viernes, 24 de agosto de 2012

C. DE T. 1 - 69: CRISH COMPETER



Transcurrieron siete pacíficos años después de estos sucesos. Balgrad crecía lentamente aunque de forma provechosa y a cambio sentí en mi corazón inerte el orgullo que siente todo padre cuando observa a sus hijos madurar y convertirse en personas de provecho. Los gobernantes mortales no embarcaron a la ciudad en aventuras políticas innecesarias, gracias en ocasiones a los prudentes consejos que susurrábamos en los oídos adecuados por las noches, sino que la beneficiaron de un comercio fluido con las vecinas Mediasch y Hermanstadt. Al contrario que otras ciudades del oriente del reino de Hungría, en Balgrad los impuestos no eran abusivos, lo que beneficiaba sobre todo a los gremios y los comerciantes locales. Incluso prosperaron los campesinos de las aldeas cercanas, vendiendo a buen precio sus cosechas y cabezas de ganado en los días de mercado. Por su parte, las autoridades eclesiásticas parecían no haber advertido la presencia de los Cainitas que morábamos en Balgrad y, muy al contrario, permanecían felizmente ocupadas en sus rezos diarios y el cobros de prebendas.

Los Cainitas de nuestra bella ciudad disfrutamos de aquellos años de paz para consagrarnos completamente en nuestras tareas. Lord Sirme se cansó de la casa solariega en la que había estado viviendo durante los últimos años. A pesar de ser una mansión de buena talla y cercana al castillo, mandó construir una fortaleza fuera de la protección de los muros de la ciudad, pero a menos de una hora de viaje, y se trasladó allí tan pronto como estuvieron terminadas las obras. De todas formas, el Ventrue procuraba visitar a menudo la ciudad para ocuparse de sus propios negocios y, una o dos veces al año, partía de viaje hacia Mediasch para visitar a su sire, la Ventrue llamada Nova Arpad.

Por su parte, el hermano William Arkestone permanecía gran parte de su tiempo encerrado tras los muros de su abadía, ocupado en sus extraños estudios. A pesar de usar  cuidadosamente a sus protegidos dentro de la Iglesia local para obtener información del misterioso culto de Kupala, no pudieron contarnos nada nuevo que no supiésemos ya. De forma inesperada, el hermano William se obsesionó con la idea de solicitarme permiso para darle la Transformación a uno de sus protegidos. Aunque temía que el darle mi aprobación a sus deseos provocase que lord Sirme también sintiese tentaciones de crear su propio chiquillo, se lo concedí a condición de que lo observase durante dos años más y, si aún deseaba convertirlo en su chiquillo, que lo mantuviese apartado en su abadía hasta que considerase que estaba preparado para convertirse en un miembro de pleno derecho de nuestra pequeña comunidad. El hermano William aceptó mis condiciones sin dudarlo y, en el año 1214, concedió a Leobardo, su nuevo chiquillo, la maldición de Caín.

En cuanto a Morke, sólo hablamos con él unas pocas veces en todo ese tiempo. Parecía que el Gangrel vagaba de un lugar a otro, sin poder permanecer durante mucho tiempo en un mismo sitio. Sin embargo, siempre regresaba a Balgrad para descansar y reponer fuerzas, presentándose ante mí o ante mi Senescal, antes de volver a partir en el momento más inesperado sin previo aviso. Pronto nos acostumbramos a sus inofensivas rarezas e incluso encontramos que sus viajes eran beneficiosos para nosotros por las noticias poco habituales que nos contaba del exterior, como por ejemplo cuáles eran los territorios de los Lupinos o qué Cainitas estaban en guerra en los Dominios más rústicos de los alpes transilvanos.

Los años también discurrieron apaciblemente para mis criados. Sana se había convertido en una joven nerviosa e irritable, quizás enfadada inconscientemente por las estrictas normas que regían la vida diaria de la capilla. Contra su voluntad, decidí arreglar su matrimonio con el hijo mayor del dueño de la Abundancia, la mejor posada de Balgrad, convirtiéndola así en una espía perfecta que informaría puntualmente a Lushkar de todos los huéspedes que se alojaran en la casa. Hizo falta que usara mi Dominación sobre ella, pero al cabo de un  año, se acostumbró a sus nuevas obligaciones. Asimismo, también usé Dominación sobre su nuevo esposo, para que no la hiriese nunca de ninguna forma y la tratase con el debido respeto. Irena se convirtió en mi ghoul y me sirvió como leal ama de llaves y mi amante ocasional. Derlush siguió al mando de los dos guardias de la capilla y, cuando era necesario, le ordenaba llevar misivas durante el día a los criados del hermano William o de lord Sirme. Sabía que disfrutaba enormemente de esos escasos momentos de libertad que le permitían volver a cabalgar fuera de Balgrad y trataba de recompensar su fidelidad con esas tareas siempre que podía. Finalmente, seguí iniciando a Lushkar en los misterios de la Casa Tremere y de la taumaturgia. Sus progresos fueron tan lentos como lo fueron en su día los míos, pero su afán por impresionarme le ayudó a superar aquellas dificultades iniciales.

Una noche de diciembre, lord Sirme me informó que los guardias de Balgrad habían visto a un leproso merodeando cerca de las murallas de la ciudad durante la noche. Ambos estábamos de acuerdo en que podía tratarse de otro Nosferatu buscando noticias de su compañero desaparecido. Aquello hizo que recordase a nuestro "invitado" durmiente. Pese a mis continuos esfuerzos, el Nosferatu al que habíamos hecho prisionero no había despertado del Letargo ni, por tanto, había tenido la oportunidad de interrogarlo debidamente. Era el momento de tomar medidas respecto a ese delicado asunto. Ordené a Derlush y sus hombres que depositasen el cuerpo de nuestro invitado en un ataúd de madera y que metiesen la caja en un carruaje cubierto. Lushkar, por su parte, había encontrado a un mercenario que estaba dispuesto a llevar el carruaje hasta la ciudad de Schaasburg con el pretexto de llevar el cadáver a un pariente cercano del difunto. Tras pagarle generosamente, le entregué una carta lacrada y usé mi Dominación para que ordenarle que entregase la misiva a quien reclamase el cadáver durante la noche. Mis criados me informaron de que el carruaje había partido al día siguiente sin incidentes.

En el pasado, tanto lord Sirme como Morke habían asegurado que Schaasburg estaba controlada por Cainitas del clan Nosferatu. Se decía incluso que Rusandra, a la que había conocido en mi última visita a Buda-Pest, estaba entre ellos. Sin embargo, ningún Nosferatu habían hecho intento alguno de contactar conmigo abiertamente. Hasta donde yo sabía, ello se podía deber a mi alianza con la Ventrue Nova Arpad. Mi plan intentaba poner remedio a esa situación. En mi misiva, exponía mis buenas intenciones, cuya prueba más elocuente era la liberación del preso tras perdonarle todos los crímenes que había cometido en mi ciudad, y proponía una relación diplomática secreta entre ambas ciudades. Por supuesto, el plan no carecía de riesgos, pero estaba dispuesto a involucrarme en aquel peligroso juego para incrementar la influencia de Balgrad en general y de la Casa Tremere en particular.

Ese mismo invierno, lord Sirme me informó que un Cainita se había alojado en la posada del Gallo Dormido. Era demasiado pronto para que hubiese llegado un emisario de Schaasburg, así que la presencia de un extraño en Balgrad me inquietó profundamente. El Ventrue y yo visitamos la posada y picamos en la puerta de su habitación. No hubo respuesta pero la luz de la vela que se deslizaba por el resquicio de la puerta se apagó de pronto. Lord Sirme abrió la puerta y comprobamos que la habitación estaba completamente a oscuras. Ni siquiera usando mis agudos sentidos sobrenaturales pude descubrir la presencia del Cainita. Decidí identificarme como el Príncipe de Balgrad y darle la bienvenida a la ciudad. Una figura sombría se hizo visible en la oscuridad y volvió a encender la vela. El extraño parecía tener poco más de veinte años. Tenía una larga melena de color rubio oscuro y su rostro poco llamativo tenía escasa barba. Vestía con las ropas propias de un vecino humilde de cualquier ciudad de esta parte del reino de Hungría. El joven se identificó como Crish Competer y nos contó que era un artista consagrado a la pintura y que pertenecía al clan Malkavian. Luego, pidió con gran humildad permiso para permanecer en Balgrad indefinidamente. Conocía bien las Leyes de Caín y, a diferencia de tantos otros de su linaje, parecía sereno y pacífico. Por ello, decidí concedérselo. Era cierto que mi influencia sobre la ciudad había mejorado el comercio y las mismas vidas de sus habitantes mortales, pero hasta ese momento me había despreocupado completamente de las artes en favor de las necesidades más inmediatas. Pero si Balgrad iba a convertirse algún día en una gran ciudad, debía contar con obras de arte que conmoviesen por igual a vecinos y forasteros. Así pues, encauzaría el talento de Crish al servicio de la ciudad a través de mi mecenazgo directo.

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