lunes, 10 de diciembre de 2012

LARS (1 - 7)


Vancouver, Columbia Británica (Canadá)
15 de marzo de 1992

-¿Nervioso?-, preguntó a su hermano.

-Sí, claro-, le respondió muy serio Faruq. -¡Y tú también deberías estarlo! Va a participar mucha gente en este consejo. He oído que puede que acudan unos cien Garou, la mayoría son de Vancouver, pero otros han venido de los alrededores para escucharnos.

-¿Ah sí?-, preguntó Lars intentando parecer desinteresado. -Curioso.

-¿Curioso? ¿Eso es todo lo que tienes que decir?-, preguntó alterado su hermano, elevando la voz un poco más de la cuenta. -Creo que ni siquiera te imaginas lo que se nos viene encima.

-Calma, calma. -le dijo con voz burlona. -Sólo vamos a participar en un Consejo. ¿Qué es lo peor que te puede ocurrir? ¿Que te trabes al decir tu parte en la Letanía del Regreso? ¿O que te cagues de miedo cuando veas que todos esos Ancianos y líderes te están observando atentamente para ver cómo la cagas?

-Eres un malnacido-, le contestó Faruq airado, dándole la espalda.

Lars sonrió de oreja a oreja al ver su reacción. Faruq utilizaba a menudo sus privilegios como Ragabash para convertirse en un auténtico incordio. Era bueno que probase de vez en cuando su propia medicina para que aprendiese a controlar un poco sus energías. Pese a sus bravuconadas, el joven Fenris tenía que reconocer él también estaba asustado. Éste iba a ser el primer Consejo al que iban a asistir como manada. "¡Ya podemos hacer las cosas bien a la primera o se reirán de nosotros durante muchos años!", pensó el Theurge.

Hacía una noche fría y austera, que permitía ver un cielo sin nubes donde Selene brillaba con todo su rostro descubierto junto al resto de las estrellas del firmamento. Bron Mac Eire les estaba guiando por uno de los senderos de Stanley Park, saludando a viejos amigos y conocidos suyos. Eso les había retrasado más aún, ya que su tutor conocía definitivamente a muchas personas. No les había presentado a nadie, claro, porque oficialmente todavía no eran Garou adultos, pero Lars sabría que eso cambiaría pronto. Canción-Oculta caminaba junto a Voz-de-Plata, tan atentos y llenos de curiosidad como él mismo a todo lo que ocurría a su alrededor. Faruq, por el contrario, se había quedado atrás, intentando mantener la compostura apropiada que pensaba que debía de tener un Garou. Cuando lo vio, Lars volvió a sonreír abiertamente sin poder evitarlo. Si Faruq se percató, no doy muestras de ello.

Bron se detuvo una vez más para saludar respetuosamente a un pequeño grupo de tres mujeres que caminaban siguiendo la misma dirección que ellos. "¡Estas pausas son tan mortales como las balas de plata!", pensó Lars desesperado. Para evitar el aburrimiento, se refugió en sus recuerdos. Parecía que había pasado una vida entera desde que se coló de polizón en aquel pesquero noruego hasta llegar a esa misma noche. Cuando pensaba en ello, le parecía que la persona que había estado soportando el brutal alcoholismo de sus padres no era él, sino otro adolescente, un joven noruego retraído y solitario que estaba condenado a caer en las drogas, la marginalidad y la degradación personal. "He vencido a mis demonios internos", se dio cuenta satisfecho. Por supuesto, el mérito no era del todo suyo. Inconscientemente o no, sus nuevos hermanos lo habían ayudado en cada paso de su camino. "Ellos son mi verdadera familia", pensó feliz de que así fuera.

Por fin, llegaron a Arco del Leñador, el centro espiritual del túmulo y el lugar donde se iba a celebrar el "Consejo Abierto". Los Ancianos de todas las tribus presentes en el Clan del Pacto estaban esperando a que diese comienzo la reunión junto a los troncos de cedro, saludando a muchos Garou, hablando entre ellos o simplemente aguardando en silencio a que diese comienzo la reunión.

-Esperad aquí, cachorros-, les dijo Bron Mac Eire. Ninguno de ellos se enfadó por la broma. Habían demostrado sobradamente su coraje y esta noche les sería reconocida su valía. Cuando el Fianna se alejó para saludar a un grupo de hombres y mujeres que formaban un pequeño pero ruidoso grupo a su derecha, Canción-Oculta trató de darles ánimos en voz baja:

-¡Que no cunda el pánico! Nos han explicado hasta la saciedad lo que va a pasar esta noche y todos conocemos la parte que tenemos que jugar, -empezó a decir su alfa. -En realidad, esta no es otra prueba, sino un merecido premio, una recompensa. Simplemente hemos venido para cumplir con las formalidades y  para que nos den una o dos palmaditas en la espalda, así que no os preocupéis. ¡Todo saldrá bien!

Sus palabras fueron un pequeño bálsamo para los nervios de sus hermanos de manada. Incluso Faruq pareció aliviado, mostrando un lenguaje corporal más relajado. Lars asintió levemente con la cabeza para mostrar su apoyo al Colmillo Plateado. Luego miró a su alrededor. Solos o en pequeños grupos, seguían llegando más Garou desde todas las direcciones.

Mientras Voz-de-Plata decía algo al resto de su manada, el joven Theurge volvió a sumergirse en sus recuerdos intentando que la espera se le hiciese más llevadera. Después de todos los peligros a los que habían tenido que enfrentarse, habían capturado la prisión de Narlthus y se lo habían entregado a un extraño anciano Garou llamado Accolon. El Contemplaestrellas les prestó el dinero suficiente para comprar ropa y comida, y regresar a Vancouver en autocar cruzando prácticamente todo el sur del país. Comparado con su asalto a la mina de uranio y al edificio donde donde los sicarios del Wyrm habían escondido a Narlthus, ese pequeño había viaje había sido un juego de niños a pesar del frío y la nieve. Cuando por fin llegaron a Vancouver, Cathy Sanesbury, Anciana de la tribu de los Caminantes Silenciosos, les estaba esperando en la estación. Ella les dio un fuerte abrazo a cada uno y les contó que todo el Clan del Pacto había estado en vilo esperando a que llegasen a la ciudad.

A partir de ese momento, tuvieron que contar muchas veces su historia a muchas personas diferentes, pero al final los Ancianos de las tribus decidieron que a pesar de que no habían realizado un rito de iniciación oficial, los padecimientos y retos a los que se habían enfrentado los hacían merecedores de ser auténticos Garou adultos, estatus que les sería reconocido en el siguiente Consejo. Hasta entonces, podían descansar con un merecido descanso de la forma que les apeteciese. Canción-Oculta y Voz-de-Plata habían regresado temporalmente con sus familias de la Parentela, para tranquilizar a sus familiares y comunicarles que ya no podrían seguir viviendo con ellos. Lars sabía que no había sido un trago fácil para sus hermanos, pero todos sabían que no tenían otra opción; no si querían considerarse a sí mismos adultos. Faruq no visitó a su familia de acogida sino que se dedicó a vagabundear por la ciudad. En cuanto a él mismo, Lars prefirió mantenerse ocupado en la Penumbra de Stanley Park, aprendiendo todo lo que pudo de la sabiduría de los espíritus locales de la naturaleza.

La manada se reunió de nuevo esa misma mañana para prepararse para el "Consejo Abierto" del Clan Pacto. Canción-Oculta les explicó qué tenían que hacer y decir durante la reunión Garou. Faruq les contó que había oído que los Fianna estaban muy conmovidos por el  trágico destino de Mata-Parientes y que había rumores de que tratarían de poner a uno de los suyos en su manada. Si ocurría eso, estaba claro que no podían negarse. Se consideraba espiritualmente armonioso que todos los rostros de Selene estuviesen representados en una manada y Mata-Parientes hubiese querido que uno de los suyos ocupase su lugar para protegerlos y encabezar la lucha contra el Wyrm.

Lars dejó de vagar en sueños cuando se dio cuenta de que un lobo de pelaje gris pardo, hombros anchos y mandíbula corta se acercó a los ancianos moviéndose rápidamente entre las personas presentes. "¡Es un Wendigo!", se dio cuenta el joven Theurge al reconocer el color de su pelaje. A su alrededor todas las conversaciones enmudecieron en el acto. Incluso los Ancianos se callaron y formaron un círculo alrededor del Arco del Leñador. El resto de los Garou formaron círculos concéntricos, alrededor de ellos, respetando una jerarquía bien visible donde los más sabios y fuertes esperaban en los círculos internos y los más jóvenes se quedaban en los círculos exteriores.

Voz-de-Plata les dijo entre susurros que el Wendigo se llamaba Voz-de-Trueno y que era un Galliard que ocupaba el cargo de Maestro del Aullido del Clan del Pacto. Una mirada hostil por parte de uno de los Garou asistentes hizo que el Hijo de Gaia se callase avergonzado por haber roto el silencio con su breve explicación.

El Wendigo alzó su cabeza y emitió un poderoso aullido que se debió escuchar en todo Stanley Park y más allá de esa tierra sagrada. Su voz llamó a todos los Garou y a los espíritus juramentados por las viejas alianzas, reclamando su presencia en ese Consejo Abierto del Clan del Pacto. El resto de los presentes adoptaron formas lobunas y unieron docenas de voces a la del Maestro del Aullido, creando una cacofonía de diferentes tonalidades y volúmenes. Parecía que todos los Garou del mundo habían elegido reunirse en Stanley Park esa misma noche.

Una pequeña loba de pelaje marrón aguado y diminutas marcas de sarna dejó de aullar para transformarse en Homínida. Tenía el aspecto de una mujer de mediana edad, de piel arrugada y con una sucia melena enmarañada. Pronto pudo averiguar que le faltaban varios dientes. Vestía con ropas mugrientas recogidas en diversos lugares de dudosa procedencia. "No hay duda de que es una Roehuesos", pensó Lars inmediatamente al verla. Los Garou presentes dejaron de aullar y le prestaron toda su atención.

-¿Para qué celebrar un Consejo? ¿No tenemos mejores cosas que hacer?- gritó con voz estridente.

-Celebramos este Consejo para honrar a los espíritus y escuchar las hazañas de los héroes pasados y presentes, -volvió a aullar Voz-de-Trueno. -Celebramos este Consejo para ofrendar una parte de nuestros espíritus a este lugar consagrado a la Gran Madre.

-Los espíritus no os necesitan-, respondió la mujer sin dejarse acobardar por la turba. -Ellos fueron, son y existirán. Para ellos, vosotros sólo sois juguetes entretenidos en el mejor de los casos.

-Los espíritus también son servidores de Gaia-, bramó Voz-de-Trueno. -Son nuestros guías y protectores, del mismo modo que nosotros les protegemos y cuidamos. Todas las tribus del Clan del Pacto honran sus juramentos con los espíritus.

La multitud de Garou reunidos en Stanley Park repitieron con sus aullidos el mensaje del Wendigo. "¡Es un ritual!", se percató maravillado. Tanto él como sus hermanos repitieron lo que decía Voz-de-Trueno. A continuación se hizo un breve silencio.

-Los muertos no necesitan que los recordéis-, insistió mujer. -¡No lo necesitan porque ya están muertos!

-Los muertos son nuestros antepasados-, respondió el Wendigo. -Honramos sus vidas y celebramos sus proezas como si fuesen nuestras. Si no puedes aprender de la sabiduría y las historias de nuestros mayores, estarás perdido y solo.

Todos los Garou reunidos volvieron a repetir los aullidos las palabras del Maestro del Aullido, confirmando la fuerza de sus creencias.

-Entiendo que queráis respetar a los espíritus y honrar a los caídos, pero ¿para qué tenemos que celebrar las hazañas de los vivos? Los que mandan os dirán que lo desean que creáis.

-Honramos a los vivos para saber quiénes son los héroes de nuestras tribus y manadas-, volvió a aullar Voz-de-Trueno. -Premiamos la gloria, el honor y la sabiduría. Castigamos la cobardía, la falsedad y la ignorancia. Damos justicia a quien la pide. Castigamos a los culpables. Honramos a nuestros líderes.

Nuevos aullidos, algunos de los cuales se volvieron claramente amenazadores, apoyaron los argumentos esgrimidos por el Wendigo. "Como esto no acabe pronto, esa valiente Ragabash va a tener un par de cicatrices nuevas", pensó alarmado Lars. "No me gustaría estar en su pellejo". Sin embargo, la mujer ignoró las amenazas y se mantuvo firme frente a los abucheos.

-¡Desperdiciáis vuestras energías conmigo!-, les gritó. -En lugar de enfrentaros a los siervos del Wyrm, os reunís aquí como viejos artríticos, quejándoos de vuestros dolores y contándoos historias que nadie se cree. Si tuvierais fuego en las venas, no desperdiciaríais ni siquiera una parte de vuestros espíritus en otra cosa que no sea la lucha contra el Wyrm. ¡Y no lo digo yo, lo dice la Letanía!

-La Letanía dice "No permitirás ninguna acción que provoque la profanación de un túmulo"-, respondió con firmeza el Maestro del Aullido, -Al dar una parte de nuestros espíritus mantenemos viva la magia de los túmulos y protegemos a la Gran Madre.

Los Garou reunidos volvieron a aullar para apoyar a Voz-de-Trueno, pero la cacofonía de aullidos y gruñidos se estaba volviendo salvaje. La mujer también lo percibió, porque adoptó su pequeña forma lobuna y se escurrió entre la multitud con la cabeza gacha y el rabo entre las piernas. A pesar de que todo formaba parte de un ritual, muchos Garou la insultaron llamándola "loca" mientras ella se escondía entre otros Roehuesos.

Una vez que cesaron los aullidos, un hombre salió de la multitud tras adoptar la forma Homínida. Tenía una estatura media y una complexión delgada, pero sus movimientos eran rápidos y seguros. Pasó junto a otros Garou sin mirarles siquiera, manteniendo la frente alta y soberbia. Lars lo conocía, al menos de oídas. Se llamaba Odia-la-Luz-de-Helios. Era un siniestro Theurge de la tribu de los Señores de la Sombra que había logrado alcanzar el cargo de Invocador del Kaos en el Clan del Pacto.

Cuando el Señor de la Sombra llegó al Arco del Leñador, permaneció unos segundos en silencio contemplando a la multitud.

-¿Quién de vosotros no ha tenido tratos con los espíritus?-, preguntó con fuerte y segura. -¿Quién de vosotros no se ha beneficiado alguna vez de sus dones? Selene nos bendijo con sus auspicios. Los Incarnae son los patrones espirituales de tribus enteras y otros espíritus son los guardianes y protectores de nuestros clanes, túmulos y manadas. A cambio ellos sólo nos exigen que les tratemos de un modo adecuado y que realicemos algunos servicios en su nombre.

Un profundo silencio siguió a las palabras del Señor de la Sombra. Todos los Garou conocían la importancia de los espíritus y aguardaron en actitud respetuosa a que el Invocador del Kaos siguiera hablando:

-¡Debemos ir a la Umbra!-, gritó el siniestro Theurge. -Debemos honrar a Cuervo, el tótem espiritual de nuestro túmulo, y a sus servidores espirituales. ¡Fortalezcamos nuestra alianza con ellos!

Todos los presentes aullaron su conformidad. Algunos utilizaron pequeños espejos y cristales que llevaban consigo, pero la mayoría corrieron hacia los lagos, para buscar su reflejo allí en la superficie de las aguas iluminadas únicamente por Selene y caminar de lado hacia la Penumbra. Una vez al otro lado de la Celosía, los Theurge invocaron a un avatar de Cuervo. Lars estuvo entre las demás Lunas Crecientes, asistiéndole en sus rituales y aprendiendo todo lo que podía. El resto de los Garou participaron a su manera entregándole sus ofrendas y cantándole hermosas canciones en su honor.

Cuando terminaron de honrar a Cuervo, los Garou del Clan del Pacto se reunieron con los tótems de sus manadas y con otros espíritus importantes de la Penumbra del túmulo. Lars estuvo muy ocupado durante ese tiempo, escuchando las demandas de los espíritus e intercediendo por ellos cuando pudo. Fue una tarea agotadora, pero el Consejo Abierto aún no había acabado. Por suerte, sus hermanos estuvieron allí para ayudarle en todo lo que pudieron.

viernes, 7 de diciembre de 2012

CANCIÓN-OCULTA (1 - 7)


Carretera 404, Ontario (Canadá)
7 de marzo de 1992

El joven Colmillo Plateado bostezó sin poder evitarlo, mientras miraba con aburrimiento la monótona área de descanso en la que habían detenido el tráiler después de recorrer tres horas de autovías y carreteras siempre en dirección norte. Lars había aprovechado el alto para curar las heridas de Faruq y Voz-de-Plata. A continuación, Canción-Oculta se había ofrecido voluntario para hacer guardia mientras sus hermanos dormían como podían dentro de la cabina del tráiler.

El área de descanso que habían elegido no era muy grande. El suyo era el único vehículo estacionado y no se veía a ninguna persona por los alrededores. A un lado tenían la autovía y al otro una línea caótica de árboles y maleza, parcialmente oculta por la nieve y el hielo.

Un movimiento dentro de la cabina atrajo la atención del Philodox. Al echar un vistazo, vio que Lars se había despertado y se incorporaba lentamente.

-¿Qué hora es?-, preguntó su hermano con un susurro ahogado repentinamente por un bostezo.

-Son las doce y media de la mañana-, le respondió el Philodox con la voz igual de baja. -¿No consigues  dormir?

-No-. Le respondió Lars. -He dormido en sitios peores, pero tengo un hambre de lobo. No recuerdo la última vez que comí algo.

Canción-Oculta sabía perfectamente que el Fenris no estaba siendo completamente sincero. Todos tenían hambre, cierto, pero no era eso lo que impedía dormir plácidamente al Theurge. "¡Es el Narlthus!", pensó. Percibimos su presencia inconscientemente, incluso en sueños. 

-Fueron las raciones de Bill.

-¿Eh? ¿Qué dices?

-Digo que lo último que comimos fueron las raciones de Bill, cuando buscábamos la herida en la tierra de la que te había hablado Búho-, le explicó pacientemente mientras seguía atento al exterior.

-Ah, es verdad. Lo había olvidado, -el Theurge tenía una mirada anhelante muy humana en esos momentos.

Hubo un largo silencio en el que ninguno de los dos dijo nada. Lo único que hicieron fue quedarse sumidos en sus propios pensamientos mientras vigilaban el exterior del tráiler a la espera de que ocurriese algo. Al final, Canción-Oculta se volvió para comprobar que sus hermanos seguían durmiendo y habló en voz baja:

-Oye, Lars, quiero hablar contigo ahora que Faruq y Voz-de-Plata están durmiendo.

-Dime, dime.

-Nuestra manada no puede permanecer sin alfa por más tiempo-, afirmó Canción-Oculta. -Esto no ha acabado. Lo sabes. Tenemos que tomar muchas decisiones importantes.

-Ya lo sé-, respondió malhumorado Lars. -Supongo que no quería tocar el tema... y que todavía estoy asimilando la muerte de Mata-Parientes. -La voz del Theurge perdió mucha de su fuerza cuando mencionó el nombre de su hermano fallecido.

-Yo también lo hecho de menos-, le respondió. -No sabes cuánto deseaba oír sus ronquidos mientras hacía guardia y vosotros dormíais. Pero él ya no está aquí y nosotros tenemos problemas muy urgentes. ¿Te has preguntado qué vamos a hacer con el meteorito que encierra a Narlthus? No podemos seguir recorriendo el país sin saber a dónde queremos llevarlo. Seguro que los siervos del Wyrm están utilizando todos sus recursos para encontrarnos.

-Yo también lo creo. Está bien. Hablémoslo. ¿Quieres ser tú el alfa de nuestra manada?

-En realidad estaba pensando en ti.

-¿En mí? No quiero serlo ni valgo para eso.

-¡Piénsalo bien!-, insistió él. -Todos te respetamos. Tus consejos son sabios. Luchaste como un demonio cuando estábamos en el edificio del Wyrm. Francamente no se me ocurre a nadie mejor para liderarnos. Creo que sabes que si reclamas ese privilegio nadie te lo discutiría.

-No, no, -protestó Lars. -No voy a hacerlo. Lo siento... De hecho, creo que el alfa deberías serlo tú.

-¿Yo?-, preguntó incrédulo el Philodox. -Debes estar bromeando. Toda la Nación Garou se reirá de nosotros si nuestra manada tiene a un metis como alfa.

-No me importa lo que piensen ellos-, le respondió el Fenris. -Lo sepas o no, eres un metis con el corazón de un auténtico líder. Has mantenido unida a la manada frente a todas las adversidades que nos han caído encima, tu voz tiene mucho peso en nuestras decisiones y tu orgullo no te impide escucharnos y adaptar tus ideas a las nuestras.

Sus palabras le afectaron mucho y aguardó en silencio durante largos minutos para poner en orden sus propios pensamientos. Era cierto que al principio había desafiado a Mata-Parientes por el liderazgo de la manada, pero luego había descubierto que lo había hecho únicamente porque eso era lo que su tribu y su familia esperaban de él. Por muy metis que fuera, seguía siendo un Colmillo Plateado. Únicamente cuando murió Mata-Parientes, Canción-Oculta había comprendido las verdaderas responsabilidades que implicaba el liderazgo.

-Está bien, yo lo reclamaré-, respondió finalmente Canción-Oculta-, pero debes prometerme una cosa.

-Tú dirás.

-Quiero tu palabra de que cuando me equivoque siempre me brindarás tus sabios consejos-, dijo el Philodox mirándole directamente a los ojos. -Sólo seré un buen líder si no teméis irritarme o avergonzarme. Y si por alguna razón la locura nublase mis pensamientos o mis actos, tendrás que desafiarme.

-Te lo juro solemnemente, Canción-Oculta.

Ambos se dieron la mano con mucha ceremonia. Sin embargo, vio cómo la tranquilidad abandonaba la mirada de Lars. El joven metis se volvió para mirar por el parabrisas ahí fuera. Un hombre anciano acaba de salir de entre los árboles y caminaba con paso tranquilo en su dirección, levantando un brazo para saludarles.

-¡Despertad! ¡Vamos!-, urgió a Voz-de-Plata mientras le tiraba del brazo que asomaba por detrás de los respaldos de los vehículos.

-¿Qué ocurre?-, preguntó Faruq de inmediato. -¿Nos atacan?

Todos se quedaron mirando al anciano que se acercaba caminando sin dificultades sobre algunas de las placas de hielo que cubrían el suelo bajo los árboles. Su pelo corto era completamente blanco, su rostro estaba cubierto de arrugas y sus ojos marcadamente rasgados revelaban sus orígenes asiáticos. Vestía unas ropas de invierno baratas y llevaba atada contra su espalda una alargada espada de aspecto plateado.

El anciano se detuvo a pocos pasos del tráiler, usando la cabina para no ser visto por los conductores de la carretera, aunque no hizo ningún gesto hostil o amenazador. Pese a que sus ojos perspicaces no perdían de vista lo que ocurría dentro de la cabina, una sonrisa serena iluminaba su rostro.

-Voy a ver qué quiere-, anunció Voz-de-Plata.

-Te acompaño-, respondió Canción-Oculta. Luego miró a Lars. -Si ocurre cualquier cosa, haz lo que sea necesario para llevar el tráiler al Clan del Lobo Invernal.

Canción-Oculta se agachó por debajo del asiento y adoptó la forma Lupus. Luego, él y Voz-de-Plata salieron del vehículo para hablar con el extraño. Canción-Oculta no perdió el tiempo y usó el don del Olor de la Auténtica Forma mientras se acercaban a él. "¡Es un Garou!", descubrió. "¿Pero dónde estarían sus lealtades?"

-¡Buenos días, cachorros!-, les saludó el anciano con entusiasmo, usando los gruñidos de la lengua Garou. -Soy Accolon, un Ahroun Athro de la tribu Contemplaestrellas. Me alegra ver qué estáis a salvo.

-Hola, Accolon-, respondió Canción-Oculta. -¿Qué haces aquí?-. La pregunta era demasiado directa, pero el Philodox necesitaba más tiempo para usar el don de Sentir al Wyrm.

-Buscándoos, naturalmente-, reconoció sin rodeos el anciano. -El Clan del Pacto ha enviado mensajeros a todos los clanes Garou cercanos al Clan del Lobo Invernal, pidiéndonos que apaciguásemos a los Wendigo y tratásemos de dar con vosotros antes de que ocurriese lo peor. Como he dicho, me alegra encontraros sanos y salvos.

-¿Puedes decirnos a qué clan perteneces, por favor?-, preguntó Voz-de-Plata con respeto.

-Al Clan del Prado de Central Park, que está situado en la isla de Manhattan-, les respondió el Contemplaestrellas pacientemente con una de sus tranquilas sonrisas.

Canción-Oculta seguía muy nervioso. El hedor producido por las emanaciones de Narlthus era tan intenso que rodeaba todo el área de descanso, haciendo que fuese imposible saber si Accolon estaba corrompido por el Wyrm o no usando sus dones.

-Perdona que te hagamos tantas preguntas-, se disculpó Canción-Oculta, -pero hemos sido testigos de muchas traiciones y engaños.

-Lo entiendo. Lleváis perdidos muchos días y puedo ver en vuestros ojos que os habéis tenido que enfrentar a grandes peligros, pero debéis creerme cuando os digo que no vengo a haceros daño. De hecho, os puedo decir que Bron Mac Eire está muy preocupado por vosotros.

Canción-Oculta y Voz-de-Plata le creyeron inmediatamente. No sólo porque hubiera usado el nombre de Bron, el famoso Cantor de Historias del Clan del Pacto, sino porque su instinto les decía que el Contemplaestrellas estaba siendo completamente sincero. Aun así, el joven Philodox intuyó que todavía faltaba una pieza más en su relato.

-Te creo, Accolon, y me alegro mucho de habernos encontrado-, empezó a decir, -pero ¿cómo has conseguido encontrarnos? Has hecho un largo viaje andando desde New York.

-En realidad-, les dijo el anciano, - tuve una visión profética de un gran mal alzándose en las tierras del norte si nadie lo impedía, por lo que llevo dos semanas recorriendo estas tierras. Hace dos días me encontré por casualidad con un Caminante Silencioso que se hace llamar Recorre-las-Sendas-Ocultas-de-Gaia. Él me contó que el Clan del Pacto os estaba buscando. Afortunadamente, unos espíritus me advirtieron que había una fuerte presencia del Wyrm por aquí y me acerqué a investigar. Cuando os vi dentro de la cabina del vehículo, supuse que erais los cachorros perdidos de los que todo el mundo estaba hablando. Debéis tener una historia muy interesante que contar.

-Si, así es-, le respondió Canción-Oculta satisfecho por las explicaciones de Accolon, -pero dejaré que sea nuestro Galliard quien te la cuente.

-.-

Al Hijo de Gaia le llevó un buen rato explicarle todo lo que les había pasado desde que fueron expulsados del Clan del Lobo Invernal, omitiendo naturalmente la ayuda que les había prestado el Gurahl llamado Bill. A decir verdad, Voz-de-Plata podía haber sido más breve, pero el Galliard se tomó aquel momento como una excelente oportunidad para practicar sus habilidades. Además Accolon no le metió prisa, sino que pareció disfrutar en silencio de la historia, interrumpiendo únicamente para pedir que aclarase algunos detalles. Canción-Oculta había aprovechado que esos dos estaban ocupados, para ir a tranquilizar a Lars y Faruq. El Theurge detuvo el motor y se bajó del tráiler en forma Lupus, mientras el Ragabash seguía vigilando los alrededores dentro de la cabina del vehículo.

-Desde luego, es una gran historia-, murmuró para sí Accolon. -Lamento que unos Garou tan jóvenes como vosotros hayáis tenido que sufrir todas esas penalidades y peligros, pero indudablemente estos son los Últimos Tiempos anunciados por las profecías. El mero hecho de que hayáis sobrevivido ya dice mucho de vuestra valía. Estoy convencido de que los ancianos de vuestro clan estarán de acuerdo.

-Gracias, pero aún queda algo más por hacer-, respondió Canción-Oculta. -Tenemos que ocultar a Narlthus para que los siervos del Wyrm no puedan liberarlo nunca de su prisión.

-Esa responsabilidad me corresponde a mí-, le dijo el Contemplaestrellas. -Como bien dices, hay que ocultar el meteorito. Encontraré el lugar perfecto, con la ayuda de Gaia y Esfinge, y me llevaré el secreto a la tumba si es preciso.

-Pero entonces, ¿qué hacemos nosotros?-, preguntó Voz-de-Plata.

-Volver a casa-, respondió Accolon. -Allí podréis recuperaros de vuestras heridas y preparar vuestros cuerpos y vuestras mentes para las terribles pruebas que nos depara el futuro para proteger a Gaia y a  todos sus hijos.

jueves, 6 de diciembre de 2012

VOZ-DE-PLATA (1 - 7)


Toronto, Ontario (Canadá)
7 de marzo de 1992

La gruesa malla de la Celosía trató de detenerle, pero el Hijo de Gaia se abrió paso tan rápido como pudo para llegar al otro lado. El aparcamiento subterráneo estaba iluminado en el mundo físico por las típicas luces  amarillas de emergencia, que apenas bastaban para iluminar con un tenue resplandor el espacio entre las columnas de hormigón ocupado por las plazas vacías para coches. A unos cuarenta metros por delante suyo, podía ver perfectamente la figura alargada del tráiler que buscaban. Incluso percibía débilmente la maligna presencia que se ocultaba en su interior. El lugar olía a gasolina y aceite para automóviles, lo cual resultó un alivio afortunadamente un alivio para él, después del hedor que habían tenido que soportar en el reflejo umbral de este lugar.

"¿Dónde demonios está Faruq?", pensó nervioso Voz-de-Plata. Los jóvenes Garou habían comprobado ya que algunas veces necesitaban más tiempo para caminar de lado. En Stanley Park, Bron les había explicado que eso dependía de factores como el desarrollo de los vínculos que unían a los Garou con Gaia, el grosor de la Celosía y la naturaleza impredecible de la Umbra. A veces el paso de un mundo a otro podía ser instantáneo, mientras que otras podía durar largos minutos. En el peor de los casos, el Theurge les había asegurado que uno podía encontrarse atrapado en las telarañas de la Celosía, lo cual era algo extremadamente peligroso, ya que los hijos de la Tejedora podrían intentar atacarles. El Hijo de Gaia rogaba porque Faruq sólo se estuviese retrasando un poco.

Un pequeño sonido apagado llamó inmediatamente su atención. Parecía provenir de las sombras del aparcamiento. Volvió a oírlo otra vez y otra más: eran unos pasos pesados. Una figura salió a la luz cerca del tráiler. Era un tipo enorme y fortachón, de más de un metro noventa de estatura. Iba vestido con un sucio mono gris de electricista cubierto de manchas de sangre y suciedad. Una sucia máscara de hockey le ocultaba la cara y parecía tener la cabeza llena de quemaduras. "¡Esto no me puede estar pasando!", se sorprendió el Galliard, "¡Pero si es el jodido Jason Voorhees de Viernes 13!" Para rematar la sensación de déjà vu que sintió en ese momento, ese psicópata llevaba un machete cuyo filo estaba manchado de sangre seca y suciedad. El tipo podía ser solo un imitador, pero a Voz-de-Plata le daba la impresión de que las manchas de sangre eran demasiado realistas para no ser de verdad.

El hombre se quedó allí quieto, mirándolo agresivamente mientras fingía respirar con esfuerzo a través de la máscara. Voz-de-Plata no sintió miedo, sólo estupor por la sorpresa. "Casi parece una broma cutre", se dijo a sí mismo conteniendo una sonrisa.

-¡No tengo tiempo para películas!-, le gritó al hombre al mismo tiempo que cargaba contra él. El clon de Jason también corrió a su encuentro, aunque lo hizo lentamente, como una vieja locomotora a la que le costaba ponerse en marcha.

Los dos chocaron con la misma violencia mostrada por los jugadores de rugby durante los primeros minutos de un partido de final de liga. El choque le dejó magullado el hombro izquierdo. Voz-de-Plata había tenido la sensación de estrellarse contra una columna de hormigón armado. El fomor casi cayó al suelo, pero se mantuvo erguido en el último momento. Voz-de-Plata le asestó un golpe con sus garras, rasgándole el mono con unos pequeños surcos de sangre. El hombre no sólo no gritó, sino que respondió intentando golpearlo con su machete. El filo de su arma se hundió unos pocos centímetros en el brazo derecho del Hijo de Gaia, cortando la piel hasta chocar contra el hueso. "¡Este cabrón es tan fuerte y tan rápido como un Garou", descubrió Voz-de-Plata intentando ignorar el dolor que le abrasaba el brazo. "Debe ser un fomor, como los guardias de la mina". Esa idea no lo tranquilizó en absoluto.

Le dio un nuevo golpe con su garra izquierda, arrancándole grandes trozos de sangre del pecho. El tipo pareció no inmutarse y barrió el aire con su machete intentando cercenarle una pierna. Voz-de-Plata se apartó de un salto hacia atrás, evitando el golpe por muy poco. A continuación, se volvió sobre sí mismo y se inclinó, mordiendo con sus fauces el hombro izquierdo de su enemigo. Oyó el chasquido de los huesos al quebrarse y sintió el sabor metálico de su sangre impía. El mordisco fue tan fuerte que esta vez el hombre sí gritó de agonía. Aun así, el fomor intentó golpearlo sin éxito con el machete, pero el Hijo de Gaia se adelantó y le hundió sus garras en el vientre, destrozando sus órganos internos y poniendo fin a la vida de aquella cosa.

Dejó caer el cuerpo del fomor al suelo con un gesto de desagrado y se detuvo unos preciosos segundos para que su cuerpo curase las heridas que le habían hecho.

-Una demostración excelente-, dijo una voz masculina cercana al camión. -El "doctor Dolor" ha sido descuidado, pero no te preocupes. Nosotros somos más profesionales.

La persona que estaba hablando salió a la luz. Era un joven mayor que él, de unos veinticinco años, de  un metro setenta de altura y complexión fuerte. Llevaba el pelo moreno anudado en una coleta por detrás de la cabeza, tenía unos atractivos rasgos asiáticos y sus ojos parecían dos esmeraldas verdes. Vestía un traje de negocios de color gris oscuro y en su mano derecha empuñaba una pistola automática de calibre medio con la que le apuntaba directamente.

Había dos "hombres" más a su lado. El más alto y fibroso, tenía una cabeza pequeña comparada con su gran torso y sus anchos brazos. Llevaba el pelo cortado al cepillo, de color rubio teñido, y hacía gala de unos fríos ojos azules y cara malhumorada. Iba vestido con un uniforme de vigilante de seguridad y llevaba una porra extensible en la mano derecha. El otro era un ser humano desnudo, de rasgos neutros, sin órganos sexuales ni  rasgos faciales o corporales distintivos. Tampoco parecía tener vello capilar. Sólo tenía un par de ojos y una gran boca abierta de par en par.

Faruq apareció en ese mismo a su lado. El asiático le disparó sorprendido, fallando por muy poco, y Voz-de-Plata aprovechó el momento para cargar contra ellos, temiendo no tener una oportunidad mejor que esa. El tipo de la porra extensible se interpuso entre él y sus compañeros, deteniendo su carga a base de golpes contra el aire y contra sus brazos. Voz-de-Plata tuvo que retroceder, aullando de dolor. Este fomor era igual de fuerte que el que el psicópata muerto. Faruq pasó a su lado como una exhalación y cayó sobre la cosa asexuada. El asiático retrocedió para ganar un buen ángulo de tiro.

Voz-de-Plata se agachó, recibiendo varios golpes dolorosos en la espalda y golpeó las piernas del fomor con un barrido de su poderoso brazo. Tuvo suerte y logró derribarlo al suelo. El tipo intentó incorporarse gruñendo como un animal salvaje, pero el Galliard lo aplastó contra el suelo usando su propio cuerpo y, aferrándole la cabeza con sus garras, golpeó su cara varias veces contra el asfalto hasta que el "hombre" se quedó completamente inerte.

En ese momento, sonó un disparo y el Hijo de Gaia sintió un fuerte aguijonazo en su hombro derecho. El dolor se convirtió en una agonía abrumadora. "Balas de plata", pensó mientras caía al suelo. Parecía que la bala se había quedado alojada dentro de su clavícula y su roce contra los huesos le provocaba un intenso dolor. El Galliard usó todas las fuerzas que le quedaban para intentar proteger su mole Crinos tras una de las columnas.

Sonó otro disparo en el aparcamiento. Esta vez fue Faruq el que aulló de dolor. Voz-de-Plata se asomó unos segundos, logrando ver el pelaje oscuro de su hermano arrastrándose inútilmente por el hormigón, mientras dejaba un rastro de sangre tras de sí.

-¡Eh, lobo!-, gritó el asiático-. ¡Ponte al descubierto si no quieres que remate a tu amigo!

Voz-de-Plata maldijo para sí mismo. Podía intentar correr hasta la siguiente columna y desde ahí cargar contra el asiático, pero a lo mejor su enemigo intentaba matar a Faruq antes de que pudiese impedirlo. Tenía que elegir entre hacerse con el camión o salvar a su hermano de manada. ¿Qué podía hacer? "En realidad, no tengo elección", pensó amargado. Adoptó la forma Homínida y salió de su cobertura con los brazos en alto.

-No lo hagas-, dijo innecesariamente. -Me rindo

-¡Quédate quieto!-, le respondió el asiático. -No intentes jugármela. Prefiero entregaros vivos, pero también me recompensarán si estáis muertos.

-Tranquilo. No dispares-, murmuró Faruq con voz débil, aunque el asiático pareció no haberlo oído.

-La has cagado, lobo-, le dijo con una sonrisa cruel. -Si hubieses venido a por mí cuando tenías la oportunidad, tal vez me hubieses matado y obtendrías el premio gordo, pero ahora... Yo hubiera preferido una muerte rápida ahora a lo que os espera.

En ese momento apareció Canción-Oculta tras el asiático. Su oportuna intervención desequilibró la partida. El fomor volvió a ser increíblemente rápido, apartándose y disparando justo en el momento en que presintió que algo iba mal. Sin embargo, la bala no dio en el blanco, sino que pasó por el minúsculo espacio formado por el costado y el brazo derecho del Colmillo Plateado.

Faruq se incorporó en ese momento, tapándose la hemorragia del vientre con su mano derecha, y le gritó:

-¡Pon en marcha el tráiler!-, su voz parecía más serena, como si antes hubiese exagerado su debilidad para que el fomor se confiara respecto a la gravedad de su herida. -¡Yo trataré de abrir la reja de la entrada!

Ignorando su propia herida, Voz-de-Plata corrió directamente hacia el vehículo. Pasó al lado de Canción-Oculta y del asiático. El fomor había dejado atrás las contemplaciones; los dedos de sus manos se habían unido para formar garras bestiales y un grueso tentáculo carnoso había brotado de su estómago rasgando la camisa. Al Colmillo Plateado le esperaba un combate difícil.

Abrió la puerta del tráiler y entró dentro de la cabina, agachándose para retirar la cubierta que protegía los cables y hacer el maldito puente. Los dedos le temblaban de los nervios que sentía. Tardó un tiempo más largo del habitual en conseguir encender el contacto. El camión rugió como una bestia embravecida cuando su motor se puso por fin en marcha.

Desde el cristal, pudo ver a Lars ayudando a Canción-Oculta a derrotar al asiático, que yacía comvulsionándose sobre el suelo con la piel desgarrada, mientras que Faruq había logrado hacer subir la persiana usando alguno de los controles de la cabina del guardia de seguridad. "Lo peor ya ha pasado", pensó Voz-de-Plata.

-¡Ya está! ¡Venid rápido!-, trató de hacerse oír.

Canción-Oculta y Lars ayudaron a Faruq a acercarse y lo subieron a la cabina. Luego ambos adoptaron la forma Homínida.

-¿Alguno de vosotros sabe cómo conducir uno de estos tratos con marchas?-, preguntó el Gallliard.

-Yo siempre he conducido con vehículos con marchas. Puedo intentarlo-, le respondió Lars.

Avanzaron varios metros y luego el camión se detuvo de golpe.

-¿No decías que podrías conducirlo?- preguntó nervioso Faruq.

-Dije que sé conducir con un coche con marchas, pero esto es un jodido tráiler.

Voz-de-Plata no sabía si reír o llorar. Habían arriesgado sus propias vidas para llegar aquí y todos sus esfuerzos no iban a servir de nada porque no sabían conducir un maldito camión. ¡Era algo tan surrealista! Miró a Canción-Oculta pero el Philodox tenía puesta toda su atención en el Fenris.

-¡No lo molestéis ahora!-, les dijo intentando mantener la calma. -Vamos, Lars. ¡Puedes hacerlo!

No lo consiguieron a la primera ni a la segunda, ni a la tercera, pero después de varios intentos lograron sacar el tráiler del aparcamiento y hacerlo avanzar por las calles de la ciudad sin quemar el embrague ni realizar movimientos demasiado sospechosos. El cielo estaba clareando en ese mismo momento y el sol teñía las nubes de un color púrpura anaranjado.

-¿A dónde vamos?-, preguntó Lars nervioso.

-Llévanos tan al norte como puedas-, sugirió Canción-Oculta.

Faruq había encontrado una mochila con ropa usada y maloliente detrás de los respaldos de los asientos. Lars se pudo un jersey de cuello alto que le quedaba grande, mientras Voz-de-Plata sujetaba el volante. Luego él se puso una camisa y unos vaqueros, quedándose sentado en el otro extremo de la cabina. Faruq y Canción-Oculta adoptaron la forma Lupus y permanecieron escondidos detrás de la cabina. El Hijo de Gaia encontró un gastado mapa de carreteras cuando estuvo rebuscando en la guantera del vehículo. Siguiendo sus indicaciones, Lars introdujo el tráiler en la autovía 401 y luego cogió un desvío para seguir por la 404.

Un coche de la policía de Toronto les siguió durante unos pocos metros. Lars intentó seguir conduciendo de la forma habitual, evitando hacer nada sospechoso. Todos ellos contuvieron la respiración. Sin embargo, el coche de policía acabó pasándoles de largo a toda velocidad mientras encendía las luces y las sirenas para acudir a alguna llamada de emergencia. Al final, lograron salir de Toronto cuando el sol ya iluminaba los edificios de la ciudad a través de las nubes del cielo.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

FARUQ (1 - 6)


Toronto, Ontario (Canadá)
7 de marzo de 1992

Las revelaciones de Kilakack'n dejaron sorprendidos a los jóvenes Garou. ¡Narlthus estaba allí! ¡En un insulso edificio de oficinas de Toronto! ¿Cómo era posible? Lars tuvo que explicarles que el Gran Uktena había sabido que los siervos del Wyrm lo traerían aquí y que, por tanto, el Incarnae los había enviado a esta ciudad para que capturasen el meteorito donde estaba encerrada esa poderosa Perdición del Wyrm. Según el Theurge de la manada, esa era la única explicación sensata.

-Puede que esta sea nuestra última oportunidad de detenerlos-, continuó explicándoles el Fenris. -Kilakack'n me ha dicho que el meteorito está dentro de un camión, en el aparcamiento subterráneo del edificio. Apenas hay vigilancia en el mundo físico, aunque en la Penumbra hay muchas Perdiciones.

-Entonces adelante-, gruñó Faruq.

-¿Pero tú no decías que querías regresar a Vancouver?-, le preguntó sorprendido Voz-de-Plata. -No estás siendo muy coherente.

-No, no lo soy-, le respondió el Ragabash. -No quiero ser predecible.

-Muy bien-, intervino Canción-Oculta para poner un poco de orden, -pero si vamos a hacer esto, tenemos que estar todos de acuerdo. Ya conocemos muy bien el precio que podemos pagar.

El Colmillo Plateado pasó lentamente su mirada por todos ellos. Lars asintió de inmediato, movido sin duda por la responsabilidad que había dejado sobre ellos el Gran Uktena. Voz-de-Plata también mostró su conformidad. Faruq dudó, temiendo perder otro hermano de su nueva familia, pero acabó asintiendo visiblemente con la cabeza. Su mirada escondía una determinación sombría.

Lo siguiente que discutieron fue la estrategia que iban a seguir. Intentar entrar directamente en el edificio desde el mundo físico sólo dificultaría aún más las cosas, ya que las alarmas atraerían rápidamente a toda la policía de Toronto, provocando una situación sin salida. Estaba claro que debían empezar su ataque desde la Umbra, abriéndose paso con sus garras hasta llegar al aparcamiento subterráneo. Una vez allí, la manada se dividiría en dos grupos. Uno caminaría de lado hacia el mundo físico para hacerse con el camión y sacarlo de la ciudad tan rápido como fuera posible. El otro contendría a las Perdiciones hasta que encontrasen un momento seguro para reunirse con los demás.

-¿Alguien sabe hacer un puente en un coche como en las películas?-, preguntó Canción-Oculta. Lars y él se volvieron inmediatamente para mirar a Faruq.

-¿Por qué me miráis a mí?-, les respondió el Ragabash. -¿Porque pertenezco a una minoría étnica en este país? ¿O porque tengo la piel más oscura que vosotros?

-¿Sabes hacerlo o no?-, insistió el Philodox.

-Sí, claro que sé hacer un maldito puente a un coche-, respondió Faruq con buen humor. -¿Por quién me tomas? ¿Por un niño mimado criado en el campo?

Su rápida pulla cogió desprevenido al Colmillo Plateado, que pareció sorprendido al principio, luego enfadado y por último sonrió abiertamente cuando se dio cuenta de que le había gastado una broma.

-Yo también sé hacerlos-, intervino Voz-de-Plata provocando una mirada de incredulidad en todos los presentes. -¡No me miréis así! No siempre he sido un buen chico. -Su sonrisa avergonzada provocó sonrisas pícaras y grandes carcajadas.

-.-

Una vez decididas las parejas que se formarían en su plan, la manada estaba lista para el desafío que les aguardaba. Volvieron al edificio del Wyrm todavía en su forma Lupus y se deslizaron entre los cables corroídos y cubiertos de ponzoña. Esa parte fue relativamente fácil, pero las hebras más finas les causaron más dificultades. Canción-Oculta y Voz-de-Plata tuvieron la mala suerte de rozar varias hebras, pero no sufrieron más daño que el que su pelaje quedase manchado por la substancia pastosa que las cubría. Faruq logró pasar a través de aquella malla de hilos y hebras sin tocar ninguna, llevando entre sus dientes un trozo de espejo retrovisor.

Una vez pasadas las telarañas, atravesaron los cristales rotos de la fachada y entraron en el vestíbulo. El reflejo umbral de aquel edificio tenía un aspecto cada vez más deteriorado y ruinoso. El suelo estaba cubierto de todo tipo de basura, escombros y manchas innombrables. Sillas y otros objetos yacían volcadas sobre su superficie, con todo su relleno desparramado por los suelos. La pintura de las paredes había perdido su color y parecía tener un aspecto picado. Ni siquiera el techo había sobrevivido intacto al toque del Wyrm, ya que enormes manchas de humedad de un insano color amarillento se extendían por toda su superficie.

Sin embargo, el hedor que inundaba el edificio era mucho peor que cualquier otro olor que hubiesen tenido la desgracia de soportar en su vida. Tenía una intensidad tan fuerte como el amoniaco, pero era mil veces más desagradable. "¡Huele peor que un basurero!", pensó horrorizado Faruq. El estómago le dio un salto intentando echar fuera el escaso contenido que guardaba todavía. Agachó la cabeza intentando esconder su hocico entre las patas, pero seguía notando el hedor con toda su maligna fuerza. De alguno modo, parecía ser una mezcla de olores de azufre, productos químicos de toda clase y basura abandonada. Sus hermanos también se vieron golpeados por esa desagradable mezcolanza de olores y reaccionaron de manera parecida. Faruq soltó el cristal que tenía entre los dientes e intentó respirar por la boca, pero el hedor se le pegó entonces a su lengua, dejándole un cálido regusto amargo y acre, como si hubiese chupado el líquido tóxico de una pila eléctrica.

Lars se adelantó a la manada adoptando la forma Crinos y tapándose el hocico con uno de sus poderosos brazos. Con el otro, les hizo gestos apremiantes para que le siguiesen. Al igual que el resto de su manada, Faruq hizo exactamente los mismo que el Fenris, antes de recoger con su garra izquierda el trozo de cristal de parabrisas.

Atravesaron el vestíbulo en silencio y llegaron a los ascensores. En el reflejo umbral de ese edificio, no existían esas máquinas, pero sí los huecos que ocupaban.  Faruq asomó la cabeza por el marco de la puerta. El fondo de los ascensores estaba completamente inundado por el mismo líquido pastoso que cubría las telarañas exteriores, aunque por un segundo el Ragabash creyó haber visto algo moviéndose allí abajo.

-¡Será mejor que intentemos bajar por las escaleras!-, les aconsejó.

La puerta de emergencia que conducía las escaleras había sido arrancada de sus goznes y arrojada al suelo con el resto de los escombros. La oscuridad cubría por completo el descenso, pero retrocedió iluminada a poca distancia por una luz plateada. Faruq se volvió. Canción-Oculta había usado uno de sus dones y todo su cuerpo brillaba con una dolorosa luz plateada, que iluminaba indirectamente la oscuridad de las escaleras. El hormigón de las mismas estaba quebrado y agrietado, como si hubiese sufrido un terrible terremoto hacía mucho tiempo y no hubiese sido reparado nunca. A veces incluso podían ver vigas retorcidas de hierro sobresaliendo entre los restos derrumbados de peldaños destrozados.

En algún lugar en la oscuridad omnipresente por encima de ellos, pudieron escuchar el ruido de algo pesado que bajaba corriendo, aplastando todo tipo de escombros a su paso.

-¡Corred, vamos!-, gritó Canción-Oculta.

Faruq bajó los restantes tramos de escaleras saltando prácticamente a ciegas y abrió una puerta metálica y quejumbrosa que ofreció cierta resistencia al movimiento. Cuando el Ragabash entró, entendió inmediatamente por qué. El suelo estaba cubierto por un líquido residual pastoso, que le cubrió pronto los tobillos. Incluso el hedor había cambiado, convirtiéndose en algo más parecido al producido por las aguas fecales.

El Ragabash se adentró en el piso vacío para dejar paso a sus compañeros. Uno a uno fueron llegando. Primero Voz-de-Plata, luego Canción-Oculta y finalmente Lars, que trató cerró con un fuerte golpe la puerta tras de sí y apoyó la espalda contra ella. Lo que fuera que había bajado corriendo por las escaleras tras ellos chocó contra la puerta, logrando abrirla dos palmos antes de que Canción-Oculta la cerrase apoyando él también su hombro contra la puerta. Todos pudieron escuchar un rugido bestial al otro lado.

Faruq intentó escudriñar este lugar, esforzándose porque su vista atravesase la Celosía local para ver esta planta del aparcamiento en el mundo físico. Apenas logró verlo, pero distinguió la forma del camión en el otro extremo del piso subterráneo. Sin embargo, cuando dejó de concentrarse en el mundo físico y sus sentidos volvieron a centrarse en lo que le rodeaba en la Umbra, comprobó que no estaban solos. Dos hediondas columnas helicoidales de aguas residuales avanzaron hacia ellos, al igual que una espesa nube de gas azulado y vagos rasgos físicos.

-¡Perdiciones!-, gritó al tiempo que cargaba contra el torbellino de agua residual más cercano.

Chocó contra  la Perdición y hundió su garra derecha cuanto puedo en aquel líquido viscoso. De algún modo, le hizo daño, porque perdió algunas partes de su forma en movimiento. Sin embargo, el maligno espíritu intentó contraatacar cubriéndolo con sus aguas residuales para ahogarlo. Faruq cayó al suelo como si le hubiese golpeado una ola embravecida y luchó por incorporarse de nuevo. La rabia que sentía al recordar la muerte de Mata-Parientes le dio energías renovadas para seguir atacando. Logró volver a golpear a la Perdición de nuevo con sus garras, aunque el espíritu no pareció estar precisamente debilitado por sus ataques.

El Caminante Silencioso se dio la vuelta al escuchar un estrépito metálico. Pudo comprobar que Voz-de-Plata se enfrentaba a otra Perdición de aguas residuales, mientras que Canción-Oculta trataba de golpear a la nube azulada de gases nocivos, pero el estrépito lo había ocasionado la criatura que había tratado de entrar antes. La Perdición parecía un horrible humanoide de dos metros y medio de altura, piel viscosa de color verde grisáceo, dientes putrefactos y garras afiladas. Lars se incorporaba en esos momentos del suelo en donde había caído tras el último golpe de la Perdición para hacerle frente.

Un fuerte impacto hizo que Faruq quedase aturdido durante unos segundos. La Perdición contra la que estaba luchando aprovechó de nuevo su oportunidad para intentar introducirse por su boca y ahogarlo. Pese a que ese espíritu nauseabundo lo tenía inmovilizado contra el suelo, el Ragabash se debatió y luchó con todas sus fuerzas, soltando el cristal y clavando sus dos garras en las aguas una y otra vez mientras se esforzaba por mantener la boca cerrada. La cabeza le dio vueltas varias veces debido a los golpes contra el suelo, pero siguió luchando para mantenerse con vida.

Una sombra repentina apareció a través de las aguas y golpeó también a la Perdición. El espíritu soltó su presa sobre Faruq para retroceder. A duras penas el Caminante Silencioso fue capaz de reconocer el pelaje grisáceo de Lars, interponiéndose entre la Perdición y él. Parecía que el Fenris ya había terminado su propio combate y había acudido a salvarle el pellejo.

-¡Ayuda a Voz-de-Plata-, gritó Lars sin darle la espalda a la cosa contra la que se enfrentaba, -y coged ese maldito camión!

Faruq se incorporó, recogió el trozo de cristal y corrió hacia  la zona en donde estaba su hermano. Pudo ver que el Hijo de Gaia estaba luchando con gran valentía. Seguramente podría derrotar él solo a la Perdición contra la que se estaban enfrentando, pero no tenían tiempo que perder en semejantes heroicidades. El Ragabash cargó contra la el espíritu, atacándolo por la espalda. El espíritu siguió peleando estúpidamente, centrando toda su atención en Voz-de-Plata. Faruq siguió golpeándolo varias veces más, al igual que el Galliard, y la Perdición se deshizo en una columna de excrementos que se desplomó bajo su propio peso.

-¡Qué puto asco!-, protestó el Caminante Silencioso mientras se pasaba el brazo por la cara para tratar de limpiársela.

-¡Vienen más!-, señaló Voz-de-Plata.

El Ragabash se volvió para ver unas láminas de un fluido purpurino con manchas, venas y verrugas surgiendo de la oscuridad. Durante unos instantes, Faruq sintió auténtico terror ante la posibilidad de perder a sus hermanos al igual que le había ocurrido a Mata-Parientes y estuvo tentado de atacar a las Perdiciones que estaban llegando. Voz-de-Plata también pareció desgarrado por las mismas dudas que él sentía.

-¡Coged el camión!-, aulló Canción-Oculta mientras evitaba una sacudida de la Perdición con forma de nube gaseosa. -¡Nosotros las contendremos!

-¡Vamos!-, gruñó Faruq mientras mostraba un trozo de espejo retrovisor que había llevado todo este tiempo en su garra izquierda. -¡Tenemos que caminar de lado!

Voz-de-Plata no protestó, sino que lanzó una última mirada apenada a sus hermanos y luego se concentró en el reflejo del espejo. Pronto había desaparecido como si nunca hubiese estado ahí. "Ahora me toca a mí", se dijo Faruq mirando su propio reflejo. "Espero que todo esto valga la pena".

martes, 4 de diciembre de 2012

LARS (1 - 6)


Arroyo en tierras salvajes
6 de marzo de 1996

El joven Garou empezó a sentir dificultades para contener la respiración. Había descendido demasiado tiempo en las oscuras profundidades de aquel misterioso pozo, buceando en su alocada persecución. Hacía pocos segundos que había perdido de vista el ondulado cuerpo de la siniestra figura a la que estaba persiguiendo y ya empezaba a lamentar su decisión de haberse sumergido tan profundamente. Se detuvo. Miró hacia arriba. La oscuridad era menos espesa por encima de su cabeza, pero no podía la ver superficie por ninguna parte. Lo único que podía entrever de forma borrosa era a Voz-de-Plata o Faruq intentando alcanzarle. Lars quería advertir a sus hermanos que no descendieran más, pero sabía que no podría hacerlo; al menos no bajo el agua. "En buen lío los he metido", pensó angustiado. La asfixiante oscuridad parecía cobrar vida propia por momentos, amenazando con tragárselos a todos como si fuese una tumba abierta que alguien empezara a tapar.

Sintió una pequeña presión sobre su pecho dolorido, debido a la creciente urgencia por respirar. Lars llegó a la conclusión de que tenía que desistir. Había hecho todo lo posible para coger a la criatura, la había seguido hasta las mismísimas profundidades del pozo y la había perdido en alguna parte del camino. Sin embargo, un movimiento llamó su atención. Se volvió. "¡Allí!", se dijo al ver una ondulación en las aguas causada por una gran figura serpentina en movimiento. Decidido a descubrir las respuestas a este enigma, dio unas pocas brazadas más y llegó a la entrada de una cueva submarina, que era lo suficientemente grande como para permitir el paso de un Garou en forma Crinos. "¿Qué tamaño tendrá la cosa que estoy persiguiendo?", se preguntó el Theurge en silencio por primera vez. En ningún momento la había visto bien, sólo había intuido su forma ondulada y siniestra, y en unas pocas ocasiones, había llegado a entrever una cola serpentina propulsándola bajo el agua a gran velocidad.

Algo le tiró del hombro. Era Voz-de-Plata. Le estaba haciendo gestos urgentes para volver a la superficie. Él también parecía tener graves problemas para contener la respiración. Lars le señaló la entrada de la cueva e intentó imitar con su mano el movimiento de una serpiente, pero Voz-de-Plata sólo le repitió el gesto para salir a la superficie. "¿Qué hago?", se preguntó el joven Theurge. Si la cueva de la criatura era su madriguera, era posible que no estuviera completamente inundada, por lo que podrían respirar con normalidad, pero si no era así, tendrían una muerte decididamente absurda. No obstante, de algún modo el instinto de Lars le decía que si abandonaba ahora, nunca volvería a encontrar la cueva por la que había huido la criatura.

"La he perseguido hasta aquí siguiendo mi instinto", decidió en unos instantes, "no voy a retroceder ahora". Le hizo un gesto a Voz-de-Plata, señalando la entrada de la cueva, y luego nadó tan rápido como pudo, entrando en la oscuridad. No tuvo que mirar a atrás para darse cuenta de que el Hijo de Gaia le estaba siguiendo. "Espero no haberme equivocado, hermano", deseó en completo silencio.

Las paredes de la gruta se ensancharon perdiéndose en la omnipresente oscuridad. ¿A dónde ir? Probó a seguir unas brazadas más hacia delante y volvió a detenerse, mientras Voz-de-Plata lo alcanzaba. Apenas pudo ver la silueta de dos formas entrando también en la cueva. Lars volvió a girarse a un lado y a otro. Sentía una fuerte opresión en el pecho, que parecía a punto de estallar. "Aire, aire", exigió su fatigada mente. Trató de nadar a ciegas hacia arriba ascendiendo en vertical dentro de la cueva. Sus hermanos lo siguieron creyendo que había visto algo y los estaba guiando hacia su salvación.

Hubo un repentino movimiento en el agua a su alrededor. Una forma ondulante empezó a moverse desde algún punto en la oscuridad, trazando rápidos círculos a su alrededor y rodeándolos con sus sinuosos anillos.  Aunque no podía apreciar todo su tamaño apropiadamente, la criatura era tan larga que no parecía tener fin. Sus movimientos provocaron una fuerte corriente en las aguas, que los propulsó hacia arriba con más velocidad. Lars se debatió en el agua. No podría aguantar muchos segundos más sin respirar. Al borde de la asfixia total, creyó entrever el extremo delantero de la criatura. Tenía las patas y la cabeza de un puma, coronada por un par de astas verticales. Los ojos cristalinos de la criatura eran viejos, más viejos de lo que ninguna criatura viva podría entender y estaban cargados con una sabiduría aparentemente ilimitada. "¡Es el Gran Uktena!", se percató Lars justo antes de que la feroz corriente de agua se convirtiese en un remolino y lo zarandease en la oscuridad.

-.-

Cuando por fin salió a la superficie, respiró con grandes bocanadas de aire que dieron nueva vida a su dolorido pecho. Jadeó aturdido sin comprender lo que estaba pasando. El agua estaba fría, pero la brisa que soplaba en esos momentos hacía que su cuerpo temblase sin control. Su vista estaba desenfocada y borrosa, aunque al frotarse los ojos, pudo ver un cielo nocturno roto por luces artificiales y los reflejos de los edificios. que lo rodeaban. "¡Estamos en una ciudad!", se dio cuenta sin comprender absolutamente nada. Parecía que se hallaba en una gran fuente circular, con el agua llegándole a la altura de la cintura. De repente, uno de sus hermanos, Faruq, emergió a la superficie a su lado, dándole un susto de muerte. Intentó ayudarlo mientras se debatía en respirar.

-¡Estamos a salvo!-, trató de calmarle mientras le ayudaba a permanecer en pie. A su alrededor surgieron de pronto las figuras de Canción-Oculta y Voz-de-Plata. Lars dejó a Faruq sentado sobre el borde de la fuente y se acercó a sus otros hermanos.

-.-

-¿Dónde creéis que estamos?-, preguntó por fin Canción-Oculta.

La manada se había ocultado en una calle estrecha y sin iluminar, adoptando la forma Lupus. Estaban en un aprieto. Hasta que no encontrasen algo de ropa que ponerse, no podrían andar con libertad por las calles de la ciudad. De hecho, cuatro lobos tampoco podrían moverse con libertad por la ciudad sin llamar la atención ni ser perseguidos por las autoridades municipales, pero mientras durase la noche era la mejor opción que tenían.

-Es una ciudad norteamericana, de eso estoy seguro-, aventuró Faruq.

-Creo que estamos en Toronto-, afirmó Voz-de-Plata.

-¿Cómo estás tan seguro?-, quiso saber Canción-Oculta. -Todos los edificios parecen iguales.

-Lo sé porque el año pasado estuve aquí con mis padres en una protesta pacífica de varias organizaciones medioambientales frente al edificio donde se encuentran las oficinas de Endron International-, respondió el Galliard. -¿Veis aquella torre con un anillo circular y una alta aguja? Es la Torre CN. Tiene 533 metros de altura. El distrito financiero está muy cerca de allí.

-¡Bien!-, gruñó contento el Colmillo Plateado al tiempo que daba un empujón amistoso a Voz-de-Plata. -Ahora sólo tenemos que conseguir hacernos con ropa humana y más tarde podremos pensar en cómo volver hasta Vancouver. Es evidente que por ahora no podremos avisar a los Wendigo, pero si conseguimos unas monedas podremos llamar por teléfono a tus padres o a mis tíos y que ellos avisen por nosotros al Clan del Pacto de todo lo que está...

Canción-Oculta se interrumpió al ver que Lars estaba absorto en sus propias meditaciones mientras observaba detenidamente los edificios de la ciudad.

-¿Todo va bien, Lars?-, preguntó Faruq.

-No del todo-, respondió sombrío el Theurge. -No hemos llegado por casualidad a esta ciudad.

-¿Qué quieres decir?-, preguntó ahora Voz-de-Plata.

-Al principio no sabía qué estaba persiguiendo en el río, pero estoy convencido de que era el Gran Uktena. Es uno de los Incarnae, uno de los grandes espíritus servidores de Gaia. Hay muchas leyendas y rumores sobre él. En todas ellas, se habla del Gran Uktena con sospecha, pues se dice que es un espíritu antiguo y siniestro, y los Theurge de mi propia tribu creen que está demasiado cerca de lo que le conviene del Wyrm para averiguar sus secretos.

Sus palabras cortaron en seco la breve alegría de sus hermanos al descubrir que estaban en una ciudad canadiense. "Como sabía que iba a ocurrir", pensó. Todos ellos parecían ahora muy preocupados por las implicaciones de sus palabras.

-También es el patrón espiritual de una de las tribus nativo americanas-, añadió Voz-de-Plata. -De hecho, toda la tribu lleva su nombre: los Uktena. Las historias cuentan que esos Garou son tan siniestros como su patrón, que practican rituales secretos y terribles, y que guardan secretos peligrosos para toda la Nación Garou.

-Pues ese espíritu no debe de ser tan malo-, intervino con frivolidad Faruq. -Nos ha salvado. Nos ha traído de vuelta a una ciudad para que podamos volver a casa, aunque casi nos ahoga en el proceso.

-¿Tú qué piensas, Luna Creciente?-, preguntó Canción-Oculta.

-Creo que esta noche el Gran Uktena ha compartido uno de sus secretos con nosotros-, respondió Lars. -Nos ha traído específicamente a esta ciudad para que encontremos el edificio que vimos reflejado en las aguas del río.

-¿Y para qué nos ha traído aquí?-, preguntó cansado Faruq. -¿Para otra que intentemos misión suicida?

-Yo sé dónde está ese edificio-, respondió Voz-de-Plata antes de que Lars tuviese tiempo a contestar. Todos se le quedaron mirando sin comprender. -Lo supe cuando vi su reflejo en el agua del río. Es el mismo edificio de oficinas frente al que protesté el año pasado. Os puedo llevar hasta allí.

-.-

Toronto, Ontario (Canadá)
7 de marzo de 1992

La manada se enzarzó una breve discusión acerca de lo que debían hacer a continuación. Aunque todos ellos estaban de acuerdo en que ya no había posibilidad de advertir a los Wendigo del Clan del Lobo Invernal de lo que había pasado en la mina de uranio situada al norte de su territorio, sus opiniones divergían a partir de ese punto. Canción-Oculta quería regresar a Vancouver y Faruq le apoyaba. Por el contrario, Lars era partidario de investigar el edificio que les había mostrado el Gran Uktena. Voz-de-Plata también quería ir allí. Al final, el Colmillo Plateado se avino a razones, aunque impuso a cambio sus propias condiciones. Sólo se acercarían a investigar durante tanto tiempo como lo que quedaba de noche y bajo ningún pretexto se separarían como había ocurrido en la mina.

No les quedaba mucho tiempo, tal vez dos horas antes de la llegada del amanecer. Voz-de-Plata les guió a través de las calles, internándose por callejones y calles estrechas para evitar que les viesen. Por fortuna, a esas horas de la madrugada en pleno invierno las calles de la ciudad estaban prácticamente desiertas y sólo tuvieron que esconderse de algún coche aislado que se perdía rápidamente en aquel laberinto de calles.

Considerando que era la primera vez que se encontraba en Toronto, Lars estaba maravillado por la limpieza y la pulcritud de las calles de la ciudad. Sin embargo, bajo esa apariencia idílica existían sutiles señales de algo más ominoso en la ciudad. A veces podía verse el contorno de una figura sombría observando la calle desde la ventana de uno de esos brillantes edificios. Otras veces veían pasar una limusina, recorriendo lentamente por las calles, como si buscasen a alguien. ¿Quiénes eran? ¿Qué hacían a esas personas? Lars tenía un mal presentimiento acerca de las respuestas a esas preguntas y, como había aprendido a lo largo de las últimas noches, se tomó muy en serio aquellas sutiles señales de peligro.

Voz-de-Plata les guió hasta King Street, la calle del centro financiero en la que se encontraba el edificio cuya fachada habían visto reflejada en las aguas del río. Con unos treinta pisos de alto, tenía la misma forma peculiar, curvada en una de sus esquinas, que les había mostrado el Gran Uktena, y la cristalera de su fachada seguía mostrando aquella pequeña estructura columnas verticales de hormigón que bajaban desde la azotea hasta llegar al suelo. No se acercaron, sino que lo observaron desde lejos, arrimados contra las paredes de otros edificios de la misma calle y lo suficientemente agazapados para intentar pasar por perros callejeros sin tenían la mala suerte de ser vistos por un testigo fortuito.

-¡Aquí apesta a Wyrm!-, gruñó disgustado Canción-Oculta. Ninguno de sus hermanos discutió semejante afirmación, ya que sabían perfectamente que los espíritus le habían otorgado el don de Sentir al Wyrm.

-¿Y ahora qué hacemos?-, preguntó Voz-de-Plata.

-Esta vez haremos las cosas bien-, le respondió Lars. -Caminaremos de lado, buscaremos la ayuda de los espíritus y averiguaremos qué está pasando aquí.

Todos estuvieron de acuerdo con el plan y se fueron acercando uno a uno a los coches aparcados en la calle, para luego centrar su mirada en el espejo del parabrisas y caminar de lado. Cuando le tocó el turno a Lars, sintió que la Celosía ofrecía mucha más resistencia de lo que nunca había notado en ella. En lugar de atravesar una liviana nube de algodón mojado, tenía la sensación de estar abriéndose paso a través de una capa de plástico que cedía ante su empuje pero que debía desgarrar de todos modos para llegar al otro lado.

En la Penumbra, el entorno era muy distinto al de los paisajes naturales de los bosques del norte o el del gran túmulo de Stanley Park. Aquí cohabitaban una extraña mezcla de edificios antiguos y modernos, todos ellos cubiertos por gruesas telarañas plateadas de aspecto metálico tan gruesas como un cable de acero y de pequeños hilos más pequeños. Espíritus arácnidos de la Tejedora trabajan sin descanso para cubrir todos los espacios que todavía no estaban cubiertos por las telarañas, incluyendo las propias aceras y los pocos árboles urbanos que había sobre ella. Aquí y allí podían verse pequeñas estatuas de otros espíritus petrificados y cubiertos sin piedad por las omnipresentes telarañas. Había estatuas de palomas, gorriones, pequeños roedores pero también de Perdiciones del Wyrm y otros espíritus más extraños. Las hijas de la Tejedora no parecían hacer distinciones a la hora de apresar, atrapar y petrificar toda la realidad tanto en el mundo espiritual como en el material.

Por el contrario, le bastó un vistazo al edificio de oficinas que estaban investigando para descubrir que el Wyrm también era muy fuerte allí. El edificio también estaba cubierto de telarañas, pero estas estaban manchadas por un líquido pastoso, de color marrón aguado que parecía brotar desde la cúspide del edificio y caer hasta llegar a la calle. La mugre espiritual también había infectado las telarañas de los edificios vecinos, aunque las hijas de la Tejedora parecían ignorarla y seguían trabajando obcecadamente en sus actuales tareas. Espíritus más extraños, algunos de ellos vinculados de algún modo a la electricidad, centellaban a su alrededor, ocupándose de sus propios asuntos.

Lars guió a sus hermanos de manada por ese lugar frío y aterrador, procurando no acercarse a las hijas de la Tejedora ni alejarse demasiado del edificio del Wyrm. Le llevó unos minutos encontrar lo que estaban buscando. En una pequeña calle perpendicular a la que se encontraban, unos pequeños espíritus insecto se estaban alimentando de unos restos de basura. Lars se acercó a ellos después de pedir a sus hermanos de manada que aguardasen a cierta distancia para no asustarlos.

-¡Yo os saludo, espíritus de cucaracha!-, les dijo el Theurge con respeto. -Mi nombre es Lars y necesito vuestra ayuda.

Los pequeños espíritus se removieron inquietos y entonces la bolsa de basura se agitó con un movimiento repentino. De ella brotó una enorme cucaracha con un caparazón de color pardo cromoso, que relucía con múltiples colores fluorescentes salpicados de glifos. La mayoría de ellos parecían estar relacionados con Gran Cucaracha, otro espíritu servidor de Gaia, y otros con la Tejedora.

-Kilakack'n te saluda, hijo del lobo-, su voz parecía ser producida por un enjambre de criaturas más pequeñas.- ¿Qué puedo hacer por ti?

Lars tardó en responder, nunca había oído hablar de ese espíritu concreto, pero si estaba vinculado a Cucaracha entonces era un aliado, o al menos eso esperaba. El glifo de la Tejedora no le ofrecía mucha tranquilidad. "Veamos cómo sale esto", trató de tranquilizarse el Theurge.

-Mis hermanos y yo necesitamos saber qué se esconde en el edificio del Wyrm-, respondió el Theurge señalando en la dirección en la que estaba,. -pero somos demasiado grandes para intentar entrar sin causar la alarma de sus moradores. Si nos ayudáis, estamos dispuestos a pagar un Chiminaje adecuado.

-Nos pides una tarea peligrosa. Muchas de las mías no regresarán-, respondió el espíritu-. Sin embargo, Kilakack'k te ayudará, hijo del lobo. A cambio debes darme una pequeña parte de tu esencia espiritual y jurar que dejarás grandes cantidades de comida al menos una vez al mes y a lo largo de todo un año para que nuestras hermanas terrenales puedan alimentarse y prosperar.

-Pagaré ese Chiminaje con sumo gusto-, respondió el Theurge.

A continuación se mordisqueó una pata hasta hacerla sangrar, dejando caer gotas de su sangre sobre la acera gris, y se apartó para que el espíritu pudiese aceptar su ofrenda. Tras beber las gotitas de sangre, Kilakack'n pareció satisfecho, ya que él o ella y sus hermanas más pequeñas correaron entre las telarañas en dirección al edificio.

-.-

Tuvieron que esperar casi una hora. Durante ese tiempo, Selene ya casi había terminado su recorrido en los cielos y comenzaba su declinar para ocultarse en el horizonte. La impaciencia de sus hermanos había ido creciendo gradualmente a medida que pasaba el tiempo, esperando allí expuestos a cualquier amenaza, pero Lars había sido inflexible y había logrado convencerlos para que esperasen antes de hacer alguna locura. Cuando Kilakack'n y sus hermanas pequeñas regresaron, el joven Theurge observó que el pequeño enjambre había perdido a muchos de sus miembros.

Kilakack'n volvió a hablar con él en el lenguaje de los espíritus. Una vez que terminó de contar lo que había averiguado, Lars le dio las gracias en nombre de toda su manada y observó con preocupación como el espíritu volvía a esconderse bajo las bolsas de basura.

-¿Y bien?, preguntó impaciente Canción-Oculta. -Dinos que te ha dicho.

-Ha dicho que dentro del edificio hay una gran Perdición de maldad inconmensurable que está aprisionada dentro de una roca del cielo-, respondió Lars sombrío.

lunes, 3 de diciembre de 2012

CANCIÓN-OCULTA (1 - 6)


Alrededores de la mina de uranio
6 de marzo de 1992

Los aullidos de dolor de la manada fueron un breve bálsamo para Canción-Oculta. Las historias que había escuchado desde que era un débil cachorro en casa de sus tíos lo habían preparado para enfrentarse a los terrores innombrables que podía lanzar el Wyrm contra él. Sin embargo, no le habían preparado para afrontar la idea de la muerte de un amigo y un hermano de manada. No recordaba ninguna historia o canción que le ayudara a aliviar el sufrimiento que le invadía en esos momentos. Debían existir muchas, cierto, pero ninguna sería tan personal e íntima como el dolor que lo atormentaba en esos momentos.

Otra de los padecimientos que había tenido que soportar había sido la aparición de la voz que sólo él parecía ser capaz de escuchar. Normalmente, era apenas un lejano murmullo que podía ignorar con facilidad y sólo ganaba cierta fuerza cuando se encontraba nervioso por alguna razón. No obstante, en la mina había cobrado una consistencia inusitada. Él sabía que no había palabras humanas o Garou capaces de describir la experiencia. La voz le había tentando con una malsana curiosidad por explorar los rincones más oscuros de aquel mal primigenio. Su intensidad había sido abrumadora y el joven Colmillo Plateado se había visto obligado a usar su fuerza de voluntad para no rendirse a los caprichos de aquella voz tormentosa.

Canción-Oculta se deshizo de dichos recuerdos, temiendo que la voz presintiese su debilidad y volviese a hacer acto de presencia. Se hallaban en un momento crítico y sus hermanos lo necesitaban más que nunca. Tenía que ponerlos en movimiento si querían sobrevivir para vengar a Mata-Parientes. "Maldito seas!", maldijo en silencio. "¿Por qué has tenido que dejarnos en esta situación?"

-Debemos irnos-, empezó a decir, llamando la atención de sus hermanos. Su voz estaba quebrada pero fue ganando firmeza poco a poco. -Sé que todos hemos sufrido grandes heridas y padecimientos, pero no ayudaremos a nadie, y menos a nosotros mismos, si nos quedamos para siempre en estos bosques.

-¿Qué hacemos?-, preguntó Lars inseguro.

-Seguiremos con el plan original. Volveremos al Clan del Lobo Invernal y les contaremos todo lo que hemos averiguado aquí. Cuando les hablemos de Narlthus, no tendrán más remedio que intervenir para impedir que los sicarios del Wyrm liberen a su enemigo ancestral.

-Tenemos cierto tiempo...-, respondió Faruq con un murmullo.

-¿Por qué lo dices?-, le preguntó con un gruñido Voz-de-Plata. La muerte de Mata-Parientes lo mecía entre una profunda tristeza y la furia de su propia rabia exigiendo venganza.

-Antes de que todo se jodiera, escuché a un hombre excusándose por su falta de progresos. Decía que habían intentado romper el meteorito con explosivos y ácidos, pero que no habían podido ni siquiera mellar la superficie de la roca.

-Bien, eso nos dará más tiempo para volver con los Wendigo-, respondió pensativo el Philodox.

-Tal vez no-, intervino Lars, atrayendo sobre sí todas las miradas de sus hermanos. -Nuestro ataque debe haber cambiado sus planes. Saben que hemos escapado y que volveremos con refuerzos. ¿Por qué iban a esperarnos?

-¡Porque no pueden marcharse sin el Narlthus!-, respondió enfadado Faruq.

-No tienen porque dejarlo atrás-, se defendió el Fenris. -Voz-de-Plata y yo pudimos comprobar ahí abajo que el meteorito estaba totalmente excavado. ¡Sólo tienen que cargarlo en el tráiler y marcharse!

-¡No podemos permitirlo!-, gruñó Galliard iracundo.

-No lo haremos, tranquilo-, respondió Canción-Oculta con voz serena. -Sigo convencido de que debemos avisar a los Wendigo, pero no podemos ignorar lo que dice Lars. Volveremos a echar un vistazo sin abandonar la seguridad de los bosques. Pero si alguno cree que no va a poder resistirse a sus deseos personales de venganza y ponernos a todos de nuevo en peligro, es mejor que nos espere aquí.

El joven Colmillo Plateado les dejó unos instantes para que se lo pensaran y comprobó con satisfacción que ninguno de sus hermanos elegía ese camino. Todos ellos parecían resueltos y decididos a hacer las cosas bien para variar. Satisfecho, adoptó la forma Lupus y deshizo el camino al amparo de la oscuridad de la noche, seguido de cerca por las sombras lobunas de sus hermanos.

-.-

Cuando estaban a pocos metros de la carretera, extremaron sus precauciones. Por fortuna, no había enemigos escondidos, esperándoles entre los árboles con sus armas cargadas con balas de plata. Sin embargo, cuando se asomaron desde una de las lindes del bosque pudieron comprobar para su horror que Lars había acertado de lleno. No vieron por ninguna parte el tráiler ni el meteorito. Tampoco había señales de guardias o trabajadores.

-¿Será una trampa?-, preguntó Voz-de-Plata inseguro de lo que veían sus ojos.

-¡No seas idiota!-, murmuró Faruq. -Han recogido las maletas y se han ido. ¡Se han llevado hasta los muertos para no levantar sospechas!

-¡Cerrad la boca!-, les ordenó Canción-Oculta. Ellos enmudecieron sorprendidos y avergonzados. El Philodox se volvió hacia Lars. -¿A dónde crees que pueden dirigirse?

-Es imposible saberlo. Supongo que a algún sitio donde crean que pasarán inadvertido o que esté tan bien defendido que no podríamos intentar otro asalto directo. Francamente, no lo sé.

-Creo que la mina es de una empresa llamada "Grend Enterprises"-, dijo Faruq intentando ayudar. -Y no sé si sirve de algo, pero la líder de esos hijos de puta era alguien a quien llamaban "señora Azaera".

Sorprendidos por las revelaciones del Caminante Silencioso, todos permanecieron pensando unos segundos, pero ninguno había oído hablar nunca de esa empresa ni del nombre de la mujer que parecía estar la mando. Canción-Oculta sentía la amarga sensación de estar quedándose sin opciones. "Habrá que volver al plan principal".

-Está bien, si ninguno tiene una idea mejor, nos ceñiremos al plan original. Nosotros ya hemos hecho todo lo humanamente posible. Ahora debemos avisar a los Wendigo, para que se hagan cargo ellos, poniéndose en contacto con otros clanes Garou y encontrando ese meteorito dondequiera que esté.

Sin más dudas ni vacilaciones, la manada se puso en marcha. Tendrían que recorrer un largo camino hasta alcanzar el territorio de los Wendigo y cada hora que tardasen en dar la noticia supondría más tiempo de ventaja para los siervos del Wyrm. Corrieron mientras la luz de Selene brillaba en los cielos de la noche.

-.-

Se detuvieron en un pequeño oscuro arroyo para beber y descansar unos minutos, ya que el frío y la fatiga  causada por la nieve les estaban dejando completamente extenuados. Habían corrido durante unas dos horas, al amparo de las sombras producidas por los altos árboles de ese bosque, pero había llegado el momento de detenerse unos pocos minutos si querían volver a ponerse en marcha.

Mientras bebían del agua helada que corría libremente a través del suelo rocoso, Lars fue el primero en percatarse de que ocurría algo extraño. Dejó de beber y miró sorprendido hacia el arroyo.

-¡Mirad esto!-, dijo maravillado el Fenris.

Todos se tensaron de inmediato, preparados para un posible ataque y miraron las aguas de la zona en donde estaba su hermano. Su superficie ya no reflejaba la forma lobuna de Lars, sino que formaba un furioso remolino que fue deshaciéndose lentamente. Durante unos segundos, las aguas se tragaron la luz de Selene, devolviendo únicamente oscuridad a la superficie, pero luego dejaron entrever algo más. Parecía el reflejo de algo extraño. La manada siguió mirando desconcertada. Una imagen cobró forma ante la incredulidad de sus ojos. Al principio sólo parecía ser algo brillante y cristalino, pero luego adoptó un contorno vertical. ¡Era un edificio! Tenía una forma peculiar, curvada en una de sus esquinas y la cristalera de su fachada parecía mostrar una pequeña estructura columnas verticales de hormigón que bajaban desde la azotea hasta llegar al suelo.

Durante unos instantes, la mente de Canción-Oculta no pudo comprender lo que estaba pasando. ¿Le estarían jugando una mala pasada el cansancio y la falta de sueño? ¿Estaría sufriendo un nuevo efecto de la Maldición que atormentaba a todos los Colmillos Plateados? Buscó la mirada de sus hermanos para cerciorarse de que no estaba viendo alucinaciones, pero ellos parecían tan absortos como él ante la imagen reflejada por las aguas. Volvió a bajar la vista hacia el arroyo. Esta vez le pareció ver algo moviéndose debajo de las oscuras aguas.

-¡Ahí hay algo moviéndose!-, gruñó alarmado.

Sus hermanos captaron inmediatamente su preocupación y respondieron en consecuencia. El único que no retrocedió fue Lars que, muy al contrario, reaccionó metiéndose de un salto en el agua para coger lo que fuera que había visto Canción-Oculta. Para sorpresa de todos, todo su cuerpo se hundió en las aguas, como si la profundad del arroyo en aquel tramo hubiese sido mayor de lo que pensaban.

-¡Lars!-, gritó Canción-Oculta mientras adoptaba de improviso la forma Crinos y hundía su brazo en el agua para sacar de allí al Theurge. Sin embargo, por mucho que estirase el brazo, no alcanzaba a coger al Theurge. "¡No es posible!", pensó sintiendo auténtico terror ante la posibilidad de perder a otro de sus hermanos en la misma noche.

-¡Voy a por él!-, gritó Voz-de-Plata antes de lanzarse también a las oscuras aguas del arroyo. Los bañó a todos con más agua salpicada por su brusco salto, pero él también terminó por desaparecer.

-¡Mierda! ¿Pero qué hace?-, gruñó Canción-Oculta.

Después de unos angustiosos segundos, la cabeza de Voz-de-Plata volvió a salir a la superficie.

-¡Hay un pozo bajo el agua!-, dijo haciendo auténticos esfuerzos por permanecer a flote. -¡Todo está muy oscuro, pero creo que Lars está persiguiendo a una sombra ahí abajo!

-¡No lo dejes solo! ¡Corre!-, le ordenó el Philodox.

Voz-de-Plata obedeció de inmediato y su cabeza volvió a desaparecer bajo las aguas. Canción-Oculta no estaba preparado para una situación como esa. "¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo ayudarlos?", pensó angustiado. "No puedes", le respondió la voz invisible de su cabeza. "Déjalos morir aquí y busca a los Danzantes de la Espiral Negra. Ellos aceptan a los metis como iguales entre los suyos. ¿No quieres dejar de sentirte como un paria?". Canción-Oculta se negó a seguir escuchando los susurros de la voz y sacudió su cabeza para apartar aquellos pensamientos macabros. Cuando lo hizo, vio que Faruq estaba sumergiendo la mitad de su cuerpo en el agua.

-¿Qué haces?-, le preguntó mientras lo cogía por el brazo.

-¡Tenemos que ayudar!-, le respondió Faruq. -No sabemos lo que hay ahí abajo y puede que en estos momentos necesiten nuestra ayuda.

Canción-Oculta asintió visiblemente con la cabeza y dejó que su hermano se sumergiese por completo. "Tiene razón", pensó. "Tenemos que ayudarles como podamos". El metis adoptó la forma Homínida y luego, a pesar de que no había nadado muchas veces en su vida, se arrojó al agua con decisión. "¡No perderé a más hermanos de manada!".