Canadá)
7 de julio de 1992

-¿Cómo diste tan rápido con nosotros?

-Me metí en unos aseos del Centro de Convenciones de Vancouver para caminar de lado y Uktena me guió hasta vosotros-, explicó con brevedad Erguido-cual-Montaña mientras adoptaba forma Homínida. En esos momentos parecía más interesado en comprobar la buena salud de los mellizos que en dar explicaciones al beta de su manada.

Lars asintió satisfecho mientras también adoptaba la forma Homínida. Habían encontrado a los pequeños y los habían salvado de un destino incierto pero decididamente siniestro. A pesar de su éxito, no pudo evitar sentirse inquieto al contemplar los restos destrozados de Travis y sus amigos. "¿Qué les pasaba a estos?", se preguntó. "¿Habían caído en la locura antes de ser corrompidos o, por el contrario, había sido la corrupción del Wyrm la que les había arrancado toda cordura posible?" Aquella era la clásica pregunta que podía obsesionar a un Theurge como él durante meses, incluso años, pero Lars era lo bastante despierto para saber que si seguía por ese camino, la respuesta siempre estaría un par de pasos por delante de él, burlándose desde una distancia inalcanzable.

Aun con todo, el lado más morboso de su oficio tentó su curiosidad al estudiar el cadáver de Travis, teniendo buen cuidado en no tocarlo más de lo necesario. El problema de "caspa" del difunto, había empeorado y todo su cuerpo estaba empezando a descomponerse a una velocidad antinatural, autodegradándose para convertirse en aquel polvillo blanco y grasiento del que comenzaba a emanar un fuerte olor nauseabundo. El toque del Wyrm era más que evidente, pero no había más indicios que indicasen la naturaleza de los extraños poderes mostrados por Travis y sus amigos. Por tanto, el joven Theurge tuvo que conformarse con suponer que los secuestradores habían sido poseídos por Perdiciones y convertidos en algún tipo de fomori menor.

-Deberíamos irnos, Lars-, le pidió Voz-de-Plata mientras sostenía a uno de los mellizos que no paraba de llorar entre sus brazos humanos.

-Estoy de acuerdo-, secundó Erguido-cual-Montaña.

-¡No lo permitiré!-, interrumpió una tercera voz que no pertenecía a ninguno de los Garou de su manada.

De cuclillas junto al cadáver de Travis, el Fenris buscó sobresaltado el origen de la voz hasta hallar al conductor del Ford Fairmont junto a la única puerta del piso, apuntándoles con una escopeta semiautomática de metal oscuro. El hombre cuyo rostro severo parecía estar bien anclado en la cuarentena, tenía el pelo moreno, peinado con raya hacia el lado izquierdo, nariz aguileña y un mentón generoso rematado en un pequeño hoyuelo en el extremo de la barbilla. Sus ojos azules los vigilaban atentos, llenos de odio incluso. Un crucifijo dorado destacaba entre los cuellos de su camisa gris y los pantalones vaqueros clásicos que llevaba apenas protegían de la suciedad a sus zapatos negros.

-¿Quién eres?-, preguntó Lars poniéndose de pie de un salto.

-Ni lo intentes, hijo-, le amenazó el hombre apuntándole directamente con su escopeta.

-¡No dispare! ¡Hemos salvado a estos niños inocentes!-, suplicó Voz-de-Plata.

-¿Inocentes? ¿Inocentes? No me hagas reír-, respondió el hombre visiblemente malhumorado. -Habéis mancillado su bendita inocencia con vuestros rituales satánicos. ¡Les habéis arrebatado su derecho a la salvación eterna para que el Diablo esclavice sus almas!

-No, se equivoca-, le interrumpió Erguido-cual-Montaña. -Estos locos eran los que querían hacer eso. Nosotros hemos salvado a los Worrell y sólo queremos llevarlos sanos y salvos con sus padres.

-¿Ah, sí?-, respondió el extraño de la escopeta. -¿Y qué les pasó a ellos? ¿Vas a intentar mentirme diciendo que les atacaron una jauría de animales salvajes?

En ese instante todos ellos se dieron cuenta de que el hombre sabía lo que habían hecho. Eso limitaba muchos sus opciones. Lars usó su don de Sentir al Wyrm disimuladamente sobre el extraño, pero no advirtió la mancha del Corruptor en él. Eso lo confundió todavía más. Si no servía al Wyrm, ¿quién demonios era ese hombre?

-¿Qué quiere?-, preguntó intentando parecer más seguro de lo que se sentía en esos momentos.

-Enviaros al Infierno-, respondió con firmeza el extraño justo antes de dispararle.

A esa distancia era imposible fallar y el disparo de la escopeta le abrasó el hombro izquierdo, destrozando la carne y los huesos de la clavícula hasta que el proyectil quedó anclado profundamente en su interior. Su cuerpo giró por la violencia del disparo, cayendo al suelo de espaldas a su atacante. Lars intentó boquear para recuperar el aliento tras el impacto, pero el dolor y la sangre que salía por su boca le impedían respirar con normalidad.

Desde su posición vio cómo Erguido-cual-Montaña dejaba en el suelo al pequeño Theo Worrell, que lloraba ahora completamente aterrado, y adoptaba de nuevo su forma Crinos para enfrentarse a su atacante. Voz-de-Plata también se convirtió en Crinos, pero él no dejó abandonada en el suelo a Janine, sino que la protegió con su propio cuerpo, ofreciendo su espalda descubierta al tirador para salvar a la niña de cualquier impacto azaroso o intencionado.

Un nuevo disparo resonó en el piso cuando la escopeta golpeó de lleno a Erguido-cual-Montaña, abriendo una fea herida en el abdomen del guerrero del Fianna, cuya mole se vio obligada a retroceder dos pasos ante la fuerza del impacto. Lars usó en ese momento su don de Resistir el Dolor para anular temporalmente la agonía que sufría su cuerpo. Por su parte, el Ahroun Fianna recorrió la corta distancia que lo separaba del extraño aullando casi completamente enloquecido por la rabia y sacando de su funda sus mortíferas garras con siniestra anticipación. Voz-de-Plata aprovechó aquella distracción para acercarse a Theo, el niño que había dejado en el suelo Erguido-cual-Montaña, recogerlo con una de sus grandes manazas y protegerlo a él también.

El extraño no pareció aterrado en absoluto al ver a un Crinos abalanzándose sobre él, sino que, muy al contrario, oró a Dios una breve plegaria para que le ayudase a derrotar a los sirvientes del Maligno. El Fianna le atacó en ese momento con un barrido de su poderoso brazo, pero el hombre se agachó con una agilidad sorprendente para una persona de su edad, evitando el mortífero golpe por muy poco. Lars se transformó en Crinos, incorporándose sobre sus cuatro patas y corrió cojeando para unirse a la pelea.

El extraño dejó caer la escopeta y sacó una daga de filo plateado cuya funda estaba escondida en su manga izquierda. Erguido-cual-Montaña atacó de nuevo, impulsando una de sus garras. El hombre esquivó el golpe retrocediendo, aunque al hacerlo se había quedado arrinconado de espaldas a una pared. Lars aprovechó ese momento para morderle la pierna. Los colmillos de sus fauces asieron la pierna del hombre a la altura del tobillo e hicieron presión, provocando que el humano gritase de dolor mientras la sangre manchaba sus pantalones.

A pesar de la horrorosa herida que le había causado, el hombre no sólo no soltó la daga que empuñaba, sino que trató de clavársela en la espalda con la desesperación nacida del condenado que está dispuesto a arrastrar a otros con él a la tumba. Lars soltó su pierna y, aunque no consiguió apartarse de la trayectoria de la daga a tiempo, su filo de plata sólo logró causarle un corte superficial en la espalda, uno cuyas  dolorosas consecuencias no sintió en ese momento gracias al don de Resistir Dolor. No obstante, su atacante había quedado completamente expuesto con aquel ataque desesperado. Erguido-cual-Montaña hundió sus garras en el vientre del hombre con un aullido triunfal y abrió un mortífero surco antes de sacarlas con todas sus fuerzas, arrancando trozos de intestinos y de otros órganos internos en el proceso.

Su atacante chilló de una forma que Lars no olvidaría nunca en toda su vida y cayó contra la pared, sentando sobre un creciente charco de sangre y vísceras destrozadas. Su cuerpo seguía temblando sin control debido a las agónicas compulsiones que estaba sufriendo. Aquello era demasiado. El Theurge remató al humano para evitar que se prolongase su sufrimiento.

-Debía ser un cazador-, gruñó Erguido-cual-Montaña.

-¿Un cazador?-, preguntó él sin comprender. -¿Un cazador de qué?

-De seres sobrenaturales como nosotros, por ejemplo-, le respondió con nuevos gruñidos. -A veces hay fanáticos religiosos o humanos normales que descubren que los hombres lobo existen y tratan de matarlos. Los ancianos los llaman cazadores.

"Tiene sentido", pensó el Theurge mientras sostenía el crucifijo del difunto con una de sus garras en actitud reflexiva. "Esto da mucho que pensar".

-¿Están bien los Worrell?-, preguntó el Ahroun mientras se acercaba a Voz-de-Plata.

-Sí, están bien-, le respondió el Hijo de Gaia mostrándole a los dos niños pequeños llorando casi afónicos entre sus brazos peludos, -aunque no creo que les hayan alimentado ni dado de beber desde que los cogieron. Deberíamos devolvérselos cuanto antes a sus padres.

-No es buena idea-, respondió el Theurge después de cerrarle los ojos al hombre que acababan de matar. -No podemos pasearnos con ellos por todo Vancouver para llevarlos a su casa.

-Entonces, ¿qué propones?-, preguntó Erguido-cual-Montaña. -¿Dejarlos aquí?

-Desde luego que no-, respondió él encarándose directamente con el Fianna por primera vez. -Lo más sensato sería que cure vuestras heridas antes de salir a la calle, luego hacer una llamada anónima a la policía desde una cabina pública, dejar allí a los niños y vigilarlos desde lejos hasta que llegue la policía. Así los Worrell no tendrían que responder a preguntas incómodas, ¿no te parece?

-Tienes razón-, reconoció Erguido-cual-Montaña. -Lo siento, Lars. Ha sido un día de locos-, añadió arrepentido apartando la mirada.

-Sí, un día de locos-, suspiró el Theurge.

-.-

El pub Ceili's estaba lleno de gente a esas horas. Erguido-cual-Montaña había insistido en que los Fianna  de Vancouver querrían darles las gracias en persona e invitarles unas rondas de cerveza cuando descubriesen que habían salvado a los niños secuestrados. Se había quedado corto. Una vez que supo la noticia, cada uno de los Garou de esa tribu había llamado a sus amigos y parientes y habían organizado una buena fiesta entre todos en el pub. La algarabía provocada por las personas presentes en el local era un amasijo caótico de voces que trataban de hacerse oír unas por encima de otras. Un grupo de espontáneos llevaban un rato interpretando todo tipo de canciones animadas en un rincón, usando únicamente un pequeño violín y un acordeón propiedad del pub.

Además había habido numerosos brindis a su salud, por supuesto, tantos que Lars había perdido la cuenta. Su cuerpo Garou podía soportar mil veces mejor que un humano cualquier cantidad de alcohol, pero sospechaba que los Fianna habían echado algo en su bebida, porque se sentía bastante mareado. Se había sentado en un taburete en una de las esquinas de la barra cuando comenzó a sentirse así. Tardó unos largos minutos en darse cuenta de que Erguido-cual-Montaña  estaba hablando con una Garou de su tribu que le estaba diciendo algo al oído, mientras que Voz-de-Plata bailaba completamente borracho al son de la música rodeado por un grupo de personas que lo aplaudían y lo animaban más y más. Lars apoyó los brazos, cruzándolos sobre la barra mientras observaba intrigado su jarra de cerveza intentando averiguar cómo habían logrado emborracharlo los Fianna. Estaba hecha de madera y tenía grabados dos nudos trenzados en ambos extremos, así como varias runas celtas que no supo identificar. La fiesta siguió rugiendo a su alrededor durante unos minutos interminables hasta que su aturdida mente reparó en una sensación vagamente familiar que reconoció al instante.

-¡Qué hijos de puta!-, exclamó en voz baja sin que nadie pudiese escucharle. -¡Es un fetiche! ¡Los Fianna usan la ayuda de los espíritus para emborracharse!

A pesar de su sorprendente descubrimiento, la fiesta continuó durante toda la noche. Ya habría tiempo para las lamentaciones con la inevitable resaca del día siguiente...

viernes, 11 de enero de 2013

CANCIÓN-OCULTA (2 - 3)


Alrededores de Cochrane, Alberta (Canadá)
6 de julio de 1992

La frustración de Canción-Oculta crecía por momentos. Nadie le había advertido que era posible que les atacasen siervos del Wyrm a lo largo del camino y ahora uno de ellos estaba apuntando directamente a Margaret con un viejo revólver. Durante unos segundos, intentó mantener su cuerpo completamente quieto mientras evaluaba las posibilidades que tenía para interponerse en la trayectoria del disparo y salvar la vida de la joven antes de que se recuperasen los otros dos atacantes.

-Sé lo que estás pensando-, le dijo el pistolero desde la ventana. -Crees que vas a convertirte en el gran héroe de tu bonita novia, pero esta no es tu noche. Aunque lograses protegerla con tu cuerpo, te mataría con la primera bala de plata... y luego ella pagaría de todas formas las consecuencias de tus actos.

-No tienes balas de plata. Es un farol...

-Si crees que miento, intenta jugármela-, respondió el hombre con una sonrisa malsana. -¡Vamos, adelante!

El Colmillo Plateado respiró pesadamente intentando contener su furia y pensar con claridad. Su instinto de Philodox le gritaba que el líder de aquellos sicarios no mentía. De hecho, ya había ganado el partido y ambos lo sabían. "Es tu oportunidad para liberar a Margaret de la esclavitud de los Colmillos Plateados y uniros juntos al Wyrm. ¡Cógela antes de que sea tarde!", susurró una voz dentro de su cabeza. Canción-Oculta trató de alejar los murmullos de la locura traidora que quería arrastrarle a su perdición y se concentró en el presente.

-¿Qué es lo que quieres?-, preguntó intentando ganar tiempo.

-Quiero que te transformes en humano y salgas fuera de la habitación para que podamos hablar de hombre a hombre-, le respondió el pistolero. -Hazlo despacio, lentamente.

Canción-Oculta miró a Margaret tratando de darle ánimos y luego caminó hacia la puerta mientras su poderoso cuerpo Crinos se empequeñecía hasta adoptar su forma Homínida. Los otros dos atacantes, que se habían puesto en pie torpemente, se apartaron de su paso sin perderle de vista. En el aparcamiento le estaba esperando el pistolero, que tenía una imagen verdaderamente pintoresca. Parecía un hombre de unos cuarenta y muchos años, de pelo rubio sucio y barba espesa. Vestía unos pantalones vaqueros, una camisa negra sobre la que llevaba puesta un cinturón de munición salpicado de balas normales y plateadas, y un pañuelo rojo anudado al cuello. También llevaba puestas unas gastadas botas de cuero con punta de metal y espuelas en los costados que le llegaban hasta la altura de las rodillas. El hombre le estaba apuntando con el típico revólver de las películas de Far West y tenía otro más descansando en una de las dos pistoleras que llevaba atadas al cinturón y a sus piernas.

El pistolero no estaba solo, por supuesto. Eso hubiera sido pedir demasiado. A su lado había una especie de persona hipermusculada hasta un punto nauseabundo, que se parecía más a un cáncer andante que a un ser humano. Aquel monstruo iba completamente desnudo, aunque afortunadamente no parecía tener genitales ni órganos sexuales de ningún tipo. El otro de los sicarios del Wyrm era un enano, que tenía la mitad de su cara "fundida" y arrugada en una especie de pliegue carnoso en el que había desaparecido su ojo izquierdo. Sus ropas, por llamarlas de alguna forma, eran un amasijo de andrajos y telas mugrientas que se estaban cayendo a cachos. "Son Fomori", se dio cuenta Canción-Oculta mientras daba unos pasos hacia el aparcamiento.

-¡Traed fuera a su novia!- gritó el pistolero sin dejar de vigilarle ni un segundo.

Margaret comenzó a chillar y tratar de resistirse. Canción-Oculta tuvo que tragarse su orgullo, permaneciendo completamente quieto. "No la cagues", se dijo a sí mismo. "Eres un Media Luna. Contén tu rabia y espera a que se confíen". Sus buenas intenciones casi se vinieron abajo cuando vio a la mujer vestida completamente de cuero negro sacando a Margaret de la habitación con el filo de su cuchillo apoyado sobre el cuello de su protegida. El hombre herido que había echado la puerta abajo también salió tambaleándose despacio. "Ese no aguantará muchos tiempo. Ha perdido demasiada sangre", se dijo a sí mismo para darse ánimos.

-Ahora te toca a tí, Gusano. ¡Busca!-, ordenó el pistolero.

-Sí, jefe-, respondió el enano corriendo con paso irregular hacia la habitación que habían ocupado hasta entonces.

Canción-Oculta no necesitó más pistas para saber lo que estaba pasando. Esos bastardos querían la carta destinada a lady Agata Blaisdon. El joven maldijo en silencio a lord Abercorn y Cunnigham por no haberle advertido de la importancia que tenía esa misiva. "Si hubiesen confiado en mí, habría tomado algunas medidas de precaución", reflexionó con amargura. "Nos van a matar por su puta culpa". Cerca de él, Margaret seguía llorando, imaginándose sin duda las cosas terribles que no tardarían en pasar.

Después de unos largos minutos, el enano salió triunfante de la habitación sosteniendo en alto la carta enrollada que Canción-Oculta había traído consigo desde Vancouver.

-¡La tengo! ¡La tengo!-, exclamó eufórico.

A continuación, el enano se alejó corriendo entre las risas alegres de sus compañeros y desapareció en las sombras más allá de las luces de neón del motel de carretera. El pistolero lo ignoró por completo y habló con Canción-Oculta como si fuesen viejos amigos.

-¿Cuál es tu nombre?-, preguntó con voz tranquila.

-Jacob-, respondió él cortante.

-Encantado de conocerte, Jacob-, dijo el pistolero ignorando el tono de su voz. -Yo soy Relámpago.

-Ya veo. ¿Debería decirme algo ese nombre?

-Por supuesto-, respondió el pistolero visiblemente decepcionado, -pero el tiempo discurre de un modo extraño en Malfeas, así que puede que ya no se hable tanto de mí como antes...

Canción-Oculta sintió un siniestro escalofrío recorriendo su espalda cuando escuchó ese nombre maldito. Malfeas. El reino del Wyrm. Se decían muchas cosas de ese lugar, pero todas las historias estaban de acuerdo en que era una tierra de locura y corrupción, situada en los confines más remotos de la Umbra Profunda, donde estaba oculto el maldito Laberinto de la Espiral Negra. "¿Por qué desearían los señores de Malfeas la carta de lord Abercorn?", se preguntó inútilmente Canción-Oculta. Sin embargo, el pistolero interrumpió de nuevo el rumbo de sus pensamientos.

-En cualquier caso-, comenzó a decir, -aquí estamos tú y yo. Te diré lo que vamos a hacer. Siempre que me tropiezo con un Colmillo Plateado le doy la misma oportunidad.

Relámpago dejó de apuntarle con su pistola, abrió el tambor y sacó todas las balas excepto una. Canción-Oculta se planteó atacar en ese momento, pero la mujer de cuero negro no le perdía de vista y, de hecho, apretó ligeramente el filo de su cuchillo contra la piel de Margaret, provocando un pequeño hilillo de sangre en su cuello a modo de advertencia. "Mierda, mierda", se dijo a sí mismo el Colmillo Plateado.

Relámpago volvió a cerrar el tambor del revólver y lo alzó para que pudiese verlo mejor.

-Es un colt del cincuenta y uno-, le dijo orgulloso. -Ya no se fabrican armas como esta. Es toda una preciosidad-. Bajó el revólver y se lo lanzó sin dificultad con un movimiento rápido y fluido. -Si me matas, Colmillo Plateado, tú y tu chica os habréis ganado vuestra libertad.

-¿Crees que soy estúpido? Si te mato, tus monstruos de feria la matarán a ella para vengarse antes de que los destroce.

-No, no, no. Ellos no son como tú piensas. ¿Verdad, chicos?-, se burló Relámpago.

Los Fomori reunidos comenzaron a intentar negar sus sospechas entre risotadas divertidas y expresiones obscenas. Estaba claro que estaban disfrutando enormemente con el espectáculo que les estaba ofreciendo su jefe. Margaret, por su parte, lo miró con los ojos llenos de lágrimas pero decidida a darle ánimos para terminar con esta farsa. Su apoyo le dio al metis las fuerzas que necesitaba para intentar salvarla.

-Está bien. Jugaré a tu maldito juego.

Relámpago asintió satisfecho y retrocedió unos cuantos pasos para dejar una distancia "justa" entre ellos, mientras movía despacio los dedos de su mano izquierda con anticipación a escasos centímetros de la culata de su revólver. Ambos se miraron a los ojos, estudiándose. Canción-Oculta no se hacía ilusiones sobre sus posibilidades reales de ganar. Sabía que los Fomori nunca aceptarían un desafío justo. Él estaba condenado, pero tal vez pudiese liberar a Margaret del sufrimiento que le esperaba.

-Dispara-, gritó el pistolero.

No tuvo ninguna oportunidad. Relámpago se movió a una velocidad sobrehumana que apenas era posible de seguir con la mirada. Para cuando comenzó a alzar el revólver, el pistolero ya había desenfundado su arma y disparado sin misericordia contra él. Canción-Oculta sintió un dolor desgarrador en el pecho antes de ser consciente siquiera de haber escuchado el disparo. "Lo siento, Margaret", quiso decir mientras su boca se llenaba de sangre. En cuestión de simples, pero dolorosos segundos, la negrura lo envolvió por completo.

-.-

Pasó un tiempo indeterminado del que no fue consciente. No oyó los gritos, ni las risas, ni las voces de los monstruos. Cuando finalmente volvió en sí, un dolor agónico se fundió con él en un doloroso abrazo que parecía no tener fin. Abrió los ojos despacio, a costa de un gran esfuerzo. Estaban otra vez en el aparcamiento, bajo el cielo nocturno. Tenía frío, mucho frío, y sentía una hoguera ardiente dentro de su pecho. Una voz familiar intentó tranquilizarle.

-Calma, ya se han ido-, murmuró Margaret llorando. La hermosa joven tenía un aspecto horroroso. Su cara estaba llena de moratones y pequeñas cicatrices, lo que dificultaba reconocerla. Tenía sangre por todas partes: en su piel, en los restos de su camisón...

-¡Hijos de...!-, intentó decir Canción-Oculta. -¿Qué te...?

-Sshh, sshh-, le dijo. -¡Ya ha pasado, ya ha pasado!- Sus palabras se rompieron en un torrente de lágrimas que le causó más dolor al metis que todas las heridas que pudieran hacerle sus enemigos.

Canción-Oculta intentó hacer un gesto para abrazarla, para consolarla de la única forma que podía, pero ni siquiera podía levantar los brazos sin sentir una agonía. Aun así lo intentó de todas formas. Ella protestó, apartando su mano de golpe, mientas le cubría con una manta de una de las habitaciones. El maltratado rostro de Margaret estaba cubierto de lágrimas.

-Lo siento... lo siento-, intentó murmurar Canción-Oculta. -Es... mía... culpa mía. No fui... rápido.

-Él quería que te diera un mensaje-, le respondió ella con un hilo de voz mientras se estremecía por el dolor o el frío de la madrugada. -Dijo que nos había dejado vivos para fueses un rival mucho mejor la próxima vez que os encontraseis. A mí... a mí me dejó con vida para que tuviera... a su... a su bastardo. Dijo que él nunca fallaba-, la voz de Margaret se quebró en ese punto y lloró desconsolada.

Canción-Oculta cerró los ojos incapaz de mirarla a la cara de la vergüenza que sentía al no haber sido capaz de protegerla como era su obligación. A pesar del dolor que lo inmovilizaba, hizo un nuevo intento de elevar al menos un brazo, para cogerle la mano.

-¿Y los dueños del motel? ¿Han llamado a la policía?-, preguntó sospechando la respuesta.

-No, están muertos... a ella también la violaron... pero la mataron... ¿por qué no me hicieron los mismo? ¿Por qué? Yo... no quería... no quería vivir... sólo quería morirme también.

Ambos permanecieron mucho tiempo allí, llorando bajo la indiferencia de las estrellas sobre el frío asfalto del aparcamiento del motel. Ni siquiera la luna creciente que veían parecía capaz de ofrecer algún consuelo ante una situación tan desesperada. Sin embargo, Margaret era más fuerte de lo que ninguno de los dos creía y después de un tiempo lamentándose sin encontrar alivio alguno para el infierno que había sufrido, reunió las suficientes fuerzas de voluntad para volver hablar:

-Todo esto es culpa vuestra... Quiero irme lejos, muy lejos, donde nadie me pueda encontrar... Quiero irme Jacob... ¿Cuántas veces tengo que sufrir para que lo entiendas?

-Vete, vete-, respondió el metis habiendo tomado su propia decisión. -Sé libre... haz lo que siempre soñaste... yo asumiré todas las culpas... Coge el coche y vete ahora mientras puedas.

-No. No puedo dejarte solo-, se negó ella. -Tus heridas...

-Sobreviviré... Soy un maldito hombre lobo... Huye, por favor.

-Gracias, gracias-, dijo ella llorando de nuevo. Su breve fortaleza se había venido abajo. Le acarició la frente con sus dedos temblorosos en un último gesto de despedida y luego se alejó tambaleándose hacia el coche. Canción-Oculta cerró los ojos sin intentar contener el torrente de lágrimas que venía a su encuentro. "Adiós, Margaret. Adiós".

jueves, 10 de enero de 2013

VOZ-DE-PLATA (2 - 3)


Vancouver, Columbia Británica (Canadá)
7 de julio de 1992

Voz-de-Plata echó una ojeada rápida por una rendija de la valla metálica y vio a los amigos de Travis Long entrar dentro de las obras paralizadas de un edificio que iba a ocupar el solar en el que antes se situaba el pequeño Portal Park.

-Se han escondido ahí dentro-, susurró.

-Bien, entonces los tenemos acorralados-, sentenció Lars.

Él no compartía la confianza del Fenris. De hecho, cada vez estaba más inquieto por la vida de los hermanos Worrell. ¿Podrían encargarse ellos solos de Travis y sus amigos? ¿Y si al arrinconarlos sólo los empujaban a matar a los dos mellizos de la Parentela Fianna? Eran preguntas simples pero extremadamente preocupantes. Voz-de-Plata sólo tenía una cosa clara de este feo asunto: lo prioritario era salvar a los niños.

-¡Oh, no!-, murmuró Lars a su lado. -Tenemos más problemas.

Al volverse, el Hijo de Gaia vio en seguida a qué se refería su hermano. Un viejo Ford Fairmont de color azul oscuro acababa de detenerse al otro lado de la calle. Debía haberles seguido durante su poco discreta persecución por las calles Waterfront y Cordova. El conductor les miró fijamente desde su asiento y luego se agachó, probablemente para coger algo que estaba fuera de su vista.

-¡Tenemos que entrar!-, gritó Lars tirando de su brazo para obligarlo a moverse.

No hizo falta que se lo dijeran dos veces. Voz-de-Plata corrió hacia el hueco de la valla por la que se habían colado los amigos de Travis. Ayudó a Lars a pasar primero sosteniendo una de las láminas metálicas y luego él hizo lo propio desde el otro lado. Una vez que estuvieron dentro de la obra, el Galliard condujo a su hermano hacia el edificio a medio construir. Pasaron al lado de una pequeña montaña de arena, una escombrera, dos casetas prefabricadas y una grúa hasta llegar al marco vacío de lo que iba a ser la puerta principal del edificio. Allí hicieron un alto con las espaldas apoyadas contra la pared para asegurarse de que no había testigos inocentes por los alrededores.

-¿Quién demonios es ese tipo?-, susurró el Hijo de Gaia.

-No tengo ni idea-, respondió el beta de la manada-, pero está claro que pronto lo averiguaremos. Oye, Bobby, ten mucho cuidado cuando entremos. Están corruptos por el Wyrm y tienen extraños poderes. Recuerda lo que le pasó a Crow en el centro de convenciones.

-La verdad es que estoy más preocupado por la vida de los pequeños Worrell-, reconoció Voz-de-Plata.

Lars le miró a los ojos durante unos segundos, asintió en silencio y, a continuación, se introdujo en las oscuras entrañas de la construcción. El Hijo de Gaia le siguió a los pocos segundos. Una vez dentro, pudo comprobar que los obreros habían terminado las paredes de la planta baja, colocando gruesos tablones de madera en los espacios que iban a ocupar la ventanas y enladrillando todo lo demás. Sin embargo, dado que la obra parecía llevar paralizada algunos meses no había rastro alguno de sus antiguos trabajadores.

Cuando se alejaron de la puerta, ambos cambiaron para adoptar la forma mitad humana mitad lobuna que los Garou llamaban Crinos. A pesar de que un ojo inexperto sólo podría diferenciarlos por el color de su pelaje existían pequeñas sutilezas entre ambos: Lars tenía unas espaldas anchas y una mandíbula más grande que Voz-de-Plata, cuyos rasgos estilizados parecían más ágiles y serenos al mismo tiempo. En ambos casos, sus ropas humanas no quedaron destrozadas por el cambio, sino que desaparecieron como si nunca hubiesen estado allí gracias a un ritual mágico que había realizado el Theurge con las ropas de todos sus hermanos de manada.

Sus nuevas orejas les permitieron escuchar unas voces apenas audibles en el piso superior. Lars hizo un gesto y ambos siguieron los sonidos hasta su fuente, atravesando el vestíbulo y subiendo las escaleras que conducían a la planta superior. Sus hocicos descubrieron olores muy fuertes, que recordaban a un contenedor de basura lleno de todo tipo de desperdicios inimaginables.

-¡No podemos esperar más! ¡Hazme caso Undakar! ¡Tenemos que realizar el ritual del Lobezno Olvidado antes de que sea demasiado tarde!-, exigió una cansada voz femenina.

-¡Shadarah tiene razón! Los tipos que nos perseguían no tardarán en llegar-, dijo una voz masculina, entrecortada por fuertes bocanadas para recuperar la respiración.

-¡Qué vengan!-, les cortó un tercero en tono autoritario. -¿Qué pueden hacer tres licántropos contra nosotros? ¿De qué tenéis miedo? Throx, tú te ganaste el título de "Nuncio de la Aceitosa Pululencia" en las criptas malditas de Sarhub combatiendo contra una docena de espectros y criaturas infernales incluso más terribles. Y tú, Shadarah, consumiste toda la sangre del aparecido antediluviano al que todos llamaban El Innombrable en las noches de la luna escarlata... Si no tenéis valor suficiente, marcharos, no sois dignos de contemplar la majestad de Undakar, el Horrendo Excretor de Inmundicia.

Los dos Garou llegaron hasta la sala de la que procedían las voces. Voz-de-Plata miró a Lars sin comprender lo que estaba pasando ahí dentro, pero ni siquiera el sabio Theurge parecía comprender la aloca conversación que estaban escuchando.

-¡Shadarah no le tiene miedo a nada!-, chilló la joven.

-¡El Nuncio de la Aceitosa Pululencia no os abandonará en este momento!-, gritó la voz fatigada.

-¿Y vosotros dos? ¿Combatiréis a nuestro lado?

-Beltaine Belial lo hará a cambio de que me entreguéis las almas de nuestros enemigos-, respondió una voz grave y pesada, con un matiz sobrenatural disonante e imposible de ser imitado por una garganta humana.

-¡Dadme toda la vitae aún cálida de sus venas y Zhurax, el Bastardo de la Sangre Liliana, también luchará a vuestro lado!- gritó una quinta voz.

Lars pareció haber tenido suficiente y cruzó el marco de la puerta. Voz-de-Plata le siguió con una creciente angustia en sus entrañas. En la sala había cinco personas reunidas alrededor de un joven gordito y con gafas, al que reconocieron inmediatamente como Travis Long por la cantidad de caspa visible que cubría su pelo. También estaban el chico y la chica a los que habían perseguido hasta este edificio. Por último, había dos jóvenes más con ellos. Uno tenía el pelo moreno, una gastada cazadora de cuero negro, pantalones vaqueros y llevaba unos falsos colmillos de vampiro. El otro parecía el mayor del grupo, aunque iba disfrazado como un campesino medieval con una capucha que sólo dejaba al descubierto su feo rostro abrasado por las espinillas.

Su repentina irrupción en la sala no provocó la locura que solía seguir cuando un simple humano veía a un hombre lobo en su forma Crinos. En lugar de caer en los terrores del Delirio, como lo llamaban los Garou, los cinco jóvenes exhibieron un autocontrol perturbador. Estaba claro que el Wyrm les había cambiado, no sólo confiriéndoles extraños poderes sino también alterando sus mentes para que pudiesen enfrentarse a los terrores más grandes del alma humana.

Lars se abalanzó sobre el joven al que habían perseguido hasta la construcción, derribándolo violentamente al suelo y hundiendo sus garras en él con salvajismo, antes de que pudiese emplear el mismo truco que había hecho con Crow en el Centro de Convenciones de Vancouver. Voz-de-Plata echó un breve vistazo a su alrededor buscando con la mirada completamente desesperado a los mellizos secuestrados. Los vio maniatados y amordazados, sobre una sucia lona en el suelo. A menos de un metro de ellos estaba el cadáver medio devorado de una joven, a la que apenas se podía identificar como Zoe Parker, la novia de Travis Long y trabajadora de la guardería de Los Peces Azules.

Su contención impulsó a la joven disfrazada con la capa de vampiro a correr en dirección a los mellizos, mientras alzaba una pequeña daga que había sacado de entre sus ropajes. Voz-de-Plata cargó contra ella antes de que la joven llevase a la práctica sus crueles intenciones, apartándola a un lado con un brusco golpe que la derribó al suelo como si fuese una muñeca de trapo.

Travis y sus dos amigos no se quedaron de brazos cruzados. Uno de ellos, el que iba disfrazado como un campesino medieval, comenzó a gritar a pleno pulmón palabras inexistentes que hicieron que el mundo de Voz-de-Plata se tambalease. El Galliard sintió que una parte de su misma esencia espiritual le era arrebatada en ese instante y se tambaleó durante unos segundos aturdido por aquel ataque místico. Con ojos borrosos, vio cómo el adolescente de la cazadora de cuero y los falsos colmillos se abalanzaba sobre Lars, intentando sujetarse a la enorme espalda del Fenris con la boca abierta para hundir unos colmillos que ahora parecían terriblemente reales.

-¡Detente, licántropo!-, gritó Travis.

Voz-de-Plata le miró inconscientemente, pero en lugar de ver a Travis vio a una joven de unos veinte años, con la piel clara y un cabello castaño claro que corría libre hasta sus hombros con pequeños bucles salvajes. No llevaba más ropa ni ornamentos que el símbolo de la paz pintado de verde en ambas mejillas. "¡Es Sylvie!", se dijo Voz-de-Plata. "En el nombre de Gaia, ¡desnuda es más hermosa de lo que nunca hubiera imaginado!". Todo el cuerpo del Galliard tembló al contemplar maravillado la desnudez de aquella chica.   Las suaves curvas de su piel y la oscuridad de sus secretos hizo que perdiese todo ápice de cordura. "Sylvie, Sylvie", repitió inútilmente mientras observaba atontado la imagen del que había sido su primer amor platónico en una protesta universitaria a la que había ido sin el consultar a sus padres. Sin embargo, el cuerpo de Sylvie fue sacudido violentamente por una garra que la atravesó sobresaliendo de golpe de su delicado vientre. Pronto la sangre comenzó a manar en grandes cantidades a través de la terrible herida.

-¡Nooooooo!-, aulló furioso Voz-de-Plata al mismo tiempo que corría inútilmente para salvar a su amada de la muerte.

La garra asesina hizo un movimiento brusco y la arrojó al suelo violentamente antes de que pudiese cogerla entre sus brazos. La furia del Galliard amenazaba con apoderarse de él, impulsándolo hacia delante con un salvajismo suicida que nunca había sentido. No obstante, se detuvo a un pocos pasos del Garou en forma Crinos que había matado su Sylvie cuando lo reconoció: era su hermano Crow. El Fianna le dio la espalda y golpeó con su otra garra la pierna del adolescente disfrazado de campesino medieval, desgarrándola como si fuese una pequeña rama rota. A su lado, Lars se había quitado de encima al chico de la cazadora de cuero y remató al joven vestido con la túnica y la estola de un mordisco letal en el cuello.

Sin comprender todavía lo que estaba pasando, Voz-de-Plata miró a su amada, pero descubrió para su eterno horror que en su lugar sólo se encontraba el cadáver ensangrentado de Travis Long. "¿Qué brujería es esta?", se preguntó confuso. La ira que sentía en su interior le indicaba que lo que había visto había sido real, pero sus ojos le decían ahora lo contrario. El Hijo de Gaia miró al suelo durante unos segundos, concentrándose únicamente en su propia respiración y dejando atrás los gritos de dolor y muerte. Cuando levantó la vista de nuevo, Travis seguía yaciendo inerte en la misma posición sobre el suelo. Finalmente tuvo que rendirse ante la evidencia. "Parecía tan real", pensó por última vez aterrado ante los corruptos poderes del Wyrm.

La realidad pronto le obligó a volver a centrarse en la pelea que tenía lugar a su alrededor. A pesar de que sus hermanos de manada habían iniciado una matanza que pronto terminaría con la muerte de todos los amigos de Travis, la chica había aprovechado la confusión para ponerse en pie y acercarse a los gemelos sin que nadie reparase en ella. "¡Va a matarlos!". La idea hizo que Voz-de-Plata volviese del todo en sí. Sin pensárselo dos veces, cargó contra ella, espoleado por la furia que había sentido segundos antes. La chica cogió la cabeza de uno de los mellizos, cuya boca enrojecida estaba cerrada por un grueso trozo de tira aislante, y alzó su daga mientras murmuraba algo en algo que se asemejaba vagamente al latín una y otra vez. El Galliard le aferró firmemente el brazo que sostenía el arma en el último segundo y luego hundió su garra en su delgado cuello, destrozándolo y salpicando sangre por todas partes.

-Lo siento-, le susurró a la joven.

miércoles, 9 de enero de 2013

ERGUIDO-CUAL-MONTAÑA (2 - 3)


Vancouver, Columbia Británica (Canadá)
7 de julio de 1992

-¡Lars! ¡Bobby! ¡Venid! ¡Corred!-, gritó Crow con todas sus fuerzas para intentar hacerse oír por encima del tumulto provocado por los jugadores reunidos en el Centro de Convenciones de Vancouver.

A continuación se abrió paso por la fuerza apartando a un lado a los jóvenes y adolescentes que se interponían entre él y la mesa donde había visto a dos de los amigos de Travis Long. Ignorando las caras sorprendidas y las indignadas voces de protesta, avanzó dispuesto a terminar de una vez con estos macabros juegos y salvar la vida de los hermanos Worrell.

Sin embargo, sus brusca interrupción llamó también la atención de sus enemigos. Uno de ellos era un chico de unos dieciséis años, de baja estatura y de complexión ligeramente obesa. Su cara redondeada estaba coronada por un cabello rubio corto y peinado hacia la derecha. Vestía una especie de túnica negra sobre la que llevaba una tosca estola con signos místicos cosidos toscamente sobre la tela.

A su lado se estaba poniendo en pie una joven de tan solo quince años que también salía en las fotografías del grupo de amigos de Travis Long. La chica era extremadamente delgada. Tenía una larga melena teñida de negro, ojos castaños tras unas gafas oscuras y lucía pequeñas pecas a lo largo de la nariz y la parte alta de las mejillas. Al igual que su amigo, ella también iba disfrazada, ya que llevaba puesta una capa negra de vampiro al estilo Bela Lugosi, anudada con un colgante rojo con forma de pentáculo. Por último, la joven llevaba puestos unos falsos colmillos de vampiro en su boca.

Apenas les separaban unos pocos metros de distancia. Crow no sabía exactamente lo que haría cuando cogiese a aquellos descerebrados, pero su rabia interior estaba empezando a latir con fuerza en el interior de su cabeza. La parte de él que aún era racional insistía en que a lo mejor esos dos sólo eran amigos de la persona equivocada. Por otro lado, la furia de un Ahroun estaba más allá de la cordura y la razón. Era una pasión salvaje que te arrastraba sin remedio hacia nuevas cotas de violencia y odio.

No obstante, sus preocupaciones fueron innecesarias. Cuando llegó a la mesa, el chico gordito vestido de brujo lanzó unos dados de rol sobre la mesa y gritó un sinsentido. Crow sintió un dolor intenso en la cabeza, que le hizo caer de rodillas al suelo inmediatamente. El dolor fue tan atroz que perdió la vista durante unos preciosos segundos. Lentamente se volvió a poner en pie mientras miraba completamente sorprendido a su alrededor.

Se encontraba en una especie de sala de conciertos de paredes de hormigón gris, donde un grupo de música atronaba sus canciones desde un escenario protegido por unos gruesos barrotes. A su alrededor, decenas de personas se mecían al compás del estruendo, saltando y chocando entre sí como bestias enfurecidas al amparo de la oscuridad y las luces brillantes de los focos del escenario. Vestían camisetas negras, chaquetas vaqueras sin mangas, ropas de cuero y toda clase de adornos similares.

"¿Qué está pasando aquí?", se preguntó aturdido sin poder creer lo que veían sus ojos. "¿Qué está pasando aquí?", se repitió incrédulo. Las personas reunidas en la sala lo evitaban intencionadamente, ignorándolo al mismo tiempo que lo miraban con suspicacia.

Un tipo corpulento, todo vestido de negro y con una larga melena morena, salió de la multitud para abalanzarse sobre él. Pese a que Crow casi le sacaba más de una cabeza, tenía unos brazos fuertes que delataban el abuso de las pesas de gimnasio y de los esteroides. Sus instintos tomaron el control de sus actos. Esperó el tiempo justo para que su atacante estuviese cerca y luego se apartó a un lado cuando trataba de aferrarlo con sus manazas, mientras le lanzaba un puñetazo directo a su estómago. El tipo recibió de lleno el golpe, cayendo al suelo mientras gemía como un niño indefenso.

En ese momento, todo el mundo dejó de bailar, saltar y chocar para mirarle con un miedo irracional. Incluso parecía que la misma música hubiese dejado de atronar en la sala de conciertos. Crow miró a su alrededor nuevamente sin poder comprender lo que estaba pasando.

Más tarde describiría la experiencia a sus hermanos como si hubiesen retirado de pronto una venda que hasta entonces cubriera sus ojos. Se encontró de nuevo en el Centro de Convenciones de Vancouver, rodeado por una multitud que lo miraba a unos prudenciales pasos de distancia. A sus pies, un agente de seguridad uniformado trataba de recuperar la respiración, mientras se cubría el vientre con ambas manos y el color volvía lentamente a su rostro. El tenso silencio sólo era roto por los breves gemidos del agente. Tardó unos vergonzosos segundos en comprender lo que había hecho.

-¡Corre! ¡Qué se escapan!-, gritó Voz-de-Plata a pleno pulmón intentando avanzar mientras le señalaba en una dirección.

Crow se giró una vez más justo a tiempo para ver cómo la capa de la joven desaparecía tras la puerta de una salida de emergencias detrás de la multitud. Apretando los puños de pura furia, corrió en esa dirección dispuesto más que nunca a ajustarles las cuentas a esos dos. Hubo algunos chillidos asustados mientras la multitud se apartaba de él para abrirle paso, temerosa de sufrir el mismo castigo que había padecido el guardia de seguridad. "Mejor así", pensó el Fianna intentando concentrarse únicamente en perseguir a aquellos dos bastardos.

Chocó contra la barra de la puerta para abrirla de golpe. Al otro lado sólo había un sencillo pasillo de paredes blancas que giraba a la derecha después de unos pocos metros. Crow corrió con todas sus fuerzas intentando alcanzarles. El pasillo dio a otra puerta de emergencia y desde allí salió de nuevo al vestíbulo principal del edificio. "¿Dónde están?", se preguntó. Miró a su alrededor sin dejar de caminar mientras sentía como su corazón latía en su pecho como una locomotora a plena velocidad.

Poco después, Lars y Voz-de-Plata salieron por el mismo pasillo que lo había traído aquí. En ese momento, el Fianna localizó a los fugitivos. Por desgracia estaban hablando con otro guardia de seguridad mientras señalaban en su dirección. Crow llegó a ver al hombre hablando por la radio. "Mierda", se dijo furioso. El guardia empezó a correr en su dirección.

-¡Eh, tú! ¡Alto!-, gritó mientras se acercaba

Crow también echó a correr pero en dirección contraria. Sabía que, en una pelea justa, podía derrotar al guardia sin muchas dificultades. Un humano desprevenido no era un rival digno para un guerrero Garou. Sin embargo, eso provocaría más problemas, acabaría implicando a la policía de la ciudad y puede que sus acciones pusiesen en peligro el mismo Velo. Por ahora era mejor huir, salir del edificio y rezar a Gaia para que sus hermanos no perdiesen el rastro de esos dos mocosos.

martes, 8 de enero de 2013

FARUQ (2 - 2)


Vancouver, Columbia Británica (Canadá)
7 de julio de 1992

Fuerza-de-la-Letanía detuvo el coche en la calle Hastings a las once de la noche. Los cutres bares de la zona prestaban su servicio habitual a alcohólicos crónicos y a figuras derrotadas que se cobijaban patéticamente en los portales. En realidad no importaba la hora del día o de la noche a la que uno llegase a una calle como esta, incluso en una ciudad relativamente tranquila como Vancouver. Faruq intentó ignorar las luces del coche de policía y la ambulancia que estaban recogiendo los restos de otra pelea de borrachos o, tal vez, de una lucha a cuchillo entre los pandilleros asiáticos que se beneficiaban de los servicios de "protección" de las calles cercanas. Desde donde estaban, era imposible saber cuál de las dos posibilidades había sucedido, ya que un pequeño muro de curiosos les impedía tener una línea de visión clara.

-¿Seguro que quieres hacerlo esta noche?-, preguntó innecesariamente su compañero de tribu.

-Sí, quiero darles las gracias personalmente.

-Entonces te veré luego. Procura no meterte en problemas.

Faruq se bajó del vehículo desganado. Cerró la puerta con suavidad y se asomó por el hueco dejado por la ventanilla.

-Gracias por todo lo que has hecho por mí hoy, Galen.

-No hay problema-, le respondió él con un gesto de su mano que trataba de restar importancia al duro día que había tenido que soportar el Ragabash. -Algún día te tocará a ti hacer lo mismo por otro joven Garou y estaremos en paz.

Sólo pudo asentir con la cabeza conmovido, intentando contener una vez más todas las emociones que habían despertado durante su breve reencuentro con su madre, y se alejó caminando por la acera mientras esquivaba a la fauna de mirones, borrachos, prostitutas, drogadictos y matones que llamaban hogar a esta parte de la ciudad.

"¿Por qué los Moradores de Cristal se reúnen en un sitio como este?", se preguntó sorprendido una vez más. Era poco lo que sabía de esa misteriosa tribu, tan solo rumores y chismes. Las historias más amables decían que habían renunciado a su lado lobuno, mermando intencionadamente sus lazos espirituales para poder vivir en las ciudades sin renunciar a la compañía humana. Los rumores más siniestros, sin embargo, hablaban de oscuros pactos, llegando incluso a insinuar que toda la tribu había traicionado a Gaia y vendido sus almas a la Tejedora. Sin embargo, había dos datos seguros en esa maraña de rumores y mentiras: los Moradores de Cristal eran los Garou que mejor comprendían los secretos de la tecnología moderna, además de ser la tribu con mejores conexiones con la sociedad humana.

Apartó a un lado sus pensamientos cuando sus pasos lo dejaron frente a un edificio de aspecto ruinoso con la fachada ennegrecida por un incendio pasado y en el que todas las puertas y ventanas estaban completamente atrancadas por gruesas tablas de madera. Un cartel de neón sin luces anunciaba que aquel antro se había llamado en otro tiempo "El Buda Sonriente", aunque algún vándalo había arrancado varias letras por diversión. Comprobando que nadie le estaba observando en ese momento, Faruq se introdujo entre las tablas decoradas con pintadas callejeras de la entrada.

Curiosamente, el interior no olía a orín, ni había sido víctima de las depredaciones típicas de los okupas y  los mendigos. Eso sí, la luz de las farolas de la calle apenas bastaban para que Faruq pudiese hacerse una idea del estado real de desolación del lugar. El Ragabash dio unos pocos pasos vacilantes, acercándose a lo que creía que era una barra de bar. Justo en ese momento una luz brillante rasgó la oscuridad, cegándole dolorosamente los ojos.

-¿Quién coño eres tú?-, preguntó una voz masculina cargada de agresividad.

-Mi nombre es Faruq. Soy un amigo de Stanley Park.

-Vas a tener que ser más concreto, porque yo no tengo ningún amigo con ese nombre.

-A lo mejor tu problema es que no tienes muchos amigos para empezar. ¿Te da miedo un chico desarmado? ¡Deja de apuntarme con esa estúpida linterna!

El desconocido apartó la luz de su cara mientras se reía divertido por la bravata del joven. A continuación se acercó con unas cortas zancadas y le ofreció su mano.

-Perdona este frío recibimiento. Soy Andrew Clarence, Ahroun de los Moradores de Cristal y Protector del Buda Sonriente.

-Acepto tus disculpas. Yo soy Faruq, Ragabash de los Caminantes Silenciosos-, respondió sin quejarse mientras la manaza del Ahroun apretaba dolorosamente la suya. -Vengo a hablar con Roger Daly.

-Entonces tienes suerte. El gran jefe aún está en el local. ¡Ven! Te llevaré hasta él.

-Gracias.

-Oye, una pregunta-, le preguntó Andrew mientras iluminaba unas escaleras que subían al piso superior detrás de un tabique ennegrecido. -Tú eres uno de los Garou de la manada de las Cinco de Garras de Gaia, ¿verdad? ¿Es cierto todo lo que cuentan de vosotros?

-A veces-, reconoció Faruq con una sonrisa traviesa.

-.-

Aunque el resto del edificio tenía el mismo aspecto deteriorado que había visto en la planta baja del local, los pisos superiores estaban bastante limpios y ordenados. Faruq no había tenido mucho tiempo para curiosear precisamente, pero le había bastado una breve ojeada para fijarse en el moderno cableado eléctrico recorriendo las paredes desnudas, las pequeñas alarmas escondidas en ventanas y escaleras, y las puertas refuerzadas con planchas metálicas para comprobar que por alguna razón los Moradores de Cristal daban gran importancia a este lugar. A Faruq le fascinaban los misterios. Durante unos instantes, consideró seriamente la posibilidad de preguntarle directamente a Andrew por qué habían elegido el Buda Sonriente, pero acabó descartando la pregunta por inoportuna. Tal vez en otro momento tendría tiempo suficiente para curiosear por su cuenta.

Andrew le llevó ante una puerta. Al otro lado había un lujoso despacho de ejecutivo, con todas las comodidades que uno pudiera imaginarse. Una chimenea eléctrica apagada dominaba uno de los lados de la habitación, mientras que en el otro había un elegante mueble bar, aparentemente muy bien surtido, rodeado por dos pequeñas estanterías que estaban ocupadas por libros de todos los tamaños y colores. Frente a unos pesados cortinones negros que cubrían las ventanas tapiadas, había una mesa de cristal en el que estaba fijado un potente ordenador IBM con sus múltiples accesorios y cables, además de una lámpara metálica, varias carpetas para documentos y un teléfono. Dos impolutos sillones de cuero blanco se encontraban junto al escritorio para las visitas.

El líder de los Moradores de Cristal de Vancouver se levantó de su sillón de cuero para darle la bienvenida cuando entró en su despacho. Roger Daly era un hombre elegante y de estatura media, de unos sesenta años de edad. Tenía el  pelo corto, de color claro y perfectamente peinado, una cara afable y ojos de color gris tras unas gafas Dunhill de montura de acero. En ese momento llevaba puesto un caro traje de corte británico, además de un reloj y dos anillos de oro blanco. A pesar de la sonrisa beatífica de su rostro, había algo en la frialdad de sus ojos grises que alarmó inconscientemente al joven Caminante Silencioso.

-Vaya, no esperaba visitas-, comentó su anfitrión mientras le daba la mano. -Bienvenido al Buda Sonriente.

-Me alegro que pueda verme con tanta precipitación, señor Daly-, respondió Faruq intentando estar a la altura de la formalidad del despacho. -Lamento no haber avisado. Lo decidí en el último momento.

-No te preocupes por eso ahora-, respondió él. -Ponte cómodo. ¿Puedo ofrecerte un trago?

-No gracias. En realidad no tenía pensado quedarme mucho tiempo.

El líder de los Moradores de Cristal asintió comprensivo, sentándose con elegancia sobre una de las esquinas de la mesa sin apoyar todo su peso sobre la misma. A continuación lo miró directamente a los ojos mientras le decía:

-De acuerdo. Entonces vayamos directamente al grano. Tienes toda mi atención.

-Quería darle las gracias, señor Daly-, empezó a decir Faruq. -Nunca hubiera encontrado a mi madre sino fuera por la ayuda de los Moradores de Cristal de Vancouver. Aunque aún quedan pendientes muchos asuntos entre ella y yo, no tengo suficientes palabras para agradecerle su ayuda.

-Me alegra oír eso, pero no le demos más importancia de la que tiene, ¿de acuerdo? Es lo menos que podíamos hacer los Moradores de Cristal por uno de los famosos héroes de las Cinco Garras de Gaia.

El Caminante Silencioso asintió sin decir nada más, pero no se movió de su asiento. Roger Daly le observó bien durante unos segundos, evaluándolo, luego consultó su reloj de oro blanco y finalmente volvió a mirar al Ragabash.

-Escucha, Faruq, los dos tenemos poco tiempo. ¿Hay algo más que quieras decirme, por favor?

-Sí-, reconoció él. -Me gustaría pedirle dos favores que estaría dispuesto a devolver cuando los Moradores de Cristal me lo pidiesen.

-Interesante. Explícate mejor, por favor-, le pidió Roger Daly con un pequeño brillo en sus ojos grises.

-Yo no tengo dinero ni influencias pero usted sí, señor Daly. Me gustaría que las usase para "cuidar" a mi madre dentro de la prisión.

-Eso podría hacerlo discretamente. No sería en absoluto un problema. ¿Cuál es el segundo favor que me quieres pedir?

-Quiero que me consiga los datos del tipo para el que trabajaba mi madre.

-Y una vez que lo encuentres, ¿qué harás?

-No lo tengo decidido-, mintió Faruq poniendo la mejor de sus expresiones neutras.

Roger Daly se levantó pensativo y se sentó sobre su propia silla de cuero negro, al otro lado de la mesa. Estuvo concentrado en sus pensamientos durante unos largos minutos hasta que por fin volvió a hablar sin mirarle a los ojos.

-Está bien. Te facilitaré también esa información pero a cambio estarás en deuda conmigo. Dos veces.

-Sí señor, lo entiendo.

-Está bien. Andrew te está esperando en el pasillo. Dile que te lleve a la "sala de espera" y quédate allí hasta que alguien te lleve una hoja con el nombre y la dirección.

-Gracias señor Daly. Se lo digo sinceramente.

Se levantó despacio y se dirigió a la puerta para salir cuanto antes del lujoso despacho del líder de los Moradores de Cristal de Vancouver, pero cuando estaba abriendo, oyó que decían su nombre.

-¡Faruq!

-¿Sí, señor Daly?-, preguntó el Ragabash volviéndose para mirar

-Si me permites un consejo, vengarte de ese hombre insignificante no te ayudará en absoluto.

-Tal vez no-, respondió Faruq manteniendo el mismo tono educado y comedido que su anfitrión, -pero a lo mejor puedo evitar que arrastre a otras personas inocentes.

lunes, 7 de enero de 2013

FELICES FIESTAS


Cuando se adentró en estas fiestas, el autor de estas líneas tenía el firme propósito de compaginar sus obligaciones sociales y personales con este blog... pero la realidad ha vuelto a imponer sus propias normas una vez más: fiestas por un lado, compras de regalos y detallinos (y digo "detallinos" porque la crisis golpea incluso a los que sólo nos dedicamos a soñar) por otro y visitas de amigos que vuelven de lugares lejanos y exóticos. En realidad, como os podréis imaginar, la culpa de tanta vagancia la han tenido los excesos navideños, frente a los que me confieso extremadamente indulgente.

Por otra parte, tampoco quería hacer la típica entrada en este blog con felicitaciones navideñas al uso. No obstante, tras pensarlo mejor, me he dado cuenta de que es lo mínimo que les debo a todas las infatigables personas que siguen mis andaduras por estos lares. Así pues, seáis quienes seáis espero que hayáis tenido unas buenas fiestas, que el nuevo año traiga más alegrías que el anterior y que hayáis disfrutado en grado sumo de la compañía de los amigos y familiares que merezcan estar a vuestro lado.

A partir de mañana esta ciudad de máscaras vuelve a ponerse en marcha con normalidad, continuando en el mismo punto en que había quedado la saga de las Cinco Garras de Gaia, para vuestro deleite y disfrute. ¡Un abrazo para todos/as!