miércoles, 19 de junio de 2013

CANCIÓN-OCULTA (6 - 2)

Algún lugar de la Umbra

Necesitaron un largo día para salir de los páramos, pero no pudieron dejar atrás la omnipresente niebla, cuya presencia bastaba para hacerles saltar los nervios. Aunque nunca perdieron de vista la Senda Lunar que habían estado siguiendo con tanto ahínco hasta ese momento, sí percibieron pequeños cambios en el entorno que los rodeaba. En esta nueva región de la Umbra, no había espíritus de la naturaleza, como los tejos que habían dejado atrás, ni Lúnulas ni de ningún otro tipo. Ni siquiera su tótem espiritual o los cuervos que siempre acompañaban a Lars los seguían. Los Garou simplemente parecían vagar solos por algún tipo de yermo despoblado y cubierto por esa extraña niebla.

Raimorantha, el Fenris que los acompañaba, había encajado bastante bien entre ellos. Canción-Oculta lo había juzgado adecuadamente. El lupus no mostraba signos de la corrupción del Wyrm y, a pesar de que su carácter era violento y temperamental, su alma era verdaderamente noble. El Ahroun había conectado inmediatamente con Lars gracias a su mutua pertenencia a la Camada de Fenris y había establecido una sana rivalidad con Crow en cuanto a sus habilidades marciales. Incluso había demostrado una increíble paciencia primitiva para soportar las bromas de Faruq, aunque, cuando esa paciencia se veía desbordada por un repentino ataque de ira, el Ragabash había aprendido que debía apartarse rápidamente para no recibir una dolorosa dentellada. La única grieta en esta forzosa camaradería era Susurros-del-Pasado. Pese a que el Fenris había olvidado rápidamente el desaire del Galliard, el Señor de la Sombra no hizo ningún esfuerzo por tratar de darle una buena acogida al recién llegado. "Tendré que hablar con él más tarde", razonó Canción-Oculto inseguro todavía acerca de cómo dirigir la conversación.

A medida que andaba sumido en tales pensamientos, el paisaje que los rodeaba empezó a ofrecer las primeras señales de cambio. Los Garou pudieron escuchar explosiones, gritos de ira y de dolor, el ruido de las espada al chocar violentamente contra otras armas y múltiples ráfagas de disparos a ambos lados del camino. Canción-Oculta se detuvo sorprendido, al igual que el resto de la manada. Incluso Raimorantha parecía desorientado por la magnitud y la violencia de los combates que se estaban desarrollando en algún lugar de la niebla.

-¡Mirad allí!-, les urgió Lars, señalando hacia delante.

Todos lo hicieron al mismo tiempo. La niebla por delante de ellos se había disipado parcialmente hasta unos cincuenta metros, permitiéndoles observar los restos de un muelle moderno, que había sido víctima de algún bombardeo. Ni los almacenes ni las máquinas de carga había sobrevivido intacto a las explosiones. Las paredes de ladrillo y acero se habían venido abajo o habían sido pasto de las llamas y los pocos muros que se erguían por encima del metro de altura, mostraban grandes cantidades de impactos de bala. A lo lejos incluso se podían ver los restos humeantes de una embarcación de guerra fondeada en el muelle. Por fortuna, no se veían cadáveres por los alrededores, pero Canción-Oculta temía que encontrasen numerosas víctimas bajo aquellas toneladas de escombros si excavaban lo suficiente.

-¿Dónde estamos Lars?-, preguntó el Colmillo Plateado.

-No tengo ni idea-, respondió el Theurge-, pero parece el escenario costero de alguna batalla de una de las dos guerras mundiales.

-Me alegra que eso lo hayas podido deducir tú solito-, intervino Faruq. Su broma pretendía ofender al Theurge, pero estaba claro que delataba su nervios.

-Wyrm-, gruñó Raimorantha amenazador.

No se veía ningún alma por las calles, aunque a cierta distancia, donde la niebla seguía espesa, podían ver extraños resplandores y escuchar todo tipo de ruidos y gritos de combate. Sin que se dieran cuenta, la Senda Lunar había desaparecido bajo sus pies, sustituida por un tramo de vías de ferrocarril que había sobrevivido milagrosamente a la devastación reinante.

-¿Qué hacemos ahora?-, quiso saber Susurros-del-Pasado, que había adoptado la forma Crinos en previsión de que el combate les alcanzase en un momento u otro.

-El ojo señala la dirección que siguen las vías-, respondió el Theurge. -Deberíamos seguir avanzado por allí.

-De acuerdo. En marcha-, susurró Canción-Oculta.

-Pero eso nos alejará del combate-, gruñó Raimorantha.

-De momento esta no es nuestra guerra-, le aconsejó Crow. -Tenemos que ir a donde Uktena quiera llevarnos.

-.-

Los Garou avanzaron con mucha precaución. Crow, Faruq y Susurros-del-Pasado lo hicieron usando la forma de guerra Crinos, mientras que Canción-Oculta y Raimorantha optaron por la forma Hispo. Por su parte, Lars había adoptado la forma Glabro del hombre prehistórico, para poder sostener bien la brújula que llevaba y guiar a su manada por el camino correcto.

Los ruidos de la batalla no les abandonaron, sino que, muy al contrario, ganaron intensidad a ambos lados del camino, ocultos a la vista por la omnipresente niebla. El corazón de Canción-Oculta latía desbocado a causa de los crecientes nervios. Cada pocos instantes, miraba a un lado y a otro buscando las fuentes de los ruidos, intentando comprender lo que pasaba, pero aquella maldita niebla fantasmal no le permitía ver nada.

-Te acostumbrarás con el tiempo-, respondió una voz en lo más profundo de su ser. Hacía tanto tiempo que no lo atosigaba su maldición personal, que el Colmillo Plateado había creído que se había librado de ella.

"No me interesa nada de lo que puedas decir", le respondió mentalmente, al tiempo que intentaba contener un escalofrío. Había sido un ingenuo al pretender que la locura que lo afligía iba a desaparecer por sí misma.

-Te acostumbrarás con el tiempo-, insistió la voz invisible. -Todos los Garou son máquinas de matar creadas por Gaia. El sonido de la batalla y el olor de la sangre les son tan familiares como la rabia de su interior. En realidad, es difícil negar la destrucción que lleváis en vuestro interior, la que os obliga a matar a culpables e inocentes.

Canción-Oculta trató de ignorar aquellos susurros malignos. No obstante, habían dado en el clavo. Muchas veces el Philodox se había preguntado si en alguna época muy remota el Wyrm había corrompido de algún modo el regalo de Selene para todos los Garou: la rabia con la que podían defender a Gaia. Eso explicaría el constante enfrentamiento entre las tribus y muchas de las desgracias que había impuesto la Nación Garou a las demás criaturas de Gaia. Tal vez su mejor arma se había convertido en su mayor debilidad.

-Veo que lo entiendes-, manifestó la voz divertida. -Todos vosotros sois peones del Wyrm. En vuestra ceguera, tratáis de negar vuestra podredumbre y sólo percibís la corrupción de sus otros siervos. Incluso tú, Canción-Oculta, perteneces al Wyrm.

-¡No!-, murmuró el Colmillo Plateado en voz alta, usando su férrea voluntad para expulsar de nuevo a la voz  de su locura a las siniestras profundidades donde se había escondido todo este tiempo.

-¿Qué ocurre?-, gruñó Crow preocupado.

El resto de sus hermanos también se habían detenido, buscando enemigos ocultos que tratasen de emboscarlos o mirándolo con una preocupación evidente en sus ojos. Canción-Oculta les devolvió la mirada avergonzado. Controló el leve temblor de sus manos y alzó la cabeza para mirar confuso a su alrededor, sin contestar a la pregunta de su hermano. Algún día, cuando no tuviese fuerzas para oponerse a la voz de la locura, tendría que contarles su angustioso secreto, pero ese futuro quedaba muy lejos... o al menos, eso esperaba.

Los gritos y los ruidos de combate persistían, como ecos lejanos, en la oscuridad de la niebla. Sin embargo, al bajar de nuevo la mirada Canción-Oculta se percató de un detalle nuevo en aquel paisaje fantasmal.

-¡El camino ha cambiado!-, dijo sin poder contener la sorpresa.

El resto de los Garou también miraron al suelo. La vía férrera había desaparecido, sustituida por una especie de calzada de adoquines y piedras lisas de un apagado color gris. Por las exclamaciones de sorpresa que soltaron, el Philodox no tardó en comprender que ninguno de ellos había sido consciente del cambio. El camino se había transformado bajo sus pies sin ningún tipo de advertencia.

-Es una vía romana-, afirmó Susurros-del-Pasado con una rotunda seguridad que no admitía discusión.

Hubo otra sorpresa más. Había un cartel azul de autopista en el margen izquierdo del camino. Con sus letras blancas anunciaba desvíos hacia Austerlitz, Siracusa, Banquan o Cuito Cuanavale, mientras que siguiendo de frente indicaba un destino hacia Stuttgart. Efectivamente, un poco más adelante la vía romana parecía dividirse en varios ramales y un cartel de aeropuerto marcaba un desvío hacia la derecha, con unas letras brillantes que anunciaban "Retirada o Evacuación".

-¡Qué alguien me explique lo que está pasando!-, exclamó Crow confundido. Raimorantha lo apoyó inmediatamente con un feroz gruñido.

-Creo que ya empiezo a entender dónde estamos-, murmuró el Theurge.

-Entonces explícate rápido-, le interrumpió Faruq, -porque no quiero que estos dos se pongan nerviosos porque crean que nos hemos perdido.

-Uktena nos ha traído a un reino de la Umbra Media conocido como el Campo de Batalla-, siguió diciendo Lars sin hacer el menor caso al comentario del Ragabash. -Por lo que sé, aquí se reproducen todas las batallas y guerras, pequeñas o grandes, que han ocurrido desde el principio de los tiempos.

-¿Por qué se reproducen? ¿Quién hace que se reproduzcan?-, quiso saber Canción-Oculta.

-Nadie. Es decir, no hay una voluntad consciente que lo haga. El reino es simplemente como un eco, que repite una y otra vez esos combates. Tengo entendido que algunos clanes de la Camada de Fenris traen aquí a sus cachorros para que pasen sus Ritos de Iniciación.

-Algunos Señores de la Sombra también hacen lo mismo-, asintió taciturno el Galliard.

-Pero... ¿qué les pasa a los combatientes y las víctimas? ¿Mueren una y otra vez?-, preguntó el Colmillo Plateado al darse cuenta de las implicaciones que tenían las palabras del Theurge.

-Nuestras tradiciones dicen que son efímeros, sombras espirituales-, respondió el Theurge. -No son las almas de las verdaderas personas que estuvieron en esas batallas.

-Horroroso-, gruñó malhumorado el alfa de las Cinco Garras de Gaia.

-Nuestras acciones siempre tienen consecuencias, sobre todo en la Umbra-, respondió Lars con tono neutro.

-La lucha por la supervivencia es parte del orden natural de Gaia-, afirmó Raimorantha.

-¿Y ahora hacia dónde tenemos que ir?-, preguntó Crow cansado de ese debate inútil.

-Tenemos que seguir hacia delante.

-¿Hacia Sttutgart?-, quiso saber el Philodox.

-Eso parece-, respondió lacónico Lars.

-Entonces continuemos. No quiero pasar más tiempo del necesario en este lugar.

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