miércoles, 5 de diciembre de 2012

FARUQ (1 - 6)


Toronto, Ontario (Canadá)
7 de marzo de 1992

Las revelaciones de Kilakack'n dejaron sorprendidos a los jóvenes Garou. ¡Narlthus estaba allí! ¡En un insulso edificio de oficinas de Toronto! ¿Cómo era posible? Lars tuvo que explicarles que el Gran Uktena había sabido que los siervos del Wyrm lo traerían aquí y que, por tanto, el Incarnae los había enviado a esta ciudad para que capturasen el meteorito donde estaba encerrada esa poderosa Perdición del Wyrm. Según el Theurge de la manada, esa era la única explicación sensata.

-Puede que esta sea nuestra última oportunidad de detenerlos-, continuó explicándoles el Fenris. -Kilakack'n me ha dicho que el meteorito está dentro de un camión, en el aparcamiento subterráneo del edificio. Apenas hay vigilancia en el mundo físico, aunque en la Penumbra hay muchas Perdiciones.

-Entonces adelante-, gruñó Faruq.

-¿Pero tú no decías que querías regresar a Vancouver?-, le preguntó sorprendido Voz-de-Plata. -No estás siendo muy coherente.

-No, no lo soy-, le respondió el Ragabash. -No quiero ser predecible.

-Muy bien-, intervino Canción-Oculta para poner un poco de orden, -pero si vamos a hacer esto, tenemos que estar todos de acuerdo. Ya conocemos muy bien el precio que podemos pagar.

El Colmillo Plateado pasó lentamente su mirada por todos ellos. Lars asintió de inmediato, movido sin duda por la responsabilidad que había dejado sobre ellos el Gran Uktena. Voz-de-Plata también mostró su conformidad. Faruq dudó, temiendo perder otro hermano de su nueva familia, pero acabó asintiendo visiblemente con la cabeza. Su mirada escondía una determinación sombría.

Lo siguiente que discutieron fue la estrategia que iban a seguir. Intentar entrar directamente en el edificio desde el mundo físico sólo dificultaría aún más las cosas, ya que las alarmas atraerían rápidamente a toda la policía de Toronto, provocando una situación sin salida. Estaba claro que debían empezar su ataque desde la Umbra, abriéndose paso con sus garras hasta llegar al aparcamiento subterráneo. Una vez allí, la manada se dividiría en dos grupos. Uno caminaría de lado hacia el mundo físico para hacerse con el camión y sacarlo de la ciudad tan rápido como fuera posible. El otro contendría a las Perdiciones hasta que encontrasen un momento seguro para reunirse con los demás.

-¿Alguien sabe hacer un puente en un coche como en las películas?-, preguntó Canción-Oculta. Lars y él se volvieron inmediatamente para mirar a Faruq.

-¿Por qué me miráis a mí?-, les respondió el Ragabash. -¿Porque pertenezco a una minoría étnica en este país? ¿O porque tengo la piel más oscura que vosotros?

-¿Sabes hacerlo o no?-, insistió el Philodox.

-Sí, claro que sé hacer un maldito puente a un coche-, respondió Faruq con buen humor. -¿Por quién me tomas? ¿Por un niño mimado criado en el campo?

Su rápida pulla cogió desprevenido al Colmillo Plateado, que pareció sorprendido al principio, luego enfadado y por último sonrió abiertamente cuando se dio cuenta de que le había gastado una broma.

-Yo también sé hacerlos-, intervino Voz-de-Plata provocando una mirada de incredulidad en todos los presentes. -¡No me miréis así! No siempre he sido un buen chico. -Su sonrisa avergonzada provocó sonrisas pícaras y grandes carcajadas.

-.-

Una vez decididas las parejas que se formarían en su plan, la manada estaba lista para el desafío que les aguardaba. Volvieron al edificio del Wyrm todavía en su forma Lupus y se deslizaron entre los cables corroídos y cubiertos de ponzoña. Esa parte fue relativamente fácil, pero las hebras más finas les causaron más dificultades. Canción-Oculta y Voz-de-Plata tuvieron la mala suerte de rozar varias hebras, pero no sufrieron más daño que el que su pelaje quedase manchado por la substancia pastosa que las cubría. Faruq logró pasar a través de aquella malla de hilos y hebras sin tocar ninguna, llevando entre sus dientes un trozo de espejo retrovisor.

Una vez pasadas las telarañas, atravesaron los cristales rotos de la fachada y entraron en el vestíbulo. El reflejo umbral de aquel edificio tenía un aspecto cada vez más deteriorado y ruinoso. El suelo estaba cubierto de todo tipo de basura, escombros y manchas innombrables. Sillas y otros objetos yacían volcadas sobre su superficie, con todo su relleno desparramado por los suelos. La pintura de las paredes había perdido su color y parecía tener un aspecto picado. Ni siquiera el techo había sobrevivido intacto al toque del Wyrm, ya que enormes manchas de humedad de un insano color amarillento se extendían por toda su superficie.

Sin embargo, el hedor que inundaba el edificio era mucho peor que cualquier otro olor que hubiesen tenido la desgracia de soportar en su vida. Tenía una intensidad tan fuerte como el amoniaco, pero era mil veces más desagradable. "¡Huele peor que un basurero!", pensó horrorizado Faruq. El estómago le dio un salto intentando echar fuera el escaso contenido que guardaba todavía. Agachó la cabeza intentando esconder su hocico entre las patas, pero seguía notando el hedor con toda su maligna fuerza. De alguno modo, parecía ser una mezcla de olores de azufre, productos químicos de toda clase y basura abandonada. Sus hermanos también se vieron golpeados por esa desagradable mezcolanza de olores y reaccionaron de manera parecida. Faruq soltó el cristal que tenía entre los dientes e intentó respirar por la boca, pero el hedor se le pegó entonces a su lengua, dejándole un cálido regusto amargo y acre, como si hubiese chupado el líquido tóxico de una pila eléctrica.

Lars se adelantó a la manada adoptando la forma Crinos y tapándose el hocico con uno de sus poderosos brazos. Con el otro, les hizo gestos apremiantes para que le siguiesen. Al igual que el resto de su manada, Faruq hizo exactamente los mismo que el Fenris, antes de recoger con su garra izquierda el trozo de cristal de parabrisas.

Atravesaron el vestíbulo en silencio y llegaron a los ascensores. En el reflejo umbral de ese edificio, no existían esas máquinas, pero sí los huecos que ocupaban.  Faruq asomó la cabeza por el marco de la puerta. El fondo de los ascensores estaba completamente inundado por el mismo líquido pastoso que cubría las telarañas exteriores, aunque por un segundo el Ragabash creyó haber visto algo moviéndose allí abajo.

-¡Será mejor que intentemos bajar por las escaleras!-, les aconsejó.

La puerta de emergencia que conducía las escaleras había sido arrancada de sus goznes y arrojada al suelo con el resto de los escombros. La oscuridad cubría por completo el descenso, pero retrocedió iluminada a poca distancia por una luz plateada. Faruq se volvió. Canción-Oculta había usado uno de sus dones y todo su cuerpo brillaba con una dolorosa luz plateada, que iluminaba indirectamente la oscuridad de las escaleras. El hormigón de las mismas estaba quebrado y agrietado, como si hubiese sufrido un terrible terremoto hacía mucho tiempo y no hubiese sido reparado nunca. A veces incluso podían ver vigas retorcidas de hierro sobresaliendo entre los restos derrumbados de peldaños destrozados.

En algún lugar en la oscuridad omnipresente por encima de ellos, pudieron escuchar el ruido de algo pesado que bajaba corriendo, aplastando todo tipo de escombros a su paso.

-¡Corred, vamos!-, gritó Canción-Oculta.

Faruq bajó los restantes tramos de escaleras saltando prácticamente a ciegas y abrió una puerta metálica y quejumbrosa que ofreció cierta resistencia al movimiento. Cuando el Ragabash entró, entendió inmediatamente por qué. El suelo estaba cubierto por un líquido residual pastoso, que le cubrió pronto los tobillos. Incluso el hedor había cambiado, convirtiéndose en algo más parecido al producido por las aguas fecales.

El Ragabash se adentró en el piso vacío para dejar paso a sus compañeros. Uno a uno fueron llegando. Primero Voz-de-Plata, luego Canción-Oculta y finalmente Lars, que trató cerró con un fuerte golpe la puerta tras de sí y apoyó la espalda contra ella. Lo que fuera que había bajado corriendo por las escaleras tras ellos chocó contra la puerta, logrando abrirla dos palmos antes de que Canción-Oculta la cerrase apoyando él también su hombro contra la puerta. Todos pudieron escuchar un rugido bestial al otro lado.

Faruq intentó escudriñar este lugar, esforzándose porque su vista atravesase la Celosía local para ver esta planta del aparcamiento en el mundo físico. Apenas logró verlo, pero distinguió la forma del camión en el otro extremo del piso subterráneo. Sin embargo, cuando dejó de concentrarse en el mundo físico y sus sentidos volvieron a centrarse en lo que le rodeaba en la Umbra, comprobó que no estaban solos. Dos hediondas columnas helicoidales de aguas residuales avanzaron hacia ellos, al igual que una espesa nube de gas azulado y vagos rasgos físicos.

-¡Perdiciones!-, gritó al tiempo que cargaba contra el torbellino de agua residual más cercano.

Chocó contra  la Perdición y hundió su garra derecha cuanto puedo en aquel líquido viscoso. De algún modo, le hizo daño, porque perdió algunas partes de su forma en movimiento. Sin embargo, el maligno espíritu intentó contraatacar cubriéndolo con sus aguas residuales para ahogarlo. Faruq cayó al suelo como si le hubiese golpeado una ola embravecida y luchó por incorporarse de nuevo. La rabia que sentía al recordar la muerte de Mata-Parientes le dio energías renovadas para seguir atacando. Logró volver a golpear a la Perdición de nuevo con sus garras, aunque el espíritu no pareció estar precisamente debilitado por sus ataques.

El Caminante Silencioso se dio la vuelta al escuchar un estrépito metálico. Pudo comprobar que Voz-de-Plata se enfrentaba a otra Perdición de aguas residuales, mientras que Canción-Oculta trataba de golpear a la nube azulada de gases nocivos, pero el estrépito lo había ocasionado la criatura que había tratado de entrar antes. La Perdición parecía un horrible humanoide de dos metros y medio de altura, piel viscosa de color verde grisáceo, dientes putrefactos y garras afiladas. Lars se incorporaba en esos momentos del suelo en donde había caído tras el último golpe de la Perdición para hacerle frente.

Un fuerte impacto hizo que Faruq quedase aturdido durante unos segundos. La Perdición contra la que estaba luchando aprovechó de nuevo su oportunidad para intentar introducirse por su boca y ahogarlo. Pese a que ese espíritu nauseabundo lo tenía inmovilizado contra el suelo, el Ragabash se debatió y luchó con todas sus fuerzas, soltando el cristal y clavando sus dos garras en las aguas una y otra vez mientras se esforzaba por mantener la boca cerrada. La cabeza le dio vueltas varias veces debido a los golpes contra el suelo, pero siguió luchando para mantenerse con vida.

Una sombra repentina apareció a través de las aguas y golpeó también a la Perdición. El espíritu soltó su presa sobre Faruq para retroceder. A duras penas el Caminante Silencioso fue capaz de reconocer el pelaje grisáceo de Lars, interponiéndose entre la Perdición y él. Parecía que el Fenris ya había terminado su propio combate y había acudido a salvarle el pellejo.

-¡Ayuda a Voz-de-Plata-, gritó Lars sin darle la espalda a la cosa contra la que se enfrentaba, -y coged ese maldito camión!

Faruq se incorporó, recogió el trozo de cristal y corrió hacia  la zona en donde estaba su hermano. Pudo ver que el Hijo de Gaia estaba luchando con gran valentía. Seguramente podría derrotar él solo a la Perdición contra la que se estaban enfrentando, pero no tenían tiempo que perder en semejantes heroicidades. El Ragabash cargó contra la el espíritu, atacándolo por la espalda. El espíritu siguió peleando estúpidamente, centrando toda su atención en Voz-de-Plata. Faruq siguió golpeándolo varias veces más, al igual que el Galliard, y la Perdición se deshizo en una columna de excrementos que se desplomó bajo su propio peso.

-¡Qué puto asco!-, protestó el Caminante Silencioso mientras se pasaba el brazo por la cara para tratar de limpiársela.

-¡Vienen más!-, señaló Voz-de-Plata.

El Ragabash se volvió para ver unas láminas de un fluido purpurino con manchas, venas y verrugas surgiendo de la oscuridad. Durante unos instantes, Faruq sintió auténtico terror ante la posibilidad de perder a sus hermanos al igual que le había ocurrido a Mata-Parientes y estuvo tentado de atacar a las Perdiciones que estaban llegando. Voz-de-Plata también pareció desgarrado por las mismas dudas que él sentía.

-¡Coged el camión!-, aulló Canción-Oculta mientras evitaba una sacudida de la Perdición con forma de nube gaseosa. -¡Nosotros las contendremos!

-¡Vamos!-, gruñó Faruq mientras mostraba un trozo de espejo retrovisor que había llevado todo este tiempo en su garra izquierda. -¡Tenemos que caminar de lado!

Voz-de-Plata no protestó, sino que lanzó una última mirada apenada a sus hermanos y luego se concentró en el reflejo del espejo. Pronto había desaparecido como si nunca hubiese estado ahí. "Ahora me toca a mí", se dijo Faruq mirando su propio reflejo. "Espero que todo esto valga la pena".

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