miércoles, 17 de abril de 2013

CANCIÓN-OCULTA (5 - 4)

Vancouver, Columbia Británica
3 de junio de 1994

Después de pasarse casi todo el día durmiendo a pierna suelta, Roger Daly se puso en contacto con ellos  a través de Ruth Imparte-Su-Destino para informarles que había conseguido concertar una reunión con el vampiro llamado Necross. El encuentro tendría lugar en los aseos masculinos del Lamplighter Pub a las 12 de la noche exactamente y el líder de los Moradores de Cristal destacó la importancia de la puntualidad en estos delicados momentos. Canción-Oculta se sintió ligeramente molesto por ese apunte innecesario, pero tras pensarlo mejor, comprendió que Roger Daly estaba sometido a mucha presión y no había pretendido insultarlos en ningún momento.

En cualquier caso, las Cinco Garras de Gaia cenaron copiosamente en New Westminster antes de dirigirse a Gastown, la zona de la ciudad en la que se encontraba el pub, para echar un vistazo una hora antes de la reunión. Todos estuvieron de acuerdo en que merecía la pena explorar el terreno antes de quedar atrapados en un local cerrado con un vampiro tan poderoso e influyente.

Gastown comprendía un área de seis manzanas situadas en la ubicación original de Vancouver, en la parte noreste del centro actual de la ciudad. Sus antaño orgullosos edificios de ladrillo y mortero se estaban viniendo abajo, puesto que los sucesivos alcaldes habían destinado los fondos municipales a la construcción de los grandes rascacielos de acero y cristal que reinaban en el distrito financiero durante décadas, en lugar de reformar todo el área para convertirla en una gran atracción turística como demandaban muchos ciudadanos. El resultado había sido una zona urbana de edificios en ruinas y ennegrecidos por la contaminación, donde atracadores y vagabundos merodeaban libremente por sus oscuros callejones.

El Lamplighter Pub tenía la distinción de ser uno de los locales más antiguos de Vancouver, aunque muy pocos de sus parroquianos lo supiesen. El sucio edificio de dos plantas bajo el que se encontraba era uno más en Gastown, aunque se hallaba en la esquina de dos calles amplias pero de escasa iluminación. Al margen de eso, no encontraron ningún otro detalle digno de interés.

Cuando entraron en el interior del pub, descubrieron un lugar oscuro y lleno de humo, donde los viejos recordaban viejas glorias al amparo de las jarras de cerveza y los más jóvenes, sentados en pequeños grupos, intentaban olvidar sus problemas. Rodeando unas anticuadas neveras para botellas de cerveza, había una barra rectangular de madera negra donde descansaban varios caños de cerveza. Un camarero de unos cincuenta años atendía a los parroquianos, mientras otro que debía ser su hijo se ocupaba de hacer rodar un barril metálico al fondo del local. Contando por lo alto, Canción-Oculta creía  que debía haber unas treinta personas en el pub, pero el ambiente general era tranquilo y sosegado.

-¡Me gusta!-, exclamó Crow entusiasmado mientras se frotaba las manos con una sonrisa al ver la lista de cervezas pintada en una de las paredes con descuidadas letras rojas.

-Recuerda a lo que hemos venido-, le aconsejó.

-Aun así, me tomaré un par de jarras mientras esperamos.

-No pierdas el tiempo-, intervino Faruq. -Los Fianna son incorregibles.

Crow se acercó a la barra acompañado de Lars, mientras el resto tomaban asiento en una mesa libre cercana a los aseos. Un grupo de veinteañeros estaba jugando en la máquina de dardos, mientras dos ancianos realizaban movimientos interminables sobre un sucio tablero de ajedrez, lleno de quemaduras de tabaco. Canción-Oculta usó su don espiritual de Sentir al Wyrm, pero no advirtió nada que lo tuviese que poner en guardia.

-¿Quieres que vayamos a vigilar fuera?-, le preguntó Voz-de-Plata.

-No-, respondió el Philodox con una sonrisa. -Ya estamos en la boca del lobo. Es mejor que permanezcamos juntos hasta que salgamos de este sitio.

-.-

La manecilla del minutero fue pasando lentamente en el viejo reloj que colgaba solitario de una de las paredes. La mesa estaba ocupada por tres jarras vacías que se había ventilado Crow y una a medio beber por Lars. Algunos clientes se habían marchado durante ese tiempo y otros nuevos habían ocupado sus asientos. Canción-Oculta empezaba a estar preocupado, porque ahora sí pudo captar el hedor del Wyrm en el Lamplighter Pub. "Tal vez uno de ellos sea Necross", reflexionó en silencio. "O quizás esté cerca, vigilándonos atentamente desde algún minúsculo agujero en las paredes". La voz invisible que sólo podía oír el Colmillo Plateado aprovechó esos instantes para intentar sembrar más dudas en él, pero el Philodox rechazó sin esfuerzo sus vanas tentativas para convencerlo de la necesidad de unirse al Wyrm.

Por fin, llegó el momento que estaban aguardando. Sólo quedaban cinco minutos para que el viejo reloj  de la pared marcase las doce en punto. Canción-Oculta hizo un gesto discreto y se levantó para ir a los aseos. Crow y Voz-de-Plata le acompañaron como habían acordado previamente, mientras que Lars y Faruq entrarían pasados dos minutos.

Los aseos se podían definir como rudimentarios en el mejor de los casos. Baldosas rotas de un sucio color que debió haber sido verde en algún momento del siglo XX cubrían el suelo y las paredes. El techo mostraba numerosas quemaduras de mechero, así como pequeños garabatos apenas legibles. Tres meaderos estaban empotrados contra una pared, mientras que al otro lado de la aseo había dos retretes y un  único lavabo lleno de manchas grises. El olor a orín era muy fuerte, lo que inevitablemente hizo que Canción-Oculta se preguntase cuántas veces limpiarían con lejía esos aseos.

Aunque parecía que no había nadie más aparte de ellos en los aseos masculinos, abrieron de todas formas las puertas de los retretes para comprobarlo. Parecía que sus precauciones habían sido innecesarias. No había nadie más. Pasados un par de minutos, se les unieron Faruq y Lars.

-He estado en sitios peores que este-, afirmó el Ragabash.

-Seguro que sí-, confirmó Canción-Oculta. -Parece que tendremos que esperar por Necross, después de todo.

-No será necesario-, respondió una voz desconocida con un marcado acento extranjero.

Al principio, Canción-Oculta creyó que la maldición que padecía había adoptado una nueva forma, mudando de piel como lo haría una serpiente. Sólo cuando se dio cuenta de que sus hermanos también se habían sobresaltado, tuvo la certeza de que la voz había sido real.

La puerta del retrete más alejado se abrió con un movimiento suave y de su interior salió una figura de lo que antaño debió haber sido un hombre. La criatura, pues no había una palabra mejor para describirla, vestía un pulcro uniforme militar de época rojo, con cinto blanco, charreteras doradas y un cinto blanco del que colgaba una espada de caballería. La cara del monstruo era un pellejo estirado de cuello con mejillas hundidas al que le faltaba la nariz y del que apenas se distinguían los labios. Sus ojos azules estaban hundidos en las cuencas sombrías, aunque revelaban una mirada tan dura como fría. También tenía una barbilla puntiaguda y dos orejas terminadas en puntas retorcidas.

-¿Tú... tú eres Necross?-, preguntó Canción-Oculta intentando superar la turbación que sentía al contemplar el rostro del vampiro y despertaba el don espiritual de Verdad de Gaia.

-No. Mi nombre es Alberich. Necross me ha enviado para llevaros ante él-, la voz del vampiro apenas era un susurro ahogado, pero se oía con la suficiente claridad como para identificar sus orgullosos orígenes centroeuropeos.

-Eso no era lo acordado-, repuso el Philodox tras comprobar que el vampiro no estaba mintiendo.

-Supongo que no es lo que os han dicho. Permitidme dejar bien claro desde el principio que Necross nunca abandona su refugio secreto, por lo que tengo que guiaros hasta él. No obstante, para que esto suceda deben darse dos condiciones que debéis aceptar.

-¿Cuáles?

-En primer lugar, debéis permitir que untemos vuestras narices con un pañuelo impregnado en productos químicos y que os tapemos las cabezas con capuchas cerradas para que el refugio de nuestro amo siga permaneciendo en secreto.

-¿Pretendes dejarnos indefensos en vuestras manos?-, preguntó Crow con incredulidad. -¡Estás completamente loco!

-Tiene razón-, manifestó Faruq indignado.

-Nuestras condiciones no son negociables-, repuso el vampiro. -Si queréis reuniros con Necross, tenéis que aceptarlas.

-Pero tienes que entender nuestros recelos...-, intentó interceder Voz-de-Plata.

El vampiro negó en silencio con la cabeza y se mantuvo tercamente en su posición, con los brazos cruzados a la altura del pecho, esperando.. Hasta ahora, el instinto de Philodox de Canción-Oculta le decía que la sanguijuela había sido sincera. "Tenemos que intentarlo", se reafirmó el Colmillo Plateado.

-¿Cuál es la segunda condición?

-Que os sometáis a un ritual de naturaleza mágica por el que juréis no revelar nada sobre Necross o su refugio.

"¡Condenados vampiros!", meditó el Philodox en silencio. "Están obsesionados con su maldito secretismo". Canción-Oculta únicamente conocía de los vampiros lo que Illana les había contado y algunas historias protagonizadas por algunos héroes de su tribu que se enfrentaban contra esas criaturas nocturnas del Wyrm. El alfa miró a sus hermanos buscando su opinión en silencio. Lars y Faruq asintieron despacio con la cabeza, mientras Crow hacía exactamente lo contrario. Faruq permanecía indeciso, mirando con preocupación al vampiro. Al final, Canción-Oculta tomó su decisión.

-De acuerdo, aceptamos vuestras condiciones... pero no guardaremos en secreto nuestra conversación con Necross. Nuestros líderes deben conocer los detalles de lo que hablemos.

Ahora fue Alberich el que permaneció pensativo, barajando en silencio las órdenes que debía haber recibido y la propuesta que acaba de oír. Después de un largo silencio, el vampiro pareció tomar su propia decisión.

-Sea pues.

Dicho esto, aparecieron tres personas más en los aseos. De alguna forma, habían permanecido invisibles durante toda la reunión. Cada una de ellas era un espécimen igual de horrendo que el mismo Alberich. La mayoría estaban completamente calvos, tenían dedos retorcidos y caras repletas de pústulas, verrugas y lunares malsanos. Dos de esos vampiros vestían como vagabundos, mientras que una mujer llevaba las mismas ropas que habían visto en una joven que bebía en el pub.

martes, 16 de abril de 2013

VOZ-DE-PLATA (5 - 4)

Vancouver, Columbia Británica
3 de junio de 1994

No pasaron mucho tiempo en esa callejuela. Solo el necesario para atender las heridas más graves y ponerse de acuerdo en lo que debían hacer a continuación. Los Moradores de Cristal también se habían enterado de la muerte de los miembros de la manada de los Colmillos de Fimbul y su líder, Roger Daly, había enviado a Ruth Imparte-Su-Justicia al recinto ferial para que averiguase qué había pasado. Voz-de-Plata y sus hermanos estaban muy agradecidos ya que de no ser por su oportuna aparición, probablemente la mayoría de ellos habría compartido el sino de los Fenris asesinados. En cualquier caso, habían descubierto que el Wyrm tenía poderosos intereses en las antiguas instalaciones de la Expo y debían dar la voz de alarma.

Sin embargo, Imparte-Su-Justicia les pidió que informasen personalmente a Roger Daly en primer lugar. Después de haberles salvado la vida, las Cinco Garras de Gaia no pudieron negarse. Así pues, regresaron por el paseo marítimo hasta el aparcamiento donde habían dejado la furgoneta y se pusieron en marcha. Todos ellos estaban extenuados y agotados por la falta de sueño y descanso, pero soportaron ese último esfuerzo sin queja alguna. Imparte-Su-Justicia comentó que debían ir a la esquina de las calles Main y Hastings, y se sentó junto al asiento de Lars para guiarle por las calles del centro de Vancouver. Voz-de-Plata nunca había estado allí, pero todo el mundo sabía que esas calles probablemente fueran las peores lugares de la ciudad. Se decía que estaban llenas de borrachos, prostitutas y drogadictos, y que las peleas eran tan frecuentes como los navajazos.

Durante el trayecto, las calles de la ciudad pasearon despacio al lado de su ventanilla. A estas horas de la mañana bullían de actividad. Había humanos por todas partes, corriendo de un lado a otro como pequeñas hormigas consagradas por completo a su trabajo. En lugar de echar una cabezada rápida como hicieron Crow y Faruq mientras Canción-Oculta mantenía una conversación educada con Ruth, Voz-de-Plata prefirió contemplar con cansancio los pequeños quehaceres de las personas normales, de esas pequeñas y obstinadas criaturas de Gaia. "No luchamos únicamente por la Gran Madre", reflexionó en silencio. "También lo hacemos por vosotros, para que podáis vivir vuestras vidas sin miedo a la guerra y la corrupción del Wyrm".

Las calles fueron cambiando poco a poco a la sombra de los rascacielos del distrito financiero. Los cambios no fueron precisamente sutiles. Edificios viejos y mal conservados, ennegrecidos por la contaminación, compartían espacio junto a almacenes abandonados y comercios cerrados para siempre por persianas metálicas que llevaban décadas sin ningún tipo de actividad. Los únicos comercios que permanecían en activo eran pequeños bares que atendían las exigencias de los borrachos menos exquisitos. Aquí y allá, Voz-de-Plata también pudo ver a los más desfavorecidos de la sociedad humana, los que no tenían un lugar al que llamar hogar, durmiendo como podían, cobijados en los portales. Un poco más adelante, unos policías estaban cacheando a un grupo de jóvenes asiáticos, requisándoles inútilmente las navajas, cadenas y puños americanos que llevaban escondidos entre sus ropas.

Dentro de su furgoneta, Ruth le hizo un gesto a Lars para que aparcase cerca de un pequeño edificio de fachada gris a unos seiscientos metros de allí. Voz-de-Plata fue despertando pacientemente a Crow y Faruq. Cuando se bajaron del vehículo, Imparte-Su-Justicia les guió hasta un edificio de aspecto ruinoso, fachada ennegrecida por algún incendio pasado y puertas y ventanas atrancadas con gruesos tablones. Un cartel de neón sin luces anunciaba que aquel antro se había llamado en otro tiempo "El Buda Sonriente", aunque algún vándalo había arrancado varias letras por diversión. Ruth les explicó que el local había sido un famoso club punk de finales de los 70, que estaba siendo usado ahora por los Moradores de Cristal como discreto lugar de reunión para su tribu.

Los seis se colaron por el espacio entre las tablas decoradas con pintadas callejeras de la entrada y entraron en una gran sala de paredes chamuscadas por algún incendio pasado. A pesar de que la escasa luz que se colaba por las rendijas de los tablones, Voz-de-Plata atinó a distinguir en la oscuridad la barra de un bar, un escenario enjaulado y un cartel medio carbonizado que colgaba tercamente de una de las paredes. Ruth les pidió que tuviesen cuidado al caminar y los guió hasta la parte de atrás, donde se encontraban unas escaleras que subían a los pisos superiores.

Un hombre extremadamente corpulento les estaba esperando, sentado en los cuatro últimos peldaños del primer tramo de escaleras. Tenía un corte de pelo de estilo militar, que había dejado prácticamente rapado su pelo castaño oscuro. Su ojos de color avellana les observaban con una mezcla de curiosidad y cautela desde un rostro dominado por una mandíbula cuadrada. Tenía hombros anchos y brazos musculosos, destacados por la ajustada camiseta verde oliva de manga corta que llevaba puesta. Una mueca asomó en los labios del hombre a modo de sonrisa, aunque Voz-de-Plata no puedo decidir si ese gesto era amistosa o no.

-Hola, Andrew-, lo saludó ella apresuradamente. - Me acompañan las Cinco Garras de Gaia. Tenemos que hablar con el gran jefe inmediatamente. ¿Está en casa, no?-, preguntó tras una breve pausa.

-Sí-, respondió secamente el hombre. -Podéis subir.

-Eres un encanto. Gracias.

Pasaron a su lado en completo silencio. Estaba claro que Andrew era una especie de Guardián en este lugar y que les había dado su bendición para subir, por lo que podían estar tranquilos. Sin embargo, Voz-de-Plata fue el único que se percató que Faruq lo saludaba con un leve movimiento de la cabeza, gesto que fue correspondido por Andrew con una sonrisa más amplia y sincera que la anterior. El Galliard decidió tendría que hacerle algunas preguntas a su hermano cuando estuviesen a solas.

Aunque el resto del edificio parecía compartir el mismo aspecto deteriorado que había visto en la planta baja del local, los pisos superiores estaban bastante limpios y ordenados. Numerosos cables eléctricos recorrían las paredes desnudas y algunas puertas estaban reforzadas con planchas metálicas. Ruth les guió a través de los pasillos vacíos hasta que se detuvo frente a una puerta anónima. Pico dos veces y sólo la abrió cuando escuchó un débil "adelante".

Las Cinco Garras de Gaia la siguieron hasta lo que parecía ser un lujoso despacho de ejecutivo, con todas las comodidades modernas que uno pudiera imaginarse. Una chimenea eléctrica, apagada en esos momentos, dominaba uno de los lados de la habitación, mientras que en el otro había un elegante mueble bar muy bien surtido, rodeado por dos pequeñas estanterías ocupadas por libros de todos los tamaños y colores. Frente a unos pesados cortinones negros que cubrían las ventanas tapiadas, había una mesa de cristal sobre la que estaba fijado un potente ordenador IBM con sus múltiples accesorios y cables, además de una lámpara metálica, varias carpetas con documentación interna y un teléfono. Dos impolutos sillones de cuero blanco se hallaban frente al escritorio para recibir a las visitas.

El líder de los Moradores de Cristal de Vancouver pareció sorprendido cuando les vio entrar a todos en su despacho, pero se levantó de su sillón de cuero para darles la bienvenida. Roger Daly era un hombre elegante y de estatura media, de unos sesenta años de edad. Tenía el  pelo corto, de color claro y perfectamente peinado, una cara afable y ojos de color gris tras unas gafas Dunhill de montura de acero. En ese momento llevaba puesto un caro traje de corte británico, además de un reloj y dos anillos de oro blanco.

-Bienvenidos al Buda Resplandeciente.

-Gracias, señor-, respondió Canción-Oculta en nombre de la manada.

-Ruth, tengo mucho trabajo. Deberías haberte puesto en contacto conmigo para programar una reunión.

-Ha habido imprevistos, Roger. Cuando llegué a la Expo, las Cinco Garras de Gaia luchaban contra peones del Wyrm. Tuvimos suerte de no perder a nadie. Supuse que querrías conocer todos los detalles...

-Tienes razón, perdona-, la tranquilizó el líder de los Moradores de Cristal. -Parece que últimamente los problemas no hacen más que acumularse en esta ciudad. ¿Puedo preguntaros que hacíais en la Expo?-, les preguntó directamente.

-Lord Abercorn envió a Galen Hawes para avisarnos de la muerte de los Fenris de los Colmillos de Fimbul , -respondió Canción-Oculta- y solicitar que investigásemos el recinto ferial para que averiguásemos si el crimen había sido cometido por sanguijuelas. En lugar de vampiros, nos topamos con Perdiciones y nuestro Theurge cree que también hubo algún tipo de magia negra en la zona. En cualquier caso, la parte oriental del recinto ferial apestaba a Wyrm.

Roger Daly meditó en silencio las graves noticias de Canción-Oculta. Miró interrogante una sola vez a Ruth Imparte-Su-Justicia, que asintió para apoyar silenciosamente su testimonio. El líder de los Moradores de Cristal se apoyó sobre el borde de su escritorio. La preocupación que reflejaba su mirada era evidente.

-Mal asunto-, dijo al fin el líder de los Moradores de Cristal. -El Wyrm no podía haber elegido un peor momento para extender sus tentáculos sobre la ciudad. El Príncipe de los vampiros no permitirá el paso a una patrulla de guerra Garou para limpiar la Expo con el actual clima prebélico que se ha adueñado de Vancouver.

-Respecto a eso-, empezó a decir el Colmillo Plateado de pronto, -sabemos que los Moradores de Cristal están comprometidos con la paz con humanos y vampiros, por lo que queremos compartir con vosotros algunos datos extremadamente importantes que hemos averiguado en las últimas noches.

El alfa de las Cinco Garras de Gaia lo miró fijamente y Voz-de-Plata captó el mensaje. Tardó un par de segundos en recuperarse de la sorpresa, pero cuando empezó a hablar lo hizo con firmeza. Usando sus talentos de Galliard, narró con gran detalle sus encuentros con la vampiresa llamada Illana, que estaba muy preocupada por los ataques que habían sufrido algunos vampiros de la ciudad y por el fanatismo mostrado por uno llamado Derek, el líder de las patrullas vampíricas, que trataba de forzar una respuesta armada.  Sin mencionar expresamente la ayuda proporcionada por Thomas Hoggarth, Voz-de-Plata también habló de la oscura reunión que habían descubierto en British Properties, donde tres Garou liderados por un Ronin llamado Sangre-Podrida y dos vampiros habían mencionado que todo iba según el plan establecido. En ese punto, el Galliard tuvo que reconocer que la manada había perdido la pista de los Garou renegados en la Umbra, aunque contó que, después de ese altercado, informaron personalmente de todo lo ocurrido a lord Abercorn y Arthur Cunningham. Cuando terminó su relato, había pasado una media hora larga, pero estuvo satisfecho cuando comprobó que Roger Daly le había prestado su completa atención.

-Ahora todo tiene más sentido-, asintió el líder de los Moradores de Cristal. -Existe una conspiración para desencadenar una guerra entre Garou y vampiros.

-Eso creemos-, confirmó Canción-Oculta. -Lord Abercorn quería esperar a reunir pruebas para presentarlas en el Consejo de Ancianos, pero la presencia del Wyrm en el recinto de la Expo me ha hecho darme cuenta de que no nos queda tiempo.

-Estoy de acuerdo. Sin embargo, aunque consigamos el apoyo de los Ancianos, es posible que fracasemos igualmente si los vampiros de Vancouver no se implican en conseguir la paz. El Príncipe Sigfried no responde a mis llamadas desde que comenzaron los ataques, pero tal vez podamos reunir el apoyo de otros vampiros importantes...

-¿En qué estás pensando?-, intervino Faruq por primera vez en la conversación.

-Conozco a alguien que puede llevaros ante uno de los vampiros más influyentes de la ciudad. Si le contáis todo lo que me habéis dicho, tal vez nos ayude a impedir esta guerra.

-¿Tal vez?-, preguntó incrédulo Faruq.

-Es nuestra mejor oportunidad-, respondió Roger Daly mientras se levantaba y se acercaba al mueble bar para servirse un vaso de whisky.

-¿Quién es ese vampiro?-, quiso saber Lars.

-Su nombre es Necross. Siento pediros que voléis a ciegas, pero tenéis que confiar en mí. Intentaré acordar vuestra reunión con él para esta noche. Entretanto, me pondré en contacto con lord Abercorn y otros Ancianos para convocar mañana mismo al Consejo de Representantes del Clan del Pacto. ¿Qué decís?-, preguntó tras beberse de un solo trago todo el contenido de su vaso.

-De acuerdo-, respondió Canción-Oculta en nombre de las Cinco Garras de Gaia. -Lo haremos.

Voz-de-Plata no dudó en asentir al igual que el resto de sus hermanos. Toda guerra acarreaba inevitablemente la muerte de víctimas inocentes y él no estaba dispuesto a permitir que Vancouver se convirtiese en un campo de batalla para Garou y vampiros mientras el Wyrm se iba apoderando poco a poco de su querida ciudad.

lunes, 15 de abril de 2013

ERGUIDO-CUAL-MONTAÑA (5 - 4)

Vancouver, Columbia Británica
3 de junio de 1994


El viejo recinto ferial de la Expo de 1986 estaba ubicado en la cara norte de False Creek. Voz-de-Plata les había contado muchas cosas de la historia de esa pequeña parte de la ciudad mientras recorrían con su furgoneta el camino más corto desde New Westminster. El Galliard les había explicado que antaño la zona había sido utilizada como lugar de intercambio de trenes y mercancías, aunque todo había cambiado cuando se anunció que Vancouver había sido escogida como sede para dicha feria internacional.

Los terrenos de False Creek se recalificaron rápidamente, construyendo coloridos edificios de entre 50 y 200 metros de largo, que parecieron brotar de la noche a la mañana, así como todo tipo de pabellones, cervecerías de estilo bávaro, restaurantes, cines, teatros y un largo etcétera en una extensión de costa de 0,7 kilómetros cuadrados. Entre sus atracciones figuraban una montaña rusa llamada la Máquina de los Gritos y un aparato gigante cuyo nombre previsto había sido el Challenger, que tuvo que ser cambiado a última hora debido al accidente real que sufrió el transbordador espacial ese mismo año.

En definitiva, la Exposición había sido un gran éxito. Entraron cantidades ingentes de dinero en la ciudad y mostró al mundo que Canadá hacía mucho que no era una tierra de iglúes y tramperos, sino un lugar donde hacer negocios y un destino turístico de primera calidad. Sin embargo, los problemas empezaron a partir del 13 de octubre, la fecha del último día de la Exposición.

Tras la ceremonia de clausura, los fuegos artificiales y los espectáculos con láseres, se desmontaron los pabellones prefabricados y se distribuyeron por todos los pueblos de la Columbia Británica, al igual que las banderas y las pancartas. Todo cuanto quedó después fue un yermo desolado. Voz-de-Plata también les explicó que hubo muchos inversores urbanísticos que intentaron sacar adelante sus propios proyectos para esa propiedad en primera línea de costa, pero la compañía más atrevida había sido Concord Pacific, que consiguió la autorización del ayuntamiento para construir una atractiva zona de apartamentos de lujo construidos sobre pequeñas islas artificiales y con canales de estilo veneciano entre ellas.

No obstante, dicha construcción nunca llegó a ponerse en marcha, ya que los exámenes preliminares mostraron que el suelo estaba altamente contaminado por una peligrosa mezcla de toxinas: aceites, pesticidas y otros productos químicos se habían estado filtrándose a la tierra desde hacía varias décadas. Los niveles de toxicidad eran tan altos que las autoridades municipales no sólo no pudieron conceder los permisos de construcción sino que ningún vertedero de la Columbia Británica aceptaría la tierra contaminada. El antiguo recinto ferial se convirtió así en un yermo urbano sin que los indignados ciudadanos de Vancouver pudiesen hacer nada para evitarlo.

Voz-de-Plata acababa de terminar la historia cuando Lars aparcó la furgoneta cerca del paseo marítimo que rodea North False Creek. Crow y sus hermanos se bajaron del vehículo. El Ahroun comenzaba a sentir la tensión del peligro y estaba listo para dar lo mejor de sí mismo en la lucha contra los enemigos de la Nación Garou. Pronto todas las preocupaciones desaparecerían cuando encontrasen al asesino o asesinos de los Colmillos de Fimbul.

-Han debido descubrir el refugio de una sanguijuela-, murmuró para sí.

-¿Qué dices?-, le preguntó Faruq intrigado.

-He dicho que los Fenris asesinados debieron haber encontrado el refugio secreto de una sanguijuela y esa cosa los mató a todos antes de que pudiesen dar la voz de alarma.

-Tendría que ser un vampiro muy peligroso para poder matar a varios guerreros Fenris al mismo tiempo, opinó Lars.

-Basta de especulaciones-, intervino Canción-Oculta. -Centrémonos en la tarea que tenemos entre manos. Por ahora sólo estamos echando un vistazo. Si permanecemos juntos y actuamos con inteligencia, no habrá adversidad que no podamos sortear.

Los cinco Garou caminaron juntos en completo silencio. Sus nervios les mantenían completamente despiertos y en guardia, a pesar del cansancio que empezaban a sentir por haber estado toda la noche patrullando las calles de New Westminster. Pronto comprobaron que el paseo marítimo no estaba abandonado precisamente, ya que numerosos paseantes, patinadores y ciclistas lo recorrían incluso a esas horas de la mañana. Sin embargo, Crow pudo comprobar que los humanos que recorrían aquel paseo parecían intranquilos, mirando nerviosos a un lado y a otro, como si intuyesen que algo iba mal a pesar de que hacía una mañana verdaderamente espléndida, con una agradable temperatura que se incrementaría gradualmente y un caluroso sol reinando solitario en un cielo despejado de nubes. La brisa marina traía consigo el olor fresco del mar y el salitre, aunque misteriosamente no había ninguna gaviota volando por los alrededores. "Aquí pasa algo raro", se dio cuenta el Arhoun. Una breve mirada le confirmó que sus hermanos también lo habían percibido.

Tras una pequeña caminata, llegaron a la entrada del viejo recinto ferial. Una oxidada verja impedía el acceso a las instalaciones. Tras mirar a su alrededor para asegurarse de que no hubiera ningún agente de policía cerca, saltaron de uno en uno la verja. El interior del recinto era un desastre debido a los años de abandono. Por doquier, hierbas y matojos crecían alrededor de las bases de hormigón de las antiguas instalaciones, y pequeñas bandadas de mosquitos de aspecto malsano se arremolinaban en algunas zonas, atraídos por los restos de basura abandonados. El edificio más cercano tenía un cartel caído en el que aún se leían Kodak Pacific Bowl. "No parece que haya nadie en casa", pensó Crow adelantándose un par de pasos. Faruq se había puesto a su altura, mientras que Canción-Oculta y Voz-de-Plata habían adoptado la forma de lobo cavernario que los Garou llamaban Hispo. Lars, por su parte, tenía la mirada perdida, concentrado en algo.

-Vamos a dar una vuelta por el recinto antes de entrar en los edificios-, propuso Canción-Oculta.

Aunque todos estaban de acuerdo, también se hallaban muy nerviosos y tensos, sabiendo que podían ser víctimas de una emboscada en cualquier momento. Pasaron junto al esbelto tubo circular que había sido en el pasado la Space Tower. Crow recordó haberla visto por televisión y sintió una llamarada de ira cuando contempló unas patéticas pintadas con formas fálicas hechas por gamberros a los que no les había importado mancillar sus recuerdos. Las paredes de una de las estaciones de monoraíl del recinto ferial mostraban las mismas marcas de gamberrismo urbano.

La manada pasó junto a otros edificios de hormigón. La mayoría no conservaba sus antiguos carteles, por lo que era imposible averiguar que países o regiones los habían ocupado. Cuanto más tiempo pasaba Crow en esa zona, estaba cada vez más convencido de que una o más sanguijuelas debían estar escondiéndose por en el sótano de alguno de aquellos edificios vacíos. El recinto ferial tenía muchas ventajas para esas criaturas del Wyrm. Los humanos no solían merodear por aquel lugar abandonado, lo que les debía ofrecer mucha privacidad para sus siniestras actividades, y estaba lo suficientemente cerca del centro de la ciudad para que pudiesen conseguir sangre con suma facilidad. "Registrar cada edificio nos llevará prácticamente todo el día", se percató el Fianna.

-Apesta a Wyrm-, gruñó Canción-Oculta cuando estaban a 100 metros de lo que había sido la tercera estación de monoraíl de la Exposición.

La manada había cruzado por debajo de un puente de carreteras para acceder a la siguiente parte del recinto ferial y había pasado junto a más edificios abandonados, encontrándose únicamente con la ocasional rata asustadiza y los omnipresentes mosquitos. Crow miró a su alrededor buscando señales que delatasen la presencia de enemigos en las cercanías y deseó una vez más poder tener el don místico que permitía a sus hermanos de manada detectar la presencia del Wyrm con tanta facilidad.

Los acontecimientos se precipitaron por sí solos a partir de ese momento. El asfalto se fundió bajo sus pies a  una gran temperatura, aunque él pudo apartarse a tiempo de un salto antes de que el líquido quemase sus botas. Casi en ese instante, cuatro seres aparecieron de la nada, rodeándolos por todas las direcciones. En lugar de brazos tenían filos con forma de guadañas y colmillos afilados donde debían haber estado los dientes de sus caras apergaminadas. "¡Maldición, son Psicomaquias!", pensó mientras trataba de incorporarse del suelo.

Voz-de-Plata se convirtió en Crinos y se lanzó a la carga contra una de ellas, mientras aullaba valientemente un desafío. La Perdición sonrió sombría, apartándose de su camino y alzando con un gesto cansado una de sus afiladas extremidades metálicas. Hubiese acertado la espalda del Galliard sin dificultad si no hubiese sido por Faruq, que interpuso una especie de antiguo cuchillo curvo en su mortífera trayectoria para proteger al Hijo de Gaia.

Apenas se hubo levantado, Crow tuvo que hacer frente a su propio adversario, apartándose justo a tiempo del golpe de otra Psicomaquia y lanzando un contraataque afortunado que logró llevarse por delante parte de la esencia espiritual de esa vil criatura. Lars se había transformado en Crinos a pocos metros de donde se encontraba el Ahroun y estaba luchando contra otra Perdición. De repente, una especie de lluvia de agujas plateadas surgió a poca altura sobre la cabeza de Canción-Oculta. El alfa de la manada aulló de dolor mientras se arrastraba con dificultad con una docena de puntas plateadas clavadas sobre su piel. Otra Perdición fue a su encuentro dispuesta a rematarlo.

Crow apartó de un manotazo a la Psicomaquia con la que se estaban enfrentando y cargó contra la que intentaba acabar con el alfa, chocando violentamente contra ella y derribándola brutalmente al suelo de hormigón. Voz-de-Plata y Faruq destrozaron a la Perdición contra la que se enfrentaban, lanzando un par de golpes coordinados que desgarraron la carne materializada del espíritu, que tenía ahora un sombrío tono translúcido. Lars, por su parte, seguía involucrado en su pelea personal contra otra Psicomaquia.

-Tenemos que retroceder-, aulló Canción-Oculta desde el suelo.

Crow se puso sobre la indefensa Perdición a la que había derribado y comenzó a desgarrarla con sus garras de Crinos, estampándola contra el suelo repetidas veces. Sin embargo, oyó un aullido estremecedor. Cuando se volvió, vio a Faruq de rodillas, sosteniéndose la cabeza con ambas manos mientras su cara mostraba una agonía atroz. "¿Qué diablos está pasando aquí?", se preguntó el Ahroun sin comprender nada. Voz-de-Plata trataba de proteger al Caminante Silencioso, interponiéndose entre él y la Perdición con la que estaban luchando.

La Psicomaquina que había atacado a Crow al principio del combate eligió ese momento para volver a atacar. El Ahroun estaba demasiado confuso por los extraños sucesos que estaban acompañando a la pelea, por lo que no vio ni pudo evitar el tajo de la Perdición. Sólo sintió un dolor abrasador por la espalda, a la altura de la cintura. Canción-Oculta se transformó en Crinos e intentó ayudarlo mordiendo el vientre de la criatura, que gritó unas palabras incomprensibles.

Unos disparos interrumpieron la pelea. Las balas impactaron contra la Psicomaquia que acaba de levantarse. Sin embargo, no sólo causaron las heridas que provocarían cualquier arma de fuego normal, sino que descargaron pequeños rayos eléctricos sobre la Perdición, chamuscándola hasta destruir su cuerpo materializado. Una mujer bajita, de pelo castaño corto y tez pálida había aparecido al otro lado de un edificio hacía escasos segundos. Iba vestida con un conservador traje negro de hombre y una gabardina gris, y sostenía entre sus manos una beretta automática con la que acaba de abrir fuego.

-¡Por aquí!-, les gritó.

Crow se fijó que el asfalto comenzaba a hundirse bajo los pies de Canción-Oculta y apartó a su hermano de un salto antes de que el hormigón fundido le quemase los pies. Faruq se alejó tambaleándose hacia la mujer mientras Voz-de-Plata le protegía de la Psicomaquia con la que se enfrentaba. Lars mantenía a raya a la otra con gran esfuerzo. La Perdición a la que el Ahroun había vapuleado trató de incorporarse con dificultad, pero fue abatida por una nueva ráfaga de tres balas del arma de la desconocida. De nuevo, volvieron a brotar multitud de rayos eléctricos de las balas que impactaron y frieron su cuerpo materializado.

-¡Puedo moverme yo solo!-, protestó Canción-Oculta. -Ayuda a Lars.

Crow no se lo pensó dos veces y cargó en auxilio de su hermano de manada. Si hubiese tardado unos segundos más, el Theurge probablemente hubiese muerto, ya que otra lluvia de agujas plateadas apareció esta vez sobre él. Sin embargo, la carga de Crow derribó a la Perdición y apartó a su hermano milagrosamente del punto donde se encontraba, salvándole la vida. El Ahroun luchó unos segundos por recuperar el equilibrio para no caerse y, por último, lanzó un fuerte golpe de su garra contra la Psicomaquia, destrozando literalmente su cuerpo. Sonó otra nueva ráfaga de disparos, que abatió al último espíritu impuro, el que se enfrentaba contra Voz-de-Plata.

-¡Seguidme, rápido!-, les gritó por última vez la mujer antes de salir corriendo por donde había venido.

Crow se quedó el último para proteger la retirada de sus hermanos de manada. Le pareció ver una sombra  humana al otro lado del cristal sucio de un gran edificio de hormigón. Durante unos aterradores segundos, tuvo la vívida impresión de que la sombra le estaba señalando. El Ahroun se sintió inmovilizado. "¿Qué me está pasando?", se preguntó completamente atemorizado. Sus brazos y sus piernas se negaban a responder sus órdenes, como si se hubiese convertido en una estatua. No podía mover ni un solo músculo de su cuerpo  ni respirar y su corazón dejó poco a poco de latir.

Lars tiró de él con un brusco movimiento y lo que fuera que le habían hecho dejó de funcionar inmediatamente. Crow miró a su hermano con ojos llenos de terror y se dejó guiar por él. Fue una carrera apresurada, enloquecida, más propia de una pesadilla que de una experiencia real. Sin ser del todo consciente de lo que hacían, saltó la oxidada verja metálica junto al Fenris y siguió a sus hermanos, ya en forma Homínida, y a la extraña mujer que los había ayudado hasta una callejuela en la calle Beatty.

-¿Qué te pasó?-, preguntó Lars intentando recuperar el aliento con gran esfuerzo.

-Vi una sombra humana en un edificio y luego me quedé inmovilizado, sin poder moverme ni respirar.

-Ha sido un embrujo-, asintió el Theurge. -Probablemente fuera la misma persona o cosa que hizo que el asfalto se derritiese bajo nuestros pies o que hacía aparecer de la nada esas putas agujas plateadas.

Interrumpieron su conversación cuando alcanzaron a sus hermanos de manada. Voz-de-Plata estaba dando un masaje en la cabeza de Faruq, aliviándole los dolores que sentía usando seguramente el don del Roce Materno, mientras Canción-Oculta se arrancaba en silencio y una mueca torcida las agujas plateadas que se habían clavado en su piel. Lars se arrodilló a su lado para curarle sus heridas. La mujer por su parte, les observaba en silencio, vigilando la calle.

-¿Quién eres?-, le preguntó Crow sin fiarse del todo de su oportuna aparición.

-Mi nombre es Ruth, aunque me llaman Imparte-Su-Justicia. Soy una Luna Nueva de la tribu de los Moradores de Cristal.

viernes, 5 de abril de 2013

FARUQ (5 - 3)

Vancouver, Columbia Británica
3 de junio de 1994

Faruq terminó de beber su lata de cerveza y la arrojó a una papelera verde del Millenium Trail. Hacía dos horas que la lluvia les había dado un respiro, aunque todavía se percibía en los alrededores de Vancouver un ambiente extremadamente húmedo y caluroso. Con pereza, el Ragabash contempló durante unos segundos a varios grupos de adolescentes y adultos jugando de noche en las pistas deportivas del Queens Park. "¡Qué fácil sería olvidar todas mis preocupaciones y unirme a ellos!", pensó sintiendo un pequeño aguijonazo de envidia. En momentos como ese, Faruq casi añoraba la capacidad humana para ignorar los graves peligros que los rodeaban.

Un movimiento escurridizo a su espalda hizo que el Caminante Silencioso se volviese de improviso, temiendo un ataque a traición. Ningún humano podría haberse acercado tanto a él sin que lo percibiese, por lo tanto el intruso debía ser una preocupación grave para él. Cuando se volvió, vio a una loba de pelaje gris y manchas blancas y pardas, que pasaría perfectamente por un animal salvaje perdido o escapado de un zoo de no ser por el sobrenatural brillo rojo de sus ojos.

-Ah, eres tú-, la saludó. -No vuelvas a acercarte a mí de ese modo. ¿Nunca te han dicho que no es buena idea acercarse por la espalda a un hombre lobo?

La loba le respondió con un ladrido amistoso, abriendo la boca y mostrando la lengua tranquilamente. Faruq se puso nervioso. Sabía que podía confiar en Illana más que en cualquier otra sanguijuela de la ciudad, pero ese era el problema... ella era una sanguijuela. "¿Cómo voy a confiar en un ser que está muerto y se alimenta de sangre para sobrevivir?", pensó para sus adentros. Ese conflicto interior lo confundía más de lo que se atrevía a reconocer.

-¿Qué quieres ahora?-, preguntó.

La loba volvió a ladró una vez y, aunque intentaba no llamar la atención, Faruq pudo reconocer fácilmente el tono de urgencia. "No es una maldita visita de cortesía", se dio cuenta el Ragabash con frustración. "Más malas noticias, entonces".

-Está bien. Tú espérame por aquí, entre los árboles. Traeré al resto en unos minutos.

-.-

No fue difícil dar con sus hermanos. Lo estaban esperando en la furgoneta en la calle 1ª, donde los había dejado unos minutos antes. Cuando les contó que Illana estaba en Queens Park, Canción-Oculta cogió al vuelo la idea y le pidió que los llevase de inmediato hasta ella. El alfa de la manada parecía expectante por enterarse de las noticias que pudiese traer la sanguijuela.

La encontraron entre los árboles de Millenium Trail, Granville y Royal Avenue, mirando el paso de los vehículos en las carreteras. Illana había adoptado su forma humana, permaneciendo desnuda como tenía por costumbre. "¿Estará también así cuando se reúne con otros vampiros?", se preguntó el Caminante Silencioso ociosamente. Una parte de él, se sintió atraído inmediatamente por la desnudez de su cuerpo bajo y compacto, pero otra parte insistía en que el tono extremadamente pálido de su piel era un recordatorio constante de que ella era una aberración del Wyrm.

-Dos vampiros fueron asesinados por hombres lobos mientras estaban estaban indefensos en sus refugios durante las horas diurnas-, susurró con tristeza la sanguijuela. -Las voces que piden la guerra se están volviendo más numerosas y enérgicas.

-Lo siento, Illana-, respondió Canción-Oculta sin saber muy bien qué decir realmente.

La vampiresa se volvió para mirarles. Una solitaria gota de sangre estaba dejando un rastro carmesí desde su ojo izquierdo a lo largo de la mejilla, resbalando perezosamente. Aquella era la primera vez que Faruq veía  llorar a un vampiro. Ni siquiera sabía que pudieran hacer tal cosa. La sanguijuela se limpió aquella muestra de debilidad con un gesto de su mano y siguió intentando hablar sin que su voz delatase sus sombrías emociones.

-¿Es que los hombres lobos queréis repetir en Vancouver los sucesos que ocurrieron en Chicago hace dos años?-, preguntó ella.

-¿Qué pasó en Chicago?-, preguntó Voz-de-Plata con genuino interés.

-Vuestro pueblo atacó por sorpresa al mío sin previo aviso. Murieron decenas de víctimas en ambos bandos, incluyendo al Príncipe Lodin y otros importantes vampiros.

-No es nuestra intención, créeme-, respondió Canción-Oculta. -Estamos intentando detener esta maldita escalada bélica. ¿Cuál ha sido la reacción del Príncipe Sigfried?

-Por extraño que parezca, el Príncipe no ha manifestado su opinión. Su esposa, la bruja llamada Julie Foster, está intentando tranquilizar los ánimos con pocos efectos. Todo el mundo está enfadado o tiene miedo. Derek, el líder de las patrullas que protegen la ciudad, ha exigido que se respondan a los ataques. Y por si eso no fuera suficiente, varios vampiros, entre ellos una antigua llamada Stalest, quieren que Sigfried ponga orden en Vancouver o abandone el puesto de Príncipe.

-¿Y por qué tu Príncipe Sigfried no ha cogido a los responsables de los ataques protagonizados por vampiros?-, preguntó Faruq. -¿Por qué no hace algo?

-Lo ignoro-, respondió Illana tras unos tensos segundos.

-¿Quién es Stalest?-, preguntó Canción-Oculta pensativo.

-No he tenido mucho trato con ella, pero tengo entendido que es una antigua entre los míos. Llamamos así a los vampiros que han existido desde hace más de trescientos años. Stalest es una Patricia inmensamente rica, que suele frecuentar los clubs que son propiedad de Sigfried. Es todo lo que sé de ella.

-¿Ha competido con Sigfried por el principado de Vancouver?-, volvió a preguntar el alfa.

-Hasta ahora no, pero muchos de los míos disfrutan de ese tipo de juegos político.

-¿Quieres decir que les gustan las puñaladas traperas?-, preguntó Faruq.

Illana pareció irritarse con su pregunta, tanto que el Ragabash temió haberse excedido. Sin embargo, acabó asintiendo con la cabeza.

-Escúchame bien, Illana-, le pidió Canción-Oculta. -Hemos hecho algunas averiguaciones que nos están poniendo sobre la pista correcta, pero necesitamos más tiempo para descubrir a los responsables. Vuelve con los tuyos y averigua todo lo que puedas. Creo que todavía existe una posibilidad de detener esta locura.

La sanguijuela asintió con convicción y, sin despedirse, obligó a su cuerpo a empequeñecerse hasta adoptar el aspecto de un murciélago negro, para luego alejarse planeando con sus alas membranosas entre las ramas de los árboles. Asombrados, Faruq y sus hermanos la vieron desaparecer en el oscuro cielo nocturno.

-¿Por qué no le has hablado de lo que vimos en la reunión de anoche?-, le preguntó Faruq al alfa de su manada en voz baja.

-Porque no quiero que advierta involuntariamente a los que estén manejando los hilos-, respondió Canción-Oculta. -Confío sinceramente en ella, pero sospecho del resto de los vampiros de Vancouver.

-.-

Vancouver, Columbia Británica
4 de junio de 1994

Las calles de New Westminster se fueron quedando vacías poco a poco, hasta que sólo el ocasional coche rompía la monótona tranquilidad del vecindario. Aun así, Faruq sabía muy bien que no empezaría a relajarse hasta que no saliese el sol por el horizonte. Hacía pocos días que su manada había sufrido un ataque en las últimas horas de la noche y ninguno de sus miembros volvería a cometer los mismos errores que permitieron que sus enemigos estuviesen a punto de matar a Lars.

A las seis de la madrugada, la manada vio a un hombre de pie en la acera de la calle Carnarvon, apoyado sobre el capó de un viejo coche. Lars detuvo la furgoneta de la manada junto al coche en el mismo momento en que reconoció a Galen Hawes, al que los Garou también llamaban Fuerza-de-la-Letanía. Faruq bajó la ventanilla del asiento del acompañante y saludó con una sonrisa a su compañero de tribu.

-Me alegra verte con buena salud, viejo zorro. ¿Qué haces por el barrio?

-Traigo malas noticias, chicos. Los Colmillos de Fimbul, una manada compuesta por tres Fenris, han aparecido muertos cerca del recinto ferial de la Expo. Guttooth y sus seguidores han acusado a los vampiros y quieren que el Clan del Pacto les declare la guerra. Por ahora, los Ancianos de las tribus se han negado a acceder a sus demandas. Por alguna razón, lord Abercorn quiere que investiguéis a fondo el lugar. ¿Vosotros entendéis por qué?

-Sí, creo que sí Galen-, respondió Faruq aparentando toda la calma que pudo reunir. -Gracias por el mensaje.

-No sé en qué andáis metidos, pero tened cuidado-, respondió Fuerza-de-la-Letanía, mientras abría la puerta de su coche para subirse a él

-¿A la Expo?-, preguntó Lars desde el asiento del conductor.

-Eso parece-, confirmó Canción-Oculta.

-¿Por qué siempre parece que somos los únicos que hacemos horas extras?-, preguntó el Ragabash con una mueca burlona

jueves, 4 de abril de 2013

LARS (5 - 3)

Vancouver, Columbia Británica
3 de junio de 1994

La lluvia caía copiosamente por todo Stanley Park, dejando a su paso una fina cortina cristalina de agua que emborronaba el contorno de los árboles y la vegetación. Lars era una de las pocas personas que caminaban por los senderos del interior del parque en una zona que los humanos llamaban Tatlow Walk, al margen de los Guardianes, los Garou que vivían permanentemente en el túmulo y algún que otro despistado humano que había sido sorprendido por el temporal.

Cuando salió fuera del sendero para internarse en la vegetación, sintió el roce provocado por las ropas caladas contra su cuerpo. No es que eso le importase mucho, después de su experiencia faenando en alta mar, pero seguía siendo una pequeña molestia una vez que había probado la libertad de revestirte con la piel del lobo.

El Theurge estaba cansado. Había descansado menos de dos horas y la lluvia no hacía nada por mejorar su estado de ánimo, que era francamente pésimo. A pesar de que la oportunidad de reunirse de nuevo con los espíritus del parque había sido un gran alivio para él, la misma idea de encontrarse con Arthur Cunningham agriaba en gran medida ese consuelo, del mismo modo que las termitas carcomían sin distinciones todo tipo de árboles jóvenes y viejos.

Apartó con un brazo la empapada maleza, mientras seguía su camino con cautela. Los ojos de una criatura lobuna le escrutaron desde las sombras provocadas por un árbol de baja estatura, que mostraba un extraordinario follaje verdoso. Lars le devolvió una mirada indiferente y siguió su camino. El Guardián lo reconoció de inmediato, por lo que se alejó corriendo mientras proseguía su guardia.

Minutos más tarde, el Fenris encontró a la persona que estaba buscando. Estaba sentado sobre un viejo tocón de madera, con las palmas de sus manos apoyadas en sus rodillas y los ojos cerrados, indiferente por completo a las gotas de lluvia que caían sobre su cuerpo musculoso y lleno de cicatrices. Tan quieto estaba que parecía una auténtica estatua viviente, pero Lars no se engañaba. Sabía que Cunningham permanecía alerta frente al entorno que lo rodeaba, listo para saltar sobre cualquier enemigo. Por lo tanto, el Fenris se acercó con prudencia un par de pasos.

-Buenos días, Maestro del Rito-, le saludó formalmente.

El Colmillo Plateado volvió la cabeza hacia él y abrió los ojos al instante, observándolo en silencio con suma atención mientras alzaba ligeramente sus manos. Cuando lo reconoció, una mueca burlona se dibujó perezosamente en sus labios.

-Buenos días, Lars de las Cinco Garras de Gaia-, respondió Cunningham mientras se ponía en pie y caminaba hacia él. -¿Por qué interrumpes mi descanso?

-Traigo noticias graves para tus oídos y los de lord Abercorn.

Cunningham se detuvo y lo observó con mayor atención con sus fríos ojos azules. "Me está evaluando", se percató Lars. El Theurge miró a su alrededor para comprobar que no hubiera nadie en los alrededores, especialmente Señores de la Sombra o partidarios de Guttooth. Las severas advertencias de Canción-Oculta habían conseguido contagiarle la paranoia del alfa de su manada.

-Si vienes a informarme sobre la emboscada que sufristeis en New Westminster, pierdes el tiempo. Cathy Saynesbury ya nos dio todos los detalles que necesitábamos saber.

-No me cabe duda, pero no es exactamente eso lo que quería contarte, Maestro del Rito. Hemos descubierto aspectos insospechados y extremadamente urgentes que merecen la atención de lord Abercorn.

-Yo juzgaré eso, Luna Creciente-, respondió Cunningham con desdén. -Te daré la oportunidad de explicarte, pero espero por tu bien que no sea una pérdida de tiempo.

Lars tragó saliva. La furia y la indignación crecían en su interior frente al inmerecido trato que le estaba brindando Cunningham. "Recuerda la misión", se dijo intentando tranquilizarse poco a poco. Asintió despacio con la cabeza durante unos pausados segundos, para hablar a continuación con un tono neutro y firme. Le explicó que una sanguijuela llamada Illana les había contado que algunos vampiros de la ciudad estaban siendo atacados por Garou. A continuación, omitiendo los acuerdos de Canción-Oculta con Thomas Hoggarth, le habló al Maestro del Rito que su manada había descubierto una reunión secreta en British Properties a la que habían acudido dos sanguijuelas y tres Garou, uno de ellos un conocido Ronin, llamado Sangre-Podrida, que había visitado Stanley Park hacía un par de meses. No habían hablado mucho entre ellos, pero se habían preguntado si todo iba según el plan. También le explicó que Lars y sus hermanos de manada habían intentado seguir a los Garou y capturarlos, pero que Sangre-Podrida había lanzado contra ellos a dos espíritus del Kaos.

-¿Así que los dejasteis escapar?-, preguntó Cunnigham.

-Como bien sabéis, quedan pocos espíritus del Kaos-, respondió Lars de inmediato. -Atacarlos hubiese sido un crimen que sólo habría beneficiado a la larga a la Tejedora o al Wyrm.

-Esa es una bonita excusa, pero una excusa al fin y al cabo. Tampoco tenéis pruebas que respalden vuestro testimonio. Por esta vez, seré indulgente con vuestra incompetencia. Retírate.

Arthur Cunningham, que llevaba siendo Maestro del Rito del Clan del Pacto durante muchos años, le dio la espalda dando por terminada la conversación, pero Lars no había acabado todavía. Canción-Oculta había insistido en que debía forzarlo a darles audiencia con lord Abercorn y el Theurge no pensaba volver a New Westminster con las manos vacías.

-Queda algo más que debo decir, Maestro del Rito-, le dijo

-¿Aún estás aquí?-, preguntó Cunningham con un tono de voz cargado de veneno y desdén, mirando apenas unos milímetros por encima de su hombro.

Lars pocas veces sintió el peso de la sangre Fenris corriendo con tanta fuerza por sus venas. La indignación dio paso al enfado y su corazón latió como un tambor de guerra anunciando un asalto. "¿Pero quién se cree que soy?", se preguntó. "¿Un jodido esclavo de los Colmillos Plateados?". A pesar de la lluvia, sintió cómo se le encendía el rostro y se le tensaban los brazos.

Cunningham se volvió por completo hacia él, sonriendo ahora de oreja a oreja. Aquello encendió más la rabia que sentía por el trato vejatorio al que estaba siendo sometido. No obstante, ese mar de furia se estrelló repentinamente contra un presentimiento fugaz. "Quiere que me enfrente a él", se percató el Theurge. "Me está provocando intencionadamente para que le desafíe".

Según las tradiciones de la Nación Garou, cuando un hombre lobo desafiaba a otro, el retado podía elegir si quería resolver sus diferencias mediante un combate, un duelo de miradas o un desafío de enigmas, lo que confería una gran ventaja a dicho Garou. Obviamente, Cunningham confiaba humillarlo en una de esas pruebas. "Pero, ¿por qué querría que lo retase?", se preguntó Lars. "¿Por su enemistad con Canción-Oculta? ¿Por los sucesos que están ocurriendo en Stanley Park?" El Theurge decidió no caer en la trampa y, usando todo el autocontrol que pudo reunir, volvió a hablar intentando aparentar más tranquilidad de la que sentía realmente.

-Las Cinco Garras de Gaia quieren informar de ello directamente a lord Abercorn-, logró decir.

-No sois merecedores de su atención-, respondió el Maestro del Rito.

-Aun así, tenemos que contarle personalmente lo que ha ocurrido. No podemos confiar en nadie más.

Ahora fue el rostro de Arthur Cunningham el que se enrojeció de pronto. Lars no había querido insultarlo de ese modo, pero no se arrepintió de decir lo que sentía en el fondo de su corazón después de haberlo hecho. Los ojos glaciales del Colmillo Plateado lo miraron con intensidad durante unos segundos más.

-Sea entonces-, cedió Cunningham a regañadientes. -Esta tarde tu manada tendrá una audiencia privada con lord Abercorn para dar testimonio de lo ocurrido... pero nunca olvidaré esta afrenta, Fenris. Tenlo bien presente, porque tarde o temprano tendrás que responder ante mí por tus palabras.

Lars asintió y le dio la espalda al Maestro del Rito. Su corazón todavía bombeaba sangre con fuerza y le costaba respirar con normalidad. "Me pregunto cómo hubiese podido irle peor a Canción-Oculta...", pensó fugazmente mientras se alejaba del claro.

-.-

A pesar de sus dudas, consiguieron lo que se proponían. Lord Montogmery Abercorn, Anciano Ahroun de los Colmillos Plateados escuchó con atención a Voz-de-Plata, que ofreció una pormenorizada narración de los hechos, desde sus encuentros con la vampiresa llamada Illana, a la emboscada que sufrieron en el parque Albert Crescent. Al igual que había hecho Lars anteriormente, el Galliard también respetó los acuerdos a los que había llegado el alfa de su manada con Thomas Hoggarth, omitiendo cualquier referencia sobre el vampiro que moraba en el Royal Center. No obstante, lord Abercorn no era débil mentalmente a pesar de su prolongada edad y, cuando Voz-de-Plata acabó su relato,preguntó acerca de ese pequeño detalle.

-¿Cómo supisteis dónde tendría lugar esa reunión de la que habláis?-, quiso saber el Anciano.

A pesar de que se había concedido una audiencia privada con el líder de los Colmillos Plateados, lord Cunningham también estaba presente junto al trono en que se sentaba el Anciano, asintiendo en silencio cuando su señor hizo la pregunta. Lars tuvo que esforzarse para evitar mirar directamente al Maestro del Rito con el fin de no provocar un nuevo enfrentamiento durante la audiencia.

-Una persona comprometida con la paz nos advirtió poco antes de que se produjera, lord Abercorn-, intervino Canción-Oculta con sinceridad. -Únicamente nos impuso como condición que guardásemos su anonimato y nosotros juramos por nuestro honor que así sería.

-Comprendo lo que dices, Canción-Oculta, pero os aconsejo que a partir de ahora no os mostréis tan generosos a la hora de comprometer vuestro honor. Me temo que existen juramentos que acarrean cargas más importantes de las que pensamos en un principio.

-Os estamos muy agradecidos por vuestro consejo, lord Abercorn.

-Habéis descubierto aspectos desconocidos del grave problema que tenemos entre manos. Como bien sabéis, estamos en un momento delicado. Los partidarios de Guttooth claman pidiendo venganza por los ataques de las sanguijuelas. Hemos de ser precavidos hasta que podamos llegar al fondo de este asunto.

Lord Abercorn apoyó su brazo derecho en el apoyabrazos del trono, mientras los arrugados dedos de su mano cubrían la mitad de sus labios en actitud reflexiva. El Anciano transmitía una gran calma y seguridad, pero Lars intuía que en el interior de su corazón debía estar enfrentándose a las mismas dudas que habían tenido ellos mismos. Al final, el líder de los Colmillos Plateados tomó una decisión.

-Os pido que no contéis a nadie más lo que habéis descubierto hasta el próximo Consejo Abierto del Clan del Pacto. Utilizaré ese tiempo para ganar apoyos entre los Ancianos del resto de las tribus e investigar este asunto con discreción. Regresad a vuestras patrullas en New Westminster actuando con completa normalidad hasta que os llame.

-Así se hará, lord Abercorn-, respondió Canción-Oculta en nombre de las Cinco Garras de Gaia, aunque Lars tenía serias de dudas acerca del acierto de esa decisión.

martes, 2 de abril de 2013

CANCIÓN-OCULTA (5 - 3)

Vancouver, Columbia Británica
3 de junio de 1994


Las Cinco Garras de Gaia también se concentraron en sus propios reflejos para cruzar la Celosía. En cualquier otra parte de Vancouver, podrían haber tardado unos valiosos minutos en alcanzar la Umbra, o peor aún, podrían haberse quedado atrapados mientras lo intentaban. No obstante, se sorprendieron gratamente cuando comprobaron que, al otro lado de la barrera entre los mundos, no había ninguna mansión en obras en el reflejo espiritual de este terreno, sino un espeso bosque de espíritus arbóreos. Aunque habían ido perdiendo substancia desde el momento en que fueron taladas sus contrapartidas físicas, todavía conservaban una pequeña chispa de energía, aunque los troncos retorcidos y las ramas desnudas anunciaban que pronto alcanzarían el ocaso de sus existencias.

Mientras el resto de su manada buscaba un rastro que seguir, la mente de Canción-Oculta trabajaba en silencio para comprender todas las implicaciones de los hechos de los que habían sido testigos esa noche. Dos vampiros se habían reunido en secreto con tres Garou, uno de ellos un conocido Ronin. El Philodox había olido la peste del Wyrm entre los presentes, pero le había resultado completamente imposible decidir si procedía de las sanguijuelas o de alguno de los Garou fugitivos. No obstante, tenía una cosa bien clara. No le sorprendía tanto el hecho de que ambos grupos actuasen coordinados por un plan, como las implicaciones prácticas que podían derivarse de esa estrategia común, porque fueran cuales fueran sus objetivos, inevitablemente pondrían en peligro la seguridad del Clan del Pacto.

Fue Lars el que dio con el rastro de los Garou fugitivos. Les llevaban una amplia ventaja, pero las Cinco Garras de Gaia estaban determinadas a capturarlos para poner fin a la amenaza que se cernía sobre la paz entre los hombres lobo y los vampiros de Vancouver. Canción-Oculta se dejó llevar por sus instintos más primarios, corriendo sobre sus cuatro patas mientras su mente se nublaba. Pronto sus hermanos se pusieron a su altura. Sus formas lobunas atravesaron velozmente el bosque, sin molestarse en guardar sigilo ni cubrir su rastro. Faruq se mantuvo de inmediato en la vanguardia del grupo, gracias a sus dones como Caminante Silencioso. Crow y Voz-de-Plata le seguían a cierta distancia, mientras que Lars y Canción-Oculta acabaron luchando por no perder de vista a sus hermanos.

Pasado cierto tiempo, dejaron atrás las sombras más espesas del bosque y comenzaron a trepar por una pendiente bastante inclinada, que estaba poblada por espíritus arbóreos aislados y de poca altura aunque mostraban un aspecto robusto. El rastro oloroso dejado por sus presas era cada vez más intenso. Los Garou fugitivos debían estar muy enfadados por la persecución a la que estaban siendo sometidos, o al menos ése era el mensaje patente en los fuertes olores que dejaban a su paso, pero Canción-Oculta también detectó un fuerte matiz de miedo en aquel caldo de hormonas que flotaba en el ambiente.

-He visto a uno-, les animó Faruq con un gruñido.

Las Cinco Garras de Gaia se impusieron un nuevo esfuerzo, corriendo con más brío incluso que antes. Faruq, fue el primero en coronar la pendiente mientras que Canción-Oculta y Lars lo hicieron los últimos. Cuando llegaron a lo alto, descubrieron una pradera irregular, llena de espíritus de flores y pequeños insectos. Aquí y allá yacían pequeñas charcas que reflejaban la hermosa luz plateada de Selene. A lo lejos, pudieron ver a los tres fugitivos. "Parece que quieren alcanzar las montañas del norte", se percató el alfa de la manada.

-¡Ya son nuestros!-, gruñó con gran esfuerzo. -¡Cogedlos!

-¡A por ellos!-, ladró Crow furioso. Su rabia le dio las fuerzas que necesitaba para alcanzar a Faruq y ponerse en la vanguardia de la manada.

Uno de los fugitivos detuvo su huida, transformándose en Crinos mientras los otros dos seguían huyendo.  Era el Uktena al que Voz-de-Plata había llamado Sangre-Podrida. "Eso es. Quédate a luchar para que podamos cogerte", pensó el Colmillo Plateado con dificultad mientras usaba prácticamente las últimas fuerzas que le quedaban para no quedarse atrás. Faruq y Crow estaban a menos de trescientos metros de él. Sin embargo, Sangre-Podrida no se había dado la vuelta para plantarles cara, sino para arrojar al suelo dos piedras que pareció sacarse de la nada. Acto seguido, el Ronin se dio la vuelta para seguir huyendo.

-¡No huyas, cobarde!-, ladró Crow con todas sus fuerzas.

-¡Deja de mancillar el honor de tus antepasados!-, gritó Faruq para tratar de provocarlo.

El fugitivo no les hizo el menor caso y siguió corriendo cuanto puedo. El Ragabash apuró al máximo su frenética carrera y redujo a la mitad la distancia que los separaba en apenas unos segundos. En ese instante, dos espíritus brotaron de las piedras que había lanzado al suelo Sangre-Podrida. Parecían pequeños torbellinos de aire y polvo, que crecían en tamaño a medida que giraban más y más sobre sí mismos. Los espíritus cortaron el paso de Faruq, que no pudo sortearlos de ninguna forma.

Una fría brisa sopló de golpe en dirección a la manada, arrastrando consigo motas blancas. Faruq intentó engañar a los espíritus, amagando, pero sus esfuerzos fueron en vano. Crow llegó en ese momento, dispuesto a destrozar con sus garras a los espíritus.

-¡No!-, ladró Canción-Oculta. -¡No lo hagas!

El Ahroun contuvo su salto en el último segundo y se volvió para dirigirle una mirada sorprendida. Pequeños copos blancos comenzaron a cubrir lentamente los cuerpos lobunos de Faruq y Crow, así como el aire a su alrededor. Uno de los espíritus se transformó literalmente en una pequeña estrella, una luz suspendida en el aire cuyo fulgor podía cegar si alguien la miraba directamente.

-¡Se van a escapar!-, gruñó el Fianna agachando la cabeza.

Canción-Oculta ignoró su queja y se concentró en los espíritus. No descubrió en ellos el nauseabundo olor del Wyrm, lo que confirmó sus sospechas. "Atacar a los espíritus de la naturaleza es un crimen del Wyrm", pensó furioso por la estratagema usada por Sangre-Podrida.

-Creo que son espíritus del Kaos-, gruñó Lars entre resuellos a su lado.

-¿Y qué hacemos ahora?-, preguntó Voz-de-Plata agachando la vista para no quedar ciego ante el intenso resplandor de la luz.

La forma del primer espíritu cambió sin previo aviso, transformándose en una especia de bruma multicolor que se dispersaba con facilidad sobre el prado cubierto por una pequeña capa de nieve que había creado de la nada pocos minutos antes. Su compañera, la pequeña estrella luminosa, siguió refulgiendo con mayor fuerza, creando un caleidoscopio de rayos policromados a medida que su luz penetraba en la bruma.

-¿Puedes hacer que se aparten?-, preguntó Canción-Oculta al Theurge de la manada.

-No-, respondió Lars. -Los espíritus del Kaos son caóticos en todos los sentidos. No se puede razonar ni negociar con ellos. De hecho, podrían atacarnos con la misma facilidad con la que podrían ignorarnos o tratar de asombrarnos con sus extrañas capacidades.

-Lo suponía-, gruñó Canción-Oculta. -Faruq, Crow, venid aquí.

-No les provoquéis-, les aconsejó Voz-de-Plata después de escuchar la advertencia de Lars.

-Pero los fugitivos... se escaparán...-, gruñó Crow.

-A estas alturas será imposible cogerles. ¡Venid, rápido!

Canción-Oculta observó que Crow no parecía muy convencido, pero tanto el Ahroun como Faruq le hicieron caso y volvieron con el resto de su manada. Tomaron la decisión justo en el momento correcto, ya que el espíritu con forma de estrella se fragmentó en un sin fin de formas insectiles que nunca tendrían cabida en el mundo físico. Los pequeños seres les persiguieron zumbando como un enjambre enfurecido, pero la manada huyó a tiempo, alejándose rápidamente del lugar.

-.-

-Hemos tenido que huir con el rabo entre las piernas. ¡Estaréis contentos!

-Tranquilízate, Crow-, intentó apaciguarlo Canción-Oculta. -Quedan muy pocos espíritus del Kaos. Si los hubiéramos destruido sin necesidad, sólo habríamos ayudado al Wyrm y la Tejedora a asfixiar más a Gaia.

Las Cinco Garras de Gaia se habían parado a descansar en el bosque umbral donde habían aparecido cuando caminaron de lado desde la mansión en ruinas. Cerca de ellos, los ojos dorados de Uktena brillaban como dos pequeñas piedras preciosas desde las sombras de los árboles. El tótem de la manada había aparecido de repente, pero permanecía silencioso, tal y como tenía por costumbre la mayor parte del tiempo.

-Canción-Oculta tiene razón-, le apoyó Lars tumbado sobre la hierba mientras trataba de recuperar la respiración. Aunque la herida que casi lo había matado hacía escasas noches estaba prácticamente curada, había dejado tan malparados sus pulmones que ni siquiera las sorprendentes capacidades curativas de los Garou podrían solucionar su grave problema. El Theurge tendría que convivir el resto de su vida con esa secuela.

-Centrémonos en lo importante, por favor-, rogó Voz-de-Plata a su lado. -Tenemos que informar de todo esto a los Ancianos del Clan del Pacto.

-¿Y qué les vas a decir?-, se burló Faruq. -¿Qué estábamos dando una vuelta fuera de New Westminster y nos topamos por casualidad con esta reunión? ¿Y qué pruebas vamos a aportar al margen de nuestra propia palabra de honor?

-Eso no importa Faruq-, le interrumpió Canción-Oculta. -Los Ancianos pueden recurrir a sus propios Philodox para comprobar que lo que decimos es cierto. No, lo que debería preocuparnos no es el mensaje  de alerta sino el destinatario al que se lo demos.

-¿Qué quieres decir?-, preguntó el Galliard sorprendido.

-Entre un cuarto y un tercio de los Garou del Clan del Pacto quieren romper la Alianza siguiendo al pie de la letra las chorradas de Guttooth. Algunos Ancianos se han manifestado abiertamente en contra, pero otros... otros se han guardado para sí mismos sus propias opiniones y eso sí me parece extremadamente preocupante.

-¿Temes que algunos estén apoyando en secreto a Guttooth?-, quiso saber Crow.

-Algo así... llamadme paranoico, pero lo cierto es que Thomas Hoggarth tenía razón. Hasta que esto se aclare, tenemos que reducir al mínimo el número de personas en las que confiemos.

-Entonces, ¿qué propones?-, preguntó Faruq con un bostezo aburrido.

-Volver a New Westminster para no levantar sospechas. Seguiremos patrullando el vecindario como estas últimas noches. Ya no tengo muy claro si todo este asunto es una conspiración de los Señores de la Sombra o si, por el contrario, nos enfrentamos a una poderosa sanguijuela que está controlando las mentes de algunos Garou de Vancouver para provocar una guerra entre nuestras dos razas. En cualquier caso, nuestros enemigos no deben sospechar que hemos descubierto una pequeña parte de su complot.

-No es por nada, pero me parece que los tres que se escaparon se olieron algo-, respondió Faruq con una sonrisa burlona.

-No importa.

-De todas formas no veo cómo vamos a impedir sus planes desde New Westminster-, respondió Crow con frustración.

-Bueno, he pensado que uno de nosotros podría ir durante el día a Stanley Park e informar a Arthur Cunningham y lord Abercorn de lo que hemos descubierto.

-¿Por qué tenemos que informar solamente a esos dos?-, quiso saber Faruq intrigado.

-Porque son los que más tienen que perder si la Alianza se viene abajo. No sólo nos harán más caso que el resto, sino que utilizarán todo el peso de su influencia para ayudarnos, aunque sólo fuese en beneficio de su propio interés.

-Es un buen punto de partida-, asintió Voz-de-Plata. -Ellos moverán al resto de los Ancianos que están a favor de la paz.

-Eso es.

-¿Y quién de nosotros irá a Stanley Park?-, quiso saber Crow.

-Lars-, respondió el alfa sin dudar.

-¿Yo?-, preguntó el aludido completamente sorprendido. -Eres un Colmillo Plateado. ¿Por qué no vas tú?

-A sus ojos sigo siendo el metis que fracasó el año pasado-, explicó Canción-Oculta con una sonrisa amargada. -Créeme, es mejor que yo no hable con Cunningham. Además, tus relaciones con los espíritus te dan la mejor excusa que tenemos para visitar el túmulo sin sospechas.

lunes, 1 de abril de 2013

VOZ-DE-PLATA (5 - 3)

Vancouver, Columbia Británica
3 de junio de 1994

British Properties era un vecindario muy caro, concebido para alojar exclusivamente a los ciudadanos más ricos y poderosos de Vancouver. Estaba situado en la cara sur de las montañas que se encontraban justo al norte del Puente de Lions Gate. Las carreteras que conducían a este lugar tenían un trazado peligrosamente sinuoso y los terrenos circundantes estaban cubiertos de árboles. Se decía que muchas de las casas tenían vistas espectaculares de la ciudad, aunque todo el mundo sabía que era un vecindario de mansiones rodeadas por muros de acero y ladrillo, patrullado por sus propias fuerzas de vigilancia para garantizar la seguridad de los privilegiados de la ciudad.

Llegar a estas lujosas propiedades no fue un problema, pero conseguir entrar demostró ser una verdadera odisea. La manada tuvo que detener la furgoneta cuando dos coches de seguridad privada, pintados completamente de blanco, con una raya roja y ancha en los laterales, les bloquearon el paso nada más que se acercaron a los límites del vecindario. Dos guardias se acercaron a su vehículo y les informaron con mucha educación que estaban entrando en una propiedad privada.

-Si insisten en seguir adelante, nos veremos obligados a retenerlos e informar a la policía-, les informó el hombre que parecía estar al mando.

Voz-de-Plata había intervenido en ese momento para explicar a los "amables" guardias de seguridad que habían sido invitados a una fiesta nocturna y se debían haber perdido por las carreteras sin darse cuenta. El guardia no se creyó ni una sola de sus palabras pero fingió cierta cortesía ofreciéndoles unas breves indicaciones para regresar a la carretera principal y al Puente de Lions Gate. Frustrados, tuvieron que fingir que daban media vuelta hasta que perdieron de vista a los guardias.

-¿Qué hacemos ahora?-, preguntó Lars al volante.

-La furgoneta llama mucho la atención-, afirmó Voz-de-Plata.

-Cierto-, reconoció Canción-Oculta. -Tendremos que dejarla aparcada en algún lugar seguro y recorrer los terrenos en forma de lobo hasta que demos con la mansión en obras de la que hablaba Thomas Hoggarth.

-Entonces debemos darnos prisa-, murmuró Crow. -Nos quedamos sin tiempo.

-.-

Corrieron tan rápido como pudieron durante el breve margen que disponían, esquivando a los testigos, los guardias armados, las cámaras de vigilancia y los coches de lujo que encontraron por aquellas carreteras. Para su gran sorpresa, el exclusivo vecindario parecía tener bastante vida a esas horas de la noche, aunque fuese de forma discreta, por lo que Voz-de-Plata no pudo evitar preguntarse silenciosamente cuántos vampiros tendrían sus escondites en British Properties.

Finalmente, la manada dio con unos terrenos abiertos donde se encontraba una mansión a medio construir. La planta baja estaba casi completamente terminada, pero ese no era el caso con los dos pisos superiores, que sólo tenían terminado el encofrado. Frente al edificio, había una caseta de obras, un camión cementero, una excavadora bulldozer y una pequeña grúa de construcción. Sin embargo, un elemento insólito llamó poderosamente la atención de la manada de las Cinco Garras de Gaia: un Ford Mustang del 54, que permanecía aparcado junto a la entrada. A partir de ese momento, los Garou decidieron actuar con más cautela todavía. Mediante gestos y pequeños gruñidos, Canción-Oculta les recordó a sus hermanos que habían venido a averiguar qué estaba pasando y que, por ahora, debían evitar a toda costa ser vistos u oídos.

Aprovechando al máximo las sombras que ofrecía la noche, avanzaron tanto como se atrevieron en forma humana, arrastrándose por la hierba húmeda. Faruq incluso se adelantó un poco a los demás, ya que sus dones espirituales de Ragabash le permitirían pasar desapercibido con más facilidad que el resto de sus hermanos. De esta forma, llegaron hasta la caseta de la obra y, desde allí, pudieron distinguir dos personas en las sombras junto a la mansión en construcción.

La primera apenas tenía dieciocho años, pero tenía un aspecto andrógino, melena rubia y ojos oscuros. Iba vestido con unos ajustados pantalones de cuero negro y una camisa del mismo color, con el cuello abierto, dejando entrever un colgante dorado.

El hombre que había a su lado tenía un aspecto más imponente y su musculosa complexión quedaba remarcada por una ajustada camiseta blanca y unos pantalones vaqueros raídos. Tenía el cabello moreno y corto, un rostro bien afeitado y unos profundos ojos azules.

Los dos extraños permanecían de pie, juntos mirando a su alredador sin decirse ni una sola palabra. Voz-de-Plata no podía estar completamente seguro a la distancia a la que se encontraba, pero casi podía jurar que ambos tenían cierta palidez en la piel. "Son vampiros", se percató sorprendido el Galliard.

En ese momento aparecieron tres figuras más desde la parte trasera de la casa en obras. Una era un lobo pelaje rojo fuego, con una poderosa mandíbula y grandes zarpas en contraste con su cuerpo escuálido.  "Debe ser una Garra Roja", se percató. Junto al animal caminaba una joven de unos dieciocho años, corpulenta y bajita. Tenía el pelo castaño claro recogido en un pequeño moño en la parte de atrás de la cabeza y ojos de color avellana. La joven iba vestida con una camiseta blanca, una camisa de cuadros rojos y negros y unos pantalones vaqueros raídos. La tercera figura era un hombre afroamericano, de unos veintiséis años, alto y aspecto imponente. Tenía el pelo corto, al igual que su barba. La única ropa que llevaba puesta eran unos gastados pantalones de supervivencia y unas botas de montaña. Su torso extremadamente musculado estaba cubierto de cicatrices viejas y recientes.

Voz-de-Plata no tenía ni idea de quiénes eran el lobo y la chica, pero sí reconoció de inmediato al afroamericano. Era un Ahroun al que los Uktena descubrieron bebiendo sangre de vampiro en secreto para hacerse mucho más fuerte que otros Lunas Llenas. Lo llamaron Sangre-Podrida y, puesto que su orgullo le había llevado a negarse a mostrar arrepentimiento alguno por sus crímenes, lo habían expulsado de su tribu sin miramientos, convirtiéndolo en un Ronin, un forajido sin hogar, clan o manada para el resto de su vida. Era el mayor castigo de ostracismo que se podía decretar contra un Garou, convirtiéndolo en un lobo solitario que era despreciado no sólo por los suyos sino también por la mayoría de los espíritus. Cualquier Garou honorable podía matar a un Ronin sin tener que ofrecer ningún tipo de explicación, ya que a todos los efectos legales, el forajido ya no formaba parte de la Nación Garou. Además, los Ronin tenían que suplicar a los Ancianos de un clan cuando querían utilizar un túmulo sagrado para renovar sus lazos con Gaia, pero aun si le daban permiso, sería vigilado estrechamente durante todo el proceso y expulsado de los territorios del clan inmediatamente después de que hubiese terminado. Convertirse en Ronin era, en definitiva, el peor castigo que podía soñar un Garou.

La última vez que Voz-de-Plata había visto a Sangre-Podrida había sido hacía dos meses, en Stanley Park. Había sobornado a Coros, la líder de los Uktena del Clan del Pacto, entregándole su último fetiche espiritual, para que le permitiese utilizar el túmulo del clan. Desde entonces, no había vuelto a verlo hasta esa noche. "¿Qué haces aquí, Sangre-Podrida?"-, se preguntó Voz-de-Plata. "En el nombre de Gaia, ¿qué estás haciendo aquí?"

Los recién llegados se acercaron con cautela a los hombres que los habían estado esperando junto a la puerta principal de la mansión. Al Galliard le llamó la atención que los dos grupos se vigilasen mutuamente, aunque no parecía que ninguno estuviese esperando realmente un ataque por parte del otro. Durante unos segundos, el lobo olisqueó el aire en dirección a la manada que estaba escondida detrás de la caseta, como si hubiese captado su olor, pero luego volvió a concentrar toda su atención en los vampiros.

-Por fin habéis llegado-, dijo con cautela la sanguijuela aspecto joven y camisa negra. Su voz tenía un pequeño acento francés, aunque lo disimulaba lo bastante bien para que apenas se notase. -¿Ha habido sorpresas?

-No-, respondió Sangre-Podrida con un gesto hosco. -¿Y vosotros?

-Tampoco-, respondió el mismo vampiro con una tímida sonrisa. -Todo marcha como estaba planeado.

La reunión terminó en ese momento tras ese breve intercambio de palabras. Sin despedirse siquiera, los vampiros se subieron al Mustang y pusieron el motor del coche en marcha.

-¿Qué hacemos?-, le preguntó Crow en susurros al alfa de la manada.

-Dejad que se marchen-, respondió el Colmillo Plateado. -Son los Garou los que más nos interesan en estos momentos.

-Su líder es un Ronin llamado Sangre-Podrida-, les explicó Voz-de-Plata. -Pertenecía a los Uktena.

-¿Qué hace un Ronin aquí?-, murmuró Lars sin comprender del todo lo que estaba pasando.

Desde su escondite, las Cinco Garras de Gaia observaron cómo el coche se alejó de la mansión a toda velocidad, levantando una pequeña estela de polvo a su paso. Sangre-Podrida y sus dos acompañantes no se movieron del sitio hasta que no estuvieron seguros de que el coche se había ido, momento en que volvieron por el mismo camino por el que habían venido.

Canción-Oculta le hizo una seña a Faruq para que los siguiese. A continuación, esperó unos segundos y volvió a hacer el mismo gesto al resto de la manada. Todos ellos se pusieron en marcha sigilosamente, como si fueran una sola entidad, dispuestos a capturar a Sangre-Podrida para averiguar las respuestas que buscaban. Sin embargo, cuando giraron la esquina de la mansión en obras, Faruq les estaba esperando.

-Creo que sospechan algo-, les explicó rápidamente el Ragabash, -porque los he visto caminar de lado.

-¡Vamos a por ellos!-, ordenó Canción-Oculta.