miércoles, 8 de mayo de 2013

EPÍLOGO: LOS FUEGOS DEL GRAN CONSEJO

Vancouver, Columbia Británica
7 de junio de 1994

Esa noche estaban presentes todos los Garou de Vancouver y algunos representantes de la Columbia Británica. Las hogueras ardían acaloradamente, pero no había festejos que celebrar, ni  gestas que honrar. La lumbre de las llamas apenas mantenía alejada las sombras de la noche, ya que las nubes ocultaban la gracia de Selene en su forma de Cuarto Decreciente. Los murmullos de los presentes cesaron de golpe cuando Arthur Cunningham, el Maestro del Rito, se incorporó para tomar la palabra. Las llamas iluminaron su poderosa musculatura repleta de viejas heridas y cicatrices rituales que representaban antiguos glifos Garou. Incluso los grupos más alejados pudieron escuchar con suma claridad su voz firme y autoritaria.

-Todos habéis oído el testimonio de las Cinco Garras de Gaia. Al calor de nuestra creciente y justa ira, hemos escuchado las fechorías que este traidor tramó con los siervos y sicarios del Wyrm. Él y algunos de sus secuaces engañaron a los jóvenes Cliath y Fostern para que provocasen la ruptura de la Alianza que todas las tribus juraron solemnemente respetar y proteger. Este traidor, el peor de todos los canallas, cometió el crimen más terrible que un Garou puede cometer: reveló a las hordas del Wyrm la localización del Buda Sonriente, y permitió y alentó a las fuerzas de nuestro enemigo ancestral para que profanasen ese bendito lugar. Y la ambición de este monstruo no se conformará con menos. Ha vendido su alma a la causa de la oscuridad y nos arrastrará a todos con él si no se lo impedimos. Por tus crímenes, Guttooth, debes ser ajusticiado como el peor de los traidores.

El aludido devolvió una mirada atrevida y desafiante al Maestro del Rito, evidenciando así la falta de arrepentimiento por sus actos. Algunos de los Garou presentes lo insultaron y lo abuchearon, deseando ejecutarlo ellos mismos. Canción-Oculta, que no se tenía por ser precisamente un simpatizante de Guttooth, tuvo que contenerse para no reprochar a aquella muchedumbre exaltada su pobre ambición de justicia.

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Los días anteriores a la celebración del Gran Consejo irrumpieron con una inusitada actividad febril en las vidas de los Garou del Clan del Pacto cuando las Cinco Garras de Gaia trajeron las malas noticias. La furia inicial que siguió al descubrimiento de que el Wyrm había creado un poderoso túmulo corrupto en el recinto ferial de la Expo sólo fue superada por la violenta reacción que tuvieron al enterarse del ataque perpetrado contra los Moradores de Cristal, la conspiración entre vampiros y hombres lobo liderada por el supuesto Sacerdote-de-Gaia y la sanguijuela llamada Stalest, y la muerte de Voz-de-Plata, un Garou famoso y querido por muchos de sus iguales.

Destroza-Perdiciones, el Fenris que ocupaba el honorable cargo de Protector del Clan, ordenó inmediatamente el refuerzo de las defensas en Stanley Park. En dos o tres días, todos los clanes y protectorados de la Columbia Británica habían enviado manadas y guerreros para proteger el suelo sagrado del túmulo a cualquier coste.

Sin embargo, un golpe inesperado cayó sobre ellos como un jarro de agua fría. Un puñado de Moradores de Cristal, que lograron salvarse del ataque del Wyrm contra el Buda Resplandeciente porque estaban ocupados en sus asuntos en otras partes de la ciudad, confesaron, conmovidos, que su tribu había descubierto un pequeño túmulo consagrado a Cucaracha en los cimientos del edificio y que lo habían estado protegiendo en secreto desde hacía décadas, temiendo que si revelasen el secreto, otras tribus más belicosas tratarían de apoderarse de él por la fuerza. No obstante, el Wyrm había atacado el edificio y el pequeño túmulo estaría a esas alturas corrompido sin remedio. La noticia trajo consigo un pesar mayor, si cabe, en esos días funestos para todos.

Guttooth, el auto denominado Sacerdote-de-Gaia, había mantenido sabiamente al margen a la mayoría de sus partidarios de su conspiración, por lo que, una vez que ésta se supo, los jóvenes Garou que lo habían apoyado fieramente hasta entonces lo dejaron asqueados en manos de la justicia Garou. Aunque el Consejo de Ancianos todavía no había tenido tiempo para discutir su suerte, estaba claro que actuarían de forma contundente contra él. Muchos quisieron matarlo en el acto, aunque los líderes del Clan del Pacto lograron protegerlo hasta la celebración del juicio. El mismo Arthur Cunningham anunció entonces los cargos de los que se le acusaba: conspiración con el Wyrm, conspiración para destruir el túmulo de los Moradores de Cristal y traición al Clan del Pacto.

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-Durante demasiado tiempo he permitido que difamarais mi nombre, que calumniarais mis intenciones y que mancillarais mi linaje con insultos y agravios-, protestó furioso Guttooth dirigiéndose a la multitud reunida en aquel Gran Consejo. -¡Por la Gran Madre que ya habéis puesto a prueba mi paciencia en demasiadas ocasiones! ¿Queréis saber la verdad? ¿Creéis que estáis preparados para escucharla? Lo cierto-, dijo volviéndose para señalar a los Ancianos del Clan del Pacto, -es que os enorgullecéis de vuestra fuerza y edad al mismo tiempo que pactáis sin mostrar el menor escrúpulo con las fuerzas del Wyrm... ¡y luego os atrevéis a acusarme a mí del mismo crimen! ¿Hasta dónde llegará vuestra osadía, ancianos de las doce tribus de la Nación Garou? La edad os ha concedido experiencia pero no sabiduría. ¿Acaso me habéis exigido explicaciones antes de acusarme de estos horribles crímenes? No, porque teméis perder el control del espejismo que habéis construido en Vancouver. ¿Cómo podría haber ayudado a los siervos del Wyrm a masacrar a los Moradores de Cristal y profanar su túmulo secreto si desconocía su existencia como tantos otros de los Garou presentes esta noche? ¿Cómo podéis acusarme de traicionar a nuestro clan cuando trato de protegerlo de la locura de sus dirigentes? ¡Mensajero de Gaia o no, soy un verdadero Garou y no aceptaré más insultos!

Guttooth hizo una breve pausa para recuperar el aliento. Su discurso había conseguido acallar a la turba que pedía su cabeza segundos antes, demostrando una vez más el poderoso carisma y las dotes sociales del Señor de la Sombra.

-El Wyrm ha ido demasiado lejos, pero vosotros preferís acusarme a mí de vuestra negligencia. Nunca he dado explicaciones de mis actos en toda mi vida, aunque esta noche lo haré por el bien de Gaia y de la Nación Garou. Hasta ahora, las sanguijuelas habían respetado la Alianza porque convenía a sus intereses... pero ¿realmente creéis que iban a seguir honrando su palabra cuando se desatase el Apocalipsis y el Wyrm convocase a todos sus hijos para que luchen en su nombre? Vosotros, grandes estúpidos, estáis ciegos ante esta gran verdad: las sanguijuelas y los humanos elegirán libremente el bando del Wyrm. Ya lo hicieron hace milenios y ahora vemos las consecuencias de la pasividad y el abandono de nuestras obligaciones. Los grandes espíritus del Kaos me eligieron para llevar este mensaje esperando que todavía no fuese demasiado tarde, confiando en que pudiésemos poner fin al sufrimiento de la Gran Madre. Y sí, para cumplir esta misión, exploré las grietas de vuestra Alianza, descubriendo a sanguijuelas hambrientas de poder y muerte, y observando el aciago destino al que los Ancianos del Clan nos habían condenado a todos. Y sí, de nuevo para cumplir mi sagrada misión me alié con esas ambiciosas sanguijuelas, buscando acelerar lo inevitable y despertaros antes de que nuestra causa estuviese definitivamente perdida. Sin embargo, nunca, nunca revelé información importante sobre nuestra especie o nuestro clan. Y ahora que he hablado, ahora que he atendido vuestras exigencias, oiréis la mía. Esta noche todos vosotros debéis tomar un decisión, la más importante de vuestras vidas: salvar a nuestra Madre o condenarla al yugo del Wyrm.

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Las palabras de Guttooth crearon una gran sensación de intranquilidad en Canción-Oculta. Sus dones espirituales le indicaban que el Señor de la Sombra no mentía o, al menos, que creía que no estaba mintiendo. "¿Y si nos estamos cometiendo un grave error en este juicio?", se preguntó angustiado desde el momento en que la duda comenzó a germinar en su corazón.

-¿Es posible que esté sirviendo a los grandes espíritus del Kaos?-, le preguntó en voz baja a Lars.

-No lo sé-, reconoció con humildad el Theurge de su manada. -Nunca he tenido tratos con esos espíritus. Nuestras historias cuentan que sólo pueden existir en las regiones más remotas de la Umbra, puesto que la influencia de la Tejedora es anatema para ellos, y que son capaces de obrar todo tipo de milagros, pero sus intenciones y planes me son completamente desconocidos.

Canción-Oculta se mordió el labio inconscientemente cuando se le ocurrió otra posibilidad. "¿Y si las sanguijuelas han alterado su mente de alguna manera?", se preguntaba ahora. "De nuevo, necesitamos más tiempo para investigar, para llegar al fondo de este asunto".

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-¿Cuándo no hemos tomado esa decisión?-, respondió Nelson Chang, el líder de los Hijos de Gaia, mientras se ponía lentamente en pie. -La tomamos todos los días y todas las noches. Cada minuto de nuestras vidas elegimos a la Gran Madre. Algunos luchan, otros investigan los misterios de su creación y otros curan la carne y el espíritu. ¿Crees que tu demagogia barata puede seguir dividiendo y confundiendo a este clan? Somos Garou, somos los siervos de Gaia... Tu "guerra" no traerá más que sufrimiento y desolación. Si fueses verdaderamente sincero, sabrías que tus planes no son más que un genocidio, que sólo puede servir a los planes del Wyrm. Siento verme obligado a esto, pero debes expulsado del Clan del Pacto y de la Nación Garou inmediatamente.

Algunos de los presentes apoyaron la decisión del líder de los Hijos de Gaia, pero muchos más, entre ellos Crow, seguían pidiendo medidas más severas y letales que el ostracismo total. En su opinión, Guttooth estaba mintiendo descaradamente al afirmar que no había revelado la localización del Buda Sonriente a las sanguijuelas y, por tanto, era culpable indirectamente de la muerte de muchos Moradores de Cristal, además de la de Voz-de-Plata. Sin embargo, se impuso un nuevo silencio cuando se puso de pie el líder de los Wendigo, el Ahroun llamado Jim George.

-Admiro la habilidad con la que has manipulado tus argumentos; honra tu gran ingenio y carisma. No obstante, eso no evita el hecho de que nos has traicionado. Con tus juegos, has alterado el equilibrio de poder de las sanguijuelas y Gaia ha perdido una de sus tierras sagradas. Tu pasión sólo puede conducirnos al desastre, a uno mayor incluso que la Guerra de la Rabia. Dejarte con vida es demasiado peligroso, pero ajusticiarte con la muerte sólo daría crédito a tus artimañas. Espero que convertirte en Ronin te ofrezca la sabiduría suficiente para comprender la gravedad de tus crímenes.

Una vez que Jim George volvió a tomar asiento, se incorporó pesadamente Padre Isaac, el mendigo que representaba a la tribu de los Roehuesos en el Consejo de Ancianos. De hombros anchos y cuerpo encorvado, el viejo ahogó un tímido bostezo que asomaba de su mugrienta barba gris antes de tomar la palabra.

-Vivo o muerto, eres un portador de desgracias. Tus bonitos discursos no han hecho más que dividirnos y debilitar nuestras fuerzas. Daly ha muerto, la mayoría de los Moradores de Cristal de Vancouver han muerto y tú eres el culpable-, dijo señalándolo con un dedo dominado por una larga uña amarillenta.

-Ya hemos jugado durante demasiado tiempo a tus juegos, Guttooth-, sentenció Brendan Dooly poniéndose en pie. -Si la guerra contra la humanidad es inevitable, la afrontaremos cuando llegue el momento adecuado. Lo único que importa ahora es que el Wyrm quiere devorar nuestra ciudad y tú nos distraes con tus peroratas acerca de los espíritus y el Apocalipsis. Eres un peligroso estorbo, y lo que es peor, un colaboracionista. Exijo tu ejecución inmediata por el dolor que has traído a nuestro clan.

Numerosos vítores y gruñidos enfurecidos secundaron la sentencia del líder de los Fianna locales. Crow alzó su voz con ellos, ignorando la mirada de reproche que le dirigía Canción-Oculta. El líder de la Camada de Fenris, Stefan Ewald, tomó la palabra en ese momento, acallando con su mirada severa a todos los exaltados antes de dirigirse al Sacerdote-de-Gaia.

-Escucha sabandija, hablas de la guerra con demasiada ligereza. Yo he visto más de las que tú en toda tu miserable vida, así que voy a explicarte una verdad universal: hay guerras que benefician más a nuestros enemigos que a nosotros mismos. No puedes seguir disimulando. Eres un farsante y un traidor, y si este consejo no se atreve a condenarte a muerte por tus crímenes, te retaré personalmente a un duelo sin cuartel. Así tendrás la oportunidad de comprobar en primera persona cómo tratamos los Fenris a la escoria como tú.

Los gritos de aprobación por parte de los compañeros de tribu de Stefan Ewald fueron ensordecedores. La mayor parte de los Garou reunidos se habían convertido en una turba cuya sed de sangre sólo podía aplacarse con la muerte de Guttooth. Hubo algunas tímidas voces en su interior que pidieron escuchar al resto de los Ancianos, pero quedaron enmudecidas por el tumulto.


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Los ánimos estaban demasiado tan caldeados para continuar con la sesión, que Arthur Cunningham tuvo que declarar un breve descanso antes de proseguir con las acusaciones y la reunión del Gran Consejo. Fue una acción muy prudente por su parte, puesto que incluso las Cinco Garras de Gaia estaban divididas respecto a Guttooth.

-Es culpable-, sentenció tercamente Crow.

-No lo sabes, no puedes saberlo-, replicó Canción-Oculta. -¿Y si nos hemos equivocado al analizar los hechos? El juicio es prematuro y debería ser pospuesto.

-¿Para qué?-, preguntó Faruq. -Es tan culpable como el pecado. Los Señores de la Sombra siempre están involucrados en conspiraciones para ascender en la jerarquía social y este trató de tomar un gran atajo sin importarle las consecuencias.

-Creo que Canción-Oculta se refiere a que deberíamos calmar nuestros ánimos y enfocar el problema desde todos los ángulos-, intervino Lars conciliador.

-Pero... ¿no estuvo conspirando con sanguijuelas para provocar la guerra? ¿Qué más pruebas necesitáis?

-Todas las que sean necesarias para cerciorarnos del grado de culpabilidad e inocencia de sus actos-, respondió Canción-Oculta impaciente. -De lo contrario, este juicio será una farsa, un simulacro de justicia, y nuestros esfuerzos no habrán servido para nada. Pensadlo bien. Seguro que Voz-de-Plata se sentiría avergonzado de permitir que sucediese algo semejante... ¿Vamos a honrar así su memoria?

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Cuando se reanudó el Gran Consejo, Jacques Lapointe, el único Garou que representaba a la tribu de los Contemplaestrellas, tomó la palabra y esperó pacientemente a que se le permitiese hablar.

-Guttooth, has devuelto las acusaciones que se han presentado contra tu ambición con más mentiras y juegos de palabras. Eres una criatura carente de honor y como tal deberás ser tratada. Por ello, pido humildemente a los líderes de este Gran Consejo que te conviertan en un Ronin, despojándote de tu nombre, tu rango y todos tus logros pasados. Quizá con el tiempo encuentres la forma de deshacer todo el mal que has provocado con tus crímenes. Quizá, con el tiempo, Gaia te perdonará y podrás regresar a su gloria.

Cathy Saynesbury se levantó para tomar también la palabra. Los Caminantes Silenciosos era la segunda tribu menos numerosa en la Columbia Británica pero todo el mundo apreciaba el agudo ingenio de su líder. El rostro jovial de la Ragabash no mostraba la agradable sonrisa que la solía acompañar siempre, sino que parecía tan tenso y serio como exigía la situación.

-No puedo añadir nada más. Jacques ha vuelto a hablar con justicia y sabiduría. Yo también mantengo que Guttooth debe ser declarado Ronin inmediatamente hasta que descubra el error de sus crímenes y pueda tratar de enmendarlos.

Cuando escucharon su decisión hubo pequeños abucheos y protestas, que fueron silenciadas rápidamente por la mayoría de los presentes. A continuación, Lukasz Kawecki tomó la palabra para gran sorpresa de todos los Garou reunidos frente a las hogueras. Todo el mundo ignoraba cuál era realmente la posición  oficial de los Señores de la Sombra en este caso y parecía que iba a aclararse:

-Eres la vergüenza de nuestra tribu-, le recriminó señalándolo con el dedo. Su voz, cargada con ese fuerte acento de Europa Oriental tan característico en él, sonó tan inflexible como condenatoria. -No sólo has mancillado el sagrado linaje que corre por tus venas, sino también el honor de los Señores de la Sombra. No eres mejor que las sanguijuelas y los humanos contra los que te opones usando trucos y poderes del Wyrm. Nuestra tribu te repudiará hasta el fin de tus días, independientemente de lo que decida este consejo, aunque mi voto personal exija tu ejecución inmediata.

Hubo más exclamaciones y voces exaltadas pidiendo la muerte de Guttooth, pero Arthur Cunningham las acalló con un gesto para ofrecer el turno de palabra a Olga Norquist y Mira-Lejos, las dirigentes de las Furias Negras y las Garras Rojas respectivamente. Sin embargo, para sorpresa de todos los presentes, ambas Garou rechazaron la oportunidad de pronunciar su voto y se negaron en redondo a dar cualquier explicación por ello, al igual que hizo Coros, la líder de los Uktena locales.

"¿Por qué?", se preguntó Lars como tantos otros. "¿Por qué no intervienen?" La mente del Theurge intentó encontrar un sentido a sus actos. "Dicen que las Furias Negras y las Garras Rojas tienen estrechos vínculos con el Kaos, cada una a su propio modo. ¿Habrá sido sincero Guttooth al sugerir los grandes espíritus del Kaos le encargaron una misión? ¿Y por qué Coros no interviene?" No tuvo tiempo para llegar a ninguna conclusión importante, ya que el Maestro del Rito anunció que lord Montgomery Abercorn tomaría la palabra.

-Guttooth de los Señores de la Sombra-, murmuró con cansancio el anciano líder de los Colmillos Plateados, que parecía haber envejecido de golpe diez o veinte años más, -te sentencio a muerte por tus crímenes contra Gaia y toda la Nación Garou. ¿Deseas pronunciar unas últimas palabras ante este consejo?

La mitad de la multitud congregada en Stanley Park estalló como si cobrase vida propia, aullando su aprobación o maldiciendo e insultando al acusado, mientras la otra mitad negaba tristemente con la cabeza o manifestaba su desacuerdo. El condenado dio la espalda a los Ancianos, dirigiéndose directamente a los Garou reunidos en Stanley Park. Sus ojos no mostraban ya la mirada segura y desafiante que había exhibido hasta ese momento, sino que parecían más bien derrotados, como si aceptasen al fin su ineludible destino.

-No puedo creer que lo hagáis-, intentó hacer oír. -Estáis dando la espalda a nuestras tradiciones, a los espíritus y a la mismísima Gaia. No sois los defensores de la Gran Madre, sino unos cobardes. ¡Y os atrevéis a llamarme traidor y ajusticiarme como si fuese un vulgar criminal! Yo os maldigo. Cuando Selene se haya perdido en la oscuridad del Apocalipsis, cuando la piel de Gaia estalle en llamas y  las hordas del Wyrm amenacen con devorarlo todo a su paso, estaréis solos. Los grandes espíritus del Kaos os repudiarán como los habéis repudiado vosotros esta noche. ¡Gaia morirá por vuestra culpa! Ella... Ella...

Jamás pudo terminar lo que estaba diciendo. Guttooth cayó primero sobre sus rodillas y luego se desplomó fulminado sobre la hierba. La multitud enmudeció de pronto. Los Garou más cercanos intentaron levantar su cuerpo inerte para que los Theurge aplicasen sus talentos curativos. Tras largos e infructuosos intentos, tuvieron que darse por vencidos y reconocer con frustración que Guttooth había muerto por causas desconocidas para ellos. Su cuerpo no mostraba ninguna clase de lesión, externa ni interna, ni parecía haber sido víctima de veneno alguno. En cualquier caso, los Ancianos decidieron quemarlo para impedir que sus restos descansasen en el cementerio de los héroes del Clan del Pacto.

No obstante, su muerte levantó todo tipo de rumores y chismes. Algunos sugirieron más tarde que Guttooth había sido envenenado en secreto por Lukas Kawecki, para impedir que se conociese su participación en la conspiración con las sanguijuelas. Otros afirmaron que los espíritus del Kaos habían castigado al difunto Señor de la Sombra por pretender ser su mensajero o, por el contrario, por haber fallado en la tarea que le habían impuesto. También hubo, como no, quién aseguró que su muerte fue un castigo de la propia Gaia por haber causado tantas muertes y dolor. Nadie pudo averiguar nunca la verdad o, de conocerla, jamás la reveló al resto de los Garou del Clan del Pacto. Sin pretenderlo, el nombre de Guttooth y su misteriosa muerte quedaron grabados para siempre en las historias de los Garou de Vancouver.

Por otra parte, el Consejo de Ancianos no pudo ignorar la destrucción del Buda Sonriente y la muerte de los Moradores de Cristal, por lo que declaró la guerra contra todas las sanguijuelas de la ciudad. En cierto modo, Guttooth había conseguido parte de sus objetivos, aunque no del modo en que se había imaginado. Se hicieron planes y se organizaron los ataques. Durante los días siguientes, las manadas asaltaron los refugios de varias sanguijuelas, entre ellos el de la propia Stalest, y exterminaron a todas los vampiros que encontraron en su interior, sin hacer distinciones entre amos y criados. También atacaron los clubes donde acudían a "alimentarse" y ejecutaron a todo nuevo vampiro que intentase entrar en la ciudad.

Las sanguijuelas respondieron sin mostrar clemencia alguna. El Príncipe Sigfried y sus principales partidarios sobrevivieron al asalto inicial de los hombres lobo para tramar su venganza. Las compañías madereras recibieron permisos extraordinarios de las autoridades estatales para la tala de amplias zonas de la Columbia Británica, incluyendo algunos terrenos sagrados para los Garou. Las personas de origen nativo americano, muchas de ellas Parientes de las tribus Wendigo y Uktena, sufrieron el acoso de la policía y grupos de supremacía blanca. También hubo planes para urbanizar algunas parcelas de Stanley Park, pero los esfuerzos de los Hijos de Gaia y los Colmillos Plateados lograron frustrarlos antes de que fuese demasiado tarde. Y, finalmente, las patrullas Gangrel jugaron por las noches a un sangriento juego de caza con las patrullas de los hombres lobo, reduciendo paulatinamente el número de guerreros Garou disponibles para enfrentarse a otras amenazas del Wyrm.

Por supuesto, los mortales sospecharon que algo estaba pasando. Los periódicos publicaban grandes titulares acerca de la oleada de violencia, atracos e incendios que asolaban Vancouver, con imágenes y reportajes impactantes de los hechos, y la Real Policía Montada de Canadá no tardó en denunciar que se había desatado una guerra brutal entre las bandas del crimen organizado por hacerse con el control de los negocios ilegales de la ciudad. Los votantes pidieron mano dura a sus políticos y estos acordaron aumentar los fondos y las prerrogativas de las fuerzas del orden, ignorando que al hacerlo, favorecían así los intereses de los vampiros.

Las Garras de Gaia siguieron patrullando New Westminster, enfrentándose en varias ocasiones contra las patrullas del vampiro llamado Derek, aunque afortunadamente no llegaron a perder a ninguno de los suyos en el proceso. Además, honraron su palabra y jamás revelaron lo que sabían de Necross y su Gran Biblioteca, Alberich o Thomas Hoggarth y su relojería. Curiosamente, no volvieron a saber nada de ellos, ni tampoco de Illana, la vampiresa que les había ayudado tantas veces. Posteriormente, un Garou avergonzado por la participación de algunos miembros de su tribu solicitó unirse a su manada y las Garras de Gaia volvieron a ser cinco de nuevo, pero el destino aún les reservaba un futuro lleno de incógnitas.

martes, 7 de mayo de 2013

FARUQ (5 - 5)

Vancouver, Columbia Británica
5 de junio de 1994

La furgoneta recorría lentamente las calles de Vancouver. A esas alturas de su vida, Faruq conocía muy bien el recorrido que estaban haciendo a través del vecindario de Graceland, por lo que se cansó pronto de mirar el paisaje urbano a través de la ventanilla y se volvió para observar en silencio a sus hermanos de manada. Crow estaba durmiendo a su lado en forma Homínida, con la cabeza apoyada incómodamente sobre el hombro de Voz-de-Plata. La lucha a vida o muerte contra el Vulnus lo había dejado en un estado lamentable; tenía graves quemaduras por todo su cuerpo y una herida muy fea en la cabeza, que dejaba entrever una gran parte del hueso del cráneo. Incluso sus ropas parecían maltratadas, víctimas de un incendio que lucían amplias zonas quemadas y un olor carbonizado que dejaba un regusto a humo en el aire. "Es un milagro que aún esté con nosotros", pensó Faruq con tristeza.

En cambio, Voz-de-Plata no había sufrido ninguna herida de consideración, al menos ninguna física, pero su mirada perdida al otro lado de la ventanilla hablaba de sufrimientos internos inimaginables. Faruq comprendía muy bien por lo que debía estar pasando el Hijo de Gaia. Una vez que la batalla terminaba, la rabia sólo dejaba tras de sí dolor e ira en partes iguales. No obstante, Voz-de-Plata era más fuerte de lo que nadie, ni siquiera él mismo, podía imaginar, de modo que Faruq estaba sinceramente convencido de que el Galliard saldría victorioso del conflicto emocional que estuviese afrontando en silencio.

De todas formas, Faruq compartía a grandes rasgos los motivos de su dolor. Esta vez no habría grandes canciones de triunfo, sino un prolongado lamento fúnebre que avergonzaría a todos los Garou de Vancouver. Durante décadas, los siervos del Wyrm habían trabajado discretamente para crear un poderoso túmulo corrupto frente a sus propias narices, sin que ningún guerrero de Gaia se diese cuenta hasta que fue demasiado tarde para poder evitarlo. La amenaza de la guerra contra las sanguijuelas había contribuido a ocultar los preparativos finales de sus ritos malignos y Faruq era demasiado suspicaz para creer que esa coincidencia había sido únicamente fruto del azar. "Es una cagada, se mire como se mire", sentenció el Ragabash. "A ver qué dicen ahora los Ancianos del Clan del Pacto".

Su único consuelo era tener la certeza de que habían salvado las vidas de los cuatro niños que se habían convertido en víctimas de abusos sexuales y de la muchacha drogada que estaba en manos de un retorcido psicópata. Habían hecho por ellos todo lo que estaba en su mano, sacándolos del recinto ferial y llevándolos aún inconscientes hasta una cabina pública en una calle cercana, desde donde hicieron una llamada anónima a la policía y los servicios de urgencias. Voz-de-Plata y Canción-Oculta habían protestado por abandonarlos de esa manera, pero Lars y él les hicieron ver que los humanos probablemente hubiesen sido secuestrados y que sus familias estarían buscándolos desesperadas. Por lo tanto, decidieron no perder más tiempo y se marcharon a toda prisa para informar a Roger Daly de lo que había ocurrido en la Expo.

-¿Qué diablos está pasando?-, preguntó Lars en voz alta desde el asiento del conductor.

Sorprendido por su reacción, Faruq se inclinó de inmediato hacia delante intentando ver lo que ocurría. Todavía era de noche y las farolas de la calle Hastings habían visto días mejores, pero el Caminante Silencioso atinó a ver varios cadáveres sobre el asfalto y un incendio descontrolado en un viejo edificio. "¡Mierda!", maldijo Faruq cuando reconoció el lugar. "¡El Buda Resplandeciente está en llamas!"

-¡Acelera, acelera!-, ordenó Canción-Oculta. -¡No te detengas aquí!

A su lado, Crow se despertó aturdido y exigiendo saber lo que estaba sucediendo. Faruq dejó que Voz-de-Plata lo pusiese al día y siguió observando con asombro el exterior. Contó cuatro cadáveres caídos e inertes sobre las aceras, muertos por lo que parecían ser heridas de bala. Uno de ellos era una mujer desnuda. A Faruq se le encogió el corazón de pronto cuando la reconoció: era Ruth Imparte-Su-Justicia, una Luna Nueva de la tribu de los Moradores de Cristal. A los otros no los reconoció de inmediato, pero sus rostros le eran tan familiares como los de su compañera Ragabash.

-¡Debe haberlos matado un tirador en alguno de los edificios vecinos!-, señaló Lars innecesariamente.

-Entonces.. ¿De verdad están atacando a los Moradores de Cristal?-, preguntó Voz-de-Plata sin terminar de creerse lo que veían sus ojos.

La furgoneta pasó a toda velocidad delante del edificio que había sido antaño el Buda Sonriente. Las tablas que obstruían la entrada principal habían sido quebradas y sus restos astillados permanecían en el suelo como testigos mudos del asalto que habían sufrido. Una inmensa columna de humo negro salía perezosamente por esa entrada y por cada resquicio de las ventanas tapiadas de su fachada. Curiosamente, no se veía ningún coche de policía ni camión de bomberos por las proximidades.

-Gira a la derecha en el próximo desvío-, sugirió Canción-Oculta.

-¿Qué vamos a hacer?-, exigió saber Faruq.

-Tenemos que ayudar a los posibles supervivientes y descubrir quién ha hecho esto-, le respondió el alfa con tono urgente.

-Si hay un tirador ahí fuera con balas de plata, seremos un blanco perfecto en esta puta calle desierta-, intervino Crow ignorando el dolor de sus heridas.

-Entonces acerquémonos por la Umbra-, sugirió Lars al mismo tiempo que detenía bruscamente el vehículo en doble fila.

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En la Penumbra, Graceland tenía un aspecto aún más desolador que en el mundo físico. Los edificios eran más siniestros y parecían a punto de venirse abajo por su propio peso en cualquier momento. Extraños espíritus se alejaban asustados del reflejo umbral de la calle Hastings, desde humildes cucarachas y ratas acobardadas hasta rudimentarios elementales de cartón y papel e hinchadas bolsas de basura. Los Garou pronto descubrieron por qué.

A este lado de la Celosía, el Buda Sonriente estaba siendo brutalmente atacado por más de una veintena de espíritus llameantes. Parecían enfermizos manchurrones de gel luminoso, similares en tonalidad y densidad al napalm, pero sus cuerpos espirituales destellaban con una fosforescencia antinatural. Estas criaturas parecían deleitarse con la destrucción estaban llevando a cabo y bailaban alocadamente, dejando tras de sí un rastro de llamas abrasadoras. De hecho, en la Umbra el incendio del edificio parecía ser mucho más intenso. Ni siquiera las hebras plateadas de los espíritus de la Tejedora que protegían este lugar parecían haberse salvado de sus efectos.

-Son Furmlings-, murmuró Lars despacio.

-¿Puedes explicarte en términos que podamos comprender?-, le pidió Crow impaciente.

-¿Ehh? Ah... sí, sí. Perdonad. Son algo así como... elementales de fuego corrompidos por el Wyrm-, respondió Lars recuperando el hilo de sus pensamientos, -aunque existen algunas historias siniestras que cuentan que son los hijos de las llamas tóxicas que iluminan los reinos del Wyrm en Malfeas.

-No importa de dónde vengan-, musitó Voz-de-Plata. -No hay nada que podamos hacer por el Buda Sonriente. Está perdido. No parece que haya ningún Morado de Cristal vivo.

-Estoy de acuerdo-, gruñó Crow. -Deberíamos concentrarnos en localizar al francotirador y hacerle algunas preguntas antes de acabar con su miserable vida.

-Sí, volvamos. No podemos hacer nada más por ellos-, gruñó Canción-Oculta. Su voz pretendía ser igual de firme que en otras ocasiones, pero Faruq se percató de que el alfa de su manada estaba visiblemente emocionado. Todos ellos lo estaban. Era imposible sentirse al margen de las muertes que habían tenido lugar.

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Desde la Umbra, usaron sus habilidades para observar el mundo físico en busca de pistas que pudiesen revelar la presencia de los atacantes, aunque no encontraron ningún detalle digno de mención más allá del hecho de que todavía no había acudido la policía al lugar de los hechos. En ciudades de otros países del mundo, ese dato hubiese pasado completamente desapercibido, pero en el suyo era un hecho sumamente perturbador. La Real Policía Montada de Canadá acudiría inmediatamente ante cualquier aviso de un tiroteo en las calles. Únicamente las sanguijuelas tenían la influencia y el poder necesarios para impedir que esos agentes de la ley cumpliesen con sus obligaciones... y eso querría decir que Sigfried, el Príncipe de los Vampiros de Vancouver, habría decidido declarar finalmente la guerra contra los hombres lobo.

Maldiciendo su suerte y este nuevo giro de los acontecimientos, Canción-Oculta les ordenó abandonar la búsqueda y regresar a la furgoneta para advertir a las tribus Garou de lo que estaba sucediendo. Si las sanguijuelas se habían atrevido a atacar el Buda Sonriente, nada les impediría hacer lo mismo en Stanley Park.

Sin embargo, cuando regresaron al vehículo descubrieron muy pronto que algo había ido mal, terriblemente mal. Voz-de-Plata no apareció junto a ellos. Decidieron esperarlo durante unos minutos, hasta que Lars y Canción-Oculta acordaron volver a la Umbra para buscarlo. El alfa ordenó expresamente a Crow y Faruq que permaneciesen en la furgoneta, para cubrir la posibilidad de que su hermano regresase desde alguna calle del mundo físico. La espera supuso un auténtico suplicio para el Ragabash, que empezaba a tener la certeza de que esa noche se había convertido en la peor de toda su vida.

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Media hora después, las autoridades humanas seguían sin hacerse cargo de la situación, aunque Canción-Oculta y Lars aparecieron de nuevo en la furgoneta, caminando de lado desde la Penumbra. Faruq supo que traían malas noticias desde el mismo momento en que vio sus caras apenadas y sintió un nudo en su estómago.

-No ha aparecido por aquí-, musitó con todo el aplomo que pudo reunir en esos momentos. -¿Tenéis novedades?

Lars miró por última vez a Canción-Oculta y puso en marcha el motor del vehículo. Canción-Oculta negó despacio con la cabeza, reuniendo fuerzas para hablar:

-Lo buscamos sin descanso, pero no lo encontramos. Incluso nos acercamos al incendio para comprobar que los Furmlings no lo hubiesen cogido. Tampoco tuvimos suerte. Sin embargo, Uktena estaba cerca, escondido entre las sombras de dos viejos edificios y observándolo todo con sus ojos dorados...-, Canción-Oculta interrumpió su relato. Era la primera vez en su vida que un suceso lo afectaba de esa forma.

-Se me ocurrió que nuestro tótem podía saber dónde estaba Voz-de-Plata-, intervino Lars para ayudar al alfa con su carga. El Theurge no apartó la vista de la carretera mientras sacaba la furgoneta de Graceland, pero su voz se oía con claridad por todo el vehículo. Faruq casi deseó que el ruido del tráfico le impidiese escuchar las malas noticias y seguir concibiendo alguna esperanza.

-Él accedió a enseñárnoslo-, continuó el Theurge. -Nos mostró un lugar cubierto de brumas e hilos de araña grandes y pequeños. Supe de inmediato que se trataba de la Celosía, la barrera que separa los mundos físico y espiritual. Había estatuas, innumerables estatuas de todo tipo de espíritus que habían tratado de burlar la barrera de la Tejedora. Nuestro tótem me enseñó el más reciente. Su cuerpo todavía estaba cubierto por espíritus arácnidos, afanadas por terminar su obra, aunque el fuego de la vida ya no latía en él. Pude reconocer sus ojos como los de nuestro hermano desaparecido... y contemplé aterrado su expresión de agonía inmortalizada para toda la eternidad.

-¿Seguro que la visión es cierta? ¿No te habrá mentido para encargarle alguna misión secreta o algo así?

-Faruq-, intervino Canción-Oculta pacientemente, -la visión es cierta. Voz-de-Plata está muerto.

-Está muerto-, repitió Lars como un autómata.

-Pero.. no es posible... ¿cómo pudo pasar algo así?-, preguntó al fin el Ahroun.

-No lo sé. Caminar de lado conlleva sus propios peligros. Quizá no estaba suficientemente concentrado por los sucesos que había contemplado esta noche. No hay forma de saberlo con certeza, salvo compartiendo su misma suerte. Lo único que podemos saber con seguridad es que quedó atrapado en la Celosía y los espíritus de la Tejedora hicieron el resto.

-¡Mierda! ¡Mierda!-, gritó Crow mientras daba un furioso puñetazo contra el asiento del coche. -¡Maldición! ¡Me cago en la puta!

Faruq hubiera querido desahogarse de una forma tan maravillosamente burda y simple al mismo tiempo, pero no pudo. El dolor se aferró a él como una planta que echase raíces de pronto, oprimiéndole el pecho hasta casi dejarle sin respiración. Le hubiese gustado aullar con todas sus fuerzas y despedirse de su amigo, de su hermano, como verdaderamente se merecía, pero tampoco podía hacer eso dentro de una furgoneta. En lugar de hacer eso, lloró en silencio. No dejó de llorar ni siquiera cuando llegaron finalmente a Stanley Park. Sus lágrimas expresaron con más vehemencia toda la pena que sentía por la muerte de Voz-de-Plata que cualquier cosa que pudiese decir o aullar.

lunes, 6 de mayo de 2013

LARS (5 - 5)

Vancouver, Columbia Británica
5 de junio de 1994

Fue más fácil decirlo que hacerlo. El recinto ferial de la Expo estaba situado dentro del conglomerado urbano formado por la ciudad de Vancouver y suburbios como Richmond o New Westminster, por lo que la resistencia de la Celosía, la barrera entre los mundos físico y espiritual, era extremadamente fuerte. Incluso un Garou bien preparado tendría problemas para sortear la barrera. Como Theurge de la manada, Lars hizo honor a su auspicio siendo el primero en poner los pies en las tierras de la Penumbra.

No se sorprendió en absoluto al descubrir que el reflejo espiritual del pabellón japonés estaba completamente corrompido por las malignas energías del Wyrm. El suelo estaba cubierto por un limo multicolor de aspecto pegajoso y oscuro, sobre el que flotaban unas extrañas llamas verdes que iluminaban el interior de la sala de conferencias con su luz enfermiza. Lars sintió de inmediato cómo las defensas sobrenaturales de su cuerpo Garou se enfrentaban a la miríada de infecciones y toxinas que saturaban el aire cálido y nausabundo de la sala. Ese mismo aire despedía un hedor a enfermedad y putrefacción, a veces desagradable y a veces obscenamente dulce, que casi lo obligó a vomitar todo el contenido de su estómago desde el momento en que cogió la primera bocanada de aire para respirar.

Mientras luchaba por contener la respiración y recuperarse del impacto de las maléficas energías del Wyrm, pudo comprobar que no estaba solo en ese lugar hostil a toda vida. Cinco grandes espíritus de aspecto vagamente perruno flotaban en el aire mirándolo con sus pequeños ojillos malsanos. Eran Scrags, las Perdiciones guerreras del Wyrm. Detrás de esos malignos espíritus había algo más, algo enorme, que se retorcía con vida propia con movimientos espasmódicos, en una farsa antinatural de parto. La cosa, pues no había una palabra mejor para describirla, parecía un ovillo de carne espiritual envuelta en jirones de llamas verdes.

Los Scrags cargaron contra Lars, en un vano intento para darle tiempo al Vulnus a que terminase su oscura metamorfosis. El Theurge pudo apartarse a tiempo de la trayectoria de una garra afilada que pretendía hundirse en su vientre, pero no pudo protegerse de los siguientes golpes. El aura protectora de Uktena le ayudó a sobrevivir a la feroz embestida de las Perdiciones, llevándose consigo únicamente unas pocas heridas superficiales. Sus enemigos le habían arrinconado prácticamente contra una de las paredes, cerrándole cualquier vía de escape.

Un fuerte espasmo resonó con fuerza en el reflejo espiritual de la sala de conferencias, como un pequeño latido de corazón o una contracción descontrolada. "Se nos acaba el tiempo", se dio cuenta Lars. Liberó toda la rabia que llevaba encerrada hasta ese momento, dando un paso adelante y luego otro. Su inmenso cuerpo Crinos apartó a un lado a sus enemigos y asestó un golpe directo al Scrag que se encontraba frente a él.

En ese instante, otra figura surgió de la nada a su izquierda. Faruq se tambaleó como un borracho durante unos pocos segundos, hasta que su cuerpo Crinos se acostumbró a las energías latentes de la sala. Luego, se arrojó directamente contra los Scrags. Las Perdiciones estaban en un estado homicida completamente irracional y siguieron atacándolo a pesar de todo. Nuevas marcas de garras y colmillos aparecieron dolorosamente sobre la carne del Theurge sin que los poderes protectores de su tótem pudiesen impedirlo.

Otro espasmo ensordecedor retumbó con vida propia. La cosa se agitó impaciente al sentir la batalla que estaba teniendo lugar a su alrededor. Lars logró avanzar varios pasos más en su dirección, golpeando el cráneo de un Scrag que había hundido sus colmillos en su brazo izquierdo y que se negaba tercamente a soltar su presa. Otra figura borrosa cobró forma cuando Faruq intentaba atraer sin éxito sobre sí mismo la atención de las Perdiciones. El recién llegado era un lobo enorme de pelaje plateado. A pesar de sus heridas, Lars casi sonrió al reconocer a Canción-Oculta.

El Theurge tuvo una idea. Se detuvo de golpe y acercó su brazo a una de las piras tóxicas, arrastrando consigo al indefenso Scrag que apresaba su brazo con sus afilados colmillos. El mortífero fuego verde de la llama quemó inmediatamente la carne espiritual de la Perdición como si alguien la hubiese rociado previamente con gasolina. El Scrag soltó su brazo con un estremecedor aullido de dolor antes de ser destruido en cuestión de meros segundos. Hubo un nuevo espasmo, acompañado inmediatamente después por otro más.

-¡Atacad a la cosa!-, intentó hacerse oír por encima del eco de las pulsaciones antinaturales.

A Lars le pareció que el mundo se detenía, como si un dios cruel hubiese decidido inmortalizar sus penalidades en ese preciso momento. Después, la cosa explotó con un último y violento espasmo, arrojando llamas de fuego verde en todas las direcciones. Lars se encogió instintivamente, protegiéndose la cabeza con sus enormes brazos. Por fortuna, la magia protectora de Uktena salvó su vida una vez más. Algunas llamas permanecieron flotando mansamente sobre el limo, otras cubrieron el techo y las paredes. Canción-Oculta también parecía haber salido indemne de la conflagración pero Faruq aullaba de dolor, intentando apagar el fuego que consumía sus hombros. Dos Scrag habían quedado cubiertos por completo de llamas, aunque su dolor sólo incrementaba a extremos épicos la locura asesina que ardía en sus ojos bestiales, perdiendo cualquier resquicio de razón o cordura que pudiesen tener.

Un aullido triunfante obligó a Lars a girarse para contemplar con sus propios ojos al Vulnus. La Perdición tenía un aspecto verdaderamente aterrador. Su mente intentó enfrentarse a lo que veía y, por unos breves instantes, estuvo a punto de venirse abajo. Las llamas que rodeaban el cuerpo informe y cambiante de la criatura habían adoptado un tono entre rojo y anaranjado, el mismo color de su cuero espiritual. No tenía cabeza, ni ojos, ni boca alguna, pero su cuerpo se retorcía una y otra vez, creando nuevas extremidades y apéndices, hinchando su tamaño y creciendo en altura con pequeños espasmos. A pesar de carecer de ojos, la criatura dio un paso dubitativo hacia el Theurge y algunas de sus garras se estremecieron con mortífera anticipación.

Crow apareció justo en ese momento. Lars nunca se había tomado en serio los rumores que decían que los Fianna llevaban tantos siglos ingiriendo de forma controlada toda clase de licores "caseros" y otras toxinas que se habían vuelto inmunes a las substancias más letales de la creación, pero cuando vio al Ahroun cargar valientemente contra el Vulnus, sin que su cuerpo mostrase ningún síntoma de debilidad al enfrentarse a las infecciones y toxinas del Wyrm, decidió que podía existir algún resquicio de verdad en esas supuestas habladurías.

Sin preocuparse por las llamas que bañaban el cuerpo de la Perdición, su hermano llegó hasta la criatura y la atravesó con una de sus garras hasta hundir medio brazo en el interior del Vulnus. La criatura chilló. El sonido rasgó los oídos de todos los presentes con un rechinar extraño. Durante un momento, se asemejaba al sonido producido al desgarrar una hoja de papel, mientras que, al siguiente, se incrementaba hasta igualar el efecto de unas garras arañando el metal. Canción-Oculta, siguió el ejemplo del Ahroun de la manada y mordió uno los apéndices, arrancándolo de cuajo con sus fauces.

Lars iba a unirse al combate, pero uno de los Scrags en llamas cayó sobre él, atacando como una bestia rabiosa en sus últimos momentos de vida. Ambos cayeron torpemente sobre el limo que cubría el suelo, luchando por imponerse el uno sobre el otro. El Theurge sintió una oleada de dolor abrasador cuando el limo que cubría el suelo inundó sus heridas, intentando infectarlas con toda clase de venenos y enfermedades. El Scrag moribundo logró asestarle un mordisco en su hombro izquierdo. Lars respondió por reflejo clavándole sus garras en la cabeza para poner fin a su existencia.

A continuación, intentó incorporarse, pero lo único que consiguió fue volver a caer sobre el limo. Su cuerpo estaba gravemente herido y ni siquiera la extraordinaria fisiología Garou podía regenerar sus heridas en un lugar tan saturado de enfermedades, toxinas y venenos. Lars sacudió violentamente su cabeza a un lado y a otro, intentando aclarar su vista.

De este modo pudo comprobar que Voz-de-Plata estaba ayudando a Faruq a enfrentarse contra los tres Scrags que seguían luchando. En el otro extremo de la sala, el Vulnus había contraatacado finalmente. El brazo con el que lo había herido Crow estaba envuelto en llamas, sumando el hedor de la carne y el pelo quemados a la peste que existía en ese lugar, mientras que obligaba también a Canción-Oculta a esquivar un barrido de sus garras.

Tras unos segundos de vacilación, el Theurge reunió las fuerzas que le quedaban y volvió a intentar ponerse en pie. Esta vez lo consiguió, si bien a duras penas, y dio dos pasos inestables en dirección al Vulnus. La Perdición volvió a retorcerse con otro espasmo grotesco y arrojó una columna llameante contra Crow, que no logró apartarse a tiempo. El fuego alcanzó sus piernas, abrasándolas en el acto sin que la magia de Uktena pudiese evitarlo, y el Ahroun cayó al suelo aullando de dolor. Canción-Oculta se arrojó sin pensarlo contra el Vulnus, tratando de llamar su atención. Nuevamente, su dentellada dio en el blanco, infringiendo terribles heridas a la criatura. Intentando ayudar, Lars cargó como pudo contra la Perdición. El golpe no le causó daño alguno, pero hizo que la criatura se viese obligada a defenderse de los dos Garou.

Las garras del Vulnus volvieron a brillar, abriendo una profundo surco ensangrentado en el lomo de Canción-Oculta, que terminó volando por los aires hasta caer al suelo como un saco pesado. La Perdición se volvió hacia él. Lars pudo sentir la inteligencia malévola de la criatura cerniéndose sobre él, abrumándolo con sus malsanas energías. Afortunadamente se recuperó a tiempo para ver los brillantes brazos que caían sobre él. Echándose hacia un lado, consiguió apartarse del mortífero ataque del Vulnus y lanzar a su vez un golpe ascendente con su garra derecha. El vientre de la criatura se resquebrajó por completo, pero no la detuvo. En lugar de eso, volvió a contraerse con un violento espasmo, lista para regurgitar otra corriente de fuego contra él, con la intención de reducirlo a cenizas.

Sin embargo, Crow salvó su vida. A pesar de no poder tenerse en pie, se había arrastrado hacia la Perdición y había tirado de ella desde el suelo, clavando sus propias garras en el proceso. Eso hizo que la llamarada prendiese fuego al techo cuando brotaron las llamas, en lugar de carbonizarlo a él mismo. El Vulnus se movió violentamente a un lado y a otro, intentando sacudirse al Ahroun de su espalda. Con más suerte que pericia, Crow logró trepar con sus garras hasta lo que debían ser los hombros de la criatura, aunque su propio cuerpo recibió importantes quemaduras en el proceso.

Lars siguió acosando a la Perdición, asestando golpe tras golpe mientras esquivaba sus torpes intentos por defenderse. Canción-Oculta hizo lo mismo, atacando por el flanco descubierto de la criatura. El Vulnus respondía confuso y cada vez más debilitado. Intentó apartarse sin éxito de ellos y su cuerpo engendró dos nuevos tentáculos en su espalda para tratar de inmovilizar a Crow.

Voz-de-Plata y Faruq cargaron de frente contra el Vulnus. El Ragabash era una pequeña molestia, pero su presencia ayudó a confundir más a la Perdición, mientras que el Hijo de Gaia liberaba violentamente toda la frustración que había sentido al ser testigo de los horrendos crímenes que habían tenido en el pabellón japonés. El Vulnus retrocedió finalmente. A pesar de su inmenso poder, era un recién nacido en términos humanos y estaba ya gravemente herido. Los tentáculos de su espalda cogieron a Crow, no para inmovilizarlo, sino para arrojarlo contra una pared como si fuese un muñeco roto. Tanto Lars como el resto de sus hermanos siguieron acosándolo, usando sus garras y sus fauces, ignorando la dolorosa caricia del fuego que cubría a la criatura a cambio de destrozarla un poco más con cada impacto que lograba acertar en el blanco.

Un golpe demoledor de Voz-de-Plata hizo que el Vulnus cayese al suelo, tambaleándose sin control. El resto de los Garou cayeron sobre él, sin ofrecerle ninguna tregua. La criatura chillaba ahora con terribles alaridos que hicieron que sangrasen los oídos de las Cinco Garras de Gaia. Crow regresó arrastrándose y se unió a la carnicería. El Vulnus seguía chillando y su cuerpo era prácticamente traslúcido. Lars nunca supo si había sido él o Canción-Oculta quien propinó el golpe de gracia. No importaba. Habían destruido a su enemigo entre todos. Lars reprimió un escalofrío al darse cuenta de que el Vulnus hubiese acabado con todos ellos de haberse encontrado en la plenitud de su poder.

jueves, 2 de mayo de 2013

CANCIÓN-OCULTA (5 - 5)

Vancouver, Columbia Británica
5 de junio de 1994

"¡Esta noche has visto con tus propios ojos la futilidad de tu causa!", chilló triunfante la voz invisible en su cabeza. "Gaia ha sido mancillada más allá de toda posibilidad de salvación, el espíritu de la humanidad está roto y las tribus Garou conspiran y se enfrentan entre sí. La realidad es demasiado cruel para ti, pequeño metis. Harías bien en rendirte ante la evidencia: la locura destructora del Wyrm es la única salvación para este mundo enfermo y moribundo."

"¡No!", protestó Canción-Oculta intentando imponer su voluntad sobre su propia mente. "¡Sólo intentas confundirme con tus estúpidos sofismas!" La voz invisible llevaba atormentándolo desde los primeros años de su vida, pero esta noche sus asaltos eran incesantes, como si reaccionase de algún modo al estímulo de las energías malignas que impregnaban el pabellón japonés de la Expo. Cada nueva atrocidad que descubrían, incrementaba la potencia de sus terribles cantos de sirena, al mismo tiempo que reducía las menguantes fuerzas internas del Colmillo Plateado.

"¿Pero aún crees que puede haber salvación? ¿Por qué no le hablas de esperanza al inocente que fue devorado por los humanos adultos, perfectamente conscientes de las diferencias entre el bien y el mal? ¿Por qué restas importancia a los sufrimientos de los menores que recibieron abusos sexuales?"

"¡Ellos fueron víctimas de la corrupción del Wyrm!", protestó Canción-Oculta. El Philodox trató de ignorar a la voz invisible y se concentró, por el contrario, en ayudar a Faruq y Lars a bajar a los niños que habían recibido abusos al piso de abajo, donde descansaba inconsciente la joven a la que casi habían despellejado. Afortunadamente, los pequeños quedaron en estado de shock en el mismo momento en que contemplaron con terror la irrupción de Voz-de-Plata en forma Crinos.

"Fueron víctimas de un sacerdote y un policía, personas en las que confiaban inocentemente", insistió la voz invisible sin darse todavía por vencida, "del mismo modo que los humanos fueron víctimas de los Garou en los tiempos del Impergium. ¿Ves? Sabes que tengo razón. La única esperanza que te queda es la locura del Wyrm. La única salvación para este mundo agonizante es el frío abrazo de la muerte eterna."

"¡Nunca me rendiré!", afirmó Canción-Oculta sin poder evitar una mueca por el esfuerzo empleado. "¿Me escuchas? No me daré por vencido. Ni siquiera el mismo Apocalipsis conseguirá apartarme de mis sagradas responsabilidades. Vuelve a tu oscura madriguera."

La voz invisible soltó una gran risotada, muy parecida al siseo de una serpiente venenosa, pero inesperadamente dejó de atormentar la mente del Colmillo Plateado, ahuyentada por su firme resistencia.

-.-

-Sólo nos queda por registrar esa puerta-, ladró Crow. El pelaje de su inmenso cuerpo Crinos estaba tenso y encrespado, mostrando públicamente la rabia que todavía bullía en su interior.

-Adelante-, gruñó Canción-Oculta de nuevo en forma Hispo. -Acabemos con esto.

La manada había dejado atrás la sala donde estaban esposados los niños, dirigiéndose al otro extremo del pasillo. Un sucio cartel les advirtió que se estaban aproximando a una sala de conferencias. Crow abrió la puerta con un manotazo y entró el primero. El pasillo continuaba de enfrente, hasta acabar en otra puerta metálica de la que procedía un coro amortiguado de voces que parecían estar cantando.

Canción-Oculta avanzó sin detenerse, con las orejas altas, atentas al menor ruido. Sus poderosas patas pisaban con seguridad el suelo lleno de escombros, acercándose junto al Ahroun a la puerta. El resto de la manada les siguió sin vacilar; incluso Voz-de-Plata parecía haberse recuperado casi por completo de la crisis que había sufrido hace escasos minutos y su mirada lucía una determinación inédita en él.

Un extraño suceso tuvo lugar cuando sólo les separaban cinco metros de la segunda puerta. Una forma fantasmal la traspasó sin ningún impedimento y se quedó flotando en el pasillo, observándolos pacientemente. Parecía una especie de figura humana translúcida, como los espectros de los cuentos de miedo que le leía su tía Mary Henderson cuando era pequeño, con la salvedad que éste parecía tener un fino hilo plateado unido a sus pies y que se perdía al otro lado de la puerta que acababa de traspasar.

-Bienvenidos a vuestra ruina-, les recibió la aparición. Tenía una voz grave pero etérea, con un cierto matiz sobrenatural de lejanía. Su rostro era ovalado y mofletudo, con un corto flequillo cruzándole la frente de un extremo a otro. A pesar de su aspecto translúcido, parecía una figura obesa ataviada con algún tipo de túnica monacal.

Crow estaba dispuesto a atacar de inmediato, pero Canción-Oculta lo interrumpió con un fuerte gruñido. Fuera lo que fuese aquella aparición, parecía desear hablar con ellos, al menos por el momento, y el Philodox pensaba extraer de ella toda la valiosa información que pudiese antes de devolverla al infierno del que había salido.

-¡Es una figura astral!-, exclamó Lars en la lengua primigenia de los Garou.

-¿Qué es eso?-, quiso saber Faruq.

-El aspecto incorpóreo de una persona que está realizando un viaje astral fuera de su cuerpo-, le explicó precipitadamente el Theurge. -Se dice que los chamanes y las personas que han desarrollado una fuerte espiritualidad son capaces de semejante proeza, pero también existen rumores de psíquicos y magos que lo han conseguido.

-Vuestros primitivos gruñidos no os salvarán-, afirmó la aparición. -¡Llegáis demasiado tarde! Los poderes de la corrupción ya han asolado este lugar. El túmulo ha sido consagrado al Wyrm y he creado un poderoso guardián que acabará con todos vosotros.

-¡Está mintiendo!-, ladró Canción-Oculta en el mismo instante en que el don espiritual de la Verdad de Gaia le reveló la falsedad de sus palabras. -¡El túmulo todavía no está consagrado al Wyrm!

El alfa saltó de repente sobre la aparición, abandonando sus anteriores pretensiones. No le hizo falta volverse para saber que sus hermanos lo siguieron de inmediato. Cualquiera de ellos lo seguiría hasta el mismo infierno si fuese necesario. No obstante, atravesó a la aparición como si no estuviese realmente ahí. Tal y como había apuntado antes Lars, la forma astral de su enemigo era completamente incorpórea. "Sólo está aquí para intentar retrasarnos", razonó Canción-Oculta en meros segundos. A continuación el Colmillo Plateado cargó contra la última puerta, usando su cuerpo como un ariete.

Al otro lado le esperaba una amplia sala, despojada de asientos y mesas, donde ocho figuras, envueltas en oscuras túnicas de color sangre, alzaban sus brazos al techo y pronunciaban los oscuros cánticos de una letanía en latín. Los adoradores del Wyrm estaban agrupados por parejas y dispuestos formando una cruz sobre una espiral grabada en el suelo,  que a su vez, estaba cubierta por símbolos extraños dibujados con sangre y los cadáveres degollados de tres niños y niñas, cinco mujeres y dos hombres adultos y un lobo salvaje.

-In nomine vermis-, gritaron de pronto las figuras encapuchadas.

Sin detenerse, Canción-Oculta cargó contra la más cercana, derribándola al suelo y haciendo pedazos su nuca a base de feroces mordiscos mientras el desgraciado intentaba repetir las últimas palabras de la letanía oscura. Las enormes garras de Crow se clavaron en la espalda de otro de los adoradores del Wyrm, desgarrándola de arriba a abajo como si se propusiese de revelar un lienzo sangriento.

-¡In nomine vermis, in nomine vermis!-, gritaban desesperadas las figuras encapuchadas. -¡In nomine vermis, in nomine vermis!

Faruq entró raudo para atacar a los adoradores más alejados, mientras Lars y Voz-de-Plata se dirigían a los dos extremos de la falsa cruz. No obstante, en lugar de intentar escapar para salvar sus vidas, sus enemigos insistían fanáticamente en terminar el ritual de consagración del túmulo del Wyrm.

-¡IN NOMINE VERMIS! ¡IN NOMINE VERMIS! ¡IN NOMINE VERMIS! ¡IN NOMINE VERMIS!

La letanía parecía tener vida propia. Durante unos segundos, Canción-Oculta se sintió aturdido y desorientado en medio de la carnicería. Se tambaleó un par de pasos como si estuviese borracho y su vista se volvió borrosa. Las formas perdieron su definición, adoptando varias sombras tridimensionales. El olor a sangre se hizo tan abrumador que creyó que iba a vomitar, pero en lugar de eso, el Colmillo Plateado  acudió involuntariamente a toda la frustración y la rabia que había acumulado esa noche, sacudió la cabeza para serenarse y cargó contra las figuras enemigas más cercana.

-¡IN NOMINE VERMIS! ¡IN NOMINE VERMIS!

Aferró el tobillo de un anciano encapuchado y se lo cercenó de cuajo. El anciano se desplomó contra el suelo y se volvió para seguir realizando su parte en aquel ritual macabro. Canción-Oculta no tuvo piedad con él. Su muerte fue demasiado rápida pero estuvo a la altura de sus crímenes.

-¡IN NOMINE VERMIS!

No obstante, cuando Lars se deshizo del último de los adoradores del Wyrm, los ecos de la canción seguían resonando en la sala, con más fuerza que nunca. Todos los cadáveres de la sala ardieron consumidos por repentinas llamas verdes, sin importar si habían sido víctimas o verdugos. Una risa enloquecida se impuso en medio de la confusión.

-¡Criaturas estúpidas!-, exclamó triunfalmente la figura astral, que hasta ese momento había sido un testigo impasible de la matanza de sus seguidores. -El sacrificio voluntario de mis ayudantes era el acto final del ritual. Gracias a vuestra inestimable ayuda, no sólo he consagrado este túmulo maldito, sino que también he creado una nueva raza  híbrida de Perdiciones. Fruto de la unión impía de un Vagabundo de Nexos y un Furmling, yo lo bautizo como Vulnus y proclamo que su destino será arrasar a todas las criaturas de Gaia hasta verlas reducidas a cenizas.

-¡NOOO!-, aulló furioso Canción-Oculta al descubrir la verdad de sus palabras.

A pesar de saber que la figura astral era completamente incorpórea, cargó en su dirección para intentar hacerla pedazos únicamente con su propia rabia. La figura hizo un gesto desdeñoso con su mano y desapareció traspasando las paredes a una velocidad sobrehumana.

-¡Hemos sido utilizados!-, ladró Crow maldiciendo su suerte.

-¡Todavía podemos destruir a la nueva Perdición!-, gritó Lars. -¡Será vulnerable durante sus primeros momentos de existencia!

-¡A la Umbra!-, ordenó Canción-Oculta en el acto. -¡Rápido, todos a la Umbra!

martes, 30 de abril de 2013

VOZ-DE-PLATA (5 - 5)

Vancouver, Columbia Británica
5 de junio de 1994


Selene estaba preciosa esa noche. Siempre lo estaba, naturalmente, pero esa noche en concreto su forma de cuarto decreciente parecía más frágil y delicada que nunca, como una pálida joven que abriese sus brazos para abrazar por última vez a su amado. Desde que había descubierto su herencia Garou, Voz-de-Plata había creado hermosas canciones por motivos más insignificantes. "Es preciosa, verdaderamente preciosa", reconoció el Galliard turbado. Mientras avanzaba junto a sus hermanos por el recinto ferial de la Expo, se dio cuenta de que nunca había compuesto una canción dedicada a la Celeste. "Cuando recuperemos la normalidad, te juro que lo haré", prometió en silencio. "Escribiré una canción en tu honor que nunca podré igualar de nuevo."

Unas nubes oscuras taparon la hermosa visión que estaba disfrutando, obligándolo a centrarse en la tarea que tenían entre manos. Roger Daly, el líder de los Moradores de Cristal de Vancouver, les había pedido que viniesen aquí para localizar el epicentro de las energías del Wyrm antes de que el Consejo de Ancianos enviase a los guerreros Garou cuando las sanguijuelas durmiesen durante el día. Y Canción-Oculta había aceptado. Estaba obligado a hacerlo de un modo u otro, pero el alfa de las Cinco Garras de Gaia estaba orgulloso de su hermano por haberlo hecho voluntariamente. Los últimos días habían sido extenuantes, pero contribuirían definitivamente a alcanzar la paz y derrotar al Wyrm una vez más, si la Gran Madre lo permitía.

-Allí-, susurró con voz queda una siniestra figura robusta y corpulenta. Crow les estaba señalando el edificio de acero y cristal en el que creía haber visto la sombra humanoide responsable del ataque que habían sufrido en el reciento ferial.

-Vamos-, gruñó quedamente Canción-Oculta, que había asumido previamente la forma del lobo cavernario que los Garou llamaban Hispo.

Los cinco Garou avanzaron con suma cautela, preparados para defenderse de una nueva emboscada en cualquier momento. Sin embargo, el temido ataque no llegó a producirse y pronto recortaron la distancia que los separaba de su objetivo, un edificio de hormigón, de unos doce metros de altura y planta rectangular. A pesar de que su fachada mostraba las mismas pintadas urbanas y marcas de deterioro, Voz-de-Plata intuyó que Crow había acertado de pleno. "Puede que el edificio parezca uno más en este maldito lugar, pero hay algo muy siniestro en él", se percató Voz-de-Plata mientras observaba con recelo el cartel caído que anunciaba que antaño había sido el pabellón perteneciente a Japón.

-Aquí apesta a Wyrm-, confirmó Canción-Oculta innecesariamente. -Nunca había sentido su presencia con tanta intensidad como en este momento.

-Buen trabajo-, sonrió Faruq en su escuálida forma Glabro. -Ahora volvamos al Buda Sonriente.

-¿Tienes miedo?-, preguntó Crow con una voz ronca y extremadamente gutural. A pesar de que su mole Crinos estaba quieta en estos momentos, todos los músculos de su cuerpo estaban tensos y tenía las garras preparadas para atacar.

-¿Bromeas? Nunca tengo miedo cuando me acerco a las puertas del infierno...

-Faruq tiene razón-, intervino Voz-de-Plata, -deberíamos irnos ahora mismo.

-No, no podemos-, susurró Lars. Su rostro, aunque torvo y ceñudo como sólo podía serlo un Garou en forma Glabro, parecía preocupado. -El Wyrm quiere convertir este lugar en un túmulo corrupto. ¿No lo notáis? Su influencia es más fuerte que la última vez que estuvimos en el recinto ferial. Tenemos que entrar ahí dentro e impedir que terminen lo que sea que están haciendo antes de que sea demasiado tarde. De lo contrario... ni siquiera nuestros guerreros servirán de mucho.

-¿Estás seguro de eso?-, gruñó enfadado Canción-Oculta.

-Pocas veces he estado tan seguro de algo en toda mi vida.

-.-

El pabellón parecía abandonado, pero no lo estaba realmente. Desde el momento en que subieron las pequeñas escaleras que los separaban de la entrada, pudieron escuchar voces amortiguadas y el reciente rastro oloroso del paso de un gran grupo de hombres y mujeres. Crow forzó la puerta, sacándola prácticamente de sus goznes, sin ningún esfuerzo y fue el primero en entrar. El resto de la manada lo siguió uno a uno hacia un oscuro vestíbulo desde el que pudieron escuchar con mayor claridad las voces y los sonidos procedentes de las entrañas del edificio. Todo parecía indicar que los humanos que habían allanado el edificio estaban montando su pequeña fiesta particular.

Las paredes del interior del pabellón estaban cubiertas de pintadas de todos los colores y formas. La mayoría estaban formadas por las consabidas palabras soeces, formas fálicas y garabatos que intentaban representar escenas sexuales, pero también pudieron ver unos pocos fraffitis de naturaleza más extraña que parecían no tener ningún sentido. Voz-de-Plata decidió dejar de perder el tiempo tratando de encontrarles una explicación y se concentró en los pasillos, vagamente iluminados por pequeños focos fluorescentes, unidos por sucios cables negros que recorrían las paredes.

-Por aquí-, les indicó Canción-Oculta con apenas un gruñido, acercándose a la fuente de ruidos más cercana a la entrada.

Faruq y Voz-de-Plata siguieron al alfa, mientras Crow y Lars cerraban la marcha para prevenir cualquier ataque por la espalda. Sin embargo, el Galliard pronto deseó haberse quedado atrás. Al otro lado de la primera puerta del pasillo escuchó una voz masculina, que cantaba alegremente a pesar de su ronquera.

-And you give yourself away/ and you give yourself away/... and you give/ and you give/... and you give yourself away.

Canción-Oculta empujó despacio la puerta con su cabeza sin hacer el menor ruido y se quedó de pronto muy quieto. Voz-de-Plata tuvo que estirarse para ver lo que estaba pasando dentro de la pequeña sala. La voz seguía ajena a su presencia.

-My hands are tied/my body bruised. She's got me with/nothing to win and/nothing left to lose.

El Galliard tembló al ver la macabra escena del pequeño cuarto sin ventanas. La voz procedía de un hombre de unos treinta y cuatro años, que tenía el rostro y el cuero cabelludo cubiertos de pequeñas cortes que se debía haber provocado con el sangriento filo del cuchillo que manejaba con su mano derecha. Las ropas del hombre estaban hechas jirones y cubiertas de sangre. Pero lo peor fue ver... lo que le estaba haciendo a su víctima, una pobre joven de unos dieciséis años, que yacía tumbada en el suelo, desnuda, con los ojos en blanco y una mirada perdida, probablemente a causa de las drogas. Gracias a ellas, la muchacha no había sufrido dolor alguno cuando aquel lunático había empezado a extraer la epidermis de su pierna izquierda, haciendo cuidadosos cortes con el cuchillo y tirando de la piel húmeda con su mano libre. Un capa de piel depositada sobre una pequeña lona de plástico indicaba a dónde había ido a parar los trozos de epidermis de la otra pierna.

-With or without you/ with or without...

Como Garou, Voz-de-Plata había tenido amplias oportunidades de ser testigo de las atrocidades cometidas por los siervos del Wyrm, pero nada le pudo preparar para una imagen como la que estaba contemplando. Su ira se apoderó de él, transformándolo involuntariamente en Crinos, aunque logró controlar su rabia lo suficiente para que no ser literalmente barrido por esta. No obstante, Canción-Oculta fue el primero en sobreponerse al shock y lanzar un fiero gruñido justo antes de abalanzarse sin piedad sobre el psicópata. El Philodox cogió la cabeza del hombre entre sus grandes fauces y apretó los colmillos hasta quebrarle todos los huesos del cráneo, mientras lo alzaba de un lado a otro de la sala. El monstruo convertido en víctima no murió en silencio, aunque sólo puedo emitir un breve gorgoteo de agonía y dolor antes de que su vida le fuese arrebatada brutalmente.

Voz-de-Plata se obligó a serenarse y se acercó inmediatamente a la joven para usar los poderes sanadores del Roce Materno. Entonando una apresurada plegaria a Gaia, cogió con torpeza los trozos de carne que aquel monstruo le había arrancado y los puso contra las heridas de la joven, al mismo tiempo que concentraba su energía en sanarla. No sabía si su don espiritual funcionaría de esa forma, pero estaba dispuesto a intentarlo de todas formas. Por fortuna, la carne arrancada se unió de nuevo a las heridas, dejando únicamente amplios hematomas y largas cicatrices como recuerdo de lo que había sucedido hacía escasos segundos. "Para ella será un precio pequeño comparado con lo que le estaba reservando este monstruo", pensó Voz-de-Plata aliviado.

-Tranquilo-, dijo la voz familiar de Lars mientras apoyaba su mano en su hombro para darle ánimos. -has actuado con rapidez. Estará bien.

-Afortunadamente, estaba drogada... de lo contrario, habría sufrido de un modo indescriptible.

Canción-Oculta había arrojado el cuerpo del hombre al suelo con evidente asco y se acercó hacia ellos para comprobar personalmente el estado de la muchacha, mientras Crow y Faruq hacían guardia nerviosos en el pasillo. El Philodox respiraba gravemente, intentando controlar todavía la rabia que había sentido.

-Vamos-, gruñó con esfuerzo. -El Wyrm nos reserva escenas más terribles que esta.

-.-

El Philodox no se había equivocado, pocas veces lo hacía en cualquier caso, pero esa fue la primera vez que Voz-de-Plata lo odió sinceramente por tener razón. Muchos Garou creían que los Hijos de Gaia eran demasiado sensibles y pacifistas para ser de alguna utilidad en la guerra contra el Wyrm. Hasta esa noche, el Galliard siempre había creído que les estaba demostrando lo contrario, que su coraje y su valentía desmentía ese tópico con hechos además de palabras. Sin embargo, temió perder el fuego de su interior ante la pura locura y corrupción del Wyrm. "¿Estoy realmente preparado para enfrentarme al ancestral enemigo de nuestro pueblo sin que mi piedad se convierta en un obstáculo para la victoria?", pensó aterrado numerosas veces.

En otra pequeña sala, los Garou encontraron a una pareja mayor, de unos cincuenta años cada uno, que se estaban desfigurando mutuamente sus caras usando unas pequeñas cuchillas de afeitar. La sangre corría a raudales por sus cuerpos desnudos, oscureciéndolos con pequeños arroyos carmesíes, mientras intercambiaban exclamaciones jadeantes, llenas de excitación sexual y dolor lacerante. Una joven de unos veinte años y origen asiático permanecía desnuda entre sus pies, masturbándose violentamente con las piernas abiertas mientras la sangre de la pareja caía sobre ella. Había que poner fin a esa locura depravada. Crow y Faruq lo hicieron con rapidez y la manada continuó su camino sin mirar atrás.

Un poco más adelante, Voz-de-Plata y sus hermanos dieron con un grupo de cuatro hombres y tres mujeres de distintas edades y origen étnico. Se habían reunido en una sala de exposición y estaban disfrutando de una especie de festín... el cuerpo medio desmembrado y apenas reconocible a esas alturas de un niño inocente. De nuevo, los Garou se dejaron llevar por la ira ante las atrocidades que estaban contemplando sus ojos y masacraron a los culpables de forma rápida y expeditiva.

-¿Por qué hacen esto?-, preguntó Voz-de-Plata al soltar el cuerpo ensangrentado de uno de los caníbales. Pocas veces había tenido ocasión de mirar al mal a los ojos como esa terrible noche.

-El Wyrm necesita corromper física y psíquicamente un lugar para convertirlo en uno de sus túmulos-, le explicó Lars con voz cansada. -Hace días nos explicaste que las autoridades descubrieron que el suelo bajo el recinto ferial estaba lleno de terribles toxinas. Quizás los siervos del Wyrm lo están consagrando ahora con actos impuros, para alimentar las energías malignas que darán lugar al túmulo.

Ninguno de los presentes dijo nada. A su manera, cada uno de ellos estaba demasiado impresionado por los crímenes que estaban teniendo lugar, aunque todos compartían la necesidad de poner fin a esos actos nauseabundos. La responsabilidad recaía sobre sus hombros y ninguno de ellos podía ni debía rehuirla. Debían detener los planes del Wyrm, por sus víctimas, por Gaia. La rabia alimentó su determinación y se dirigieron al otro extremo del pabellón.

No habían dado ni cinco pasos, cuando escucharon unos gritos terribles y unos fuertes ruidos de pelea acercándose en su dirección. Todos menos Canción-Oculta, que permanecía en Hispo, adoptaron de inmediato la forma Crinos y se dispusieron para la batalla. Pasados unos segundos, aparecieron dos mujeres de mediana edad, atacándose sin cuartel. Sus caras y las manchas oscuras de sus ropas evidenciaban que ya se habían dado numerosas cuchilladas, leves y profundas. Tan ocupadas estaban intentando matarse mutuamente, que no repararon en los cinco Garou que les cortaban el paso.

-¡Putaaaaa!-, gritó la más obesa y bajita mientras daba una feroz arremetida contra su adversaria.

-¡Jódete, jódete!-, grito la otra al agarrarla de repente por el pelo y estrellar dos veces el mango del cuchillo contra su cara.

Era imposible adivinar quién había sido la agresora y quién la víctima que se estaba defendiendo, por lo que Voz-de-Plata miró confuso a Canción-Oculta, esperando sus instrucciones. El Philodox no tuvo tiempo de responder, ya que la mujer obesa hundió la punta de su cuchillo en el pecho de la otra con un golpe desesperado que le salvó temporalmente la vida. La segunda mujer le soltó el pelo con un gesto sorprendido  y clavó su propio cuchillo en uno de los ojos de su adversaria con sus últimas fuerzas. El golpe provocó un fuerte chasquido al quebrar el borde del hueso que rodea la cuenca ocular, seguido de un asqueroso sonido fluido.Las dos mujeres cayeron al suelo gritando. Sus cuerpos temblaron con violentos espasmos antes de morir. Voz-de-Plata las miró incrédulo, sin poder pronunciar palabra alguna. Faruq tampoco tenía ninguna broma con la que aliviar sus ánimos, pero tiró de él cuando percibió su mirada perdida para ponerse en marcha de nuevo.

La manada siguió caminando buscando a más humanos enloquecidos por el Wyrm. Notaron que algo iba mal cuando percibieron el olor a carne quemada y gasolina. Siguiendo la fuente de esos extraños olores, encontraron a un anciano sentado en el suelo de una pequeña sala, dedicándose a untar con sus dedos ennegrecidos pequeñas partes de su cuerpo desnudo con gasolina barata y prenderles fuego usando un gastado y viejo mechero plateado. Voz-de-Plata recordaría para el resto de su vida la expresión fascinada del viejo al comprobar cómo la carne burbujeaba y se derretía bajo el contacto de las llamas mientras gemía de dolor por la tortura que se estaba auto infringiendo. No pudiendo soportarlo más, Lars se adelantó al resto de sus hermanos y le rebanó el cuello con sus afiladas garras de Crinos, ofreciendo al anciano una muerte rápida e indolora. Canción-Oculta lanzó una última mirada al difunto y, endureciendo su corazón, se dirigió a sus hermanos con gruñidos firmes y inflexibles:

-¡Sed fuertes! Apenas quedan ya salas por registrar.

Su voz despertó al resto de los Garou y su carisma natural les forzó a hacer lo que ninguno de ellos deseaba realmente: seguir avanzando. Incluso Voz-de-Plata sintió una mayor confianza en su capacidad para soportar las pruebas a las que se estaban viendo sometidos. Canción-Oculta había logrado inspirarles, sacándoles de la peligrosa desidia que estaba sepultando sus almas con tantas atrocidades. Hubiese sido un momento glorioso, sacado de las mejores obras de la literatura épica, de no haber escuchado los llantos y los gritos infantiles amortiguados que provenían del piso de arriba. Voz-de-Plata miró a sus hermanos y todos pensaron lo mismo. "¡Niños!", la idea era dolorosa en sí misma. "¡Dulce Gaia, no!"

Los Garou se dispersaron sin dirigirse ni una sola palabra, buscando una escalera que les condujese al piso superior. Fue Voz-de-Plata el que la halló en primer lugar y fue él también el primero en subir los escalones a toda prisa con un impulso frenético y el temblor de una rabia apenas contenida atronando sin control en su interior. Al final de las escaleras había un estrecho pasillo, terminado en una puerta en cada extremo. Un nuevo grito le indicó al Galliard la dirección correcta.

Voz-de-Plata echó la puerta abajo sin pensarlo, para encontrarse con un espectáculo fruto de las peores pesadillas. Cuatro menores extremadamente pequeños de ambos sexos estaban desnudos y esposados a una tubería que recorría una de las paredes del cuarto. El Hijo de Gaia había interrumpido los crímenes de dos hombres, uno de ellos un sacerdote anglicano, a juzgar por las vestiduras tiradas en el suelo, mientras que el otro estaba vestido con un arrugado uniforme de policía. Ambos se habían dedicado hasta ese momento a abusar sexualmente de los menores y golpearlos con extrema brutalidad.

El supuesto sacerdote chilló presa del Delirio que afligía a los humanos cuando contemplaban a un Crinos, una recuerdo primigenio de los terribles tiempos del Impergium implantado en lo más profundo del alma humana. El hombre se hizo un ovillo y tembló aterrado fuera de sí. El segundo hombre tenía una voluntad más fuerte. Abandonó al niño del que estaba abusando para tratar de alcanzar su cinturón y la pistolera. Voz-de-Plata no le dio ninguna oportunidad real de defenderse. Cayó sobre él sin pensarlo y lo destrozó con sus garras, convirtiendo su cuerpo en jirones ensangrentados. Sin poder hacer caso de los gritos más aterrorizados si cabe de los niños que estaban esposados a la pared, el Galliard ajustició allí mismo al segundo pederasta, asplastándolo contra el suelo con fuertes golpes hasta que redujo su cuerpo a un montón de carne y huesos retorcidos.

Voz-de-Plata todavía estaba abrumado por la rabia, pero el alma se le cayó a los pies cuando contempló los rostros aterrorizados de los niños. "¡Están en estado de shock!", se percató. Con gran esfuerzo, obligó a su cuerpo a adoptar la forma Homínida y liberar a aquellas víctimas inocentes de sus ataduras. "Os juro que pagarán por esto, os juro que pagarán por esto", se repitió a sí mismo el Galliard mientras trataba de sanar sus heridas físicas.

lunes, 29 de abril de 2013

ERGUIDO-CUAL-MONTAÑA (5 - 5)

Vancouver, Columbia Británica
4 de junio de 1994

Esta vez él y sus hermanos tenían todo bajo control. Dado que conocían de antemano el terreno donde tendría lugar la reunión de los conspiradores, podrían acercarse lo suficiente para identificarlos a todos y escuchar sus planes. Todo dependía de que Rex no se hubiese equivocado ni que las Cinco Garras de Gaia hubiesen errado al presuponer que debían dirigirse a British Properties. Sin embargo, desde el momento en que informaron a los Ancianos del Clan del Pacto, su manada se había quedado sin margen de maniobra.

 Después de dormir unas insuficientes siete horas de sueño, volvieron a ponerse en marcha. Tal y como lo habían planeado, Lars condujo la furgoneta hacia el norte, cruzando el congestionado puente de Lions Gate para llegar a la exclusiva zona de montaña en la que residían los humanos más ricos e influyentes de Vancouver, y quizás, de toda la misma Columbia Británica. Sin embargo, esta vez no llegaron a entrar directamente en British Properties con su vehículo para evitar llamar la atención de los guardias de seguridad que vigilaban el vecindario. En lugar de eso, dejaron la furgoneta aparcada fuera de la carretera, detrás de un viejo cartel publicitario medio cubierto por una enmarañada enredadera. A continuación, caminaron de lado para alcanzar las tierras de la Penumbra.

El reflejo espiritual del vecindario era extraño y familiar al mismo tiempo. Pequeñas islas de edificios cubiertos por telarañas plateadas estaban completamente rodeadas por espíritus primigenios de la indómita naturaleza salvaje que dominó la región hasta hace unos escasos 200 años. No obstante, la mayoría de los espíritus  locales estaban débiles, algunos incluso a punto de extinguirse, debido a la tala indiscriminada de árboles y el avance de la mal llamada "civilización". Como era habitual en él, Crow sintió un ramalazo de ira al ver este triste espectáculo, pero se esforzó por contener sus ansias de venganza. Esa noche debían actuar como espías, no como guerreros de Gaia, por lo que tendría que refrenar su rabia interior, al menos por el momento.

El resto de sus hermanos también sintieron notables emociones encontradas al comprobar una vez más el abusivo impacto de la humanidad sobre la superficie de Gaia, pero a diferencia de él, se centraron inmediatamente en la tarea que tenían entre manos. Lars les sorprendió a todos cuando aulló una canción sombría con voz queda. Crow lo miró sin comprender, hasta que una pequeña bandada de espíritus córvidos de plumas tan negras como la misma noche se posó en los árboles que los rodeaban, graznando con sus voces estridentes lo que parecía ser una respuesta a la canción del Theurge.

-¿Qué haces?-, quiso saber el Fianna. Durante unos segundos su mente se olvidó del odio y la rabia del Ahroun, mostrando una fascinada curiosidad poco habitual en él.

-Son mis nuevos aliados-, respondió Lars con tono ominoso.

-No veo como pueden sernos de ayuda-, replicó Faruq desdeñoso.

-No subestimes su pequeño tamaño, hermano-, respondió el Thergue. -Los cuervos son astutos y sabios. Serán nuestros ojos y oídos en la Umbra y nos ayudarán de formas que todavía no podemos comprender. No temáis. Hice pactos sagrados con ellos mientras vosotros dormíais. No nos dejarán abandonados.

-Bien hecho, Lars-, asintió Canción-Oculta sinceramente impresionado. -Toda ayuda es bienvenida.

Crow también mostró su aprobación con un austero movimiento de cabeza. La última vez que habían ido tras el rastro de Sangre-Podrida, el Ronin había utilizado a unos espíritus del Kaos para bloquearles el camino, confiando en que los Garou no atacarían a los escasos hijos supervivientes del gran espíritu del cambio. La buena idea de Lars les permitiría sortear ese tipo de trucos rastreros. "Ojala pudiese tener una conversación privada con Sangre-Podrida", pensó divertido el Ahroun. "Le sacaría toda la verdad a golpes si tuviese la oportunidad."

El familiar resplandor dorado de un par de ojos fijos en las sombras de los espíritus arbóreos les indicó que el tótem de la manada también estaba con ellos. "Esta noche debemos ser como tú, gran Uktena", rogó el Fianna en completo silencio. "Por favor, ayúdanos a ser sigilosos y escurridizos. Permítenos observar los acontecimientos desde las sombras". Tal y como se imaginaba, el sabio espíritu no dio muestras de haber escuchado su súplica.

-.-

Cuando llegaron a la lugar donde se encontraba la mansión en obras en el mundo físico, comprobaron inmediatamente que ni ellos ni Rex se habían equivocado. Dos manadas Garou patrullaban el bosque espiritual en la Penumbra. Protegidos por las sombras creadas por los grandes espíritus del bosque, las Cinco Garras de Gaia observaron durante un tiempo prudencial. De este modo, pudieron comprobar que una de las manadas estaba formada por los tres hombres lobo que habían visto en la primera reunión, incluyendo al infame Sangre-Podrida. El segundo grupo tenía seis miembros, de los cuales aproximadamente la mitad tenían el oscuro pelaje de los Señores de la Sombra. "Lo sabía, lo sabía", quería gritar el Fianna a sus hermanos. "Sabía que esos hijos de puta estaban metidos en esto".

Sin embargo, el corazón del Ahorun dio un vuelco cuando reconoció la forma lobuna de Baila-en-la-Tormenta, la joven Fianna con sangre galesa de la que Crow estaba secretamente enamorado. "¡No, tú no!", quiso gritar con todas sus fuerzas. La rabia amenazó con ahogarlo, impidiéndole respirar físicamente. Un pequeño gruñido de pura ira brotó de su garganta con vida propia y todos los músculos de su cuerpo se tensaron al instante. Sus hermanos lo miraron preocupados sin poder imaginarse siquiera la tragedia que estaba experimentando en esos momentos.

Voz-de-Plata se arrimó a él, apoyando su cabeza lobuna contra la suya en un gesto protector. Crow sintió un alivio repentino ante aquel simple gesto de hermandad y tuvo ganas de llorar emocionado. Sin embargo, el Galliard debió haber utilizado alguno los dones espirituales de su tribu, porque el alivio se convirtió rápidamente en una tranquilidad serena que dejó atrás, y por arte de magia, toda la tristeza y el dolor que habían abrumado su corazón pocos segundos antes. Agradecido, el Ahroun dio un fuerte lametón en el rostro lobuno de Voz-de-Plata y relajó su cuerpo para mostrar al resto de la manada que volvía a encontrarse bien. Sin embargo, no pudo apartar de la mirada de Baila-en-la-Tormenta con un pesar lejano, pero bien real, en lo más profundo de su corazón. Entretanto, Lars alzó una mirada lejana y perdida, completamente ausente de lo que acaba de suceder.

-Hay una docena de guardias armados al otro lado de la Celosía-, murmuró el Theurge con voz queda. -Llevan escopetas y subfusiles. Parecen peligrosos. También veo dos coches aparcados frente a la casa... y está llegando un tercero.

-Parece que llegamos justo a tiempo-, murmuró Canción-Oculta. -Tenemos que entrar en la mansión sin que nos vean. ¿Alguna idea?

-Yo podría hacerlo sin dificultad-, declaró Faruq.

-No, nos separaremos-, gruñó Canción-Oculta. -Estamos juntos en esto.

-Podemos utilizar a las cuervos-, sugirió Lars volviendo en sí, -para que distraigan a una de las manadas y colarnos en la casa antes de que nadie pueda darse cuenta.

-Es muy arriesgado-, respondió Voz-de-Plata.

-También podríamos intentar sortear a los guardias en el mundo físico-, propuso Faruq.

-Sus armas seguramente estarán cargadas con balas de plata-, intervino Crow suspirando. -Es mejor intentar seguir el plan de Lars. Tendremos mayores oportunidades de escapar con vida si nos descubren.

-¿Qué te pasa?-, preguntó Canción-Oculta muy preocupado. -No eres tú mismo.

-Ahora no puedo contarlo... quizá lo haga más tarde. No lo sé.

-Tenemos que tomar una decisión-, urgió Lars.

-.-

El plan del Theurge era muy sencillo y arriesgado al mismo tiempo. Había tantas cosas que podían salir mal, que lo mejor era no pensar en ellas y confiar en la misericordia de Gaia. Por fortuna, los cuervos interpretaron su papel a las mil maravillas. Crow nunca supo si Lars les había pedido que importunasen en concreto a Sangre-Podrida y sus compañeros Ronin, pero lo cierto es que la pequeña bandada de cuervos cayó directamente sobre ellos, graznando entusiasmados mientras daban rápidos picotazos en sus orejas y colas antes de apartarse de los torpes golpes de los hombres lobo, para volver a hostigarlos cuando podían. Los aullidos de alerta de Sangre-Podrida pusieron en guardia a la manada de los Señores de la Sombra en la que se hallaba Baila-en-la-Tormenta, que acudió rápidamente para averiguar qué pasaba. Esa era la ocasión que estaban esperando las Cinco Garras de Gaia.

Los Garou se acercaron al terreno donde se alzaba la mansión en obras y cruzaron la Celosía utilizando un pequeño espejo que Lars llevaba consigo. Normalmente, atravesar la barrera entre los mundos no era una tarea fácil ni estaba exenta de peligros, pero la lejanía al centro de la ciudad trabajó a su favor. Uno a uno fueron apareciendo en una pequeña sala de paredes de ladrillo desnudo. Crow fue el tercero en alcanzar el mundo físico de este modo. "Lo conseguimos", se percató pasivamente el Ahroun. Ahora estaba seguro de que Voz-de-Plata había influido en él de algún modo sobrenatural, porque a esas alturas debería estar en guardia y alerta. Sin embargo, seguía notando una plácida tranquilidad que era completamente ajena a su verdadera personalidad. Al igual que sus hermanos, Crow permaneció en completo silencio cuando escuchó las voces al otro lado de la pared de ladrillos.

-¿Por qué tus perros destruyeron a vampiros que no habían sido designados como blancos?-, preguntó una voz femenina con un reproche venenoso. -Vuestra torpeza nos ha privado de dos potenciales partidarios para nuestra causa. ¿Es que no puedes controlar a tus propios lacayos?

-Vigila tu tono, sanguijuela-, espetó la voz familiar de Guttooth, el supuesto Sacerdote-de-Gaia. -Responderé a tus preguntas cuando me expliques por qué los tuyos asesinaron a los Colmillos de Fimbul en el recinto de la Expo.

-¿Piensas que te debo alguna explicación?-, quiso saber la voz femenina. -No he sobrevivido a más de dos mil años de conspiraciones y muertes para ser humillada por un perro sarnoso con delirios de grandeza.

La tensión entre ambos era más que evidente y palpable incluso a pesar de las paredes que los separaban de la reunión. Faruq aprovechó esa pequeña pausa para señalar el marco vacío de la puerta y moverse en completo silencio hacia él, sin esperar a que Canción-Oculta diese su aprobación. "Típico de un Ragabash", pensó Crow con hastío. Sin embargo, el Ahroun siguió a su hermano de manada antes de que se metiese en problemas. Canción-Oculta hizo un gesto al resto para que esperasen en la habitación.

-¿Supongo que tampoco vas a querer hablar de vuestros planes para provocar esta noche un gran incendio en Stanley Park, maldita bruja?-, preguntó de pronto Guttooth. Su poderosa voz podía cortar el silencio como si de un afilado cuchillo se tratase.

Faruq se había detenido en un pasillo, a varios metros de las voces. Cuando Crow lo alcanzó, pudo ver a duras penas las figuras de los dos vampiros de la noche anterior, a los que Rex había identificado como Kyle y Neil, al igual que a una hermosa joven de unos veinte años, que lucía un vestido de seda de color borgoña, que se ajustaba a cada mílimetro de su cuerpo perfecto. Su cabellera roja le llegaba hasta los hombros, contrastando con la palidez mortecina de su piel. El otro grupo estaba formado por Guttooth y dos jóvenes Señores de la Sombra cuyos rostros Crow reconoció pero sin poder recordar sus nombres.

-Admito que Derek es un poco impulsivo-, reconoció la sanguijuela con una voz acerada, -pero es fácilmente manipulable. Deberías estarme más agradecida por haber salvado vuestro parque de juegos.

-Eres tú quién debería estarme agradecida. Sin mi ayuda, las sanguijuelas de Vancouver continuarían creyendo que Sigfried puede salvarlas de nuestra ira. Me necesitas, Stalest, más de lo que yo te necesito a ti.

-¡Perro desagradecido!-, gritó Kyle. -¡Vas a pagar por eso!

-¡Vamos!-, gritó uno de los Señores de la Sombra que acompañaban a Guttooth. -No eres un rival digno para los Señores de la Sombra.

-Contén a tus perros-, ordenó Stalest con desdén, mientras hacía un gesto apaciguador dirigido a Kyle.

-¡Vete a la mierda!-, le respondió desafiante el auto denominado Sacerdote-de-Gaia. -Los Garou no somos tus malditos peones.

-Vigila tu lengua, perro sarnoso... ¡o haré que te la arranquen!

Crow observó con incredulidad cómo los dos grupos se preparaban para enzarzarse en combate. Kyle apartó a Stalest, cubriéndola con su propio cuerpo, al mismo tiempo que Neil desenfundaba con una velocidad sobrehumana un pequeño revólver que llevaba escondido. El vampiro apuntó sin vacilar el arma directamente contra Guttooth, mientras los dos jóvenes Señores de la Sombra se transformaban en Crinos.

-¡Ni lo intentéis!-, les amenazó Neil muy en serio.

-La próxima vez acabaré contigo-, juró el Sacerdote-de-Gaia con una mirada tan fría como un glaciar.

-¡Loco, has cavado tu propia tumba!-, respondió la sanguijuela llamada Stalest sin dejar de retroceder hasta la puerta. -Cuando esto acabe, tu piel lobuna ocupará un ilustre lugar en mi refugio como advertencia para todos los que piensen desobedecer mis órdenes.

Kyle logró sacarla del pasillo, al mismo tiempo que Neil comenzaba a retroceder también sin dejar de apuntar en todo momento al pecho de Guttooth. Los Señores de la Sombra tenían el pelaje encrespado y mostraban sus enormes colmillos entre terribles gruñidos y ladridos. Cuando Neil salió corriendo por la puerta, Guttooth detuvo a sus compañeros.

-Ahora no-, murmuró a regañadientes. -Volvamos a la Penumbra.

Faruq le hizo un gesto a Crow para indicarle que debían retroceder antes de que los descubriesen. El Fianna asintió sorprendido. Afortunadamente, los Señores de la Sombra estaban demasiado atentos a la entrada de la mansión para darse cuenta de su presencia, pero Crow no quería tentar a la suerte. Habían averiguado más de lo que se hubieran imaginado. Ahora sólo tenían que salir con vida para contarles a los Ancianos del Clan del Pacto lo que había pasado.

-.-

-Me esperaba algo así-, respondió Roger Daly cuando Voz-de-Plata terminó de contar todo lo que habían averiguado en esta ocasión en British Properties, -pero esto confirma mis peores sospechas.

-Es irónico-, asintió Canción-Oculta. -Ha sido necesaria precisamente la colaboración entre un Garou y una sanguijuela para arruinar la paz entre nuestras dos razas. Lo peor de todo es que Guttooth y Stalest han estado a punto de tener éxito.

-No cantes victoria tan rápido-, respondió el líder de los Moradores de Cristal. -Tenemos mucho trabajo por delante. Todavía quedan algunos cabos sueltos por resolver, una guerra por detener y unos conspiradores que deben recibir su justo castigo.

-Sí, los conspiradores deben ser castigados-, repitió lentamente Crow sin poder evitar sentir un pequeño ramalazo de dolor en su interior. El poder que había usado sobre él Voz-de-Plata estaba desapareciendo y sus emociones volvían a renacer poco a poco con su habitual intensidad.

Las Cinco Garras estaban en el despacho de Roger Daly, en el edificio del Buda Sonriente, sentados en las dos sillas para las visitas o sobre la alfombra gris del suelo. El líder de los Moradores de Cristal les había ofrecido una copa cuando llegaron, y, para su sorpresa, esta vez todos la habían aceptado, queriendo olvidar el desagradable sabor de la traición en sus paladares.

-¿Crees que todos los Señores de la Sombra están implicados en esta conspiración?-, preguntó Lars.

-Es imposible saberlo con total seguridad. Estoy seguro de que Lucas Kawecki haría cualquier cosa con tal de ocupar el liderazgo de los Colmillos Plateados, pero es posible que Guttooth lo hubiese mantenido al margen de su conspiración. Sin duda, el Consejo de Ancianos tendrán que determinarlo.

-Puedes contar con nuestro testimonio-, respondió Voz-de-Plata.

-Lo sé, pero aún debo pediros que hagáis algo más esta noche.

-¿El qué?-, preguntó Canción-Oculta visiblemente suspicaz.

-Debéis volver a la Expo.

-¡Estas loco!-, respondió Faruq sin poder controlarse. -¡Pero si casi nos matan allí la última vez!

-Os juro que no puedo recurrir a nadie más. Toda mi gente está ocupada para evitar esta maldita guerra, incluso a Ruth Imparte-su-Justicia. Necesito que vayáis a la Expo. Si Lars tiene razón y el Wyrm está intentando crear un túmulo corrupto en el recinto ferial, tenemos que conocer el lugar exacto, para que nuestros guerreros ataquen el lugar exacto cuando podamos enviarlos.

-Lo haremos-, aceptó el alfa en nombre de la manada con un suspiro.