martes, 18 de junio de 2013

SUSURROS-DEL-PASADO (6 - 2)

Algún lugar de la Umbra

La manada de las Cinco Garras de Gaia había seguido fielmente las indicaciones de la misteriosa"brújula" que llevaba Lars Sacrifica-su-Propio-Ojo. La primera noche había sido desesperante y plagada de peligros e incertidumbres para todos ellos, ya que la Senda Lunar imitaba la oscuridad de la Luna Nueva. Únicamente caminando en fila india y repitiendo los gestos de Lars, como había sugerido el propio Theurge, lograron avanzar pausadamente, dejando atrás poco a poco los territorios familiares del reflejo espiritual del Parque Tamilpaís.

No obstante, Lars le había asegurado que la invisibilidad de la Senda Lunar no sería la única dificultad que encontrarían durante las siguientes jornadas y el Theurge había acertado de nuevo. Algunas Lúnulas, por ejemplo, se interpusieron en la Senda Lunar, buscando divertirse a su costa con juegos infantiles y tratando desorientarlos para que se saliesen de su camino. Susurros-del-Pasado no tenía muy claro si lo hacían de mala fe o si realmente aquella broma sólo les parecía una alegre travesura, pero sus intentos fracasaron miserablemente y las Cinco Garras de Gaia perseveraron en su propósito de avanzar en la dirección correcta.

Otro peligro añadido fueron las Perdiciones. Los malvados espíritus del Wyrm vagaban libremente por la Senda Lunar y en pequeños grupos, buscando quizás espíritus más débiles que ellos para destruirlos o corromperlos. Las Perdiciones huían nada más verlos, pero en al menos un caso, los Scrags cargaron contra su manada con salvaje abandono. Para Susurros-del-Pasado y sus hermanos, la dificultad de estos enfrentamientos no consistía únicamente en derrotar a los espíritus malignos, sino más bien en hacerlo sin perder el camino que habían estado siguiendo con tanto esfuerzo.

Incluso la propia Senda Lunar pareció quererles poner a prueba, realizando desviaciones en las que la "brújula" de Lars no les servía de ninguna ayuda, desorientando sus mentes o dejando a su paso pequeños enigmas con la intención de que los resolviesen. Hasta ese momento, Susurros-del-Pasado había considerado la Senda Lunar como un simple camino, pero ahora empezaba a considerar la posibilidad de que tuviese algún tipo de inteligencia. Para su sorpresa, Lars no pudo ofrecerle una respuesta satisfactoria cuando le hizo una pregunta al respecto.

Más tarde, cuando la luz dorada de Helios apareció en el horizonte, las Cinco Garras de Gaia tuvieron que salirse finalmente del camino y acampar en una especie de llano baldío en algún lugar de la Umbra. A pesar de que Faruq fue el único en reconocerlo abiertamente, en el fondo todos ellos dieron la bienvenida a la oportunidad de descansar después de una jornada tan agotadora. Hasta que el Celeste solar no volviese a esconderse y ceder a Selene su paso por los cielos umbrales, no habría Sendas Lunares, por lo que decidieron descansar en aquel lugar, haciendo guardias en parejas para evitar que cualquier Perdición se acercase demasiado a su improvisado campamento.

A la noche siguiente, la "brújula" de Lars les llevó de nuevo hasta otra Senda Lunar. El camino espiritual parecía ligeramente más consistente, del mismo modo que habían aparecido los tímidos cuernos plateados de Selene en los cielos umbrales. De hecho, Susurros-del-Pasado podía distinguir por el rabillo del ojo los bordes del camino y un tranquilizador, si bien demasiado breve, fulgor plateado.

-.-

La nueva anchura y definición de la Senda Lunar les permitieron caminar recorrer el camino más rápido que antes. Susurros-del-Pasado y Crow Erguido-Cual-Montaña seguían de cerca a Lars, mientras Canción-Oculta y Faruq cerraban la marcha. Uktena, el tótem de su manada, había desaparecido entre las sombras de los árboles, ocultándose a la vista.

-¿Donde creéis que estamos?-, preguntó Crow mirando confuso a su alrededor.

El paisaje había cambiado lentamente, cubriéndose de nieblas grises y humedad. Lejanos rayos atronaban en la distancia, anunciando una tormenta invisible cuya presencia parecía hacer que el aire crepitase por sí solo. Para ser un paraje espiritual, apenas había espíritus por los alrededores, salvo unos pocos espíritus de tejo, que erguían orgullosos sus retorcidos troncos aquí y allí. En ese mismo instante, un solitario espíritu topo asomó su cabeza desde una madriguera y luego volvió a esconderla muy asustado nada más verlos.

-No lo sé-, reconoció el Theurge. -Dicen que las Sendas Lunares llegan muy lejos durante la Luna Creciente, así que podríamos estar en cualquier parte. Lo único que tengo claro por ahora es que hemos dejado atrás la Umbra Próxima.

Susurros-del-Pasado permaneció en silencio. Él también se había estado formulando la misma pregunta que el Ahroun de su manada, pero no había hallado ninguna pista en su entorno que pudiese ofrecer un remoto indicio de dónde estaban. A pesar de los nervios, el Señor de la Sombra estaba disfrutando sinceramente de aquel viaje por las tierras espirituales. Cuando era un cachorro indefenso, su tutor Galliard le había asegurado que la Umbra era la verdad de cada canción jamás cantada. Aquellas palabras habían causado un fuerte impacto en el impresionable lobezno que había sido, pero ahora renacían con más fuerza si cabe. "Debo llevar de nuevo la Umbra al reino físico mediante mis canciones e historias", se repitió para sus adentros.

Los cuervos de Lars lo sacaron de su ensoñación con fuertes graznidos alarmados y volaron ruidosamente a su alrededor. Susurros-del-Pasado carecía del don espiritual que le permitiese comprender su lenguaje, pero comprendió de inmediato que algo los había aterrorizado. El Galliard adoptó de inmediato la forma de guerra Crinos, al igual que Crow y Lars. A su espalda, Canción-Oculta y Faruq también estaban prevenidos. El alfa de las Cinco Garras de Gaia había adoptado la forma Hispo de lobo prehistórico, mientras el Ragabash preferió imitar a la mayoría de sus hermanos adoptando la forma Crinos.

-¿Qué dicen los cuervos?-, gruñó Canción-Oculta.

-¡Qué no estáis solos!-, ladró una voz feroz y gutural en el idioma Garou, interrumpiendo a Lars antes de que pudiese responder al Colmillo Plateado.

Susurros-del-Pasado se volvió de inmediato hacia el origen del ladrido, un viejo tejo de tronco ancho y ahuecado a su lado del camino. Seguramente se habría cobijado en su interior algún enemigo, que había esperado pacientemente a que ellos se acercasen bastante.

-¡Déjate ver, cobarde!-, ladró el Señor de la Sombra mostrando su oscuro pelaje completamente encrespado y sus colmillos, al mismo tiempo que alzaba las orejas. En un último gesto de desafío, desnudó las garras, listo para utilizarlas.

Una sombra se movió despacio. Sin embargo, el Galliard pudo comprobar que se había equivocado en sus previsiones. El dueño de la voz no estaba oculto dentro del tejo, sino detrás del viejo árbol. Tenía la forma de un poderoso lobo gris, musculoso y con una mandíbula enorme. El color de su pelaje y sus rasgos físicos delataban claramente su pertenencia a la tribu de la Camada de Fenris. Incluso estando en forma Lupus, el Garou tenía un aspecto formidable y brutal, capaz de derrotar él solo a toda un ejército de criaturas del Wyrm.

-Nadie me llama cobarde y sigue viviendo-, ladró el Fenris temblando de ira apenas contenida y enseñando a su vez sus enormes colmillos.

Gruñendo con rabia, Crow se puso a su lado de inmediato, dispuesto a defenderlo si el desconocido optaba por atacarlo. Lars  y Faruq buscaron más enemigos a su alrededor, escondidos o cobijados al amparo de las sombras y la niebla. La tensión podía cortar el aire como si fuese una espada afilada. No obstante, fue Canción-Oculta el que se anticipó al violento desenlace que tendría lugar, interponiendo su cuerpo entre sus hermanos y el Fenris.

-¡No somos enemigos!-, ladró autoritario a todos los presentes. -¡El Wyrm es el verdadero enemigo!

El Colmillo Plateado gruñó un par de veces más a sus hermanos, para que dejasen de amenazar con sus gestos al Garou desconocido. Crow se sometió de inmediato a la autoridad del alfa de su manada y, aunque Susurros-del-Pasado también hizo lo propio, sus gestos fueron más desganados. El lobo Fenris permaneció rígido y alerta, mostrándoles todavía el filo de sus colmillos.

-Te pido disculpas-, gruñó Canción-Oculta. -Tu brusca aparición nos ha sobresaltado.

El Fenris mantuvo el mismo gesto amenazador durante unos segundos más, aunque luego terminó por cubrir sus colmillos. Todavía tenía las orejas alzadas, pero parecía que las palabras de Canción-Oculta habían aplacado ligeramente su furia.

-¿Quiénes sois?

-Somos la manada de las Cinco-Garras-de-Gaia-, respondió el Señor de la sombra cumpliendo su deber como Galliard de la manada. -Mi nombre es Susurros-del-Pasado. Él es Canción-Oculta, nuestro alfa, y el resto son Lars, Crow y Faruq.

El Fenris no dio ninguna muestra de estar impresionado. Muy al contrario, parecía como si no los reconociese ni hubiese oído hablar de sus hazañas. Eso provocó una dolorosa punzada en el orgullo del Galliard, pero esta vez se cuidó mucho de mostrar su enfado con el misterioso Garou.

-¿Cómo te llamas?-, quiso saber Lars.

-Raimorantha-, respondió el lobo con una tosca sencillez. -La Luna Llena cubría los cielos cuando nací.

-¿Y dónde están tus hermanos de manada, Raimorantha?-, le preguntó ahora Canción-Oculta.

-Murieron.

-¿Cómo murieron?-, preguntó Lars.

-Dejando a su paso un reguero de criaturas muertas del Wyrm.

-Pero tú sobreviviste-, afirmó Faruq en tono neutro y comedido.

-Sí-, respondió lacónico el Fenris.

-¿Y qué haces en estas tierras?-, se atrevió a preguntarle Susurros-del-Pasado.

-Buscar más criaturas del Wyrm para matarlas.

La sencillez de su respuesta les sorprendió una vez más. Aquel Ahroun, lupus de nacimiento sin duda, debía llevar vagando mucho tiempo en solitario por aquellas tierras, sin la compañía de una manada de hermanos. "Probablemente su mente se haya quebrado y sea más peligroso de lo que parece", se percató Susurros-del-Pasado. Ciertamente, el solitario Garou parecía tener un aspecto feroz que desafiaba la imaginación.

-¿Vosotros también buscáis criaturas del Wyrm?

-En este momento, no-, respondió el Galliard con cautela. -El Gran Uktena nos ha elegido para realizar una búsqueda espiritual.

-¿Quieres acompañarnos?

Susurros-del-Pasado se sintió confundido al escuchar las palabras del alfa de su manada. "¿Pero qué hace?", se preguntó el Señor de la Sombra. "¿No ve que es peligroso?" Durante los meses que llevaba en la manada de las Cinco Garras de Gaia, Susurros-del-Pasado había pensado que Canción-Oculta parecía ser uno de los pocos Colmillos Plateados cuerdos, aunque de vez en cuando pareciese abstraído en sus propios pensamientos. Sin embargo, ahora se vio obligado a replantearse esa suposición. El Galliard se dio la vuelta para observar las reacciones de sus hermanos. Crow y Faruq parecían compartir su sorpresa, mientras que Lars asentía con la cabeza, como si el alfa estuviese actuando con sabiduría.

-¿A dónde vais?-, preguntó Raimorantha tras un prolongado silencio.

-No lo sabemos-, le respondió con sinceridad Canción-Oculta. -Por ahora, sólo hemos empezado a dar nuestros primeros pasos en la búsqueda, pero con el tiempo, nuestra meta será hará más clara y definida.

-¿Y no preferís seguir al Gran Lobo Fenris al corazón de la batalla?

-Nuestro camino está con Uktena-, le respondió Lars. -Acompáñanos. Ningún lobo ni Garou debe estar solo... Además, seguro que el Wyrm ha dejado suficientes siervos a nuestro paso para saciar tu hambre de batalla.

El Fenris permaneció otros largos segundos decidiéndose en silencio, pero al final se acercó despacio hacia Canción-Oculta, bajando ligeramente las orejas y mostrando un lenguaje corporal más amistoso. Seguía siendo grande y amenazador en cualquier caso, pero su actitud había cambiado visiblemente.

-No puedo ni quiero renunciar a Fenris-, afirmó orgulloso. -Eso me impide formar parte de vuestra manada... pero os acompañaré y os protegeré de las criaturas del Wyrm.

-Gracias. Tu ayuda será bien recibida-, respondió Canción-Oculta.

Susurros-del-Pasado contempló incrédulo lo que estaba pasando. El Colmillo Plateado se había ganado la confianza de un feroz Fenris sin usar ningún don espiritual ni engaño. Él y Lars simplemente le habían ofrecido la oportunidad de volver a formar parte de una pequeña comunidad Garou y Raimorantha había accedido inmediatamente. "Aquí hay una gran lección que debo aprender", se dijo para sí mismo.

jueves, 13 de junio de 2013

ERGUIDO-CUAL-MONTAÑA (6 - 2)

Parque Estatal del Monte Tamilpais, California (EE.UU.)
18 de noviembre de 1998

En opinión de Crow, el Gran Uktena estaba jugando con ellos. No había otra explicación. Era así de simple.  Se suponía que la búsqueda espiritual tendría que ser una gran hazaña repleta de peligros y desafíos, pero lo único que habían conseguido hasta ese momento era que Lars perdiese un ojo y tuviese un "viaje" usando peyote.

Sin embargo, a pesar de todas sus dudas y recelos, el Fianna no le había quedado más remedio que buscar un condenado cristal semi opaco a petición del Theurge. Aquello había supuesto un pequeño desafío en sí mismo, ya que era difícil encontrar ese tipo de objetos en un parque natural de California. No obstante, Crow había tenido una buena idea. Recordó que Celeste Cumbre-Nevada llevaba un collar hippy lleno de cristales y abalorios la noche anterior, por lo que era posible que ella u otro Garou de los Hijos de Gaia tuviese un objeto como el que le había pedido Lars. Por suerte, una de sus Parientes, Cassandra Walters, vendía ese tipo de abalorios en una tienda del municipio de Bolinas, a unos 18 kilómetros hacia el norte.

A partir de allí, todo fue más fácil pero más rutinario. Crow tuvo que salir del túmulo para llegar a la caseta de los guardias forestales, donde un Hijo de Gaia, Raymond Asombro-de-la-Mañana, se ofreció a llevarle muy amablemente en su jeep hasta el pueblo. El viaje desde allí duró unos escasos veinticinco minutos y Crow pudo disfrutar de unas estupendas vistas al atardecer de Stinson Beach, Bolinas Lagoon y del propio municipio de Bolinas. Para el Fianna, el viaje acabó mereciendo la pena y olvidó rápidamente su enfado.

Bolinas era una comunidad idílica de apenas mil habitantes, llena de pequeñas casas de fachadas blancas y azules, y habitada por gentes tranquilas y apacibles. Raymond Asombro-de-la-Mañana le explicó por el camino que los Hijos de Gaia tenían muchos Parientes entre los artistas y las figuras contraculturales actuales de esta localidad costera e incluso le había hablado de algunas fiestas y tradiciones locales.

La tienda de Cassandra ya estaba cerrada, pero la encontraron en un bar cercano, llamado Jimmy's Tavern, bebiendo unas cervezas con un grupo de amigos mientras criticaban las noticias que veían por la televisión. Se notaba que el tiempo no había pasado por el interior de aquel bar, ya que debía seguir conservando el mismo mobiliario y decoración  de hace veinte o treinta años: en el centro del local había una pequeña barra rodeada por mesas y sillas de plástico de colores psicodélicos gastados, las paredes estaban repletas de fotos enmarcadas de Jim Morrinson y discos de vinilo, y junto a los baños había una vieja máquina de pinball que aún funcionaba. El olor a humo, incienso y otro tipo de "hierbas aromáticas" podía marear o colocar con la misma facilidad a un simple humano sin necesidad de encender un cigarrillo propio.

Crow se esperaba que Cassandra Walters fuese una vieja gloria como Celeste Cumbre-Nevada, pero en lugar de eso se encontró con una mujer risueña, que había terminado hacía dos años sus estudios de biología y había decidido abandonar sus prácticas en una editorial de San Francisco para montar una pequeña tienda en Bolinas juntando los pocos ahorros que disponía y la ayuda de algunos familiares. Tenía unos ojos almendrados preciosos, un cutis salpicado de pecas y una corta melena, de color rubio oscuro, que le rozaba los hombros.

Cuando Asombro-de-la-Mañana le había dicho que necesitaban su ayuda, Cassandra no dudó en despedirse de sus compañeros y acompañar a los Garou a su tienda. Luego les mostró todos los adornos de cristal y las piezas sueltas de que disponía. El problema fundamental resultó ser el tamaño. Todas las piezas eran demasiado pequeñas para las especificaciones que le había pedido Lars. El Hijo de Gaia decidió esperar fuera mientras ellos buscaban inútilmente un cristal adecuado. No obstante, Cassy, como le pidió ella que la llamara informalmente, tuvo una idea y estuvo trasteando por la tienda hasta que encontró lo que buscaba.

Volvió con una pequeña sierra y una estatua de un Cristo rezando hecha de cristal, y cortó con cuidado el pedestal que la sujetaba. A continuación, se lo mostró. La pieza cortada era exactamente lo que Lars necesitaba. A Crow se le pasó por la cabeza besarla en ese momento, pero su habitual timidez con las mujeres hizo que se echase atrás. Ella, por supuesto, vio a las claras sus intenciones y, para su sorpresa, lo sorprendió con un generoso beso que hizo que sus bocas y sus lenguas se derritiesen en una sola. Sólo duró un instante, pero hizo que el corazón del Fianna latiese sin control durante horas al recordarlo.

-Sé que no puedes quedarte-, le susurró ella mientras rodeaba su cuello con los brazos-, pero la próxima vez que vuelvas a California, me gustaría que me invitases a unas cervezas. ¿Lo harás?

-Te lo juro-, respondió Crow muy serio de repente, lo que provocó una alegre carcajada en la joven. Olía a maría y humo, pero también creyó percibir los restos de una leve fragancia cítrica.

-Ninguno de los dos tiene que jurar nada.

-Ahora tengo una buena razón para regresar. No lo dudes.

Ella se rió de nuevo, divertida por lo que dijo, y se despidieron con otro beso, más largo y apasionado que el anterior. Cuando Crow abandonó la tienda para subirse al jeep, Raymond encendió el motor sin decir nada y puso en marcha el vehículo. Cassy permaneció junto a la puerta de su tienda, haciendo gestos de despedida con la mano. El Fianna devolvió con inseguridad el gesto y luego permaneció sentado en su asiento, sin poder creer lo que le había pasado.

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Cuando volvieron al parque, Crow le dio las gracias a Raymond Asombro-de-la-Mañana y se encaminó hacia la arboleda en la que lo estarían esperando sus hermanos de manada. Adoptando la forma Lupus y sosteniendo el cristal con sus fauces, corrió tan rápido como pudo por los bosques y montañas del parque. Selene no pudo ayudarle a encontrar el camino más rápido, oculta como estaba por el manto de nubes oscuras y a punto de adoptar su faz de Luna Nueva. En cierto modo, la oscuridad de la noche lo reconfortó más aún, ya que nadie podía ser testigo de su felicidad interior.

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Al llegar junto a sus hermanos, no les dijo ni una sola palabra más de lo necesario, por temor a que se le escapase alguna pista que revelase lo que le había pasado en Bolinas. Simplemente soltó el cristal con cuidado frente a Lars, que asintió para sí después de comprobar si era idóneo para el cometido que debía cumplir. Una vez satisfecho, el Theurge se puso a trabajar, reuniendo los otros materiales y entonando una canción en honor del Gran Uktena.

El resto de la manada lo miró sin ocultar su curiosidad, sobre todo Faruq y Susurros-del-Pasado. Crow echó una ojeada a Canción-Oculta, preguntándose cómo habría conseguido que un Garou Uktena donase voluntariamente su sangre, pero decidió no interrumpir lo que fuera que Lars estuviese haciendo con ese tipo de preguntas. Más tarde tendría tiempo suficiente para hacerlo.

Lars puso en el suelo la pieza de barro en la que había estado trabajando. Le había dado forma de cuenco y había tallado signos Garou en su superficie, que ante ojos humanos parecerían simplemente marcas aleatorias de arañazos provocadas por algún animal salvaje, sin ningún tipo de sentido alguno. A continuación, el Theurge abrió el pequeño saco de cuero que había llevado consigo desde hacía unos días. De su interior, sacó un pequeño orbe amarillento, húmedo y lechoso, en cuyo centro había un pequeño círculo oscuro a modo de siniestra pupila. Sin dejar de cantar a los espíritus, Lars introdujo el cuenco en el orbe y luego lo rellenó con la sangre escarlata contenida hasta ese momento en un pellejo de piel que Crow no había visto antes. Por último, el Theurge cogió la pieza de cristal y taponó el recipiente, usando el propio barro para sellar bien las junturas que se habían formado.

Una vez que hubo terminado, el barro parduzco comenzó a perder su color natural. Al principio, Crow no se percató del cambio, pero llegó un momento en que era evidente el color se había diluido y estaba adoptando un tono muy pálido, como si estuviese hecho de arcilla blanca. Incluso daba la impresión que el recipiente parecía más sólido y mejor sellado que antes. Mientras ocurrían esos cambios, el cristal que servía de tapa comenzó a brillar con una fulgor propio, provocando que sus sorprendidos rostros quedasen iluminados por una pálida luz de color verde manzana.

-En el nombre de Gaia, ¿qué está pasando, Lars?-, preguntó Canción-Oculta sin dejar de mirar con incredulidad el interior del recipiente.

-Creo que es una señal-, respondió el Fenris con voz tranquila y maravillada al mismo tiempo.

-¿Una señal para qué?-, intervino Crow, buscando una respuesta más clara.

-Para que vayamos a la Umbra.

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Usando unos pequeños espejos y trozos de cristal que siempre llevaban encima, las Cinco Garras de Gaia caminaron de lado para llegar a la Penumbra local. Gigantes espíritus de abetos gigantes, mucho más altos que sus contrapartidas físicas, les impidieron ver el cielo sobre sus cabezas o las montañas de los alrededores. A este lado de la Celosía, los olores del bosque y de sus habitantes ganaron una intensidad abrumadora que abrumó los instintos más salvajes de Crow.

-¿Y ahora qué hacemos?-, quiso saber Canción-Oculta. La voz del alfa sonaba emocionada y nerviosa a partes iguales.

-Debemos seguir esa dirección-, les indicó Lars tras echar una pausada mirada al recipiente que sujetaba con la mano libre. La luz del cristal había desaparecido, como si nunca hubiese existido.

-¿Cómo puedes estar tan seguro?-, le espetó Faruq duramente. -Tu fetiche o talismán debe haberse estropeado, porque ya no emite ninguna luz.

-No, no está estropeado-, explicó impaciente el Theurge. -El Gran Uktena utiliza este ojo como una especie de brújula, señalando con su pupila la dirección en la que debemos dirigirnos.

-¿Seguro?-, insistió el Caminante Silencioso.

-Eso creo-, le respondió Lars.

-Venga, no perdamos más tiempo-, interrumpió Canción-Oculta. -Pongámonos en marcha.

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Ascendieron por una pendiente cubierta de árboles, mientras escuchaban a su alrededor el incomprensible murmullo de los espíritus arbóreos. La oscuridad era casi completa, pero avanzaron con precaución siguiendo las indicaciones silenciosas del artefacto que portaba Lars. Después de unos breves instantes, Crow se percató de que alguien o algo les seguía, amparándose en la oscuridad reinante bajo las copas de los abetos gigantes. No obstante, el Ahroun reconoció la forma vagamente familiar de Uktena y sus movimientos sinuosos. De alguna forma, se sintió más tranquilo sabiendo que el tótem espiritual de su manada estaría con ellos pasase lo que pasase.

Al llegar a la cima, comprobaron que Selene se escondía en los cielos, con su rostro cambiante adoptando el de la Luna Nueva. Los Garou caminaron despacio siguiendo el perfil del monte durante unos cuantos metros más, seguidos por la forma furtiva, pero ahora completamente visible, de Uktena. No obstante, tuvieron que interrumpir su marcha al llegar al borde de un precipicio.

-El ojo indica que debemos seguir de frente-, anunció Lars inseguro.

Crow echó un vistazo hacia abajo. Sin la luz de Selene para ayudar en una escalada nocturna, el descenso directo sería prácticamente un suicidio. Por lo tanto, iban a tener que dar un rodeo y buscar un camino que les permitiese llegar al fondo del valle sin poner en peligro sus vidas. Con un suspiro, hizo públicos sus pensamientos. Canción-Oculta y Susurros-del-Pasado estuvieron de acuerdo con él inmediatamente, mientras Faruq prefirió silencio.

Lars, por su parte, miró al otro lado del valle con su único ojo, luego se volvió para observar a sus hermanos y luego alzó la vista hacia la hermosa Selene, oculta en alguna parte de aquel cielo oscurecido. Parecía que el Theurge estaba rumiando alguna idea, lo que hizo que Crow se sintiese inseguro de sus anteriores suposiciones.

-¿No estás de acuerdo con la idea de dar un rodeo?-, le preguntó.

-Sí... no... no lo sé-, respondió Lars dubitativo. -Creo que tengo una corazonada.

Crow se jactaba de ser rápido. A lo mejor no podía igualar la velocidad y la resistencia de Faruq en una carrera justa, pero tenía unos reflejos sobrehumanos en combate gracias al don espiritual del Espíritu de la Refriega. No obstante, ni él ni su hermano Caminante Silencioso pudieron predecir lo que iba a hacer Lars. El Theurge simplemente avanzó hacia delante, antes de que nadie pudiese detenerlo.

Lo esperable es que su hubiese caído hacia el fondo del valle, matándose sin remedio. Una muerte estúpida para un acto estúpido. Sin embargo, Lars no hizo eso. Pese a que ya no había suelo bajo sus pies que sostuviesen su peso, el Theurge permanecía a la misma altura, como si estuviese se pie sobre algún recodo o puente invisible. Lentamente, se volvió para mirarlos con una estúpida cara de sorpresa y alivio reflejada en su rostro. La misma que debían de tener el resto de ellos.

-¡Lo sabía, lo sabía!

-¿Cómo es posible?-, preguntó Crow intentando hacerse oír por encima de las atropelladas preguntas, maldiciones y exclamaciones de sorpresa emitidas por sus confusos hermanos.

-¡Es una Senda Lunar! Estoy caminando por una Senda Lunar.

-Pero... pero creía que los Puentes Lunares sólo comunicaban un túmulo con otro-, farfulló Faruq.

-Y así es, pero esto no es un Puente Lunar, sino una Senda Lunar.

-Ahora lo entiendo-, murmuró Susurros-del-Pasado asintiendo para sí. -Cuando Selene aparece en los cielos de la Umbra, deja a su paso Sendas Lunares que se entrecruzan y comunican muchos lugares. Dicen que es el medio de viaje más utilizado por los nuestros cuando se adentran en las tierras del espíritu.

-Vale, pero... ¿por qué no se ve?-, preguntó Crow intentando comprender. -¿Por qué es invisible?

-Dicen que las Sendas Lunares cambian con cada fase lunar adoptada por Selene-, les explicó el Theurge. -Normalmente brillan como si fuesen un sendero plateado, pero he oído decir que llegan a volverse casi invisibles durante la Luna Nueva.

-Sin embargo, podías haberte equivocado y hubiésemos perdido a otro miembro de la manada-, le reprochó el Ahroun.

-Tenía una corazonada.

-En cualquier caso, ¿la Senda Lunar es segura?-, preguntó de improviso Canción-Oculta para poner fin de forma prematura a la discusión.

-No deberíamos tener problemas si caminamos en fila y repetís todos mis movimientos. El ojo nos guiará por el camino correcto, aunque no veamos dónde pisamos. De todas formas, es posible que las Lúnulas nos pongan a prueba mediante enigmas y misterios para recorrer "su" Senda y puede que nos encontremos con alguna criatura del Wyrm que haya descubierto por casualidad este camino espiritual.

miércoles, 12 de junio de 2013

FARUQ (6 - 2)

Parque Estatal del Monte Tamilpais, California (EE.UU.)
18 de noviembre de 1998

Lars no dio señales de vida hasta la mañana siguiente, momento en que León-en-Marcha y otro Uktena lo trajeron a la arboleda donde se encontraba la manada de las Cinco Garras de Gaia. El Theurge estaba completamente extenuado y se durmió tan pronto como lo ayudaron a recostarse en el suelo. Canción-Oculta, que apenas había dormido durante esa noche, se quedó a su lado velando por él. Estaba claro que no había mucho que pudiesen hacer por él; así que mientras Crow se alejaba para continuar con sus ejercicios físicos diarios, Faruq decidió aprovechar el día y conocer los territorios protegidos por el Clan del Ojo del Oeste. No obstante, su sorpresa fue mayúscula cuando Susurros-del-Pasado le pidió permiso para acompañarlo.

-Si no te molesta, iré contigo-, dijo escuetamente. -Alguien tiene que vigilarte para que no te metas en problemas.

-No te preocupes. No le diré a nadie que has tenido que suplicar compañía a un Caminante Silencioso.

El Señor de la Sombra, habituado desde hace mucho a sus comentarios mordaces, se tragó su orgullo con toda la dignidad que pudo reunir y se limitó a permanecer callado sin morder el anzuelo. En su interior, Faruq lo respetó un poco más por aquel pequeño gesto. "En un par de años, lo convertiremos en un Garou digno de ese nombre."

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La idea de explorar el parque natural había sido muy acertada. A pesar de que estaban ya a finales de año, la temperatura era extraordinariamente apacible, al menos si se la comparaba con lugares como St. Claire o Vancouver. A medida que habían dejado atrás las primeras horas de la mañana, Faruq estaba convencido de que debía hacer entre diez y quince grados. Sin embargo, el viento fresco del Pacífico parecía disminuir un poco esa temperatura, una situación idónea para forzar la marcha de su paseo sin sufrir grandes calores. La única nota discordante era el cielo. Estaba cubierto de nubes oscuras que amenazaban constantemente con descargar la lluvia que llevaban en su interior. De hecho, esas mismas nubes apenas dejaban estrechos espacios libres entre los que se colaban tímidamente los rayos del sol.

Al principio los dos Garou habían recorrido los senderos para turistas, aunque luego decidieron "pasear por su cuenta" en forma lobuna. Sus vagabundeos les llevaron a descubrir los particulares olores de los bosques californianos, correr a través de laderas montañosas o seguir el lecho de pequeños arroyos hasta que encontraban otra cosa que llamaba su atención. Normalmente, solían evitar llamar la atención de los humanos extraviados, pocos en cualquier caso en aquella época del año, o de los guardianes y la Parentela del Clan del Ojo del Oeste, y recorrieron libremente aquellos hermosos parajes.

"La belleza de Gaia es inigualable", reflexionó Faruq tras coronar, con un último esfuerzo, la cima de un peñasco. La vista era espectacular. Desde su privilegiada posición, podía contemplar gran parte del valle hasta el horizonte en todas las direcciones. Incluso creía poder divisar las aguas del Pacífico, pero no estaba seguro de si lo que veía era el océano o el mar de nubes que cubría el cielo. La belleza de cuanto contemplaba hizo que su cuerpo se relajase lo suficiente para adoptar de nuevo la forma humana. "Así está mejor", asintió para sí mismo. La forma del lobo tenía muchas ventajas, entre las que se contaban su velocidad, su resistencia y sus agudos sentidos del olfato y el oído, pero la forma homínida, a pesar de su torpeza natural, tenía una vista excelente.

Cuando se cansó del hermoso paisaje minutos más tarde, buscó a Susurros-del-Pasado con la mirada. El Señor de la Sombra no había llegado a la cima del peñasco, sino que había preferido detenerse en un saliente para contemplar las vistas. Faruq se acercó a él sigilosamente con la intención de darle un buen susto, pero la mirada perdida del Galliard le hizo cambiar de opinión y se preguntó qué podría estar pensando su hermano en esos momentos.

-Una vista preciosa, ¿verdad?

-En efecto-, admitió su hermano.

-Creía que a los Señores de la Sombra os gustaban más los picos jóvenes y cubiertos de tormentas, como los Bacanes.

-Querrás decir los Balcanes, Faruq...

-¡Eso! Nunca consigo recordar esos estúpidos nombres europeos.

El Señor de la Sombra le dirigió una mirada condescendiente, que luchó durante unos segundos con su propia mueca burlona antes de desistir y volver a centrarse en el paisaje que les rodeaba. No obstante, el Galliard continuó hablando animado sin mirarle.

-Los picos jóvenes y cubiertos de tormentas, como dices, son del agrado de muchos Señores de la Sombra porque les recuerdan las tierras natales de las que proceden nuestra tribu.

-¿A ti también te pasa?

-¿A mí?-, preguntó sorprendido Susurros-de-Pasado. -En ocasiones. Mi padre era un inmigrante húngaro y la familia de mi madre es de origen serbio, aunque ella nació en Estados Unidos. Me he pasado la mitad de mi vida en Chicago y la otra mitad en Vancouver. Francamente, de no ser por mi herencia como Señor de la Sombra, estaría tan perdido como lo están los simples humanos, sin saber a qué sitio pertenezco realmente.

Faruq permaneció en silencio, sorprendido por la revelación del Galliard. Su nuevo hermano de manada le había confiado una parte de su vida y de sí mismo, un hecho sumamente infrecuente en él. Durante unos segundos, Susurros-del-Pasado había roto su habitual hermetismo y ambos se habían convertido en hermanos, no sólo de nombre sino también de hecho. El Caminante Silencioso estaba dispuesto a confiar en él lo suficiente para hablarle de la dolorosa diáspora que sufría su propia tribu desde hacía milenios, pero Susurros-del-Pasado volvió a hablar después de una breve pausa.

-Sin embargo, no estaba pensando en las tierras de mis antepasados.

-¿Y en qué lo hacías?

-Este lugar es ciertamente hermoso por derecho propio, pero es demasiado pacífico. No ofrece retos que pongan a prueba las habilidades de un Garou. Las únicas amenazas que deben afrontar sus guardianes son unos pocos turistas humanos al año.

-Esa es la idea, Susurros-Seniles-, respondió Faruq intentando picarle. -El territorio del clan está a salvo de los siervos del Wyrm y de la contaminación de los humanos gracias a los métodos de los Hijos de Gaia y su Parentela. Han hecho un trabajo soberbio manteniendo oculta la naturaleza del túmulo y dejando que los Uktena locales se ocupen de sus asuntos, sean los que sean.

-No dejes que te contagien su ceguera, amigo mío. Los Garou locales están sumidos en la complacencia. Ni siquiera envían a sus jóvenes a Vancouver o el Amazonas para que se ganen unas buenas cicatrices. Te aseguro que cuando el Wyrm decida atacar este lugar, sus guardianes no estarán preparados para defenderlo.

-Esa retórica belicista funcionará muy bien con hombres lobo de otras tribus, pero no te será tan útil conmigo. Como he dicho, los Hijos de Gaia han hecho un trabajo extraordinario. Este clan nos recuerda la razón por la que luchamos, el premio que obtendremos si ganamos la guerra. Y ese símbolo es más importante que nunca hoy en día.

-Con el tiempo, ya veremos quién de los dos tiene razón-, respondió el Señor de la Sombra mientras se cruzaba de brazos y le dirigía una de sus odiosas miradas de suficiencia.

-Una de las cosas que aprendí de Voz-de-Plata fue a no subestimar el coraje de los Hijos de Gaia. Si el Wyrm ataca algún día este lugar, se llevará una buena sorpresa. Créeme.

-.-

La discusión con Susurros-del-Pasado le agrió el resto de la tarde y, para colmo, las nubes terminaron por descargar la lluvia que habían acumulado con tanto ahínco hasta ese momento. Los dos Garou decidieron regresar con el resto de sus hermanos, confiando en que Lars estaría ya despierto a esas horas de la tarde. Ambos adoptaron la piel del lobo para protegerse de los elementos y deshicieron rápidamente la distancia que los separaba de la arboleda donde se refugiaba su manada.

Cuando por fin llegaron a su destino, Faruq se alegró de que Lars estuviese completamente despierto y con aparente buena salud. Lo encontraron modelando pacientemente un trozo de barro, al que había dado forma de cuenco. El Theurge estaba inscribiendo unos símbolos con la afilada uña de una mano convertida en garra. Sin embargo, no se veía por ninguna parte a Canción-Oculta ni Crow.

-Me alegra ver que ya estás mejor, Lars-, lo saludó con sincero afecto. -¿Qué estás haciendo?

-Ya lo veréis, ya lo veréis-, respondió el Fenris sin levantar la mirada del recipiente de barro.

-¿Puedes decirnos al menos dónde están los demás?-, quiso saber Susurros-del-Pasado.

-Le he pedido a Crow que me traiga un cristal semi opaco. Lo necesito antes de que se haga de noche.

-¿Y Canción-Oculta?-, insistió el Señor de la Sombra.

-Me está ayudando con otro encargo. Tiene que traerme el agua escarlata de los hijos del secreto.

-¿El qué?-, preguntó sorprendido el Ragabash, sin tener muy claro si Lars se estaba burlando de él o si estaba hablando completamente en serio.

-Sangre de un Garou de la tribu Uktena-, murmuró en voz baja el Fenris, concentrado en la inscripción de los símbolos que estaba llevando a cabo. -No sé cómo no me di cuenta antes, pero Padre Peyote se refería  a eso desde el principio.

-¿Padre Peyote?-, repitió estúpidamente Faruq, mientras levantaba la vista para comprobar que Susurros-del-Pasado estaba igual de desconcertado que él. -Ahora sí que estoy convencido de que te has vuelto completamente loco, Lars.

martes, 11 de junio de 2013

ESPECIAL JORNADAS ROLERAS DE "EL DIRIGIBLE"


 Buenos días amigos/as,


Hoy voy a salirme un poco de la temática narrativa habitual, a petición de unos compañeros del sur con una propuesta francamente interesante: una semana de jornadas roleras en la ciudad andaluza de Sevilla (España). Las jornadas como tales, empezaron ayer lunes y finalizarán el día 16 de este mes, así que todo el que pueda acercarse o participar, tiene una oportunidad de oro para disfrutar de este magnífico evento. A continuación, reproduzco íntegro el mensaje para ayudar en su difusión y os pido por favor que lo hagáis circular entre todos vuestros amigos y conocidos:


"En El Dirigible nos hemos esforzado siempre por dar mucha importancia a los juegos de rol. Nos enorgullecemos cuando vemos que hay varias partidas en nuestro calendario y que las mesas se llenan de gente deseosa por probar nuevos juegos o por comenzar en esto del rol. Entonces ¿cómo podemos celebrar el espíritu rolero que nos acompaña?
Hace unos meses descubrimos mediante el blog Freak in the North, que el 15 de junio se celebrar a nivel mundial el Día del Rol Gratis en el que muchas editoriales y empresas del mundillo ponían su granito de arena. Unos ponían aventuras gratis, otros promociones especiales y nosotros…bueno, nosotros no editamos libros, ni vendemos nada, solo podemos ofrecer nuestros narradores y nuestra sede… y el pensamiento tomó forma.
No conocemos otra manera de celebrarlo, pero sí sabemos que un día se nos queda corto, por ello nos complace anunciar
LA SEMANA DEL ROL DE EL DIRIGIBLE
Vamos más allá de 1 día, vamos más allá de 1 semana, lo nuestro no tiene nombre, lo nuestro es puro vicio lo nuestro son 18 partidas en 7 días. Si, habéis leído bien, 18 partidas de rol durante la semana del rol de El Dirigible. Desde Aquelarre a Fragmentos, desde Marca del Este a La Mirada del Centinela, pasamos por todos los género para ofreceros la experiencia rolera definitiva.

Desde el 10 al 16 de junio estaremos con partidas de rol en mesa y un muy especial rol en vivo compartiendo con vosotros esta celebración. De lunes a jueves tendremos 1 partida diaria en nuestra sede, el viernes haremos un especial reconquistando un espacio que fue una insignia del rol en su día como es el Centro Cívico Las Sirenas en la Alameda de Hércules, y el resto del fin de semana tendremos un mínimo de 4 partidas diarias en nuestra sede de nuevo.
Esto es rol, esto es gratis, esto es El Dirigible.
Lunes 10 a Jueves 13: Sede El Dirigible
Viernes 14: Centro Cívico Las Sirenas
Viernes 14 noche: Sede El Dirigible. Rol en vivo
Sábado 15 y Domingo 16: Sede El Dirigible "


También podéis encontrar más información del evento y de las personas que lo organizan en el siguiente enlace:
http://www.eldirigible.es/aso-eldirigible/94-juegos-de-rol


Lamentablemente, a mí me pilla muy a desmano geográficamente, pero si alguien se deja caer por estas jornadas roleras, le pido que deje un pequeño comentario en nuestro blog para contar al resto de nuestra comunidad cómo han ido y qué le han parecido.


Atentamente,
Soñador

jueves, 6 de junio de 2013

SACRIFICA-SU-PROPIO-OJO (6 - 2)

Parque Estatal del Monte Tamilpais, California (EE.UU.)
17 de noviembre de 1998

Ataviado con una sencilla manta rojiza y sin abandonar la forma Glabro, León-en-Marcha lo sacó en silencio de la arboleda donde permanecía su manada. No parecía seguir ningún sendero reconocible, al menos ninguno que Lars pudiera distinguir en mitad de la noche con un solo ojo. Incluso Selene parecía conspirar en su contra, ya que su rostro estaba casi completamente oscurecido, anunciando ya el rostro de luna nueva que portaría al día siguiente. El Fenris tenía que luchar constantemente para permanecer despierto, mientras obligaba a sus piernas a dar un paso y luego otro, siguiendo el despiadado ritmo del Uktena. Su indómita fuerza de voluntad era lo único que impedía que perdiese la consciencia. A pesar de que había descansado durante todo el día, su cuerpo todavía no se había recuperado de la pérdida de sangre que había sufrido cuando se arrancó el ojo izquierdo para entregárselo a Kraken. Peor aún, sin que lo supiesen sus hermanos, Padre-Noche le había aconsejado que no probase alimento ni comida alguna, pues decía que necesitaría estar limpio de toda clase de impurezas físicas y espirituales. Lars había seguido sus instrucciones al pie de la letra y ahora pagaba el precio provocado por esas exigencias.

"Tengo que apartar de mí esos pensamientos", se dijo a sí mismo para darse ánimos. "El Gran Uktena me está preparando para algo importante, muy importante." El Theurge intentó levantar la vista de nuevo para intentar orientarse, pero se halló completamente perdido. Lo único que sabían es que se habían apartado del centro del túmulo y de los senderos por los que los había guiado Corazón-Capaz. Desalentado, volvió a mirar a sus pies, obligándolos a avanzar paso a paso sin detenerse.

-¿Puedes continuar?-, le preguntó León-en-Marcha en voz baja. -Te prometo que casi hemos llegado.

Lars no respondió de inmediato, sino que volvió a mirar a su alrededor para recuperar el aliento. Estaban subiendo una pequeña colina y al otro lado distinguía las copas de otra pequeña arboleda. Nunca había creído que podría llegar a encontrarse en el estado en que se hallaba, débil como un recién nacido, lleno de dolores y achaques.

-Puedo hacerlo-, gruñó jadeante.

León-en-Marcha no dijo nada más y se limitó a reanudar el avance, sabiendo que probablemente no resistiría el esfuerzo durante mucho más tiempo. Después de unos interminables minutos, las estrellas vieron cómo coronaban torpemente la cima de la colina. A continuación, comenzaron el descenso por el otro lado, bajo el amparo de los abetos. Sin embargo, no llegaron a completar ese descenso, porque León-en-Marcha se detuvo a mitad de camino. Con la vista borrosa, Lars estuvo a punto de protestar. Sin embargo, guardó silencio cuando vio en el suelo una pequeña estructura de madera, hecha con troncos de árboles, que estaba camuflada ingeniosamente con ramas y otros matorrales de la zona.

El Uktena abrió la pequeña puerta sin cerrojo y tuvo mucho cuidado de ayudarlo a descender sin golpearse contra el marco de la puerta, demasiado bajo, y bajar por las escaleras de tierra. También lo ayudó a sentarse contra la pared terrosa. A continuación se acercó a un pequeño agujero en el centro de la estrecha estancia, donde encendió un fuego sin más ayuda que unas rápidas palabras y un gesto teatral de sus manos. La lumbre apartó lentamente las sombras, revelando extrañas marcas tribales en las paredes y petroglifos Garou grabados directamente sobre la madera.

-¿Dónde estamos?-, preguntó intentando recuperar el aliento.

-Pronto lo sabrás.

La enigmática respuesta del Uktena no le sorprendió en absoluto. "Demasiadas pruebas, demasiados secretos", maldijo para sí. Durante unos segundos, la luz del fuego bailó una borrosa danza, entremezclando las pinturas y las marcas, lo que confundió todavía más la mente del Theurge. Parpadeó una vez sin poder evitarlo. En esos momentos, León-en-Marcha estaba usando un gancho de hierro para colocar adecuadamente unas piedras en el fuego. Satisfecho con su pequeño trabajo, el Uktena salió fuera de la tienda, cerrando la puerta tras de sí.

Después de unos largos minutos, Lars pudo escuchar su voz procedente del otro lado de la puerta. León-en-Marcha estaba suplicando la ayuda de los espíritus, urgiéndolos a purificarle física, mental, espiritual y emocionalmente. El Maestro del Rito repitió la misma llamada desde otra lado de la cabaña. Lars intentó luchar en vano contra el sueño y el cansancio, pero perdió esa batalla imposible antes de que el Uktena hubiese terminado su segunda súplica.

-.-

Abrió su único ojo, todavía medio dormido, cuando escuchó los primeros golpes del tambor. La luz de las llamas le permitieron ver a León-en-Marcha, junto a él, dando suaves golpecitos sobre la cubierta de cuero de un pequeño tambor mientras realizaba un cántico nativo americano. Lars intentó serenarse sacudiendo la cabeza, pero eso sólo consiguió hacer que su vista se enturbiase más aun. Aturdido, cerró su ojo sano y echó la cabeza hacia atrás intentando despertarse de todo. León-en-Marcha ignoró sus penosos esfuerzos y prosiguió con sus cánticos, alzando su voz en partes concretas y bajándola hasta no alcanzar apenas un susurro en otras.

-.-

Lars volvió a abrir el ojo. Se había vuelto a quedar dormido. No sabía cuánto tiempo había estado inconsciente, pero no debía haber sido mucho puesto que el Uktena seguía sentado en la misma posición, tocando el tambor y realizando sus ancestrales cánticos. Sin embargo, el Fenris no podía jurarlo. Tenía mucho calor. La cabeza le daba vueltas. El calor y la luz de las llamas le daban la impresión de haber caído en el mismísimo infierno cristiano.

El Uktena finalizó su cántico con un último golpe en el tambor, para apartar luego el instrumento. Lars lo vio ponerse en pie, recoger un manojo de plumas, ramas y ramas secas, y acercarse a él hasta cubrir todo su ángulo de visión. Sombrío y amenazador de repente, León-en-Marcha agitó el manojo a pocos centímetros de su cara. En varias ocasiones, las puntas de las hojas acariciaron su rostro con brusquedad, aunque sin hacerle ningún daño real. En un breve segundo de lucidez, Lars se percató de que el Uktena se había pintado su rostro humano con marcas tribales, al igual que su pecho o sus brazos. A continuación su compañero bajó el manojo de plumas y hojas desde su cabeza hasta los pies y viceversa.

Pese a la torpeza provocada por el calor al que había que añadir su agotamiento físico y mental, Lars estaba impresionado. La ceremonia parecía brutal y despiadada, pero apelaba a una parte más primitiva y pura de sí mismo que nada que hubiese conocido con anterioridad a ese momento, por lo que siguió observando en completo silencio, dejándose llevar por el ritual.

Cuando llegó el momento, León-en-Marcha apartó el manojo que había blandido ante él y se volvió a acercar al fuego, para manipular de nuevo la fuente de las llamas. Después, cogió un pequeño odre, que estaba oculto en las sombras de la cabaña y se acercó de nuevo al Fenris. Hundió los dedos en el líquido pastoso y trazó signos en la piel de Lars con movimientos rápidos, expertos. El Theurge reprimió repentinos escalofríos cuando el líquido entraba en contacto con su piel.

-¿Sabes por qué estas aquí?-, le preguntó León-en-Marcha.

-Para realizar una búsqueda espiritual del Gran Uktena-, respondió él sin dudar.

-¡No!-, le regañó el otro Garou. -Estás aquí para aprender.

El Fenris no discutió, limitándose a observar con atención todo lo que hacía León-en-Marcha. Una vez que el Uktena estuvo satisfecho con las marcas que había pintado sobre su cuerpo, apartó el odre y recogió de las sombras un pequeño saquito de cuero marrón, de cuyo interior extrajo un pequeño bulto oscuro. Luego se lo ofreció a él respetuosamente. Lars lo cogió con ciertas dudas. Era un trozo blando, probablemente de alguna planta. Volvió a mirar al Uktena sin comprender y éste se limitó a indicarle que lo masticase. El Fenris lo hizo sin dudar.

Inmediatamente, sintió un sabor fresco, a menta u otra planta aromática, en la boca, así como unas nauseas pasajeras que se esfumaron tan rápidamente como habían aparecido. Siguió masticando. El sabor ya no le parecía tan agradable. Simplemente era suave, refrescante incluso.

-Padre-Noche te ha enseñado muchas cosas-, afirmó León-en-Marcha. Su voz había cobrado un matiz más amistoso y ya no parecía tan amenazador como antes. -Te reveló muchos secretos de los Vigilantes de Perdiciones.

-Sí-, respondió él con una voz que no estaba del todo seguro de que fuese la suya. -De él aprendí los medios necesarios para aprisionar y vigilar a las grandes Perdiciones del Wyrm, así como muchas otras cosas.

-¿Te habló de Cataclismo?

-No, no lo hizo. ¿Quién es?

-Nuestras tradiciones no lo aclaran. Algunas dicen que es una Perdición gigante, aprisionada bajo estas tierras por nuestros ancestros; otras cuentan que es un elemental de roca tan grande y poderoso que podría hacer añicos las mentes de todos los Garou que lo viesen; y unas pocas aseguran que es un espíritu del Kaos, enloquecido y extremadamente poderoso.

-¿Y está bajo nuestros pies? ¿Aquí?

-En efecto. Los Uktena somos los únicos Garou que recuerdan su existencia y practican los ritos necesarios para contener a Cataclismo. Ni siquiera los Hijos de Gaia conocen esta terrible verdad.

-¿Por qué son necesarios tantos secretos?

-Porque no confiamos en la sabiduría de las otras tribus. No podemos correr el riesgo de que lo liberen inconscientemente si tratan de destruirlo ni de que traten de controlarlo para sus propios fines. El poder de Cataclismo es demasiado peligroso. Incluso estando prisionero, puede causar grandes terremotos y temblores de tierra por toda la región.

-Lo entiendo-, respondió él mientras se dejaba llevar por una plácida sensación de bienestar, -pero ¿por qué me confías estos secretos?

-No sé si te serán de alguna ayuda durante vuestra búsqueda espiritual, pero el Gran Uktena quiere que los conozcas, así que esta noche te enseñaré a realizar un rito que llamamos el Sueño de Cataclismo.

-.-

Lars prestó toda su atención a las palabras de León-en-Marcha y los secretos que fueron revelados durante esa larga noche. Sin que le resultase extraño en modo alguno, sus amigos, los espíritus córvidos asistieron a la reunión, se sentaron en el suelo a su lado y le ayudaron a memorizar algunos cánticos, burlándose alegremente de él cuando su mente parecía demasiado aturdida para abarcarlos.

En la cabaña estaba presentes otros espíritus, por supuesto. Un rostro vagamente humanoide había aparecido en la corteza de la troncos de los árboles, observando atentamente la reunión. El espíritu de una serpiente de escamas terrosas se había colado por una rendija de debajo de la puerta y discutía apaciblemente con uno de los cuervos, mientras un grupo de hombres y mujeres nativo americanos, demasiado numerosos para caber en el interior de aquella estructura de madera, danzaba y cantaba a su alrededor, haciendo sonar pequeños tambores y cascabeles de hueso. Sin embargo, Lars lo encontró tan natural como si siempre hubiese sucedido así, aunque contuvo de mala gana el impulso de unirse a ellos en sus bailes. La sensación placentera alcanzó entonces su máximo efecto y el Theurge experimentó una paz interior indescriptible, absorbiendo sin esfuerzo todas las enseñanzas de León-en-Marcha.

-Lo estás haciendo muy bien-, dijo una voz desconocida entre la multitud, -pero la noche está terminando y todavía te queda una cosa más por saber.

Lars alzó la cabeza, menos sorprendido de lo que debiera. Una figura antromórfica, con la cabeza y el pelaje de un coyote, se había sentado a su lado. Su única prenda de vestir era un reluciente sombrero de copa de color negro, que le quedaba caído hacia el lado derecho. El espíritu tenía una actitud amistosa que parecía casar perfectamente con su aspecto estrafalario.

-¿Quién eres?-, preguntó el Fenris intrigado.

-Me han llamado de muchas formas. ¿Tienes alguna preferencia?

-¿Con quién hablas, Lars?-, le preguntó en voz baja León-en-Marcha.

-Con un espíritu. Tiene la cabeza y el pelaje de un coyote, pero el resto de su cuerpo es el de un humano.

-Padre Peyote-, murmuró el Uktena con reverencia, aunque no parecía poder verlo.

-Ellos me llaman de ese modo, por ejemplo-, afirmó el espíritu mientras señalaba a León-en-Marcha.

Lars asintió. Era natural que fuese así.  De hecho, si la Tejedora no hubiese extendido su barrera para separar la Umbra y el mundo físico, todo sería así, carne y espíritu unidos para siempre. Padre Coyote lo miró entonces con sus sabios ojos. El Theurge percibió cierta impaciencia en esa mirada.

-Has dicho que me quedaba algo por saber...

-Sí, joven lobo. Tienes que dar forma a la tierra, esconder allí la llave destructora, rellenar el recipiente con el agua escarlata de los hijos del secreto y sellarlo finalmente con un cristal mágico que oculte y muestre su interior al mismo tiempo. ¿Lo has entendido con claridad?

-La verdad es que no tiene mucho sentido.

-Lo tendrá. Confía en tu intuición.

-Gracias... supongo.

-No me las des. Ahora tengo que irme-, respondió el espíritu poniéndose en pie.

-Espera, por favor-, le pidió el Theurge. -Quédate un poco más con nosotros. Hay muchas cosas de las que quiero hablar contigo.

-No te preocupes, Lars. Estoy convencido de que volveremos a vernos...

El espíritu desapareció ante sus ojos en cuestión de meros segundos, sin dejar ningún rastro de sí que confirmase que, efectivamente, había estado hablando con él. De hecho, todos los espíritus se habían marchado, incluyendo a los cuervos que siempre seguían al Fenris a todas partes. Lars parpadeó una vez más para estar seguro de lo que veía su único ojo. El fuego se había ido consumiendo, dejando la cabaña prácticamente a oscuras a excepción de unos tímidos rayos de luz diurna que se colaban a través de pequeñas rendijas entre los tablones de madera. León-en-Marcha estaba durmiendo, tumbado de lado junto a la puerta, con la cabeza apoyada sobre uno de los escalones de tierra.

"¿Ha sido todo un sueño?", se preguntó a sí mismo. "No puede ser. Mis brazos y mi pecho todavía muestran las marcas que me pintó el Uktena, aunque ahora están muy desdibujadas a causa del sudor provocado por el extremo calor reinante en la pequeña cabaña". El primer impulso de Lars fue despertar a León-en-Marcha y compartir su visión con él, pero se contuvo cuando iba a coger su brazo y zarandearlo para despertarlo.

El Fenris volvió a sentarse en el sitio que había ocupado. Su cabeza estaba dando vueltas a las extrañas instrucciones de Padre Peyote, sintiendo que eran de vital importancia para su búsqueda espiritual. Apoyando la frente en su mano derecha, se concentró en buscarle un sentido. "Estoy seguro de que esas instrucciones están relacionadas de algún modo con el ojo de Kraken."

miércoles, 5 de junio de 2013

CANCIÓN-OCULTA (6 - 1)

St. Claire, Washington (EE.UU.)
17 de noviembre de 1998

Todos los Garou del Clan de las Visiones Ocultas estaban allí para despedirse a excepción de su Protectora, la Wendigo conocida como Serpiente-Roja. Guardián-del-Pueblo-Viejo pronunció un corto discurso de despedida, invitándoles a regresar tan pronto como pudiesen. A continuación, Sonrisa-de-la-Mañana se transformó en lobo y emitió unos largos y emotivos aullidos, mientras el Guardián de la Puerta, Deepak Nube-Serena, convencía a Niebla, el tótem del túmulo, para que permitiese abrir un Puente Lunar que lo comunicase temporalmente con el Clan del Ojo del Oeste. Sus piadosas suplicas surtieron el efecto deseado, ya que apareció una luz brillante que se transformó, poco a poco, en un túnel translúcido de unos tres metros de diámetro.

Canción-Oculta echó un último vistazo a su alrededor, registrando una vez más en su memoria todas las caras presentes con la intención de no olvidar nunca a los Garou que los habían acogido tan generosamente a pesar de su reservada conducta. "Ojalá Gaia permita que estéis todos aquí cuando regresemos", pensó emocionado en completo silencio. Luego, hizo un gesto a sus hermanos para comenzar su viaje. Faruq fue el primero entrar, seguido de cerca por Crow y Susurros-del-Pasado. Lars no podía caminar por sí mismo con suficiente soltura para hacerlo solo, así que el Philodox se había ofrecido para ayudarlo a caminar hasta el otro lado. Por su parte, Jacques Lapointe había decidido que sería el último en cerrar la marcha, a pesar de tener el rango  más alto en la jerarquía Garou.

A través de las paredes traslúcidas, Canción-Oculta pudo distinguir que el Puente Lunar ascendía lentamente hasta las alturas del cielo nocturno. En cierta ocasión, Lars le había explicado que se creía que los Puentes Lunares alcanzaban el Reino Etéreo, la región de la Umbra donde moraban los grandes Celestes como Selene, Helios y los otros grandes espíritus planetarios. El Theurge caminaba ahora jadeando por el esfuerzo, sin ánimo alguno por deleitarle con ese tipo de historias. Apoyaba todo su peso en su brazo derecho, con el que se sujetaba a él, mientras que con el izquierdo sostenía un saco de cuero, del tamaño de un puño y perfectamente cerrado de forma que no se podía intuir siquiera que escondía en su interior. Cuando lo habían visto una hora antes, Faruq y Crow le preguntaron qué escondía allí, pero Lars se había mostrado inflexible.

-Todavía no ha llegado el momento de mostrarlo, hermanos-, había dicho débilmente antes de que anocheciese, -pero os puedo asegurar que es algo que será de gran ayuda en nuestra búsqueda.

El Puente Lunas alcanzó su culmen y comenzó a descender poco a poco hasta devolverles a la tierra.  Una brisa cálida dejó atrás el frío que traían con ellos, trayendo consigo el olor de abetos y pinos. Cuando Canción-Oculta y Lars salieron al otro lado, descubrieron que estaban rodeados por un tosco círculo formado por cinco abetos gigantes, cada uno de los cuales debía medir aproximadamente sus buenos treinta metros de alto. Sus hermanos estaban hablando con dos Garous. El más cercano era un indio centroamericano de mediana edad, que lucía un gastado parche sobre su ojo derecho. Vestía una camisa de manga corta de rayas, rojas y grises, unos pantalones oscuros y unas sandalias de cuero. El otro era un gran lobo de pelaje castaño, interrumpido por varias cicatrices de gran tamaño que recorrían su pecho y sus patas.

-Y ellos son Canción-Oculta, nuestro alfa, Lars y el Anciano Jacques Lapointe de la tribu de los Contemplaestrellas-, terminó de decir Susurros-del-Pasado.

-Sed todos bienvenidos al Clan del Ojo del Oeste-, respondió el indio centroamericano. -Soy Ojo-Caliente, Media Luna de la tribu Uktena y Guardián de la Puerta.

-Y yo soy Corazón-Capaz, Ahroun de la tribu de los Hijos de Gaia y Protector de nuestro clan-, añadió su compañero en la lengua Garou. A pesar de los guturales gruñidos de ese idioma, el gran lobo parecía contento de verles.

-Os damos las gracias por este cálido recibimiento-, manifestó Canción-Oculta. Lars hizo un ademán de soltarse, pero el Philodox siguió ayudándolo a sostenerse a pesar de todo. "Una mala caída no es la mejor carta de presentación que podríamos ofrecer en estos momentos", pensó el Colmillo Plateado ocultando una sonrisa divertida.

-Nos sentimos muy honrados por tu visita, Contemplaestrellas-, añadió el Uktena.

-Para mí también es un honor volver a visitaros después de tanto tiempo. Pero dime, ¿ha llegado ya mi venerable hermano, Morihei Montaña-Alta?

-Sí-, reconoció de inmediato el Protector-. También nos habló de la tragedia de Shingalu. Todos lamentamos vuestra pérdida.

-Gracias, Corazón-Capaz-, respondió Jacques Lapointe con tono neutro. -Supongo que Celeste Cumbre-Nevada querrá vernos esta misma noche, ¿no es cierto?-, añadió tras una incómoda pausa.

-Sí.Seguidme-, gruñó el gran lobo justo antes de ponerse en marcha.

-.-

El Protector del Clan del Ojo del Oeste les guió por una serie de senderos ocultos en la vegetación, que se alejaban de los grandes abetos que constituían el centro del túmulo. La temperatura a esas horas de la noche, aunque fresca, era sumamente agradable si se la comparaba con el frío reinante en Vancouver o St. Claire por esas mismas fechas del año. El relieve colindante era ligeramente accidentado, ofreciendo numerosas cuestas y pendientes que daban forma al hermoso paisaje que los rodeaba.

Durante el camino, Jacques Lapointe les contó algunas cosas interesantes. Les dijo que los Hijos de Gaia y los Uktena compartían la responsabilidad de proteger del Clan del Ojo del Oeste, que estaba situado en el  sur de California, en el Parque Estatal del Monte Tamilpais. Celeste Cumbre-Nevada era la líder del clan. Por la forma en que hablaba de ella, Canción-Oculta estaba seguro de que el Contemplaestrellas la respetaba y la admiraba en igual medida. Los Uktena, por su parte, parecían preferir que los Hijos de Gaia y su Parentela se ocupasen de los asuntos cotidianos del clan, para poder centrarse así en sus propios intereses espirituales.

Corazón-Capaz, que había escuchado perfectamente todo lo que había dicho el Anciano Contemplaestrellas, no añadió nada más. Sólo pareció interesado en la conversación cuando Crow le preguntó directamente cuáles eran las amenazas que habían tenido que sortear últimamente los guardianes del clan.

-Humanos-, gruñó el Protector sin ninguna acritud. -Clavan sus falsas cuevas en la tierra y exploran los bosques de los alrededores. La mayoría son inofensivos. El secreto es nuestra mejor defensa. Para alejarlos de los territorios importantes, usamos a algunos Guardianes Garou y miembros de la Parentela con pelajes de guardias forestales.

-.-

Corazón-Capaz les guió hasta una discreta arboleda por la que pasaba un arroyo que bajaba hacia el oeste. Las copas de los árboles se elevaban a baja altura del suelo, que estaba cubierto por hojas y ramas caídas. Aquí y allí se podían ver otras manadas de lobos, así como algunos hombres lobo en forma Homínida dedicándose a descansar o charlar entre ellos.

El Protector les guió hasta un pequeño grupo compuesto por una pareja y un lobo, que se levantaron nada más verlos para darles la bienvenida. La mujer era una guapa y fuerte afroamericana de unos sesenta años de edad, que tenía el pelo blanco y recogido de manera "informal". Llevaba puesto en vestido de múltiples colores y con numerosos motivos florales, entre los que estaba bordado el símbolo de la paz. Alrededor de su cuello llevaba dos colgantes llenos de abalorios y piedras cristalinas, y dos pendientes de pequeñas plumas rojizas colgaban de los glóbulos de sus orejas.

A su lado estaba un hombre corpulento y fuerte, de larga melena color arena y recogida en una cola de caballo, ojos azules y manos encallecidas. Iba vestido con una simple camiseta desteñida y unos pantalones vaqueros sucios. Y por último, detrás de ellos aguardaba un lobo de pelaje lustroso de color negro y un palpable aire de seguridad en sí mismo.

-Mi nombre es Celeste Cumbre-Nevada y tengo el placer de daros la bienvenida a nuestro clan-, les saludó la mujer con una sonrisa abierta y llena de afecto. -He estado deseando conoceros desde que oí hablar por primera vez de las Cinco Garras de Gaia.

-Te damos las gracias, Cumbre-Nevada-, respondió Canción-Oculta. -Es un honor tener la oportunidad de visitar vuestro clan.

-Como siempre, tú también eres bienvenido, viejo amigo-, le dijo a Jacques Lapointe. Su sonrisa se ensanchó un poco más durante unos segundos.

-Gracias, Celeste-, respondió el Contemplaestrellas con un tono sumamente comedido.

-Todos lamentamos lo ocurrido en Shingalu y os acompañamos en el sentimiento-, dijo ella mientras se acercaba para coger sus manos con las suyas y darle apoyo, -pero creo que el calor de los acontecimientos han impulsado a los líderes de tu tribu a una decisión precipitada. ¿Estás seguro de que quieres partir esta noche con Morihei Montaña-Alta?

-Debo hacerlo-, respondió Jacques incómodo. -Los Contemplaestrellas tenemos que defender nuestro hogar.

-Me apena oírlo y, sin embargo, lo comprendo-, respondió Cumbre Nevada con un suspiro. -Pero debes saber que tú y los tuyos siempre podréis venir a visitarnos cuando queráis. El Clan del Ojo del Oeste siempre os dará la bienvenida.

-Nunca pondría eso duda. Muchas gracias, vieja amiga.

Los dos se dieron un caluroso abrazo de despedida, como si presintiesen que no volverían a verse nunca, y luego Jacques se apartó incómodo. A continuación se despidió de los otros Garou,  a los que se refirió por los nombres de Tim y León-en-Marcha. El hombre le dio la mano y le deseó buena suerte. El lobo, sin embargo, se limitó a despedirse con un pequeño gruñido sordo.

-Ahora sí ha llegado el momento de la despedida, amigos-, dijo Lapointe a las Cinco Garras de Gaia. -Usad la cabeza para revelar los engaños de la Tejedora, además de las garras con las que habéis luchado hasta este momento contra el Wyrm, y alcanzaréis metas nunca vistas en el pasado.

-Mucha suerte, Jacques-, le deseó sinceramente Canción-Oculta mientras estrechaba su mano con la suya. Aquella era una de las pocas situaciones en las que el Colmillo Plateado se quedó sin palabras, por lo que se limitó a mirarlo a los ojos y rezar porque el Contemplaestrellas estuviese tomando la decisión correcta.

-Gracias, Canción-Oculta. Cuando miro tus logros, me siento orgulloso de ser un simple metis. Tienes un juicio certero. No permitas que tus emociones anulen la comprensión de la realidad.

El Anciano se fue despidiendo uno a uno del resto de sus hermanos, demorando lo inevitable para ofrecer un último consejo a la mayoría de ellos. Hecho esto, retrocedió para volver a mirarlos a todos y, finalmente, alzó su mano para despedirse por última vez.

-Corazón-Capaz te acompañará hasta el lugar de descanso de Morihei-, añadió Celeste. -¡Qué la Gran Madre te proteja siempre allá donde estés, Jacques!

El Protector del Clan del Ojo del Oeste se alejó lentamente seguido por el Contemplaestrellas, desapareciendo pronto entre las sombras de los árboles. Canción-Oculta se volvió entonces para observar a sus anfitriones, que se centraron de nuevo en las Cinco Garras de Gaia.

-Celeste...-, murmuró el hombre al que Jacques había llamado Tim.

-Ah, sí. ¡Qué descuido tan imperdonable por mi parte! Os presento a Tim Fresno, Ahroun de mi tribu y uno de los guardianes de nuestro clan. El silencioso lobo que nos acompaña es León-en-Marcha, Galliard de la tribu Uktena y Maestro del Rito.

-A mí me llaman Susurros-del-Pasado. Soy un Galliard de la tribu de los Señores de la Sombra. Permitidme que os presente a todos los miembros de mi manada.

-.-

Canción-Oculta estuvo examinando discretamente a Celeste. Cumbre-Nevada le parecía una líder honesta e inteligente, con buena voluntad y fuerza de carácter. "Ojalá hubiese estado en Vancouver antes de que todo se fuese a la mierda", pensó para sí el Colmillo Plateado. Su juicio de Philodox también le decía que la actitud reservada de Tim Fresno escondía un carácter tímido pero sereno, pero había algo en la mirada de León-en-Marcha que le alarmaba. Los ojos del Uktena no dejaban traslucir ninguna pista de sus intenciones, pero Canción-Oculta hubiese apostado todo lo que tenía en el mundo a que el León-en-Marcha escondía algo. Una vez que terminaron las presentaciones, todos hicieron ademán de sentarse en el suelo.

-Lars, no tienes buen aspecto. ¿Quieres que atendamos tus heridas?-, preguntó la Hija de Gaia preocupada al ver su gesto contraído por el dolor cuando el Fenris había tomado asiento.

-Agradezco el ofrecimiento, pero estoy bien. No tengo ninguna herida que mi propio cuerpo no pueda sanar con el tiempo.

-Cumbre-Nevada tiene razón-, intervino León-en-Marcha usando la lengua Garou mientras se incorporaba al mismo tiempo tiempo que su cuerpo adoptaba la forma Glabro. Su forma de hombre primitivo era menos alta y más nervuda que la mayoría de los Garou. -Los míos conocen algunos remedios que aliviarán tu dolor. Ven conmigo, te ayudaré.

"¡Ahí está!", se percató el Philodox. Eso es lo que el Uktena quería realmente. Lars también lo comprendió, porque tras unos instantes de duda, acabó aceptando y permitió que León-en-Marcha lo ayudase a caminar. Cumbre-Nevada y Tim parecían tan sorprendidos como sus hermanos de manada y el silencio cayó sobre ellos como una pesada lápida de piedra.

"¿Por qué tomarse tantas molestias?", se preguntó el Colmillo Plateado mientras las dos figuras se alejaban lentamente. "¿Qué está pasando aquí?" Una cosa era evidente: el Uktena no había querido ser sutil. Más bien, parecía como si el tiempo corriese en su contra, aunque había sido lo bastante educado para buscar una mínima excusa que le permitiese llevarse a Lars sin ofender a nadie.

-No os preocupéis por él-, dijo Celeste rompiendo el repentino silencio. -No le pasará nada. Aunque Unicornio nos enseñó a los Hijos de Gaia algunos poderosos medios para curar todo tipo de heridas, los Uktena también tienen una gran comprensión de la medicina antigua, la herbolaría y todo tipo de remedios que desconocemos. Lars está en las mejores manos.

-Estoy seguro de eso-, la tranquilizó Canción-Oculta con una sonrisa, dando a entender que entendía lo que estaba pasando y que no se sentía alarmado en modo alguno.

-Por supuesto-, asintió Cumbre Nevada. -Ahora podríais hacer feliz a una vieja aburrida contándome de primera mano las famosas circunstancias que rodearon a vuestro Rito de Iniciación y las recientes noticias de la guerra contra los vampiros de Vancouver.

-Nuestro Galliard lo hará con mucho gusto, Cumbre-Nevada-, respondió automáticamente el Colmillo Plateado mientras echaba una última mirada cautelosa en la dirección por la que habían ido Lars y León-en-Marcha.

lunes, 3 de junio de 2013

SUSURROS-DEL-PASADO (6 - 1)

St. Claire, Washington (EE.UU.)
17 de noviembre de 1998

Como buen Galliard que era, Susurros-del-Pasado no permaneció ocioso a la espera de que llegase la hora señalada para el comienzo del viaje. En lugar de eso, frecuentó la compañía de los Uktena del Clan de las Visiones Ocultas, haciéndoles mil preguntas acerca de la Umbra y sus moradores espirituales. Como esperaba, sus anfitriones Garou se mostraron a priori reservados, e incluso abiertamente hostiles, ante sus preguntas. Pese a que él era un seguidor de Uktena y un miembro de la manada de las Cinco Garras de Gaia, también era un Señor de la Sombra, y por tanto, un traidor carente de cualquier sentido del honor.

Por supuesto, eso no detuvo a Susurros-del-Pasado, sino que lo animó a persistir en su empeño. Ya se había encontrado con este tipo de dificultades en otras ocasiones y no había dejado que unas pequeñeces semejantes se interpusieran en su camino. Por lo tanto, el Galliard recurrió diligentemente a sus trucos habituales: intercambió historias y chismes con las Lunas Gibosas, regaló al Maestro de la Tierra del clan un pequeño talismán que había conseguido durante su Rito de Iniciación y reveló un pequeño secreto de los Señores de la Sombra de Vancouver al Guardián de la Puerta. Le costó romper el opaco muro de los Uktena y la rencorosa reserva de los Wendigo, pero cuando llegó finalmente el mediodía, había reunido suficientes relatos para hacerse una idea general de la naturaleza de la tarea que les aguardaba.

Sus anfitriones le revelaron que a veces los grandes espíritus elegían a algunos Garou, héroes por derecho propio o con un futuro potencial igual de brillante, para que realizasen una importante misión en su nombre. Sin embargo, el propósito general de estas búsquedas espirituales, como eran conocidas popularmente, podía variar considerablemente. Los espíritus podían exigir a un guerrero de Gaia que viajase a algún lejano reino de la Umbra Media para impedir algún siniestro plan del Wyrm, mientras que podían ordenarle a otro que despertase a un antiquísimo espíritu cuyo nombre había sido olvidado en las eras en que Gaia era joven o que viajase al Mundo Onírico y rescatase una antigua historia olvidada para beneficio de toda la Nación Garou. Al volver con éxito de la búsqueda espiritual, los protagonistas Garou lo hacían con una mayor comprensión de la Umbra y una sabiduría extraordinaria difícil de alcanzar por otros medios.

Susurros-del-Pasado quedó sumamente complacido con esta información. Mientras terminaba de comer una manzana verde lejos del campamento, trató de imaginarse las hazañas que el Gran Uktena tendría reservadas para ellos. Las Cinco Garras de Gaia obtendrían no sólo gloria y renombre entre los Garou, sino también importantes conocimientos... y el conocimiento era uno de los atajos más rápidos hacia el poder y la influencia, si uno lo blandía con acierto. El Galliard se deshizo del corazón de la manzana, arrojándola detrás de unas rocas para alimentar a las criaturas menores de Gaia.

Una pequeña ráfaga de viento trajo consigo las débiles voces de sus ancestros. Al igual que muchos Garou, Susurros-del-Pasado tenía la suerte de estar conectado con el legado viviente de su tribu, pudiendo escuchar las voces de sus antepasados, los Señores de la Sombra que lo habían precedido en su linaje. No obstante, a pesar de los beneficios que podían obtenerse de la comunicación directa con sus ancestros, también suponían una pesada carga. Los espíritus de los Señores de la Sombra de su linaje se comportaban como si estuviesen todavía vivos, exigiéndole su sumisión y que realizase determinadas tareas en nombre de su tribu. Por supuesto, el Galliard había aprendido desde muy joven a lidiar con esas "voces" que le habían dado su nombre Garou, adulando sus egos hinchados cuando quería algo de ellas o ignorándolas respetuosamente el resto de las ocasiones. Tras dudar unos segundos, esa tarde Susurros-del-Pasado decidió decantarse por la segunda opción y regresó al campamento del Clan de las Visiones Ocultas.

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Sus anfitriones Garou estaban reunidos cerca del antiguo pozo, por lo que se acercó directamente a ellos para averiguar qué estaba pasando. A medida que se acercaba pudo distinguir a Faruq y Canción-Oculta entre la pequeña multitud, dando una calurosa bienvenida a un recién llegado que reconoció de inmediato. Era Jacques Lapointe, un Anciano que representaba a los Contemplaestrellas en el Clan del Pacto de Vancouver, del que procedían las Cinco Garras de Gaia. El Galliard decidió permanecer en la periferia, observando y escuchando discretamente.

-Claro que puedes quedarte-, afirmó Guardián-del-Viejo-Pueblo. El rostro surcado de arrugas del líder del Clan de las Visiones parecía tan severo y serio como siempre, pero en su voz había un matiz amistoso que pocas veces asomaba a la superficie. -Para nosotros será un honor compartir contigo nuestra comida y el calor de nuestras hogueras.

-Aun así, me temo que no podré quedarme mucho tiempo. Pronto haré un largo viaje que me devolverá a las lejanas tierras donde tiene sus orígenes mi tribu.

-Podremos hablar de eso más tarde, cuando te sientes a mi lado y compartas nuestra comida. Ven conmigo, te presentaré algunas caras nuevas en el clan.

Susurros-del-Pasado observó con mudo asombro la familiaridad con la que se trataban ambos Garou y se dio cuenta de lo poco que sabían los Señores de la Sombra de Vancouver acerca de las actividades del pacífico Contemplaestrellas. "Tal vez tenga más influencia de la que habíamos pensado en un principio", reflexionó mentalmente. Tan absorto estaba en esas reflexiones, que se sobresaltó visiblemente cuando se dio cuenta de que Faruq se había colocado discretamente a su lado. Apenas tuvo tiempo de ocultar su reacción mientras el Ragabash ofreció una sonrisa burlona que no se parecía en absoluto a una educada disculpa.

-No te alejes mucho, pequeño hermano-, le susurró cerca del oído. -Lapointe quiere hablar con nosotros antes de que termine el día.

Dicho esto, Faruq se alejó antes de que pudiese hacerle ninguna pregunta, dejándolo desconcertado y lleno de dudas. "¿Será una de sus bromas?", se preguntó inseguro Susurros-de-Pasado. De todos sus hermanos de manada, el Caminante Silencioso era el más impredecible de todos. "Creo que lo mejor es que no pierda de vista a Canción-Oculta esta tarde, sólo por si acaso."

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Después del revuelo inicial que ocasionó la inesperada visita de Jacques Lapointe, la tranquilidad volvió poco a poco a la vida del Clan de las Visiones Ocultas y sus anfitriones recuperaron sus rutinas de costumbre. Las Cinco Garras de Gaia, excepto Lars, que no había salido en toda la mañana de su tienda, decidieron reunirse en la Penumbra, a poca distancia del campamento a la espera de que el Contemplaestrellas pudiese escaparse de sus obligaciones para hablar con ellos.

El pesado manto de la niebla cubría todo el reflejo umbral del túmulo y sus alrededores. Susurros-del-Pasado recordaba perfectamente que cuando llegaron por primera vez al Clan de las Visiones Ocultas, Lars le había contado que estas tierras sagradas estaban corrompidas por el Wyrm y que la niebla se filtraba al mundo físico, cubriendo todo Norge Valley. Sin embargo, desde que los Uktena habían purificado ese pequeño túmulo de toda mancha impura, la niebla espiritual había quedado confinada a la Penumbra, excepto en ciertos días y noches místicas en que lograba filtrarse de nuevo al mundo físico, ocultando de nuevo todas las tierras entre el campamento del clan y Norge Valley. El fenómeno apasionaba a los Uktena, despertando toda su curiosidad, y causaba cierto desagrado en los Wendigo locales, pero ambas tribus habían acabado aceptándolo como una parte más del misterio sagrado que daba vida al túmulo.

Dado que apenas podía verse lo que había más allá de unos pocos pasos, la Penumbra local era el lugar perfecto para tener una pequeña reunión privada. El problema es que Susurros-del-Pasado no se imaginaba cómo Jacques Lapointe iba a dar con ellos en medio de aquella maldita espesura blanca. Y sin embargo, el anciano Contemplaestrellas los encontró con aparente facilidad.

-Lamento no haber podido escaparme antes-, se disculpó el Contemplaestrellas mientras ellos ponían de pie, -pero me alegro sinceramente de veros. ¿Dónde está Lars?

-Está su tienda-, respondió Canción-Oculta inmediatamente, -recuperándose de una lesión reciente.

Lapointe permaneció pensativo durante unos segundos más de la cuenta, dándole vueltas a las palabras del alfa de las Cinco Garras de Gaia. A continuación, se sentó en el suelo de roca, descalzando sus botas en completo silencio y poniendo sus piernas en posición de loto. Canción-Oculta también se sentó en el suelo y el resto de sus hermanos, incluido Susurros-del-Pasado, siguió rápidamente su ejemplo. Al igual que los demás, el Galliard observó con atención al Anciano Contemplaestrellas, preguntándose qué sería tan importante para reunirles aparte y tener una conversación privada con ellos. Por lo que sabían, Jacques Lapointe no era aficionado a semejantes subterfugios. Sin duda, el motivo principal de su visita era extremadamente importante.

-¿Cómo van las cosas en Vancouver?-, preguntó de improviso Faruq.

-La guerra sigue su mortífero curso-, respondió el anciano. -Hace dos semanas la manada del Invierno Imperecedero cayó en una trampa, cuando asaltaron lo que creían que era el refugio de un vampiro durante las horas del día. Uno de los Wendigo murió durante el tiroteo con los siervos de los vampiros y el resto logró salir con vida a duras penas para contar lo que había pasado.

-Son malas noticias-, dijo Canción-Oculta, -pero no has venido a has venido por eso, ¿verdad?

-Desgraciadamente no.

Parecía que iba a decir algo más, aunque Jacques Lapointe decidió guardar silencio durante unos instantes más. Antes de unirse a las Cinco Garras de Gaia, Susurros-del-Pasado nunca había mantenido estrechas relaciones con él, pero incluso el Galliard había oído hablar de los silencios reflexivos del Contemplaestrellas que tanto habían desesperado a muchos otros Garou.

-Hace cuatro meses, los periódicos humanos aseguraron que se liberó gas nervioso destinado a ser incinerado en una remota región meridional de las montañas tibetanas. El gobierno de la República Popular China se apresuró a pedir disculpas por el incidente e indemnizar generosamente a los familiares de de los tres pueblos afectados.

-¿Y qué ocurrió realmente?-, preguntó intrigado el Señor de la Sombra.

-El territorio afectado pertenecía al Clan del Leopardo de las Nieves. Desde los orígenes de los Contemplaestrellas, mis hermanos y hermanas de tribu protegían allí un poderoso túmulo en un templo budista conocido como el monasterio de Shingalu.

-Fue un ataque del Wyrm, ¿verdad?-, afirmó Crow furioso al darse cuenta del rumbo que tomaba la conversación.

-Así es-, respondió con Jacques con dificultad. El anciano estaba emocionado y trataba de contener firmemente sus emociones. -Menos de una docena de supervivientes explicaron posteriormente que una horda de Perdiciones poseyó a un regimiento completo de soldados chinos, masacrando a todos los defensores de Shingalu y a los aldeanos de las tierras circundantes. El Clan del Leopardo de las Nieves ha sido completamente aniquilado...

La noticia cayó como un jarro de agua fría sobre los Garou reunidos. Descubrir que otra parte sagrada de Gaia había sido corrompida por los siervos del Wyrm era una noticia terriblemente desalentadora, que llenó inmediatamente de rabia sus corazones.

-¡Os vengaremos!-, juró Crow. -¡Destruiremos a todos los responsables de esta atrocidad!

-Seguro que podemos ayudar de alguna forma-, empezó a decir Faruq dubitativo.

-Agradezco vuestras condolencias, pero todavía queda algo más que debo contaros. Los líderes y maestros de mi tribu se reunieron inmediatamente después del ataque y, tras intensos debates, tomaron una decisión extremadamente importante para todos nosotros. Decidieron que habíamos descuidado nuestras responsabilidades en nuestras propias tierras en nuestro ímpetu por compartir nuestra sabiduría con las tribus occidentales y decretaron que todos los Contemplaestrellas deben regresar de inmediato a Oriente.

-¿Qué?-, preguntó Canción-Oculta boquiabierto.

-¡Menuda estupidez!-, soltó Susurros-del-Pasado sin poder evitarlo.

-Pero... ¿por qué?-, preguntó el Ahroun sin comprender.

-Tenéis que entender la razón que guía nuestros actos. Nuestras tierras están en peligro y nuestros esfuerzos para iluminar a las tribus occidentales no han logrado los resultados esperados. No podemos seguir tratando de "arreglar las cortinas mientras se incendia el resto de la casa."

-Pero no sois los primeros que sufrís una tragedia semejante-, volvió a interrumpir Crow. -La guerra del Amazonas sigue llevándose por delante muchos buenos Garou, al igual que lo que sea que está pasando en Rusia. ¡No podéis hacer las maletas y largaros por dónde habéis venido!

-Crow tiene razón-, intervino Susurros-del-Pasado enfadándose paulatinamente. -No sois los únicos que habéis perdido un túmulo o guerreros frente a una feroz acometida del Wyrm. Si os vais ahora, las tribus jamás olvidarán esta traición.

-Aunque nos marchemos, nunca os abandonaremos realmente-, respondió con tranquilidad Jacques Lapointe, intentando aplacar sus miedos. -De todas formas, somos conscientes de que muchos no comprenderán nuestras razones y nos tacharán con facilidad de cobardes y traidores. Sin embargo, pese a que no puedo pediros nada, espero más de la manada de las Cinco Garras de Gaia.

-Entonces, ¿te irás con el resto de los Contemplaestrellas?-, preguntó finalmente Canción-Oculta, tratando de ocultar las poderosas emociones que pugnaban en su interior.

-Sí, debo hacerlo. Es necesario-, añadió innecesariamente para reafirmar su decisión. Estaba claro que había dado muchas vueltas a la cuestión y había tomado una dolorosa pero inevitable decisión.

-Pero, ¿y qué hay el Clan del Pacto?-, insistió Crow una vez más, buscando inútilmente cualquier pretexto que lo obligase a cambiar de idea.

-Antes de venir, ya comuniqué mi decisión a los Ancianos del clan y a todos mis amigos de Vancouver. Esta noche haré lo mismo con los Uktena y los Wendigo del Clan de las Visiones Ocultas y después comenzaré mi viaje de regreso al hogar de mi tribu.

Ninguna de las Cinco Garras de Gaia se atrevió a interrumpirlo esa vez y todos escucharon apesadumbrados la triste decisión que había tomado. Crow parecía el más decepcionado de todos, aunque Canción-Oculta tampoco estaba reaccionando muy bien a la noticia. Por su parte, Susurros-del-Pasado no sabía cómo encajar los hechos. Los Contemplaestrellas siempre habían sido escasos en número y probablemente fueran la tribu más pequeña de toda la Nación Garou, pero su domino de las artes marciales les confería cierto valor estratégico, aunque a cambio el resto de los hombres lobo tuviesen que aguantar con frecuencia sus aburridos discursos de iluminación y armonía con Gaia.

-Así que esto es una despedida...-, susurró Faruq.

-Todavía no-, respondió con sencillez el Contemplaestrellas. -Os acompañaré primero al Clan del Ojo del Oeste en California.

-Creo que no va a ser posible, Jacques-, respondió Susurros-del-Pasado. -El Gran Uktena nos ha elegido para realizar una búsqueda espiritual esta misma noche.

-Guardián-del-Viejo-Pueblo me lo ha contado. Me alegré mucho al saber que vosotros también iríais allí.

-¿Pero no íbamos a ir a la Umbra?-, preguntó Crow visiblemente confundido a los demás.

Susurros-del-Pasado maldijo para sus adentros. Al igual que su tótem espiritual, los Garou de la tribu Uktena disfrutaban guardando secretos. "Hay algo más que todavía no nos han contado", se dio cuenta el Galliard sin poder ocultar la irritación que sentía en esos momentos.