jueves, 30 de agosto de 2012

C. DE T. 1 - 73: INVASIONES, SAQUEOS Y MUERTES


Los excesos de la Orden Teutónica en el reino de Hungría llegaron a su punto culminante en el año 1.225 de nuestra era. En esa fecha, el rey Andrés II les retiró su protección y expulsó a todos sus miembros de sus tierras mediante acusaciones de que estaban planeando crear un principado independiente. Acatando ese decreto real, los caballeros teutónicos de Balgrad tuvieron que abandonar su antigua fortaleza, que concedí a  lord Sirme como premio por sus servicios, lo que le obligaría a mantener una presencia continua en la ciudad, y partieron para no regresar jamás a la ciudad. El tiempo me había librado de unos peligrosos enemigos. Esa fue una lección muy importante para mí. Frente a los mortales, el tiempo siempre sería mi aliado, nunca mi enemigo. Por otro lado, el comercio local volvió a adquirir mayor fluidez sin los onerosos pagos que imponía la Orden en los caminos.

Otra nota de interés fue la llegada a las ciudades orientales del reino de un gran número de refugiados búlgaros que huían de los ataques del temido ejército de Batu Kan, cuyo imperio se extendía desde el Lejano Oriente hasta Asia Central, gran parte de los antiguos dominios del Califato Abasí y el Rus de Kiev. Gracias a este suceso, la población humana de Balgrad aumentó espectacularmente, pero existía una gran preocupación por la constante expansión de la Horda de Oro de Batu Kan.

En el año 1.232 de nuestra era, recibí la noticia de que el Regens de la capilla Tremere de Viena había sido destruido a manos de los magi herméticos, convirtiéndose en una víctima más de la Guerra Massasa. El Consejero Etrius eligió a Mendacamina ocupar su cargo. No obstante, ella abdicaría de ese puesto años después, en 1.240, para dedicarse por completo a la caza despiadada de los magi mortales que se enfrentaban a nosotros en esa y otras ciudades, convirtiéndose en una horrible pesadilla para nuestros enemigos.

Los mortales vivieron tiempos catastróficos esos años. La horda mongola invadió el reino de Hungría en el año 1.241 derrotando a los húngaros en al Batalla de Mohi y en otros campos de batalla. El rey Bela IV tuvo que huir y buscar refugio en varias ciudades, mientras era perseguido por los secuaces de los mongoles. Sus peticiones de ayuda al Sacro Imperio Romano Germánico y al Papado cayeron en oídos sordos y fueron sus súbditos los que pagaron las consecuencias. Durante un año, los mongoles saquearon y destruyeron todas las ciudades que se negaban a rendirse, escapando a sus tropelías unas pocas fortalezas y baluartes. Cuando las tropas mongolas llegaron a Balgrad, las autoridades mortales rindieron la ciudad de inmediato, siguiendo nuestras sugerencias, y pagaron el tributo exigido. De esta forma, Balgrad se libró de la devastación de la guerra y, más importante aún, de los incendios y pillajes que acompañan a los asedios. Aun así, los Cainitas de la ciudad pronto descubrimos que los invasores mortales no estaban indefensos cuando la noche cubría los campos. Había otros Cainitas entre ellos, unos Gangrel con costumbres salvajes y crueles que se hacían llamar los Anda. Estos bárbaros saquearon e incendiaron la abadía del hermano William, que tuvo la precaución de aceptar mi oferta para refugiarse en mi capilla, y persiguieron implacablemente a Morke hasta el punto que ignorábamos si seguía existiendo o lo habían destruido.

Únicamente la muerte del Gran Kan Ogodei al año siguiente evitó que la Horda de Oro conquistase todos los territorios de la cristiandad. Batu Kan tuvo que abandonar el asedio de Viena y dirigirse a Mongolia con sus tropas para reclamar la sucesión del Gran Kan. La mayoría de los Anda siguió a sus parientes mortales, excepto unos pocos que permanecieron en Hungría y se integraron en las Cortes de los Cainitas. La partida  de Batu Kan permitió al rey Bela IV organizar la resistencia de sus vasallos, recuperando los territorios perdidos y construyendo toda clase de castillos y fortalezas, que habían demostrado ser extremadamente útiles frente al ejército mongol. Balgrad volvió a proclamar su lealtad al monarca, siendo otra vez uno de los baluartes del reino en las salvajes tierras orientales. Sin embargo, una curiosa consecuencia de la invasión mongola en la población mortal fue la imposición de las costumbres húngaras en todos los territorios del reino, lo que incluyó cambiar el nombre de personas, ciudades y territorios. De este modo, Balgrad recuperó de nuevo y para siempre su antiguo nombre de Alba Iulia, que había perdido en los siglos anteriores por la influencia de los colonos germanos.

El hermano William reconstruyó su abadía sobre las cenizas de la anterior con gran estoicismo. Muchos  mortales de la ciudad, agradecidos por haber sobrevivido a la guerra, hicieron generosas donaciones para la reconstrucción de la abadía sin que ninguno de nosotros interviniésemos. Por su parte, lord Sirme me confirmó más tarde que Crish, el pintor del clan Malkavian, había sobrevivido a la invasión, pero que, como nos temíamos, no había hallado evidencia alguna que confirmase que Morke seguía existiendo.

En el año 1.250, mi sire me escribió para contarme noticias alarmantes. Había ocurrido un gran suceso que había hecho tambalearse a toda la jerarquía de Ceoris. Un Gangrel salvaje había logrado infiltrarse sin ser descubierto en la capilla central de la Casa Tremere y había logrado internarse en las criptas que conducían al lugar de descanso del mismísimo gran maestro Tremere antes de que su presencia fuese destruido por las salvaguardias taumatúrgicas que protegían las criptas. En la investigación posterior, narraba Jervais con despreocupada diversión, se había descubierto la complicidad de Curaferrum, el Castellano de Ceoris, que ahora se hallaba en prisión y sufriendo mil tormentos como castigo por sus crímenes. Por supuesto, Curaferrum proclamaba a gritos su inocencia. Así pues, Etrius y sus fieles habían sufrido un gran golpe político del que les costaría mucho recuperarse.

Un año más tarde, cuando parecía que la Fortuna volvía a sonreírnos, recibí un duro golpe. Mi fiel criado Derlush contrajo misteriosamente la misma enfermedad que había sufrido Lushkar unas décadas antes. Nuevamente, volqué todos mis esfuerzos en salvarlo y, nuevamente, fracasé. Incluso los extraordinarios conocimientos médicos del hermano William no sirvieron ni siquiera para aliviar su sufrimiento. Derlush murió entre fuertes dolores y gritos. Empezaba a sospechar que alguien me había maldecido con la ruina y la muerte de mis criados. Sin embargo, tenía demasiados enemigos para determinar en ese momento quién era el culpable. Podían ser los adoradores de Kupala, los Tzimisce o incluso mis rivales dentro de la Casa Tremere. Desbordado por la rabia, me juré a mi mismo ante la tumba de Derlush como mudo testigo que no descansaría hasta hallar a los culpables y exterminarlos a todos.

3 comentarios:

  1. Caballero, mis aplausos por la constancia! Esto se merece link en mi blog desde ya! Y en cuanto podamos, supongo que link tb entre los relatos del rincón del vampiro, con la venia. Bueno, y muy constante (quizás lo más dificil de escribir)

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    1. Mil gracias, my lord! La constancia y yo no mantenemos buenas relaciones, pero disfruto tanto pudiendo compartir estas partidas noveladas que hace que todo sea muy llevadero, a pesar del tiempo y la dedicación que hay que invertir.

      Tiene mi venia para linkear este humilde pero pretencioso blog siempre que quiera y, si lo desea, yo mismo puedo añadir su blog a mi espacio de Otros Lugares de Interés.

      En cualquier caso, muchas gracias por sus ánimos!!

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    2. Perdona la tardanza. Lios. Yo ya puse tu link en mi blog y para la proxima actualización del rdv, deberia aparecer tb allí, tu haz lo que quieras, yo no creo que se necesite permiso de nadie para linkarle ni mucho menos que tengas que hacerlo por educación de que yo lo haya hecho, tu linka lo que tu entiendas que tienes que linkar, eso es una decisión estrictamente personal tuya :)

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