martes, 18 de diciembre de 2012

VOZ-DE-PLATA (2 - 1)


Vancouver, Columbia Británica (Canadá)
7 de julio de 1992

Voz-de-Plata estaba sentado sobre la hierba con los pies descalzos mientras echaba una ojeada a una malgastada revista de National Geographic que mostraba unas fotos espectaculares de la amazonia brasileña. Hacía un día de verano espectacular. Al contrario que la semana pasada, hoy el cielo estaba completamente despejado y Helios brillaba con todo su esplendor en los cielos. "Las playas deben estar llenas de gente", pensó el Galliard mientras pasaba otra página de la revista. Él prefería quedarse en Stanley Park. Aunque disfrutaba de un buen baño veraniego siempre que podía, sospechaba que su parte lobuna se encontraba más a gusto rodeada de árboles altos y sombras frescas.

Pasó otra página sólo para observar una fotografía de un ave tropical de brillante plumaje de colores azul, rojo y amarillo hundiendo su pico entre los pétalos de una extraña pero hermosa flor tropical. "¡Quiero viajar por todo el mundo!", confesó una voz en su interior. Coger un mochila, recorrer el continente de un extremo al otro, ayudar a todos los desvalidos que se encontrase y aprender cientos de historias nuevas. La idea era tan tentadora como imposible. Su lugar estaba en el Clan del Pacto, donde estaban sus familiares y amigos, ayudando a proteger el túmulo.

Cuando terminó de leer la revista, permaneció sentado y con los ojos cerrados, disfrutando simplemente de aquella sensación de paz y tranquilidad. Sin embargo, unos ruidos perturbaron su descanso. Pudo escuchar unos pesados pasos acercándose rápidamente. Abrió los ojos a tiempo para ver a la alta y fornida figura de Crow saliendo de entre los árboles. Su piel pálida estaba ligeramente enrojecida por el calor y el sudor. Tenía el pelo castaño, corto y peinado con raya hacia el lado izquierdo. Iba vestido con una camiseta de manga corta y color verde claro en la que destacaba una enorme arpa negra y unos gastados pantalones vaqueros. Aunque parecía que sus pasos eran lentos y pesados, llegó hasta él antes de lo que hubiera imaginado.

-Buenos días, Erguido-cual-Montaña-, le saludó.

-Hola, Voz-de-Plata-, respondió de manera entrecorta el Ahroun. -¿Dónde está el resto de la manada?

-Supongo que Lars está en la Penumbra, meditando o hablando con los espíritus-, le respondió. -Faruq me avisó esta mañana de que estaría fuera unos días, aunque no quiso decirme a dónde iba. Y en cuanto a Canción-Oculta, acuérdate que nos había dicho que tenía que realizar una misión especial para los Colmillos Plateados y no sabía cuándo volvería.

Voz-de-Plata vio que Crow asentía despacio con la cabeza, sin poder evitar poner una pequeña mueca de disgusto. "Está preocupado por algo", se percató de inmediato.

-¿Qué te ocurre? ¿Va todo bien?

La sincera mirada de preocupación de su nuevo hermano le conmovió profundamente. Voz-de-Plata presintió que Crow necesitaba consuelo y ayuda a partes iguales. Iba a ofrecérsela sin pensarlo pero el Fianna se le adelantó, eligiendo ese momento para explicarle atropelladamente los motivos de su preocupación.

-.-

-¿Y los niños simplemente desaparecieron?-, preguntó Lars pensativo.

Tal y como había supuesto, el Theurge se encontraba en la Penumbra del túmulo, atendiendo a sus obligaciones con los espíritus. Después de buscarlo durante casi una hora, finalmente lo habían encontrado entre unos espíritus arbóreos conversando con una especie de niebla espiritual.

-Eso fue lo que dijo Brendan Dooly-, respondió Crow con un gruñido hosco.

Lars asintió pensativo y se volvió para mirar directamente a los ojos al tótem de la manada. Uktena le devolvió la mirada con una silenciosa tranquilidad.

-¿Sabes algo que pueda ayudarnos esta vez, venerable espíritu?-, le preguntó Lars.

Uktena se movió lentamente, agitando su cuerpo escamoso, y se incorporó sin dejar de mirarlo. Voz-de-Plata no entendía lo que estaba pasando. ¿Se estaría comunicando mentalmente su tótem con el Theurge? Uktena había dado muestras en el pasado de poseer esa facultad, pero no había forma alguna de saber cuando lo hacía si él no quería que lo escuchases. El cruce de miradas sólo duró unos pocos segundos. Lars volvió a mirar a sus hermanos con gesto frustrado. "Vale, esta vez Uktena no va a sernos útil", se percató el Hijo de Gaia.

-Tú eres el beta de la manada-, dijo Crow. -Mientras Canción-Oculta esté ausente, tú eres el que manda. Dime, ¿nos ayudarás a encontrar a esos niños?

-Por supuesto-, respondió con firmeza el Theurge. -Ayudaremos a los Fianna con mucho gusto. ¿Verdad, Voz-de-Plata?

-Desde luego-, intervino el Hijo de Gaia y, tras apoyar su mano sobre el alto hombro del Ahroun para transmitirle todo su apoyo, añadió: -No te preocupes, los encontraremos.

-Gracias, gracias a los dos-, respondió Crow visiblemente emocionado. -Pero, ¿cómo daremos con ellos? No tenemos ninguna pista que podamos seguir.

-Empezaremos nuestras pesquisas en el reflejo umbral de esa guardería-, afirmó con seguridad el Theurge. -Puede que los espíritus locales hayan visto o notado algo que se haya escapado a los sentidos de los humanos mundanos.

-.-

Encontrar la guardería de Los Peces Azules no fue muy difícil. Ocupaba los bajos de un edificio de viviendas, en el suburbio de Richmond. Aquel era un barrio tranquilo, con edificios de ladrillo viejo junto a resplandecientes edificios de nueva construcción. Crow les había explicado que muchos Garou y Parientes de la tribu Fianna vivían allí. Voz-de-Plata estaba preocupado temiendo que la policía estuviese por los alrededores, pero no vieron ningún coche patrulla esperando en la calle. Aún así tenían que mostrarse discretos para no llamar la atención.

Utilizaron un callejón pequeño para caminar de lado. Todos ellos llevaban un pequeño espejo en sus bolsillos que solían utilizar en casos como este. Cuando Voz-de-Plata intentó cruzar la Celosía, notó que la barrera espiritual se oponía a su paso como solía hacer habitualmente, pero esta vez descubrió aterrado que no podía atravesarla del todo.

De alguna forma, la Celosía le impidió perseguir su reflejo y se encontró de pronto rodeado de unas extrañas nieblas que ocultaban dónde se hallaba. Tenía sus manos y sus piernas atrapadas en grueso cables y hebras de un color blanco plateado que colgaban sobre una oscuridad sin fondo aparente. "¿Qué diablos está pasando aquí?", se preguntó el Galliard. Intentó liberarse, tirando de los cables provocando inadvertidamente vibraciones  en los cables mientras lo hacía. Sus esfuerzos se vieron recompensados cuando logró liberar una de sus zarpas y se dispuso a hacer lo mismo con la otra. En ese instante la vio. Era una estatua osificada de un magnífico ejemplar de espíritu de halcón atrapado también entre las hebras plateadas. "¡Mierda, mierda!", pensó Voz-de-Plata completamente alarmado. Redobló sus esfuerzos por liberarse de sus ataduras.

Hubo unas ligeras vibraciones en respuesta desde algún extremo invisible del cable. "¡Tengo que escapar antes de que vengan!", se dijo el Galliard mientras adoptaba la forma Crinos. Su cuerpo adoptó un aspecto medio humano y medio lobuno que le confirió una fuerza y resistencia sobrehumanas. Sus ropas no quedaron destrozadas por el cambio, sino que desparecieron mágicamente gracias a un ritual mágico que había hecho Lars el mes pasado a todas las prendas de sus hermanos. Liberó su otra mano y a continuación usó sus garras para romper las hebras más débiles que aprisionaban sus piernas. Las vibraciones estaban cada vez más cerca.

Se incorporó justo a tiempo para ver unas formas arácnidas en la niebla. Parecían moverse sin ninguna dificultad a través de los cables y hebras que formaban una gigantesca telaraña, acercándose inexorablemente al lugar donde se encontraba él. No tenía sentido esperarlas. Voz-de-Plata se levantó y se dispuso salir corriendo. Pero, ¿en qué dirección? .No tenía ningún reflejo umbral que seguir para volver con sus hermanos de manada. "¿Cómo voy a escapar de esta  maldita pesadilla?", pensó desesperado.

Uno de los espíritus de la Tejedora estaba lo bastante cerca para que el Hijo de Gaia pudiese contemplar con mudo horror sus ocho alargadas patas y su brillante caparazón quitinoso casi del tamaño de un lobo adulto. Tenía unos fuertes colmillos en su pequeña cabeza y unos pequeños ojos resplandecientes que le devolvieron la mirada con una fría determinación inhumana.

Voz-de-Plata se volvió hacia las nieblas. "¡Ayúdame, dulce Gaia!", rogó el Galliard, concentrándose en recordar el reflejo que había visto cuando había empezado a caminar de lado en aquel sucio callejón de Vancouver. Cerró los ojos y empezó a caminar, concentrando todos su pensamientos en alcanzar aquel  débil recuerdo.

-.-

En algún momento, el suelo bajo sus pies se hizo más firme. Al abrir los ojos, Voz-de-Plata miró sorprendido y aliviado las sombras del callejón al que quería ir desde un principio. Sus hermanos también estaban allí, mirándolo preocupados con sus rostros humanos, y los brillantes ojos de Uktena resplandecían inexpresivos desde las sombras que ocultaban su cuerpo sinuoso.

-¿Por qué has tardado tanto?-, preguntó le Lars enfadado. -¡Nos has dado un buen susto!

Al principio, Voz-de-Plata se sintió ofendido por la regañina implícita en las palabras del Fenris. "Casi me convierten en una puta estatua. ¡Maldita sea!", estuvo a punto de gritarle. Sin embargo, sabía que la rabia interior era una mala consejera. Al final decidió adoptar la forma Homínida para tener un aspecto menos belicoso mientras decía:

-Siento haber tardado, pero no ha sido culpa mía. Estaba caminando de lado, junto a vosotros, cuando me encontré atrapado en una telaraña gigantesca llena de espíritus de la Tejedora que querían añadirme a su colección particular de estatuas.

-Ha estado en la Urdimbre-, dijo una voz familiar en su cabeza. Era Uktena quien le hablaba y no sólo a él, sino a todos ellos. -Ha visto el verdadero aspecto de la realidad construida por la Tejedora.

-¿Qué quieres decir?-, preguntó Crow sin comprender nada.

-La barrera entre el mundo físico y el mundo espiritual es parte de la Urdimbre de la Tejedora-, respondió el sabio espíritu.

-¿Entonces la Celosía es parte del reino de la Tejedora?-, preguntó Lars.

-Así es-, fue la lacónica respuesta del espíritu.

-¿Y cómo podemos evitar que vuelva a pasarnos un accidente como este?-, preguntó el Hijo de Gaia. -Esta vez he logrado escapar, pero no las tenía todas conmigo precisamente.

-He oído que a veces ocurre ese tipo de accidentes-, respondió Lars por el tótem. -No existe ningún método que impida que te pase un desastre como ese, pero sí hay lugares más seguros y otros más peligrosos por los que puedes ir de un mundo a otro. En general, es mejor caminar de lado en los túmulos sagrados y los espacios naturales, donde la Celosía es más débil, y evitar hacerlo en las ciudades humanas.

-Muy bien-, intervino Crow. -Ya hemos aprendido la lección y perdido también mucho tiempo. ¿Ahora podemos volver a ocuparnos de los niños desaparecidos, por favor?

Voz-de-Plata asintió en silencio, haciendo grandes esfuerzos por ser comprensivo. "Crow está muy preocupado por la suerte de los niños y sus nervios hablan por él", pensó intentando contener su propio enfado.

-De acuerdo-, respondió Lars con unos secos gruñidos. -Seguidme.

lunes, 17 de diciembre de 2012

ERGUIDO-CUAL-MONTAÑA (2 - 1)


Vancouver, Columbia Británica (Canadá)
7 de julio de 1992

Su nombre humano era Crow O'Carrol, aunque todos los Garou que lo conocía preferían llamarlo Erguido-cual-Montaña. Se había ganado ese nombre gracias a su estatura y a ciertos hechos ocurridos durante su rito de iniciación. No obstante, él seguía prefiriendo que sus verdaderos amigos lo llamasen simplemente Crow.

-.-


Sus padres, unos orgullosos músicos irlandeses oriundos de Kerry, una bella región del condado de Munster en Eire, se decidieron a emigrar cuando él apenas tenía unos pocos años de edad. Se trasladaron a la Kelowna, una pequeña ciudad situada en la Columbia Británica canadiense. Al principio el cambio no había sido del agrado de Crow y tuvo muchos problemas para adaptarse en el colegio con otros niños y en general con cualquier persona que tratara de comunicarse con él. Afortunadamente, su gran altura y su naturaleza violenta habían mantenido alejados de él a los matones del colegio y luego del instituto. Sus padres pertenecían a la Parentela, por lo que supieron reconocer a tiempo las señales de su comportamiento huraño y estuvieron preparados para cuando llegó el momento de su Primer Cambio. Un suceso que seguía provocándole una gran vergüenza al joven Ahroun.

Sin embargo, su buena suerte pareció haberse terminado justo después del rito de iniciación, debido a que no había más cachorros Fianna a los que pudiera unirse para formar una manada. Naturalmente, podía integrarse en una de las manadas preexistentes pero Crow prefería estar con otros Garou que compartiesen su misma edad. ¿Qué joven de su edad no deseaba algo así? Sin embargo, se llevó una amarga sorpresa cuando descubrió que las circunstancias no eran las adecuadas. En ese momento, el joven Fianna incluso se planteó no unirse a ninguna manada, pero los sabios de su clan se lo desaconsejaron encarecidamente. "Un lobo sin manada siempre está condenado a la locura y la muerte", le reprendieron sus Ancianos. "Acepta la suerte que te ha tocado".

Por fortuna, la Gran Madre tenía otros planes para él. Llegaron noticias procedentes de Vancouver.  El Clan del Pacto había recuperado a sus retoños perdidos. La manada de cachorros había demostrado una valentía y una astucia increíbles al capturar la prisión de una poderosa Perdición del Wyrm, aunque un lobo Fianna llamado Mata-Parientes había muerto durante la hazaña. Los Fianna de Vancouver invitaban a cualquier joven Ahroun de su tribu a unirse a las filas de esta prometedora manada. Sobra decir que Crow apenas desperdició tiempo para suplicar a sus Ancianos lo dejasen unirse a las Garras de Gaia. Se sintió increíblemente afortunado cuando se lo permitieron. Tras despedirse de su familia y amigos, se trasladó rápidamente a Vancouver dispuesto a comenzar una nueva vida.

Crow recordaba muy bien los nervios que había sentido cuando abandonó Kelowna. Tenía miedo a que los jóvenes héroes de las Garras de Gaia lo rechazasen o que tal vez no estuviese a su altura. Cuando llegó al Clan del Pacto por primera vez y le presentaron a los que serían sus nuevos hermanos, Crow descubrió aliviado que los relatos que había escuchado habían sido exagerados. Las Garras de Gaia sólo eran cuatro jóvenes Garou que sencillamente se habían visto envueltos en una situación extraordinariamente compleja, de la que habían salido airosos gracias a su astucia y su perseverancia al servicio de la Gran Madre.

A pesar de que su alfa fuese un metis, el Fianna había sentido de inmediato un fuerte respeto por Canción-Oculta y se hicieron amigos rápidamente. Otro de sus hermanos por el que sintió una gran estima era Faruq. Pese a que el Caminante Silencioso iba y venía a su antojo, sabía divertirse y tenía un ingenio repleto de comentarios mordaces que podían sonrojar incluso a un camionero borracho.

Sus relaciones con sus otros hermanos de manada eran más complejas y difíciles. Aunque Crow también tenía fuertes lazos emocionales con ellos, era consciente de que no les tenía el mismo aprecio. Le hubiera gustado congeniar con Voz-de-Plata, pero, por alguna razón que no entendía, eso no había sido posible. Lars, por otra parte, era un asunto completamente distinto. En su opinión, el Fenris era un pretencioso que escondía muchos secretos para poder seguir dándose aires de importancia y mantenerse como beta de la manada, algo que despertaba una cierta envidia en el joven Fianna.

-.-


Cuando llegó a la puerta de Ceili's, ignoró el cartel que advertía que el pub estaba cerrado esa mañana y empujó la puerta para entrar. La música y las voces del interior le dieron una calurosa bienvenida. "Mierda, llego tarde", pensó con irritación al ver al pequeño pero ruidoso grupo reunido alrededor de la barra. Algunos lo miraron y lo saludaron intentando hacer oír por encima del tumulto. Reconoció a Conall McAllary, un orgulloso Galliard de sangre escocesa que estaba obsesionado con la tarea de mantener viva la cultura y las costumbres de la antigua Parentela celta de los Fianna. Crow le devolvió el saludo y se acercó a la barra. Necesitaba tomar una jarra de cerveza para estar a tono en la reunión. No es que el alcohol en sí mismo le fuese ayudar, claro, pero en la experta opinión de la mayoría de los Fianna tampoco "estorbaba" mucho y Crow estaba completamente de acuerdo con esa pequeña perla de la sabiduría popular.

Thomas, el camarero de Ceili's y miembro de la Parentela, le sirvió una pinta de aspecto soberbio. Crow le sonrió agradecido y probó un buen trago. "Deliciosa", pensó disfrutando del momento.

-Pensaba que no ibas a aparecer nunca-, le dijo una voz femenina a su espalda.

La sonrisa de Crow se ensanchó aún más y se volvió despacio intentando ocultar su timidez en el rincón más profundo de su ser. Como sospechaba, era Baila-en-la-Tormenta, una hermosa joven galesa que tenía la mejor voz que había escuchado en su vida. "Está preciosa", se reconoció a sí mismo a su pesar. Crow se había sentido atraído por ella desde que la conoció, pero ella era una Garou y la Letanía prohibía expresamente las relaciones entre los suyos. De todas formas, se acercó para darle un cálido abrazo y se sintió extremadamente culpable de nuevo cuando no pudo evitar oler su pelo en el proceso.

-Me alegra verte-, le dijo ella soltándose del abrazo demasiado pronto para su gusto.

-No me perdería una de nuestras reuniones por nada en el mundo-, le respondió él.

-Eso está bien. Aquí al menos Thomas te puede dejar dormir en el almacén si coges una buena borrachera-, se burló ella.

-Necesitarías muchos barriles de cerveza para tumbarme, Gaby-, repuso él con seguridad.

Ella se rió negando con la cabeza y apoyó delicadamente su mano en su brazo.

-Cuando quieras una competición, avísame, pero luego espero que tu emotivo corazón irlandés no llore mucho si te humilla públicamente una galesa-, le ella dijo riéndose.

Crow también se rió. Quería hacer algún comentario ingenioso, pero lo único que pudo hacer fue dejarse llevar por la risa contagiosa de Baila-en-la-Tormenta y sonreír como un bobo. Tardó unos segundos de más en darse cuenta de que las voces a su alrededor estaban enmudeciendo de repente y que los hermosos ojos claros de Gaby habían adoptado una mirada preocupada. Crow se dio la vuelta para poder ver quién acababa de entrar en el pub.

Era Brendan Dooley, el Anciano Fianna en el Clan del Pacto. De piel pálida, tenía el aspecto de un hombre alto y muy delgado, de largos brazos y piernas. Su pelo era de color rojizo, casi rubio, y lo llevaba corto.  Su rostro estaba afeitado con pulcritud. Vestía de manera informal y quizás algo anticuada. Se acercó a la barra y aceptó con aire ausente una Jameson's que le ofreció uno de los presentes. Luego les miró a todos con aire pensativo. Crow llevaba pocas semanas en el Clan del Pacto, pero durante ese tiempo había aprendido a interpretar las pasiones reflejadas en los ojos verdes del líder de los Fianna. En esos momentos, Brendan parecía extraordinariamente preocupado y furioso a partes iguales.

-Thomas, ¿puedes bajar la música por favor?-, pidió de repente. Su voz era grave y segura, pero su fuerte acento irlandés hacía difícil poder entenderlo con claridad. Sin embargo, Thomas hizo rápidamente lo que le pedió.

-Amigos, me temo que hoy soy portador de malas noticias para todos nosotros. Ayer por la mañana desaparecieron dos niños mellizos de la guardería Los Peces Alegres. Se llaman Theo y Janine Worrell. Tienen tres años de edad y pertenecen a nuestra Parentela.

Brendan alzó las manos para acallar las inmediatas exclamaciones de sorpresa e indignación que siguieron inmediatamente tras su fatídico anuncio. Esperó unos lentos segundos y volvió a hablar.

-Sus padres me llamaron por la noche. Informaron inmediatamente a la policía de Vancouver, pero por ahora no hay ninguna pista que pueda revelar quiénes son los culpables o dónde están los niños,como si simplemente hubiesen desaparecido de la guardería.

-¡Seguro que es cosa de las Sanguijuelas!-, gritó Eamon, un robusto guerrero barbudo.

-Odio a los vampiros tanto como tú, pero no sabemos si este secuestro es cosa de ellos-, gruñó Brendan hablando de repente sin darse cuenta en la lengua de los Garou. Sus gruñidos estaban cargados de furia y odio. -Y no vamos a romper la Alianza sin poder mostrar al resto de las tribus alguna prueba que confirme que han sido los vampiros. Tenemos que salvar a los niños y coger a los culpables. Por ese orden.

Crow asintió con la cabeza. "¡Esos cabrones van a lamentar el día en que nacieron!", pensó furioso mientras apretaba los puños. "Cómo caigan en mis manos..."

-Creo que este secuestro ha sido planeado específicamente contra nosotros, así que vamos a investigar el asunto a fondo, pero recordad que la policía también está investigando, por lo que tendréis que ir con cuidado para no romper el Velo. Eamon, quiero que tú y Baila-en-la-Tormenta visitéis a todos nuestros Parientes que tengan niños pequeños. Averiguad si han notado algo extraño en los últimos días y quedaros cerca para protegerlos en caso de que sea necesario.

-¡Dalo por hecho!-, respondió Gaby. Le hizo un gesto al Ahroun y ambos abandonaron el pub a toda prisa.

-¡MacAllary! Tú habla con los padres. Averigua todo lo que puedas.

Conall asintió, recogió su gastada mochila verde y se largó por la puerta de atrás.

-Quiero que los demás habléis con todos vuestros amigos, contactos y conocidos en las calles. Recurrid a cualquiera que pueda ayudarnos. Yo buscaré la ayuda de las otras tribus. ¿A qué estáis esperando? ¡Poneros en marcha de una vez!

La orden de Bredan sacó a Crow de su aturdimiento inicial y salió corriendo con tanta prisa que apenas tuvo tiempo para despedirse de los otros Fianna. Él no tenía muchos amigos en la ciudad, pero esperaba que sus hermanos de manada o Uktena pudiesen ayudarle de alguna forma a rescatar a esos niños desaparecidos.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

VOZ-DE-PLATA (1 - 8)


Vancouver, Columbia Británica (Canadá)
15 de marzo de 1992

Una vez más, Voz-de-Plata se maravilló profundamente ante la inmensa sabiduría de Uktena. ¿Cuántas historias habría aprendido con el paso de los eones el sabio espíritu? Incontables, seguramente. ¿Y cuántos terribles secretos habría logrado descubrir? La curiosidad natural del joven Galliard crecía sin freno al imaginarse semejante conocimiento. Era muy emocionante hallarse ante una puerta que ocultaba tantas cosas nuevas. Sólo esperaba poder abrirla y tener el valor suficiente para estudiar y recordar cuantas pudiese.

Uktena los había aceptado sin reparos entre sus hijos espirituales. Juntos habían hecho poderosos juramentos que los vinculaban entre sí, formando una familia sagrada a los ojos tanto de los espíritus como de los Garou. Uktena se había comprometido a proteger a la manada con su magia y a acompañarles siempre que estuviesen en la Umbra, además de mostrarles tradiciones y conocimientos místicos sobre enigmas, ocultismo, rituales y dones. A cambio, Voz-de-Plata y sus hermanos había tenido que jurar que harían cuanto estuviese en su mano por recuperar conocimientos, objetos y lugares de sabiduría mística que estuviesen en manos de los esbirros del Wyrm.

Realizados los juramentos sagrados que los unían, la manada salió del Lago del Castor y volvió a cruzar la Celosía para regresar al Consejo Abierto. La reunión había proseguido su curso natural sin ellos. Los Ancianos habían tomado sus decisiones acerca de los problemas a los que debía hacer frente el Clan del Pacto, los Philodox habían dirimido las disputas y todos los Garou habían honrado los logros de sus pares. La manada llegó justo en el momento en que Bron Mac Eire se ponía en pie para tomar la palabra. Muchos Garou se sentaron junto a él para escuchar mejor al Fianna. Voz-de-Plata sonrió al intuir lo que iba a ocurrir a continuación. "Es la hora de la Luna Gibosa, la hora de las historias, los cuentos y las canciones", pensó entusiasmado.

Bron Mac Eire, en su cargo de Cantor de Historias, fue el encargado de contar la primera historia. No necesitó hacer ningún gesto para pedir silencio, ya que todos lo escuchaban con expectación. Aun así, lo hizo de todos modos y luego pidió a un Garou inexistente entre la multitud que contuviese sus ganas de orinar si no quería perderse una gran historia. Eso levantó muchas carcajadas entre los presentes. Estaba claro que Bron era un perro viejo en eso de ganarse a la multitud.

Cuando las risas cesaron, empezó de verdad su relato. Habló de una Garou, cuyo verdadero nombre se había perdido con el paso del tiempo, a la que describió como una joven Galliard llena de pasión y fuego por vivir su vida entre batalla y batalla. Según él, ella era una pequeña llama en un largo invierno. La joven Galliard era la alegría de su pequeño clan. Todos la conocían, todos la respetaban. Todos los hombres, jóvenes y adultos, de la Parentela soñaban con convertirse en su pareja. Sus hermanos la habían elegido como alfa de su manada por su sabiduría y su destreza militar. Incluso los Ancianos de su clan estaban convencidos de que algún día ella los lideraría a todos. Sin embargo, la tragedia aguardaba impaciente la oportunidad de sembrar sus desdichas y halló su oportunidad en el momento en que el clan de la joven tuvo que enviar una pequeña embajada a un clan vecino. Debido a sus numerosos méritos y conducta intachable, la Galliard fue elegida para representar a los suyos.

Cuando llegaron al clan vecino, ella y su manada fueron agasajados debidamente como manda la tradición y sus líderes escucharon atentos lo que la Galliard tenía que decirles, asintiendo prudentemente ante sus argumentos. La embajada en sí misma había sido un éxito y el clan los invitó a quedarse unos días más. "Uno de nuestras Lunas Crecientes más sabias está creando un poderoso fetiche para ti, joven Galliard", le dijeron. "Disfruta un poco más de nuestra hospitalidad y acepta por favor nuestro regalo". Aunque no necesitaba ningún fetiche, la joven se vio obligada a aceptar sus petición por educación y convenció a su manada de la necesidad de quedarse unas pocas noches más. Ninguno de ellos se opuso, pues todos confiaban en la sabiduría de la joven. De haber sabido lo que iba a ocurrir, se habrían negado sin dudarlo.

Ella conoció pronto el origen de su desgracia en uno de sus paseos, cerca de una pequeña arboleda de olmos cubierta de niebla. Allí se encontró con un joven apuesto y fuerte que vivía en los bosques del territorio de sus anfitriones. La joven Galliard se enamoró perdidamente nada más verlo. El joven se movía con seguridad, sus ojos tenían el color de la avellana y su cara pálida siempre escondía una sonrisa traviesa, el tipo de sonrisa que hace que a uno le retumbe el corazón durante días enteros. Ella al menos lo sentía así. Trató de negar sus sentimientos, pero no podía. Sus hermanos pronto advirtieron su inquietud, pero ella, que nunca les había guardado secreto alguno, no quiso contarles esta vez el origen de sus desvelos.

La Galliard sabía que su amor era natural pero equivocado. El hombre pertenecía al clan que le estaba brindando toda su hospitalidad. Se sentía terriblemente desgraciada. Sin embargo, no dejó de visitar el bosque para encontrarse con aquel muchacho y conversar con él. A medida que los días pasaron, se negó a comer y beber, e incluso dejó también de dormir. Sólo podía pensar en su pequeña obsesión.

A estas alturas sus hermanos ya estaban abiertamente preocupados. Decidieron seguirla sin que ella lo supiese, pero la perdieron de vista tan pronto como entró en la extraña arboleda cubierta de niebla. La buscaron durante horas sin éxito. Preocupados, regresaron al clan que les acogía y buscaron el consejo de sus Ancianos. Al saber dónde había desaparecido la joven, sus anfitriones se entristecieron visiblemente. Los hermanos de la Galliard estaban furiosos. "Dadnos una explicación", exigieron muy enfadados. "Ese bosque pertenece a la Buena Gente", respondió uno de ellos con voz trémula. "Desde que tenemos memoria, muchos han desaparecido al adentrarse sin permiso en sus dominios. Siento deciros que vuestra hermana nunca más regresará con vosotros".

Los hermanos de la Galliard se negaron a aceptar aquel hecho. Regresaron a la arboleda, llamándola una y otra vez con sus aullidos. Buscaron sin descanso durante largos días y noches sin resultado, arriesgando incluso sus propias vidas. Por pura suerte, una mañana encontraron una corteza de olmo tirada en el suelo. En ella estaban escritas las siguientes palabras: "No me busquéis más. Estoy con mi amado". El olor de su hermana aún estaba fresco en la corteza, pero no pudieron seguir su rastro más allá de unos pocos pasos. Aceptando lo inevitable, abandonaron la arboleda para no volver nunca más.

Pese a que sus anfitriones se lamentaron sinceramente por todo lo ocurrido, sus condolencias no apaciguaron a sus hermanos, que  se marcharon de inmediato para contar la triste noticia a los suyos. Desde entonces, ambos clanes cantan hermosas canciones para la llamada "Luna-Enamorada". Si escucháis atentamente durante las noches en que la niebla y las brumas cubren los bosques, tal vez podáis ser lo bastante afortunados para oírlas.

La historia de Bron dejó una profunda tristeza en el corazón de todos los presentes y una repentina sensación de inquietud se apoderó de todos ellos. Varios Garou aullaron, llamando a Luna-Enamorada y pidiéndole que volviese con los suyos. Otros felicitaron a Bron por su magnífica historia. Hubo unos pocos que se quedaron simplemente callados, recordando tal vez momentos pasados en que el amor y la pasión les llevaron a cometer auténticas locuras.

Los Galliard aprovecharon el momento para dispersarse entre la multitud, contando sus propias historias en pequeños grupos. Los Wendigo y los Uktena fueron los más entusiastas, ya que usaban a sus mejores héroes para interpretar a los personajes de sus historias, mientras el resto se convertían en el coro que narraba los sucesos. Garous de otras tribus se sumaron rápidamente a sus danzas. En otra parte, un Galliard de los Caminantes Silenciosos contaba sus historias a través de una exuberante danza en la que exhibía pañuelos de distintos colores chillones, agitándolos en un alocado frenesí.

Voz-de-Plata también se alejó de su manada, dispuesto a contar en toda su gloria cómo un grupo de cachorros que ni siquiera habían pasado por un rito de iniciación lograron capturar la prisión de Narlthus. Para su gran alegría, descubrió que Garou de todas las tribus se acercaban a él para escuchar la historia de primera mano.

Entretanto, el Consejo Abierto continuaba. Algunos Fianna y Fenris habían traído casi una treintena de barriles de cerveza y de otros licores "caseros", lo que produjo no pocas competiciones y desafíos entre los Garou de esas tribus. Unos cuantos Señores de la Sombra retaron a sus contrapartidas de los Colmillos Plateados a duelos de miradas, sabiduría y enigmas. En otra parte, una Furia Negra debatía acerca de los caminos naturales de Gaia con mujeres de otras tribus. En términos generales, la reunión caminaba por una delgada línea entre lo ceremonial y lo festivo.

Voz-de-Plata terminó de contar la historia de su manada por segunda vez esa noche y se alejó buscando otro grupo al que acercarse. No obstante, un anciano nativo americano de piel oscura y arrugada, pelo blanco como la nieve y complexión delgada, se acercó a él para hablarle. Iba vestido con un traje tradicional y se protegía del frío de la noche gracias a una vieja manta de pieles con extraños símbolos bordados.

-He escuchado tu historia, Voz-de-Plata-, le dijo en Garou. -y quiero compartir contigo un relato que no conoces como recompensa por tus actos.

-Te lo agradezco sinceramente-, respondió Voz-de-Plata con educación. -Pero dime, ¿quién eres, venerable anciano?

-Me llaman Padre-Noche y soy una Luna Creciente de la tribu Uktena.

-Es un placer conocerte Padre-Noche. Por favor, comparte conmigo tu historia.

El anciano se sentó en el suelo, cruzando sus piernas para protegerlas del frío con la manta. Voz-de-Plata se sentó junto a él para escuchar sus susurros. Aunque el viejo cuerpo del Uktena tembló ligeramente debido al frío, su voz no flaqueó en ningún momento cuando empezó a hablar:

"Hace mucho tiempo, en los inicios de la guerra contra Gaia, el Wyrm tocó el mundo para aprisionarlo. Sin embargo, los valientes Garou saltaron todos al mismo tiempo y mordieron la mano del Wyrm. Éste gritó de dolor, retirándose a una grieta entre los mundos donde los Garou no podían perseguirlo. Los guerreros de Gaia desgarraron su mano antes de que pudiese apartarla y la desgarraron en jirones que no pudieron ser completamente destruidos.
Los dedos amputados se retorcieron y cayeron en diferentes direcciones, por lo que los Garou tuvieron que dividirse para perseguirlos. Rompieron aún más los dedos, pero cuando las garras lograron tocar la tierra, adoptaron la forma Homínida y cada una de ellas se escapó en una dirección diferente. Para entonces, los Garou estaban demasiado cansados para continuar siguiendo su rastro y las garras escaparon de su destrucción.
Con el paso de los años, las Garras regresaron para causar problemas. Eran las primeras manifestaciones del Wyrm, el producto físico de su propia manifestación en el mundo de la materia y se volvieron casi indestructibles. Mas los Garou fueron capaces de atarlos a objetos a través de grandes hazañas y la magia de la tierra. Los Garou todavía cuentan historias de las Garras del Wyrm para asustar a sus cachorros junto a los fuegos de sus campamentos, preparándolos para los temibles días en que una Garra pueda romper sus ataduras y liberarse para devastar el mundo."

Pese a que el anciano no era un Galliard como él, su historia impresionó mucho a Voz-de-Plata por sus implicaciones. Cuando el Theurge terminó de hablar, le preguntó en voz muy baja:

-¿Quieres decir que Narlthus es una de esas Garras del Wyrm?

-Así es-, respondió con calma el anciano.

-¿Y cuántas Garras existen? ¿Dónde están?

-Esas respuestas tendrás que averiguarlas tú mismo, Luna Gibosa. Nadie lo sabe con seguridad, pero la verdad se esconde en nuestras canciones más antiguas. -El Uktena se incorporó despacio por sí mismo y le miró directamente a los ojos. -Ahora debo irme con los míos. Disfruta del Consejo Abierto.

-Gracias por compartir tu historia conmigo, Padre-Noche.

-.-

Finalmente, Voz-de-Trueno, el Maestro del Aullido, hizo una señal al Enemigo del Wyrm en el Clan del Pacto, un Ahroun de la tribu de los Garras Rojas llamado Devora-el-Corazón-del-Wyrm. Este lobo corpulento de pelaje pardo con una mancha roja a lo largo de su torso y una mandíbula visiblemente grande emitió un poderoso y temible aullido, convocándolos a la Cacería. El resto de los Garou presentes adoptaron también formas lobunas y se unieron a la creciente cacofonía de aullidos y gruñidos salvajes. Surgieron pequeñas peleas y los Garou presentes compitieron entre sí en pequeñas exhibiciones de fuerza y destreza, a medida que las pasiones desatadas a lo largo de la noche llegaban a su culmen.

Devora-el-Corazón-del-Wyrm salió corriendo alejándose del centro del túmulo, seguido por todos los Garou que habían asistido al Consejo Abierto. Todos ellos se habían convertido en una turba enfurecida y frenética que buscaba un enemigo sobre el que descargar su rabia. Corrieron a lo largo y ancho del parque sin detenerse en ningún momento. Los Garou más ancianos tuvieron que realizar un esfuerzo titánico para demostrar que podían seguir al resto durante la Cacería. Estuvieron corriendo durante casi dos horas hasta que el fulgor del amanecer comenzó a iluminar el horizonte. Cansados y exhaustos pero felices de una forma primaria que los llenaba de gozo, los Garou de las distintas manadas se dispersaron por todo Stanley Park. El Consejo Abierto había terminado.

-.-

Conteniendo el sueño y el cansancio, Voz-de-Plata terminó de contar la historia que había compartido con él Padre Noche. La manada había encontrado un buen lugar bajo el que cobijarse, en una de las arboledas más profundas de la Penumbra de Stanley Park. Uktena les rodeaba con sus anillos y escuchaba en silencio lo que se decían entre sí.

-Tenemos que averiguar todo lo que podamos sobre esas Garras del Wyrm-, sentenció Canción-Oculta.

-No será precisamente fácil-, respondió Lars. -Ya visteis con qué secretismo quiso llevar Accolon lo de Narlthus. Sospecho que los que sepan algo importante mantendrán la boca cerrada para evitar que el Wyrm libere a sus Garras.

-Aun así tenemos que intentarlo-, insistió Canción-Oculta. -Esta vez los siervos del Wyrm encontraron a Narlthus y casi lo liberan. Tenemos que intentar ir un paso por delante de ellos, aunque nos lleve años descubrirlo.

-Y si Gaia y Selene nos ayudan-, intervino Faruq, -nos encontraremos de nuevo con los asesinos de Mata-Parientes y vengaremos su muerte.

-Estoy con vosotros-, dijo Lars. -Hasta el final. Ocurra lo que ocurra.

-Muy bien-, asintió Canción-Oculta. -De este momento, nuestra manada será conocida como las Garras de Gaia. Los enemigos de la Gran Madre aprenderán a temer ese nombre. ¿Qué os parece?

-Muy apropiado. Me gusta-, respondió Voz-de-Plata sonriendo.

-Sí, de un modo u otro nos lo merecemos-, asintió Lars.

-Supongo que es tan bueno como cualquier otro-, respondió Faruq con un bostezo.

-Entonces, descansemos-, dijo Canción-Oculta. -Nos queda mucho trabajo por delante.

martes, 11 de diciembre de 2012

FARUQ (1 - 7)


Vancouver, Columbia Británica (Canadá)
15 de marzo de 1992

Después de que renovasen sus juramentos y tratados con los espíritus locales, los Garou del Clan del Pacto volvieron a caminar de lado para regresar al mundo físico. Todos los asistentes al Consejo Abierto buscaron sitios cercanos al círculo formado por los Ancianos en el Arco del Leñador, aunque lo hicieron respetando el sistema de rangos y jerarquías de la sociedad Garou. "Se acerca la hora de la verdad", pensó Faruq. Sus hermanos de manada se alejaron de los círculos de los Garou más veteranos y aguardaron pacientemente.

Canción-Oculta les había explicado que esta era la parte más compleja del Consejo. Ahora el Captor de la Verdad, un Philodox de los Colmillos Plateados llamado Caza-las-Sombras, organizaría a los distintos grupos y manadas para dirimir agravios, arbitrar en desafíos, reconocer logros personales y asignar castigos. Era una tarea descomunal teniendo en cuenta el número de Garou que habían asistido al Consejo Abierto, pero Canción-Oculta les había contado que el Captor de la Verdad estaba asistido en esta tarea por el Guardián del Rito, otro Philodox de los Colmillos Plateados llamado Arthur Cunnigham, y por otros tres Medias Lunas escogidos especialmente por su sabiduría, imparcialidad y juicio certero.

Mientras los jueces y árbitros de la sociedad Garou hacían su trabajo, Faruq pudo observar a duras penas que el círculo formado por el Consejo de Ancianos, los líderes de las tribus que formaban parte del Clan del Pacto, comenzaba a debatir acerca de los asuntos internos y externos al clan. Sus hermanos y él pudieron entrever a duras penas a un hombre nativo americano, de un metro noventa de estatura y unos cien kilos de peso, aunque sus hombros anchos y su musculatura bien desarrollada daban fe de su constitución fornida. El hombre, que rondar los treinta años, tenía el rostro ancho y la nariz ancha, ojos oscuros y llevaba su pelo negro recogido en una trenza ceremonial hasta la altura de los hombros. Iba vestido con un traje tradicional nativo americano hecho de piel curtida.

-Creo que se llama Jim George-, susurró Voz-de-Plata a su lado.

-Parece demasiado joven para ser uno de los Ancianos-, le dijo Faruq.

-"Anciano" sólo es un título honorífico-, respondió Voz-de-Plata tomándose en serio su broma. -Jim George es el líder de los Wendigo del Clan del Pacto. Dicen de él que es un gran Ahroun, pero uno con la suficiente paciencia y sabiduría para haberse ganado el respeto de los suyos a una edad tan temprana.

-Creo que están discutiendo sobre el Clan del Lobo Invernal, pero es difícil estar seguro desde aquí.

-Dice que unas Perdiciones mataron a los cachorros Wendigo-, intervino Canción-Oculta. Tras una pequeña pausa, añadió: -Y pide enviar una pequeña embajada compuesta por Hijos de Gaia, Uktena y Wendigo a los Ancianos del Clan del Lobo Invernal para explicarles lo que les ocurrió a sus cachorros.

-No me gustaría estar en el pellejo de nuestros embajadores-, respondió Faruq.

-Tú también estarías muy enfadado si hubiese muerto uno de los nuestros-, intentó explicar Voz-de-Plata.

-Eso no justifica lo que nos hicieron-, afirmó Canción-Oculta. -Faruq casi murió durante la ventisca. No querían justicia, sino venganza.

Interrumpieron su discusión cuando un hombre de piel curtida por el frío y mirada severa en sus ojos azules, apareció entre la multitud acercándose hacia ellos. Tenía una larga melena de pelo blanco con mechones plateados, la cara alargada y un mentón partido. Vestía un grueso abrigo de piel de animales, pantalones de lana, botas de cuero y llevaba el torso al descubierto pero decorado con glifos Garou sobre su piel. También sostenía en sus manos un sencillo odre de arcilla gris.

-Es el Maestro del Rito-, susurró Canción-Oculta.

La manada se tensó en ese instante. Había llegado el momento que tanto habían deseado y temido. Iba a dar comienzo la Letanía del Regreso. Se pusieron de pie, adoptando todos la forma Homínida, excepto Canción-Oculta que prefirió permanecer en forma Crinos. Todos los Garou que estaban cerca de ellos les observaron detenidamente. Canción-Oculta empezó a caminar despacio hacia Arthur Cunnigham, seguido de cerca por sus hermanos.

-¿Quiénes surgen de entre las sombras?-, preguntó el Maestro del Rito con voz solemne.

-Nosotros, que ya no somos los que fuimos-, respondieron Faruq y sus hermanos.

-¿Quiénes llegan con frío y hambre?-, volvió a preguntar Arthur Cunnigham.

-Nosotros, que esta noche ya no tenemos hambre de presa ni buscamos calor, sino sabiduría-, respondieron los jóvenes Garou. Sus voces se volvieron más firmes y seguras.

-¿Quiénes llegan ante nosotros heridos y moribundos?

-Nosotros, que combatimos al Wyrm, pero sobrevivimos. Nosotros, que cuidamos de los nuestros.

-¿Quiénes llegan al fuego sin un nombre?

-Nosotros, que no tenemos nombre, pero lo buscamos.

-¿Quiénes llegan a la luz de la luna naciente?

-Nosotros, que hemos combatido en crueles batallas.

-¿Quiénes llegan a la gloria de nuestra Madre?

-Nosotros, los que fuimos vuestros niños, pero ya no lo somos.

-¿Quiénes llegan como guerreros, ya no como niños?

-Nosotros. Nosotros, que somos una manada

-Que así sea cantado. Que así sea. Sed bienvenidos-, dijo finalmente el Maestro del Rito mientras se acercaba a cada uno de ellos y dibujaba un pictograma en sus caras con la ceniza que descansaba en el fondo del odre gris.

Los Garou más cercanos comenzaron a aullar, dándoles una bienvenida como adultos a la Nación Garou. Repitieron sus nombres una y otra vez, y otros Garou los repitieron en otros lugares de Stanley Park. Canción-Oculta. Lars. Voz-de-Plata. Faruq. "Ojalá hubieses estado aquí, lobo estúpido", pensó Faruq con una breve pizca de tristeza al recordar a Mata-Parientes. Canción-Oculta aulló también para agradecer aquella calurosa bienvenida.

-Las Lunas Gibosas dicen que habéis ganado vuestras primeras cicatrices al enfrentaros contra el Wyrm-, dijo el Maestro del Rito con voz fría y neutra. Faruq decidió de inmediato que no le caía nada bien ese Colmillo Plateado.

-Así es, Maestro del Rito-, respondió Canción-Oculta.

-Entonces sois dignos del Ritual de la Herida-, su voz seguía siendo tan fría como un glacial. -Que todas las tribus de la Nación Garou conozcan vuestro coraje y valentía.

Dicho esto, el Philodox volvió a coger ceniza del odre y la untó por las heridas y cicatrices que la manada se había ganado tan duramente a lo largo de las últimas semanas. Pronto volvieron a estar rodeados de nuevos aullidos que reconocían su entrega en la defensa de Gaia. Una vez que terminó de cubrir con ceniza sus heridas cicatrizadas, el Colmillo Plateado se fue sin felicitarles ni despedirse.

-No me gusta ese tipo-, murmuró Faruq sin dejar de mirarle mientras volvía a los primeros círculos del Clan del Prado.

-Mi primer encuentro con él tampoco fue precisamente grato-, confesó Canción-Oculta, -pero es uno de los líderes de mi tribu y ocupa un puesto muy importante en el día a día del Clan del Prado. Tendremos que esforzarnos por llevarnos bien con él.

-¿Quieres decir que lo soportemos con educación?-, preguntó Faruq.

-Si lo quieres ver así, adelante-, sonrió el alfa de la manada.

-¿Y ahora qué se supone que debemos hacer?-, susurró Voz-de-Plata.

-Esperar pacientemente-, intervino Lars. -Todavía nos queda un rito más.

A medida que pasó el tiempo, las palabras del Theurge demostraron ser más certeras de lo que creyeron  al principio. Ahora les tocaba a ellos aullar para homenajear a otros Garou que habían realizado distintos logros en nombre de Gaia o del Clan del Pacto. También fueron testigos en dos casos menores de la rapidez y la sencillez que caracterizaba a la justicia Garou, con sus juicios rápidos y sus rituales de castigo. Faruq tomó buena nota de todo ello por si alguna vez tenía que verse involucrado en una situación semejante.

Finalmente, cuando los juicios y las pruebas casi habían terminado, el Maestro del Rito volvió a acercarse a ellos despacio. En sus manos volvía a traer el mismo odre de antes, pero esta vez parecía cargado de una sustancia pastosa de color verde claro.

-Vuestra manada aún no tiene un tótem particular que la guíe y la proteja-, dijo el Maestro del Rito mientras untaba sus ojos con esa fría pasta verde que olía a savia y a otras fragancias naturales. -Debéis viajar a la Umbra y encontrar uno que os acepte como sus hijos espirituales. ¿Habéis pensado a qué gran espíritu vais a suplicar protección?

-Buscaremos la guía de Uktena, Maestro del Rito. -Respondió Lars con voz respetuosa pero firme.

-¿A Uktena?-, preguntó incrédulo Arthur Cunnigham. -Si buscáis un tótem de sabiduría, hay otros más honorables como Búho, Dana, Unicornio, Quimera, Cuervo o incluso Zorro o Cucaracha. ¿Por qué vais a cometer una temeridad como esa?

-Pero fue el Gran Uktena quien nos guió hasta Narlthus, Maestro del Rito-, intervino Canción-Oculta. -Necesitamos su sabiduría para poder derrotar a los enemigos de Gaia.

-Sea entonces-, contestó el Maestro del Rito conteniendo un gesto contrariado. -Partid a la Umbra y buscad a vuestro tótem espiritual.

Canción-Oculta salió corriendo seguido por el resto de la manada antes de que Arthur Cunningham intentase poner más trabas a su decisión. La reacción del Maestro del Rito le confirmó a Faruq que habían hecho la elección adecuada. Aunque les había llevado más de una hora ponerse de acuerdo respecto al tótem que buscarían, todos habían estado de acuerdo en que el Uktena les había dado la oportunidad de vengar la muerte de Mata-Parientes robando la prisión de Narlthus.

Cuando llegaron al Lago del Castor, Canción-Oculta pidió a Lars que guiase a la manada. El Theurge aceptó la responsabilidad con solemnidad y les pidió a todos que caminasen de lado. Tras llegar a la Penumbra, les ordenó que buscasen señales que delatasen la presencia de uno de los avatares del espíritu.

-Es un espíritu acuático, por lo que no os alejéis mucho del lago-, les aconsejó el Fenris. -Si no tenemos suerte aquí, probaremos en la Laguna Perdida.

La manada se separó para buscar a Uktena. No obstante, la tarea pronto demostró ser bastante frustrante y perdieron mucho tiempo buscando como un grupo de idiotas borrachos. "¿Cómo encuentras a un espíritu que oculta todos sus secretos y se esconde siempre que puede?", pensó Faruq mientras caminaba junto a la orilla tratando de hallar huellas o cualquier otra señal peculiar que delatase la presencia de Uktena.

El aullido de Lars interrumpió sus pensamientos de golpe. Sin perder el tiempo, corrió hacia la parte del lago en donde les esperaba el Theurge. Fue el primero en llegar, aunque pronto lo hicieron todos sus hermanos.

-¿Lo has encontrado?-, le preguntó a Lars.

-No-, reconoció el Fenris, -pero me he dado cuenta de que Uktena no va a dejar un rastro de migas de pan para que demos con él. Si queremos encontrarlo, tendremos que adentrarnos en su reino-, dijo señalando las oscuras aguas del lago. -Sólo así seremos dignos de ser sus hijos espirituales.

-Esas aguas parecen oscuras y profundas-, intervino Faruq. -Esperemos que el gran espíritu no nos tenga mucho tiempo jugando al escondite.

-Estaremos aquí el tiempo que haga falta-, intervino Canción-Oculta. -¡Tú sólo guíanos, Lars!

Los cuatro se sumergieron en las frías pero limpias aguas del Lago del Castor. El fondo era oscuro, como un mar de negrura líquida. Los jóvenes Garou apenas podían verse mutuamente cerca de la superficie. Lars les hizo un gesto y todos nadaron hacia las profundidades. La oscuridad de las profundidades les envolvió con su frío abrazo de un golpe, provocando una gran desorientación. Faruq sintió un movimiento en las aguas y algo frío que rozaba su brazo izquierdo. "¡Por favor, acéptanos Uktena!", gritó bajo el agua con todas sus fuerzas mientras el aire se escapaba de su boca.

La oscuridad que los rodeaba se disipó por arte de magia y el pequeño resplandor causado por la luz de Selene contra la superficie del lago iluminó todo el fondo del lago. Faruq se sintió agradecido cuando comprobó que sus hermanos se hallaban. Un espíritu les rodeaba con sus anillos escamosos. Aunque no podía verlo con claridad, intuyó que su cuerpo serpentino terminaba en un torso de puma, con dos cuernos verticales pero robustos coronando su cabeza.

-Os acepto, hijos míos-, dijo una voz antigua y paciente que parecía hablarles directamente a sus mentes.

lunes, 10 de diciembre de 2012

LARS (1 - 7)


Vancouver, Columbia Británica (Canadá)
15 de marzo de 1992

-¿Nervioso?-, preguntó a su hermano.

-Sí, claro-, le respondió muy serio Faruq. -¡Y tú también deberías estarlo! Va a participar mucha gente en este consejo. He oído que puede que acudan unos cien Garou, la mayoría son de Vancouver, pero otros han venido de los alrededores para escucharnos.

-¿Ah sí?-, preguntó Lars intentando parecer desinteresado. -Curioso.

-¿Curioso? ¿Eso es todo lo que tienes que decir?-, preguntó alterado su hermano, elevando la voz un poco más de la cuenta. -Creo que ni siquiera te imaginas lo que se nos viene encima.

-Calma, calma. -le dijo con voz burlona. -Sólo vamos a participar en un Consejo. ¿Qué es lo peor que te puede ocurrir? ¿Que te trabes al decir tu parte en la Letanía del Regreso? ¿O que te cagues de miedo cuando veas que todos esos Ancianos y líderes te están observando atentamente para ver cómo la cagas?

-Eres un malnacido-, le contestó Faruq airado, dándole la espalda.

Lars sonrió de oreja a oreja al ver su reacción. Faruq utilizaba a menudo sus privilegios como Ragabash para convertirse en un auténtico incordio. Era bueno que probase de vez en cuando su propia medicina para que aprendiese a controlar un poco sus energías. Pese a sus bravuconadas, el joven Fenris tenía que reconocer él también estaba asustado. Éste iba a ser el primer Consejo al que iban a asistir como manada. "¡Ya podemos hacer las cosas bien a la primera o se reirán de nosotros durante muchos años!", pensó el Theurge.

Hacía una noche fría y austera, que permitía ver un cielo sin nubes donde Selene brillaba con todo su rostro descubierto junto al resto de las estrellas del firmamento. Bron Mac Eire les estaba guiando por uno de los senderos de Stanley Park, saludando a viejos amigos y conocidos suyos. Eso les había retrasado más aún, ya que su tutor conocía definitivamente a muchas personas. No les había presentado a nadie, claro, porque oficialmente todavía no eran Garou adultos, pero Lars sabría que eso cambiaría pronto. Canción-Oculta caminaba junto a Voz-de-Plata, tan atentos y llenos de curiosidad como él mismo a todo lo que ocurría a su alrededor. Faruq, por el contrario, se había quedado atrás, intentando mantener la compostura apropiada que pensaba que debía de tener un Garou. Cuando lo vio, Lars volvió a sonreír abiertamente sin poder evitarlo. Si Faruq se percató, no doy muestras de ello.

Bron se detuvo una vez más para saludar respetuosamente a un pequeño grupo de tres mujeres que caminaban siguiendo la misma dirección que ellos. "¡Estas pausas son tan mortales como las balas de plata!", pensó Lars desesperado. Para evitar el aburrimiento, se refugió en sus recuerdos. Parecía que había pasado una vida entera desde que se coló de polizón en aquel pesquero noruego hasta llegar a esa misma noche. Cuando pensaba en ello, le parecía que la persona que había estado soportando el brutal alcoholismo de sus padres no era él, sino otro adolescente, un joven noruego retraído y solitario que estaba condenado a caer en las drogas, la marginalidad y la degradación personal. "He vencido a mis demonios internos", se dio cuenta satisfecho. Por supuesto, el mérito no era del todo suyo. Inconscientemente o no, sus nuevos hermanos lo habían ayudado en cada paso de su camino. "Ellos son mi verdadera familia", pensó feliz de que así fuera.

Por fin, llegaron a Arco del Leñador, el centro espiritual del túmulo y el lugar donde se iba a celebrar el "Consejo Abierto". Los Ancianos de todas las tribus presentes en el Clan del Pacto estaban esperando a que diese comienzo la reunión junto a los troncos de cedro, saludando a muchos Garou, hablando entre ellos o simplemente aguardando en silencio a que diese comienzo la reunión.

-Esperad aquí, cachorros-, les dijo Bron Mac Eire. Ninguno de ellos se enfadó por la broma. Habían demostrado sobradamente su coraje y esta noche les sería reconocida su valía. Cuando el Fianna se alejó para saludar a un grupo de hombres y mujeres que formaban un pequeño pero ruidoso grupo a su derecha, Canción-Oculta trató de darles ánimos en voz baja:

-¡Que no cunda el pánico! Nos han explicado hasta la saciedad lo que va a pasar esta noche y todos conocemos la parte que tenemos que jugar, -empezó a decir su alfa. -En realidad, esta no es otra prueba, sino un merecido premio, una recompensa. Simplemente hemos venido para cumplir con las formalidades y  para que nos den una o dos palmaditas en la espalda, así que no os preocupéis. ¡Todo saldrá bien!

Sus palabras fueron un pequeño bálsamo para los nervios de sus hermanos de manada. Incluso Faruq pareció aliviado, mostrando un lenguaje corporal más relajado. Lars asintió levemente con la cabeza para mostrar su apoyo al Colmillo Plateado. Luego miró a su alrededor. Solos o en pequeños grupos, seguían llegando más Garou desde todas las direcciones.

Mientras Voz-de-Plata decía algo al resto de su manada, el joven Theurge volvió a sumergirse en sus recuerdos intentando que la espera se le hiciese más llevadera. Después de todos los peligros a los que habían tenido que enfrentarse, habían capturado la prisión de Narlthus y se lo habían entregado a un extraño anciano Garou llamado Accolon. El Contemplaestrellas les prestó el dinero suficiente para comprar ropa y comida, y regresar a Vancouver en autocar cruzando prácticamente todo el sur del país. Comparado con su asalto a la mina de uranio y al edificio donde donde los sicarios del Wyrm habían escondido a Narlthus, ese pequeño había viaje había sido un juego de niños a pesar del frío y la nieve. Cuando por fin llegaron a Vancouver, Cathy Sanesbury, Anciana de la tribu de los Caminantes Silenciosos, les estaba esperando en la estación. Ella les dio un fuerte abrazo a cada uno y les contó que todo el Clan del Pacto había estado en vilo esperando a que llegasen a la ciudad.

A partir de ese momento, tuvieron que contar muchas veces su historia a muchas personas diferentes, pero al final los Ancianos de las tribus decidieron que a pesar de que no habían realizado un rito de iniciación oficial, los padecimientos y retos a los que se habían enfrentado los hacían merecedores de ser auténticos Garou adultos, estatus que les sería reconocido en el siguiente Consejo. Hasta entonces, podían descansar con un merecido descanso de la forma que les apeteciese. Canción-Oculta y Voz-de-Plata habían regresado temporalmente con sus familias de la Parentela, para tranquilizar a sus familiares y comunicarles que ya no podrían seguir viviendo con ellos. Lars sabía que no había sido un trago fácil para sus hermanos, pero todos sabían que no tenían otra opción; no si querían considerarse a sí mismos adultos. Faruq no visitó a su familia de acogida sino que se dedicó a vagabundear por la ciudad. En cuanto a él mismo, Lars prefirió mantenerse ocupado en la Penumbra de Stanley Park, aprendiendo todo lo que pudo de la sabiduría de los espíritus locales de la naturaleza.

La manada se reunió de nuevo esa misma mañana para prepararse para el "Consejo Abierto" del Clan Pacto. Canción-Oculta les explicó qué tenían que hacer y decir durante la reunión Garou. Faruq les contó que había oído que los Fianna estaban muy conmovidos por el  trágico destino de Mata-Parientes y que había rumores de que tratarían de poner a uno de los suyos en su manada. Si ocurría eso, estaba claro que no podían negarse. Se consideraba espiritualmente armonioso que todos los rostros de Selene estuviesen representados en una manada y Mata-Parientes hubiese querido que uno de los suyos ocupase su lugar para protegerlos y encabezar la lucha contra el Wyrm.

Lars dejó de vagar en sueños cuando se dio cuenta de que un lobo de pelaje gris pardo, hombros anchos y mandíbula corta se acercó a los ancianos moviéndose rápidamente entre las personas presentes. "¡Es un Wendigo!", se dio cuenta el joven Theurge al reconocer el color de su pelaje. A su alrededor todas las conversaciones enmudecieron en el acto. Incluso los Ancianos se callaron y formaron un círculo alrededor del Arco del Leñador. El resto de los Garou formaron círculos concéntricos, alrededor de ellos, respetando una jerarquía bien visible donde los más sabios y fuertes esperaban en los círculos internos y los más jóvenes se quedaban en los círculos exteriores.

Voz-de-Plata les dijo entre susurros que el Wendigo se llamaba Voz-de-Trueno y que era un Galliard que ocupaba el cargo de Maestro del Aullido del Clan del Pacto. Una mirada hostil por parte de uno de los Garou asistentes hizo que el Hijo de Gaia se callase avergonzado por haber roto el silencio con su breve explicación.

El Wendigo alzó su cabeza y emitió un poderoso aullido que se debió escuchar en todo Stanley Park y más allá de esa tierra sagrada. Su voz llamó a todos los Garou y a los espíritus juramentados por las viejas alianzas, reclamando su presencia en ese Consejo Abierto del Clan del Pacto. El resto de los presentes adoptaron formas lobunas y unieron docenas de voces a la del Maestro del Aullido, creando una cacofonía de diferentes tonalidades y volúmenes. Parecía que todos los Garou del mundo habían elegido reunirse en Stanley Park esa misma noche.

Una pequeña loba de pelaje marrón aguado y diminutas marcas de sarna dejó de aullar para transformarse en Homínida. Tenía el aspecto de una mujer de mediana edad, de piel arrugada y con una sucia melena enmarañada. Pronto pudo averiguar que le faltaban varios dientes. Vestía con ropas mugrientas recogidas en diversos lugares de dudosa procedencia. "No hay duda de que es una Roehuesos", pensó Lars inmediatamente al verla. Los Garou presentes dejaron de aullar y le prestaron toda su atención.

-¿Para qué celebrar un Consejo? ¿No tenemos mejores cosas que hacer?- gritó con voz estridente.

-Celebramos este Consejo para honrar a los espíritus y escuchar las hazañas de los héroes pasados y presentes, -volvió a aullar Voz-de-Trueno. -Celebramos este Consejo para ofrendar una parte de nuestros espíritus a este lugar consagrado a la Gran Madre.

-Los espíritus no os necesitan-, respondió la mujer sin dejarse acobardar por la turba. -Ellos fueron, son y existirán. Para ellos, vosotros sólo sois juguetes entretenidos en el mejor de los casos.

-Los espíritus también son servidores de Gaia-, bramó Voz-de-Trueno. -Son nuestros guías y protectores, del mismo modo que nosotros les protegemos y cuidamos. Todas las tribus del Clan del Pacto honran sus juramentos con los espíritus.

La multitud de Garou reunidos en Stanley Park repitieron con sus aullidos el mensaje del Wendigo. "¡Es un ritual!", se percató maravillado. Tanto él como sus hermanos repitieron lo que decía Voz-de-Trueno. A continuación se hizo un breve silencio.

-Los muertos no necesitan que los recordéis-, insistió mujer. -¡No lo necesitan porque ya están muertos!

-Los muertos son nuestros antepasados-, respondió el Wendigo. -Honramos sus vidas y celebramos sus proezas como si fuesen nuestras. Si no puedes aprender de la sabiduría y las historias de nuestros mayores, estarás perdido y solo.

Todos los Garou reunidos volvieron a repetir los aullidos las palabras del Maestro del Aullido, confirmando la fuerza de sus creencias.

-Entiendo que queráis respetar a los espíritus y honrar a los caídos, pero ¿para qué tenemos que celebrar las hazañas de los vivos? Los que mandan os dirán que lo desean que creáis.

-Honramos a los vivos para saber quiénes son los héroes de nuestras tribus y manadas-, volvió a aullar Voz-de-Trueno. -Premiamos la gloria, el honor y la sabiduría. Castigamos la cobardía, la falsedad y la ignorancia. Damos justicia a quien la pide. Castigamos a los culpables. Honramos a nuestros líderes.

Nuevos aullidos, algunos de los cuales se volvieron claramente amenazadores, apoyaron los argumentos esgrimidos por el Wendigo. "Como esto no acabe pronto, esa valiente Ragabash va a tener un par de cicatrices nuevas", pensó alarmado Lars. "No me gustaría estar en su pellejo". Sin embargo, la mujer ignoró las amenazas y se mantuvo firme frente a los abucheos.

-¡Desperdiciáis vuestras energías conmigo!-, les gritó. -En lugar de enfrentaros a los siervos del Wyrm, os reunís aquí como viejos artríticos, quejándoos de vuestros dolores y contándoos historias que nadie se cree. Si tuvierais fuego en las venas, no desperdiciaríais ni siquiera una parte de vuestros espíritus en otra cosa que no sea la lucha contra el Wyrm. ¡Y no lo digo yo, lo dice la Letanía!

-La Letanía dice "No permitirás ninguna acción que provoque la profanación de un túmulo"-, respondió con firmeza el Maestro del Aullido, -Al dar una parte de nuestros espíritus mantenemos viva la magia de los túmulos y protegemos a la Gran Madre.

Los Garou reunidos volvieron a aullar para apoyar a Voz-de-Trueno, pero la cacofonía de aullidos y gruñidos se estaba volviendo salvaje. La mujer también lo percibió, porque adoptó su pequeña forma lobuna y se escurrió entre la multitud con la cabeza gacha y el rabo entre las piernas. A pesar de que todo formaba parte de un ritual, muchos Garou la insultaron llamándola "loca" mientras ella se escondía entre otros Roehuesos.

Una vez que cesaron los aullidos, un hombre salió de la multitud tras adoptar la forma Homínida. Tenía una estatura media y una complexión delgada, pero sus movimientos eran rápidos y seguros. Pasó junto a otros Garou sin mirarles siquiera, manteniendo la frente alta y soberbia. Lars lo conocía, al menos de oídas. Se llamaba Odia-la-Luz-de-Helios. Era un siniestro Theurge de la tribu de los Señores de la Sombra que había logrado alcanzar el cargo de Invocador del Kaos en el Clan del Pacto.

Cuando el Señor de la Sombra llegó al Arco del Leñador, permaneció unos segundos en silencio contemplando a la multitud.

-¿Quién de vosotros no ha tenido tratos con los espíritus?-, preguntó con fuerte y segura. -¿Quién de vosotros no se ha beneficiado alguna vez de sus dones? Selene nos bendijo con sus auspicios. Los Incarnae son los patrones espirituales de tribus enteras y otros espíritus son los guardianes y protectores de nuestros clanes, túmulos y manadas. A cambio ellos sólo nos exigen que les tratemos de un modo adecuado y que realicemos algunos servicios en su nombre.

Un profundo silencio siguió a las palabras del Señor de la Sombra. Todos los Garou conocían la importancia de los espíritus y aguardaron en actitud respetuosa a que el Invocador del Kaos siguiera hablando:

-¡Debemos ir a la Umbra!-, gritó el siniestro Theurge. -Debemos honrar a Cuervo, el tótem espiritual de nuestro túmulo, y a sus servidores espirituales. ¡Fortalezcamos nuestra alianza con ellos!

Todos los presentes aullaron su conformidad. Algunos utilizaron pequeños espejos y cristales que llevaban consigo, pero la mayoría corrieron hacia los lagos, para buscar su reflejo allí en la superficie de las aguas iluminadas únicamente por Selene y caminar de lado hacia la Penumbra. Una vez al otro lado de la Celosía, los Theurge invocaron a un avatar de Cuervo. Lars estuvo entre las demás Lunas Crecientes, asistiéndole en sus rituales y aprendiendo todo lo que podía. El resto de los Garou participaron a su manera entregándole sus ofrendas y cantándole hermosas canciones en su honor.

Cuando terminaron de honrar a Cuervo, los Garou del Clan del Pacto se reunieron con los tótems de sus manadas y con otros espíritus importantes de la Penumbra del túmulo. Lars estuvo muy ocupado durante ese tiempo, escuchando las demandas de los espíritus e intercediendo por ellos cuando pudo. Fue una tarea agotadora, pero el Consejo Abierto aún no había acabado. Por suerte, sus hermanos estuvieron allí para ayudarle en todo lo que pudieron.

viernes, 7 de diciembre de 2012

CANCIÓN-OCULTA (1 - 7)


Carretera 404, Ontario (Canadá)
7 de marzo de 1992

El joven Colmillo Plateado bostezó sin poder evitarlo, mientras miraba con aburrimiento la monótona área de descanso en la que habían detenido el tráiler después de recorrer tres horas de autovías y carreteras siempre en dirección norte. Lars había aprovechado el alto para curar las heridas de Faruq y Voz-de-Plata. A continuación, Canción-Oculta se había ofrecido voluntario para hacer guardia mientras sus hermanos dormían como podían dentro de la cabina del tráiler.

El área de descanso que habían elegido no era muy grande. El suyo era el único vehículo estacionado y no se veía a ninguna persona por los alrededores. A un lado tenían la autovía y al otro una línea caótica de árboles y maleza, parcialmente oculta por la nieve y el hielo.

Un movimiento dentro de la cabina atrajo la atención del Philodox. Al echar un vistazo, vio que Lars se había despertado y se incorporaba lentamente.

-¿Qué hora es?-, preguntó su hermano con un susurro ahogado repentinamente por un bostezo.

-Son las doce y media de la mañana-, le respondió el Philodox con la voz igual de baja. -¿No consigues  dormir?

-No-. Le respondió Lars. -He dormido en sitios peores, pero tengo un hambre de lobo. No recuerdo la última vez que comí algo.

Canción-Oculta sabía perfectamente que el Fenris no estaba siendo completamente sincero. Todos tenían hambre, cierto, pero no era eso lo que impedía dormir plácidamente al Theurge. "¡Es el Narlthus!", pensó. Percibimos su presencia inconscientemente, incluso en sueños. 

-Fueron las raciones de Bill.

-¿Eh? ¿Qué dices?

-Digo que lo último que comimos fueron las raciones de Bill, cuando buscábamos la herida en la tierra de la que te había hablado Búho-, le explicó pacientemente mientras seguía atento al exterior.

-Ah, es verdad. Lo había olvidado, -el Theurge tenía una mirada anhelante muy humana en esos momentos.

Hubo un largo silencio en el que ninguno de los dos dijo nada. Lo único que hicieron fue quedarse sumidos en sus propios pensamientos mientras vigilaban el exterior del tráiler a la espera de que ocurriese algo. Al final, Canción-Oculta se volvió para comprobar que sus hermanos seguían durmiendo y habló en voz baja:

-Oye, Lars, quiero hablar contigo ahora que Faruq y Voz-de-Plata están durmiendo.

-Dime, dime.

-Nuestra manada no puede permanecer sin alfa por más tiempo-, afirmó Canción-Oculta. -Esto no ha acabado. Lo sabes. Tenemos que tomar muchas decisiones importantes.

-Ya lo sé-, respondió malhumorado Lars. -Supongo que no quería tocar el tema... y que todavía estoy asimilando la muerte de Mata-Parientes. -La voz del Theurge perdió mucha de su fuerza cuando mencionó el nombre de su hermano fallecido.

-Yo también lo hecho de menos-, le respondió. -No sabes cuánto deseaba oír sus ronquidos mientras hacía guardia y vosotros dormíais. Pero él ya no está aquí y nosotros tenemos problemas muy urgentes. ¿Te has preguntado qué vamos a hacer con el meteorito que encierra a Narlthus? No podemos seguir recorriendo el país sin saber a dónde queremos llevarlo. Seguro que los siervos del Wyrm están utilizando todos sus recursos para encontrarnos.

-Yo también lo creo. Está bien. Hablémoslo. ¿Quieres ser tú el alfa de nuestra manada?

-En realidad estaba pensando en ti.

-¿En mí? No quiero serlo ni valgo para eso.

-¡Piénsalo bien!-, insistió él. -Todos te respetamos. Tus consejos son sabios. Luchaste como un demonio cuando estábamos en el edificio del Wyrm. Francamente no se me ocurre a nadie mejor para liderarnos. Creo que sabes que si reclamas ese privilegio nadie te lo discutiría.

-No, no, -protestó Lars. -No voy a hacerlo. Lo siento... De hecho, creo que el alfa deberías serlo tú.

-¿Yo?-, preguntó incrédulo el Philodox. -Debes estar bromeando. Toda la Nación Garou se reirá de nosotros si nuestra manada tiene a un metis como alfa.

-No me importa lo que piensen ellos-, le respondió el Fenris. -Lo sepas o no, eres un metis con el corazón de un auténtico líder. Has mantenido unida a la manada frente a todas las adversidades que nos han caído encima, tu voz tiene mucho peso en nuestras decisiones y tu orgullo no te impide escucharnos y adaptar tus ideas a las nuestras.

Sus palabras le afectaron mucho y aguardó en silencio durante largos minutos para poner en orden sus propios pensamientos. Era cierto que al principio había desafiado a Mata-Parientes por el liderazgo de la manada, pero luego había descubierto que lo había hecho únicamente porque eso era lo que su tribu y su familia esperaban de él. Por muy metis que fuera, seguía siendo un Colmillo Plateado. Únicamente cuando murió Mata-Parientes, Canción-Oculta había comprendido las verdaderas responsabilidades que implicaba el liderazgo.

-Está bien, yo lo reclamaré-, respondió finalmente Canción-Oculta-, pero debes prometerme una cosa.

-Tú dirás.

-Quiero tu palabra de que cuando me equivoque siempre me brindarás tus sabios consejos-, dijo el Philodox mirándole directamente a los ojos. -Sólo seré un buen líder si no teméis irritarme o avergonzarme. Y si por alguna razón la locura nublase mis pensamientos o mis actos, tendrás que desafiarme.

-Te lo juro solemnemente, Canción-Oculta.

Ambos se dieron la mano con mucha ceremonia. Sin embargo, vio cómo la tranquilidad abandonaba la mirada de Lars. El joven metis se volvió para mirar por el parabrisas ahí fuera. Un hombre anciano acaba de salir de entre los árboles y caminaba con paso tranquilo en su dirección, levantando un brazo para saludarles.

-¡Despertad! ¡Vamos!-, urgió a Voz-de-Plata mientras le tiraba del brazo que asomaba por detrás de los respaldos de los vehículos.

-¿Qué ocurre?-, preguntó Faruq de inmediato. -¿Nos atacan?

Todos se quedaron mirando al anciano que se acercaba caminando sin dificultades sobre algunas de las placas de hielo que cubrían el suelo bajo los árboles. Su pelo corto era completamente blanco, su rostro estaba cubierto de arrugas y sus ojos marcadamente rasgados revelaban sus orígenes asiáticos. Vestía unas ropas de invierno baratas y llevaba atada contra su espalda una alargada espada de aspecto plateado.

El anciano se detuvo a pocos pasos del tráiler, usando la cabina para no ser visto por los conductores de la carretera, aunque no hizo ningún gesto hostil o amenazador. Pese a que sus ojos perspicaces no perdían de vista lo que ocurría dentro de la cabina, una sonrisa serena iluminaba su rostro.

-Voy a ver qué quiere-, anunció Voz-de-Plata.

-Te acompaño-, respondió Canción-Oculta. Luego miró a Lars. -Si ocurre cualquier cosa, haz lo que sea necesario para llevar el tráiler al Clan del Lobo Invernal.

Canción-Oculta se agachó por debajo del asiento y adoptó la forma Lupus. Luego, él y Voz-de-Plata salieron del vehículo para hablar con el extraño. Canción-Oculta no perdió el tiempo y usó el don del Olor de la Auténtica Forma mientras se acercaban a él. "¡Es un Garou!", descubrió. "¿Pero dónde estarían sus lealtades?"

-¡Buenos días, cachorros!-, les saludó el anciano con entusiasmo, usando los gruñidos de la lengua Garou. -Soy Accolon, un Ahroun Athro de la tribu Contemplaestrellas. Me alegra ver qué estáis a salvo.

-Hola, Accolon-, respondió Canción-Oculta. -¿Qué haces aquí?-. La pregunta era demasiado directa, pero el Philodox necesitaba más tiempo para usar el don de Sentir al Wyrm.

-Buscándoos, naturalmente-, reconoció sin rodeos el anciano. -El Clan del Pacto ha enviado mensajeros a todos los clanes Garou cercanos al Clan del Lobo Invernal, pidiéndonos que apaciguásemos a los Wendigo y tratásemos de dar con vosotros antes de que ocurriese lo peor. Como he dicho, me alegra encontraros sanos y salvos.

-¿Puedes decirnos a qué clan perteneces, por favor?-, preguntó Voz-de-Plata con respeto.

-Al Clan del Prado de Central Park, que está situado en la isla de Manhattan-, les respondió el Contemplaestrellas pacientemente con una de sus tranquilas sonrisas.

Canción-Oculta seguía muy nervioso. El hedor producido por las emanaciones de Narlthus era tan intenso que rodeaba todo el área de descanso, haciendo que fuese imposible saber si Accolon estaba corrompido por el Wyrm o no usando sus dones.

-Perdona que te hagamos tantas preguntas-, se disculpó Canción-Oculta, -pero hemos sido testigos de muchas traiciones y engaños.

-Lo entiendo. Lleváis perdidos muchos días y puedo ver en vuestros ojos que os habéis tenido que enfrentar a grandes peligros, pero debéis creerme cuando os digo que no vengo a haceros daño. De hecho, os puedo decir que Bron Mac Eire está muy preocupado por vosotros.

Canción-Oculta y Voz-de-Plata le creyeron inmediatamente. No sólo porque hubiera usado el nombre de Bron, el famoso Cantor de Historias del Clan del Pacto, sino porque su instinto les decía que el Contemplaestrellas estaba siendo completamente sincero. Aun así, el joven Philodox intuyó que todavía faltaba una pieza más en su relato.

-Te creo, Accolon, y me alegro mucho de habernos encontrado-, empezó a decir, -pero ¿cómo has conseguido encontrarnos? Has hecho un largo viaje andando desde New York.

-En realidad-, les dijo el anciano, - tuve una visión profética de un gran mal alzándose en las tierras del norte si nadie lo impedía, por lo que llevo dos semanas recorriendo estas tierras. Hace dos días me encontré por casualidad con un Caminante Silencioso que se hace llamar Recorre-las-Sendas-Ocultas-de-Gaia. Él me contó que el Clan del Pacto os estaba buscando. Afortunadamente, unos espíritus me advirtieron que había una fuerte presencia del Wyrm por aquí y me acerqué a investigar. Cuando os vi dentro de la cabina del vehículo, supuse que erais los cachorros perdidos de los que todo el mundo estaba hablando. Debéis tener una historia muy interesante que contar.

-Si, así es-, le respondió Canción-Oculta satisfecho por las explicaciones de Accolon, -pero dejaré que sea nuestro Galliard quien te la cuente.

-.-

Al Hijo de Gaia le llevó un buen rato explicarle todo lo que les había pasado desde que fueron expulsados del Clan del Lobo Invernal, omitiendo naturalmente la ayuda que les había prestado el Gurahl llamado Bill. A decir verdad, Voz-de-Plata podía haber sido más breve, pero el Galliard se tomó aquel momento como una excelente oportunidad para practicar sus habilidades. Además Accolon no le metió prisa, sino que pareció disfrutar en silencio de la historia, interrumpiendo únicamente para pedir que aclarase algunos detalles. Canción-Oculta había aprovechado que esos dos estaban ocupados, para ir a tranquilizar a Lars y Faruq. El Theurge detuvo el motor y se bajó del tráiler en forma Lupus, mientras el Ragabash seguía vigilando los alrededores dentro de la cabina del vehículo.

-Desde luego, es una gran historia-, murmuró para sí Accolon. -Lamento que unos Garou tan jóvenes como vosotros hayáis tenido que sufrir todas esas penalidades y peligros, pero indudablemente estos son los Últimos Tiempos anunciados por las profecías. El mero hecho de que hayáis sobrevivido ya dice mucho de vuestra valía. Estoy convencido de que los ancianos de vuestro clan estarán de acuerdo.

-Gracias, pero aún queda algo más por hacer-, respondió Canción-Oculta. -Tenemos que ocultar a Narlthus para que los siervos del Wyrm no puedan liberarlo nunca de su prisión.

-Esa responsabilidad me corresponde a mí-, le dijo el Contemplaestrellas. -Como bien dices, hay que ocultar el meteorito. Encontraré el lugar perfecto, con la ayuda de Gaia y Esfinge, y me llevaré el secreto a la tumba si es preciso.

-Pero entonces, ¿qué hacemos nosotros?-, preguntó Voz-de-Plata.

-Volver a casa-, respondió Accolon. -Allí podréis recuperaros de vuestras heridas y preparar vuestros cuerpos y vuestras mentes para las terribles pruebas que nos depara el futuro para proteger a Gaia y a  todos sus hijos.

jueves, 6 de diciembre de 2012

VOZ-DE-PLATA (1 - 7)


Toronto, Ontario (Canadá)
7 de marzo de 1992

La gruesa malla de la Celosía trató de detenerle, pero el Hijo de Gaia se abrió paso tan rápido como pudo para llegar al otro lado. El aparcamiento subterráneo estaba iluminado en el mundo físico por las típicas luces  amarillas de emergencia, que apenas bastaban para iluminar con un tenue resplandor el espacio entre las columnas de hormigón ocupado por las plazas vacías para coches. A unos cuarenta metros por delante suyo, podía ver perfectamente la figura alargada del tráiler que buscaban. Incluso percibía débilmente la maligna presencia que se ocultaba en su interior. El lugar olía a gasolina y aceite para automóviles, lo cual resultó un alivio afortunadamente un alivio para él, después del hedor que habían tenido que soportar en el reflejo umbral de este lugar.

"¿Dónde demonios está Faruq?", pensó nervioso Voz-de-Plata. Los jóvenes Garou habían comprobado ya que algunas veces necesitaban más tiempo para caminar de lado. En Stanley Park, Bron les había explicado que eso dependía de factores como el desarrollo de los vínculos que unían a los Garou con Gaia, el grosor de la Celosía y la naturaleza impredecible de la Umbra. A veces el paso de un mundo a otro podía ser instantáneo, mientras que otras podía durar largos minutos. En el peor de los casos, el Theurge les había asegurado que uno podía encontrarse atrapado en las telarañas de la Celosía, lo cual era algo extremadamente peligroso, ya que los hijos de la Tejedora podrían intentar atacarles. El Hijo de Gaia rogaba porque Faruq sólo se estuviese retrasando un poco.

Un pequeño sonido apagado llamó inmediatamente su atención. Parecía provenir de las sombras del aparcamiento. Volvió a oírlo otra vez y otra más: eran unos pasos pesados. Una figura salió a la luz cerca del tráiler. Era un tipo enorme y fortachón, de más de un metro noventa de estatura. Iba vestido con un sucio mono gris de electricista cubierto de manchas de sangre y suciedad. Una sucia máscara de hockey le ocultaba la cara y parecía tener la cabeza llena de quemaduras. "¡Esto no me puede estar pasando!", se sorprendió el Galliard, "¡Pero si es el jodido Jason Voorhees de Viernes 13!" Para rematar la sensación de déjà vu que sintió en ese momento, ese psicópata llevaba un machete cuyo filo estaba manchado de sangre seca y suciedad. El tipo podía ser solo un imitador, pero a Voz-de-Plata le daba la impresión de que las manchas de sangre eran demasiado realistas para no ser de verdad.

El hombre se quedó allí quieto, mirándolo agresivamente mientras fingía respirar con esfuerzo a través de la máscara. Voz-de-Plata no sintió miedo, sólo estupor por la sorpresa. "Casi parece una broma cutre", se dijo a sí mismo conteniendo una sonrisa.

-¡No tengo tiempo para películas!-, le gritó al hombre al mismo tiempo que cargaba contra él. El clon de Jason también corrió a su encuentro, aunque lo hizo lentamente, como una vieja locomotora a la que le costaba ponerse en marcha.

Los dos chocaron con la misma violencia mostrada por los jugadores de rugby durante los primeros minutos de un partido de final de liga. El choque le dejó magullado el hombro izquierdo. Voz-de-Plata había tenido la sensación de estrellarse contra una columna de hormigón armado. El fomor casi cayó al suelo, pero se mantuvo erguido en el último momento. Voz-de-Plata le asestó un golpe con sus garras, rasgándole el mono con unos pequeños surcos de sangre. El hombre no sólo no gritó, sino que respondió intentando golpearlo con su machete. El filo de su arma se hundió unos pocos centímetros en el brazo derecho del Hijo de Gaia, cortando la piel hasta chocar contra el hueso. "¡Este cabrón es tan fuerte y tan rápido como un Garou", descubrió Voz-de-Plata intentando ignorar el dolor que le abrasaba el brazo. "Debe ser un fomor, como los guardias de la mina". Esa idea no lo tranquilizó en absoluto.

Le dio un nuevo golpe con su garra izquierda, arrancándole grandes trozos de sangre del pecho. El tipo pareció no inmutarse y barrió el aire con su machete intentando cercenarle una pierna. Voz-de-Plata se apartó de un salto hacia atrás, evitando el golpe por muy poco. A continuación, se volvió sobre sí mismo y se inclinó, mordiendo con sus fauces el hombro izquierdo de su enemigo. Oyó el chasquido de los huesos al quebrarse y sintió el sabor metálico de su sangre impía. El mordisco fue tan fuerte que esta vez el hombre sí gritó de agonía. Aun así, el fomor intentó golpearlo sin éxito con el machete, pero el Hijo de Gaia se adelantó y le hundió sus garras en el vientre, destrozando sus órganos internos y poniendo fin a la vida de aquella cosa.

Dejó caer el cuerpo del fomor al suelo con un gesto de desagrado y se detuvo unos preciosos segundos para que su cuerpo curase las heridas que le habían hecho.

-Una demostración excelente-, dijo una voz masculina cercana al camión. -El "doctor Dolor" ha sido descuidado, pero no te preocupes. Nosotros somos más profesionales.

La persona que estaba hablando salió a la luz. Era un joven mayor que él, de unos veinticinco años, de  un metro setenta de altura y complexión fuerte. Llevaba el pelo moreno anudado en una coleta por detrás de la cabeza, tenía unos atractivos rasgos asiáticos y sus ojos parecían dos esmeraldas verdes. Vestía un traje de negocios de color gris oscuro y en su mano derecha empuñaba una pistola automática de calibre medio con la que le apuntaba directamente.

Había dos "hombres" más a su lado. El más alto y fibroso, tenía una cabeza pequeña comparada con su gran torso y sus anchos brazos. Llevaba el pelo cortado al cepillo, de color rubio teñido, y hacía gala de unos fríos ojos azules y cara malhumorada. Iba vestido con un uniforme de vigilante de seguridad y llevaba una porra extensible en la mano derecha. El otro era un ser humano desnudo, de rasgos neutros, sin órganos sexuales ni  rasgos faciales o corporales distintivos. Tampoco parecía tener vello capilar. Sólo tenía un par de ojos y una gran boca abierta de par en par.

Faruq apareció en ese mismo a su lado. El asiático le disparó sorprendido, fallando por muy poco, y Voz-de-Plata aprovechó el momento para cargar contra ellos, temiendo no tener una oportunidad mejor que esa. El tipo de la porra extensible se interpuso entre él y sus compañeros, deteniendo su carga a base de golpes contra el aire y contra sus brazos. Voz-de-Plata tuvo que retroceder, aullando de dolor. Este fomor era igual de fuerte que el que el psicópata muerto. Faruq pasó a su lado como una exhalación y cayó sobre la cosa asexuada. El asiático retrocedió para ganar un buen ángulo de tiro.

Voz-de-Plata se agachó, recibiendo varios golpes dolorosos en la espalda y golpeó las piernas del fomor con un barrido de su poderoso brazo. Tuvo suerte y logró derribarlo al suelo. El tipo intentó incorporarse gruñendo como un animal salvaje, pero el Galliard lo aplastó contra el suelo usando su propio cuerpo y, aferrándole la cabeza con sus garras, golpeó su cara varias veces contra el asfalto hasta que el "hombre" se quedó completamente inerte.

En ese momento, sonó un disparo y el Hijo de Gaia sintió un fuerte aguijonazo en su hombro derecho. El dolor se convirtió en una agonía abrumadora. "Balas de plata", pensó mientras caía al suelo. Parecía que la bala se había quedado alojada dentro de su clavícula y su roce contra los huesos le provocaba un intenso dolor. El Galliard usó todas las fuerzas que le quedaban para intentar proteger su mole Crinos tras una de las columnas.

Sonó otro disparo en el aparcamiento. Esta vez fue Faruq el que aulló de dolor. Voz-de-Plata se asomó unos segundos, logrando ver el pelaje oscuro de su hermano arrastrándose inútilmente por el hormigón, mientras dejaba un rastro de sangre tras de sí.

-¡Eh, lobo!-, gritó el asiático-. ¡Ponte al descubierto si no quieres que remate a tu amigo!

Voz-de-Plata maldijo para sí mismo. Podía intentar correr hasta la siguiente columna y desde ahí cargar contra el asiático, pero a lo mejor su enemigo intentaba matar a Faruq antes de que pudiese impedirlo. Tenía que elegir entre hacerse con el camión o salvar a su hermano de manada. ¿Qué podía hacer? "En realidad, no tengo elección", pensó amargado. Adoptó la forma Homínida y salió de su cobertura con los brazos en alto.

-No lo hagas-, dijo innecesariamente. -Me rindo

-¡Quédate quieto!-, le respondió el asiático. -No intentes jugármela. Prefiero entregaros vivos, pero también me recompensarán si estáis muertos.

-Tranquilo. No dispares-, murmuró Faruq con voz débil, aunque el asiático pareció no haberlo oído.

-La has cagado, lobo-, le dijo con una sonrisa cruel. -Si hubieses venido a por mí cuando tenías la oportunidad, tal vez me hubieses matado y obtendrías el premio gordo, pero ahora... Yo hubiera preferido una muerte rápida ahora a lo que os espera.

En ese momento apareció Canción-Oculta tras el asiático. Su oportuna intervención desequilibró la partida. El fomor volvió a ser increíblemente rápido, apartándose y disparando justo en el momento en que presintió que algo iba mal. Sin embargo, la bala no dio en el blanco, sino que pasó por el minúsculo espacio formado por el costado y el brazo derecho del Colmillo Plateado.

Faruq se incorporó en ese momento, tapándose la hemorragia del vientre con su mano derecha, y le gritó:

-¡Pon en marcha el tráiler!-, su voz parecía más serena, como si antes hubiese exagerado su debilidad para que el fomor se confiara respecto a la gravedad de su herida. -¡Yo trataré de abrir la reja de la entrada!

Ignorando su propia herida, Voz-de-Plata corrió directamente hacia el vehículo. Pasó al lado de Canción-Oculta y del asiático. El fomor había dejado atrás las contemplaciones; los dedos de sus manos se habían unido para formar garras bestiales y un grueso tentáculo carnoso había brotado de su estómago rasgando la camisa. Al Colmillo Plateado le esperaba un combate difícil.

Abrió la puerta del tráiler y entró dentro de la cabina, agachándose para retirar la cubierta que protegía los cables y hacer el maldito puente. Los dedos le temblaban de los nervios que sentía. Tardó un tiempo más largo del habitual en conseguir encender el contacto. El camión rugió como una bestia embravecida cuando su motor se puso por fin en marcha.

Desde el cristal, pudo ver a Lars ayudando a Canción-Oculta a derrotar al asiático, que yacía comvulsionándose sobre el suelo con la piel desgarrada, mientras que Faruq había logrado hacer subir la persiana usando alguno de los controles de la cabina del guardia de seguridad. "Lo peor ya ha pasado", pensó Voz-de-Plata.

-¡Ya está! ¡Venid rápido!-, trató de hacerse oír.

Canción-Oculta y Lars ayudaron a Faruq a acercarse y lo subieron a la cabina. Luego ambos adoptaron la forma Homínida.

-¿Alguno de vosotros sabe cómo conducir uno de estos tratos con marchas?-, preguntó el Gallliard.

-Yo siempre he conducido con vehículos con marchas. Puedo intentarlo-, le respondió Lars.

Avanzaron varios metros y luego el camión se detuvo de golpe.

-¿No decías que podrías conducirlo?- preguntó nervioso Faruq.

-Dije que sé conducir con un coche con marchas, pero esto es un jodido tráiler.

Voz-de-Plata no sabía si reír o llorar. Habían arriesgado sus propias vidas para llegar aquí y todos sus esfuerzos no iban a servir de nada porque no sabían conducir un maldito camión. ¡Era algo tan surrealista! Miró a Canción-Oculta pero el Philodox tenía puesta toda su atención en el Fenris.

-¡No lo molestéis ahora!-, les dijo intentando mantener la calma. -Vamos, Lars. ¡Puedes hacerlo!

No lo consiguieron a la primera ni a la segunda, ni a la tercera, pero después de varios intentos lograron sacar el tráiler del aparcamiento y hacerlo avanzar por las calles de la ciudad sin quemar el embrague ni realizar movimientos demasiado sospechosos. El cielo estaba clareando en ese mismo momento y el sol teñía las nubes de un color púrpura anaranjado.

-¿A dónde vamos?-, preguntó Lars nervioso.

-Llévanos tan al norte como puedas-, sugirió Canción-Oculta.

Faruq había encontrado una mochila con ropa usada y maloliente detrás de los respaldos de los asientos. Lars se pudo un jersey de cuello alto que le quedaba grande, mientras Voz-de-Plata sujetaba el volante. Luego él se puso una camisa y unos vaqueros, quedándose sentado en el otro extremo de la cabina. Faruq y Canción-Oculta adoptaron la forma Lupus y permanecieron escondidos detrás de la cabina. El Hijo de Gaia encontró un gastado mapa de carreteras cuando estuvo rebuscando en la guantera del vehículo. Siguiendo sus indicaciones, Lars introdujo el tráiler en la autovía 401 y luego cogió un desvío para seguir por la 404.

Un coche de la policía de Toronto les siguió durante unos pocos metros. Lars intentó seguir conduciendo de la forma habitual, evitando hacer nada sospechoso. Todos ellos contuvieron la respiración. Sin embargo, el coche de policía acabó pasándoles de largo a toda velocidad mientras encendía las luces y las sirenas para acudir a alguna llamada de emergencia. Al final, lograron salir de Toronto cuando el sol ya iluminaba los edificios de la ciudad a través de las nubes del cielo.